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sábado, 18 de diciembre de 2010

ES NECESARIO “NACER DE NUEVO” PARA VER Y ENTRAR EN EL REINO DE DIOS



Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)
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“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:1-7).
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En este pasaje de la Escritura leemos que Jesús recibe de noche a un principal entre los Judíos, llamado Nicodemo. Este distinguido Judío le confiesa a Jesús que él cree que él (Jesús) es el enviado y maestro de Dios por las señales que hacía, y que le demostraba que Dios estaba con él (¡no que él fuera Dios mismo!). Enseguida Jesús le responde “De cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. Luego Jesús le dice también: “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” Es decir, cualquiera que quiera ver y entrar en el reino de Dios le es necesario antes nacer de nuevo, o renacer de agua y del Espíritu.
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El asunto de “renacer de agua” tiene que ver con recibir la Palabra de Dios (el evangelio del reino) y ser bautizado en agua (inmersión) para vivir una nueva existencia en Cristo (Rom. 6:4, 1 Pedro 1:23). Por ejemplo, cuando Felipe predicaba en Samaria el evangelio del reino (la Palabra), y el nombre de Jesús, muchos hombres y mujeres procedían a bautizarse para “nacer de nuevo” (Hechos 8:12). También el eunuco Etíope renació por el bautismo, una vez que escuchó la Palabra de Dios (el evangelio de Jesús) por boca del mismo Felipe (Hechos 8:35-38).
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El otro punto es el “renacimiento del Espíritu”, el cual también debemos recibir para VER y ENTRAR en el Reino. Si alguno dice que no ha nacido del Espíritu, entonces no podrá participar del reino de Dios, pues es imposible que hombres sin el Espíritu de Dios puedan ser parte activa en la administración del reino de Dios. Y es que no se puede renacer del Espíritu si no se recibe el sellamiento del Espíritu de Dios. Pablo dice: En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa (Efesios 1:13).
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Ahora, por Cristo, los unos (Judíos) y los otros (gentiles) tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios (Efe. 2:18,19)
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Los renacidos de agua y del Espíritu podrán ver y entrar en el reino de Dios, porque todos éstos son conciudadanos y miembros de la familia de Dios. Ahora estas personas podrán llamar a Dios, con plena confianza: “Abba Padre” (papito, Romanos 8:15), porque ya son hijos legítimos Suyos dentro de Su familia (1 Juan 3:1). Y como dice Pablo: “Pues todos sois Hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gál. 3:26).
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Extrañamente, los Testigos de Jehová enseñan que el reino de Dios estará conformado por dos clases de individuos: los ungidos (“la manada pequeña” de 144,000 personas) que coheredarán con Cristo el reino celestial, y que son los únicos “renacidos de agua y del Espíritu”, y los únicos que son Hijos de Dios; y por otro lado, una “grande multitud” de Testigos de Jehová que no son renacidos de agua y Espíritu, y por tanto no son ungidos, ni tampoco hijos de Dios, y que vivirán como meros súbditos del reino en la tierra. ¿Pero se puede sustentar esta creencia con la Biblia? ¡De ningún modo! Y es que si todos los Testigos de Jehová han creído en Cristo por la fe, y le siguen, entonces todos deberían ser hijos de Dios (Juan 1:12, Gál. 3:26). Y si son hijos de Dios, éstos son hermanos de Cristo, y coherederos de la misma promesa de heredar el reino de Dios como reyes y sacerdotes en la tierra ( Efesios 3:6; Romanos 8:17; Apocalipsis 5:10).

miércoles, 26 de mayo de 2010

EL ESPÍRITU SANTO, LA FÍSICA CUÁNTICA Y EL “BIG BANG”


Mayo 26, 2010 – 4:05 pm
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Cuando Juan Carlos dice que los científicos de la física cuántica están más cerca de Dios que los del Vaticano, no le falta razón, es que la única respuesta posible ante el gran dilema que tienen planteado solo puede ser Dios, el Espíritu Santo que es la energía del Amor que llena todo el Universo conocido y no conocido.
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¿Cual es el gran dilema que se plantean los científicos actuales y que jamás podrán resolver sin poner a Dios en la ecuación?, pues después de haber llegado a la teoría de las cuerdas, que es la que mejor define la estructura del átomo, y da una respuesta lógica, científica a su propia existencia, concretamente de su núcleo, los quark, se encuentran con un problema que no tiene solución, ¿por qué las tres energías básicas de la materia no son iguales, y son como son, tan distintas?, éste es el gran problema de la física cuántica actual sin solución.
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Las energías que componen la esencia de la materia, las tres fuerzas básicas que la constituyen son, la fuerza de la gravedad, que permite que las cosas estén sujetas al suelo, y que se atraigan los cuerpos celestes, formando sus órbitas, la fuerza de cohesión, que hace que los electrones y los protones giren alrededor del núcleo del átomo, sin escaparse de las órbitas, y la fuerza nuclear que hace que los quark no se separen del núcleo. Sin estas tres fuerzas no existiría la materia, todo sería energía sin forma, todo sería luz, que es lo que había antes de la creación de la materia.
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Hasta aquí, normal, lo que no es normal y no tiene solución, es que si esas energías o fuerzas se formaron en el momento del Big Bang, creando a la vez la materia, el tiempo y el espacio, saliendo como afirma la ciencia de una manera aleatoria, sin nadie que dirigiera el acontecimiento del nacimiento del Universo, pues en vez de ser iguales esa tres fuerzas, que sería lo lógico, resulta que la de la gravedad es 10.000 veces más potente que la de cohesión, y la de cohesión, mil veces más fuerte que la nuclear, y eso no puede ser normal, ¡no puede ser una casualidad!.
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Y ¡están desconcertados!. No pueden avanzar, no tiene solución matemática ni física, y son tan listos pero a la vez tan cretinos, que se niegan a admitir que solo Dios es la respuesta, porque si las tres fuerzas se crean en el primer milisegundo de tiempo después del Big Band, ¡no pueden constituirse tan diferentes sin la intervención Divina!, lo que demuestra que el Verbo de Dios está detrás de la creación de la materia, solo puede existir así, y eso solo lo sabe Dios, no es una casualidad, es la causalidad de Dios, su Voluntad manifestada de crear materia para poder albergar luego vida, para seguir el proceso evolutivo y llegar al hombre, no como descendiente del mono, gran falsedad asumida por casi todo el mundo, sino al hombre como una creación de Dios a su imagen y semejanza, por eso nos dotó de inteligencia, que es un atributo de Dios, y del hombre en una infinitésima parte y le dio el don más importante, el de la espiritualidad, y es el hombre espiritual que hoy está en peligro de extinción.

Dejadme que os explique un poco lo del Big Bang, los científicos sostienen que antes del Big Bang no había materia, ni espacio ni tiempo, lo cual es cierto, solo había luz, la Luz del Espíritu Santo, ellos como no la comprenden le llaman “la nada”.
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Pero curiosamente, en esa nada, había una partícula de algo que no se sabe lo que es, que contenía toda la energía del universo a unas presiones y temperaturas infinitas y en un punto infinitamente pequeño. Fijaros a donde llega el maligno, que ellos ven más claro que dentro de la nada hubiera algo infinitamente pequeño, casi nada, que se acerca a “la nada” que es donde estaba esa partícula desconocida, (que ahora intentan crear sin éxito en el gran acelerador, y ya lo pueden probar, que nunca la podrán crear), una partícula que no saben lo que es, y que le acaban llamando la partícula de Dios, pero no quieren llegar a la aceptación de Dios, a la verdad, la única posible, que Dios ha dirigido esa creación, porque lo más importante, si esas tres fuerzas tuvieran proporciones diferentes, la materia, la vida y el hombre no hubieran sido posibles, solo esa ecuación era la correcta, y eso solo lo puede saber Dios y solo lo puede hacer Dios. ¿Punset, puede la ciencia demostrar que detrás de la creación del Universo no está Dios, que hizo lo único que se podía hacer?, y eso no puede ser fruto de la casualidad.
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Bueno pues esa partícula de Dios, en un momento dado, que tampoco tiene explicación, y Dios sí la da en el Génesis, Él creó la materia creando la partícula de Dios en su mente, y la energía, con Su Verbo, y el Amor del Espíritu Santo creó el resto hasta hoy.
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Pues el Big Bang es la partícula de Dios que explota y crea el tiempo, que no existía hasta ahora, necesario para la materia y especialmente para el espacio, que fijaros que es relativo al tiempo, esencial, el espacio, necesario para que la materia circule por algún sitio, y la materia en forma de energía, que se expande y choca entre si, fundiéndose sus núcleos y creando átomos, el ladrillo del universo, que se forman por las fuerzas de cohesión y la nuclear, y la de la gravedad, que también se forma en esa explosión gratuita, junto a la energía nuclear que da consistencia al átomo, y la de cohesión que posibilita su existencia al cerrar los campos gravitatorios de los electrones y protones en un universo pequeño, lleno de vacío, puro vacío.
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¿Hasta aquí, esta claro?, fijaos, un resumen, de ese punto vacío y pequeño donde todo está condensado, explota y sale por las buenas energía en forma casi infinita, y tres fuerzas la de la gravedad, la de cohesión y la nuclear, así, sin más. Pero no iguales al nacer, sino muy, pero muy diferentes, en una proporción única que posibilita la vida. Hasta aquí llega la ciencia, nada más. Pues esa materia creada de la nada, según los científicos, gracias a las fuerzas de la gravedad, la de cohesión y la nuclear, se van uniendo entre sí, y forman cuerpos celestes, y estrellas, y planetas, y bueno el resto ya lo sabéis, salvo lo del mono, lo demás todo es cierto, lo del mono es una invención del maligno para convertiros en seres des-espiritualizados, que es lo que ahora sois.
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El Universo así creado y conocido por la ciencia es infinito, y sostiene que es así porque no puede ser de otra manera, después de muchas pruebas y mucho tiempo, lo que hay es lo que tenía que ser, es lo que no se ha destruido por aquello, de prueba error o acierto. Lo que no se acertó no existe, y lo que existe ha superado la prueba del tiempo. Esta filosofía es la que hoy impera en la comunidad científica actual, y se lo creen.
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Es como si escogiéramos una obra de Mozart, cogiéramos todas sus partituras, les sacáramos todas las notas, una a una, las pusiéramos en un bombo, las mezcláramos bien, y luego al sacarlas aleatoriamente volviera la misma melodía, la misma obra, es imposible, pero ellos se lo creen, ¡sí se lo creen!, se creen que se puede formar la obra de Mozart de forma aleatoria, y quieren que os lo creáis, así la belleza de la creación, esa sublimidad de la belleza, en la naturaleza, en los animales, en las plantas, todo eso es una casualidad, dicen ellos, se ha formado aleatoriamente, y una ley del universo es que todo tiende al caos, lo evidente no lo ven, no ven la mano del Espíritu Santo detrás.
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Bueno para llegar a conocer esa creación, ese Big Bang, necesitan conocer algo de la estructura del átomo, y han hecho muchos progresos, casi logran conocer cómo se constituye el átomo, como también están cerca de crear vida, como también pretenden crear la partícula divina. El hombre quiere ser como Dios, pero nunca podrá, mientras, le niega, cierra los ojos ante lo evidente.
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Al estudiar lo infinitamente pequeño se han encontrado con la física cuántica, y ahora están más cerca de Dios que nunca, fijaros.
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Os voy a contar tres cualidades de la física cuántica, a ver si lo entendéis, porque ellos lo entienden, lo han comprobado científicamente.
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Una, una partícula cuántica puede estar y no estar en el mismo momento de tiempo y espacio.
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Dos, una partícula cuántica puede pasar por dos agujeros diferentes en el tiempo y en el espacio, a la vez.
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Tres, las partículas cuánticas son impredecibles, nunca siguen un patrón.
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Bueno, decidme, ¿no es más fácil aceptar a Dios que a esas tres condiciones, que son así?, si, la ciencia lo sabe, pero no acepta a Dios. Entonces, ¿también se crearon esas leyes universales en la explosión del Big Bang por casualidad?, ¿no es más correcto decir que el universo se creó con esas leyes, porque Dios lo dispuso así?, si no fuera así, la materia tampoco existiría, luego concluyendo, ¿no son ya muchas casualidades?
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El átomo es el ladrillo del Universo creado, se compone de un núcleo, y a su alrededor, fijaros bien, hay espacio vacío, alrededor del núcleo, como si de nuestro universo se tratara, giran electrones, y protones, y fotones, y muchas cosas más, pero es un espacio vacío. ¿Lo estáis entendiendo?, todo lo que vemos es falso, no existe, ni nuestra propia existencia existe, si no fuera por la voluntad de Dios de que seamos lo que somos, y que veamos y sintamos lo que sentimos y vemos, seríamos solo espacio vacío, la misma nada de la que salimos, que es lo que somos cuánticamente, y esto es ciencia, no fe.
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Pero dentro del núcleo del átomo, hay tres quark, la partícula de materia más pequeña que se conoce, y la pregunta es, ¿de donde reciben energía estos quark que forman el núcleo del átomo?, el ladrillo del universo, todo lo que existe en el plano físico está compuesto por átomos, y todos los átomos son iguales. ¿Hasta aquí lo habéis comprendido?, bueno, pues dentro de los quark hay unas “cuerdas” que vibran, (de ahí la teoria de las cuerdas), esa vibración también se creo de la nada, por casualidad, (y ya van demasiadas para no pensar que Dios es la única respuesta posible), esas cuerdas vibran también aleatoriamente, sin nadie que dirija esta sinfonía universal que es la creación, y que sin un director de orquesta especialmente bueno, no podría interpretar la actual sinfonía universal de belleza que disfrutamos ahora.
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Y lo más importante, si esas cuerdas no vibraran, se acabaría la materia al momento, se acabaría el universo en un instante, así de simple, luego, si no es Dios quien hace vibrar esas cuerdas con Su Verbo, y la energía del Espíritu Santo, ¿por qué vibran?, ¿otra casualidad?
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Si habéis llegado hasta aquí, y seguís sin aceptar a Dios en vuestros corazones, o al menos sin plantearos en serio esta cuestión, que debería de ser la más importante en vuestras vidas, es que ya estáis desespiritualizados totalmente, y nada se puede hacer ya por vosotros.
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Me gustaría que alguien le enviara una copia de este artículo a Eduard Punset, se lo dedico con cariño especial, casi todo lo que se de física cuántica, lo se gracias a él.
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Por cierto señor Punset, la pregunta correcta no es si podemos demostrar la existencia de Dios con estas preguntas, la pregunta correcta, y por tanto la única, es, ¿puede la ciencia demostrar que sea falso que solo Dios ha podido hacer las cosas así, o cree que alguien se pueda creer que es producto de la casualidad?
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domingo, 7 de marzo de 2010

LOS TRINITARIOS CUENTAN CON TAN SÓLO DOS VERSOS DE LAS ESCRITURAS PARA PROBAR LA DEIDAD DEL ESPÍRITU SANTO…¡Y AÚN ASÍ ÉSTOS NO SON DEL TODO CLAROS!


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Los Trinitarios sólo pueden apoyarse en un par de versos para probar la “deidad” del Espíritu Santo, y esos versos estan en Hechos 5:3,4, que dicen: Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios”.

Con este pasaje los Trinitarios creen haber encontrado la única prueba de que el Espíritu Santo es Dios, porque aquí se dice que mentir al Espíritu Santo es mentir a Dios. Sí, mis amigos, y aunque parezca mentira, este es el único pasaje que pueden esgrimir los Trinitarios para “probar” la Deidad del Espíritu Santo, y no tienen otro, ningún otro más que mostrar. Esto es curioso para una Persona que es supuestamente considerada por los “Trinotercos” como “Dios” mismo, o la Tercera Persona Divina de la Trinidad.

¿Pero qué leemos en esos dos versos en realidad? ¿Acaso que el Espíritu Santo es Dios? No. Simplemente se está diciendo que mentir al Espíritu Santo es mentir a Dios. Ahora bien, Jesús dijo en una ocasión: “El que CREE en mí, no CREE en mí, sino en el que me envió” (Juan 5:3,4). Aquí Jesús dice que aquel que cree en él, en realidad no está creyendo en él, sino en el que le envió (Su Padre). ¿Estaba aquí Jesús diciendo que él era el Padre, el único Dios verdadero? Pues no! De igual modo, ¿estaba Pedro diciéndole a Ananías que el Espíritu Santo era la Tercera Persona de la Deidad, o que era Dios mismo? No lo creo! Creo que podemos decir también aquí que el que miente al Espíritu Santo, no miente al Espíritu Santo en sí, sino al que le envió, que es el Padre. Y es que todos sabemos que el Espíritu Santo es DE DIOS EL PADRE, y Dios el Padre habla a través de Su Espíritu. Así que si alguien rechaza el Espíritu que proviene de Dios, lógicamente está rechazando al mismo Dios que lo envió o dio.

Finalmente, reto a cualquiera que me muestre otro pasaje fuera de Hechos 5:3,4 que sirva para probar la Deidad del Espíritu Santo. No es posible que los “Trinotercos” afirmen la supuesta “deidad” del Espíritu Santo por medio de interpretar de manera antojadiza un par de versos que sólo sirven para INFERIR la Deidad del Espíritu santo.

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martes, 20 de octubre de 2009

ALMA Y ESPÍRITU: DIFERENCIAS

Desde las tempranas traducciones tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, ha prevalecido una confusión que ha desviado de su verdadero significado a la noción o concepto del ser interior dentro del ser humano, y esto es debido al uso incorrecto de la palabra para denominar tal concepto.
Hablamos del espíritu.
La Septuaginta
El uso extendido de la palabra "alma" es totalmente inapropiado al referirse a la parte inmortal de nosotros la cual, de acuerdo con las religiones judeocristianas, sobrevive a la muerte y es eterna.
Y esta confusión tiene su origen en un error de siglos atrás, que data desde la misma primera versión traducida de los libros que componen la Biblia tal y como la conocemos ahora, es decir, la versión conocida como la Septuaginta.
Esta traducción hecha a partir de los textos originales del hebreo hacia el griego, fue ordenada por Tolomeo, gobernante de Egipto, unos tres siglos antes de El Mesías. La historia nos dice que, de acuerdo con su idea de la creación de lo que llegaría a ser la famosa Biblioteca de Alejandría, Tolomeo fue convencido por Demetrio de Falaro, su bibliotecario en jefe, de la necesidad de tener dentro de ella los libros sagrados de los israelitas debido a la relevancia e importancia de su contenido.
Y así, Tolomeo envió a Jerusalén algunos delegados, dentro de ellos Aristeo, un oficial de la guardia real, para solicitarle a Eleazar, el sumo sacerdote de los judíos, les proveyera una copia de la Ley así como a los sabios israelitas educados en el Templo de Jerusalén capaces de traducirla al griego. La delegación fue exitosa: una copia ricamente ornamentada de la Ley fue enviada a Tolomeo junto con setenta y dos israelitas, seis de cada tribu, quienes fueron asignados para ir a Egipto y llevar a cabo el deseo del rey Tolomeo.
Fueron recibidos con grandes honores y durante siete días asombraron a todos con la sabiduría que mostraron al responder setenta y dos preguntas que les fueron formuladas; después, fueron conducidos a la solitaria isla de Faros, donde comenzaron su trabajo de traducir la Ley, ayudándose mutuamente y comparando sus traducciones particulares conforme las iban completando.
Leyendas y mitos posteriores argumentaban que cada uno de ellos hizo su propia versión sin consultar a los demás y que cuando compararon los trabajos finales, éstos eran idénticos; esto, por supuesto, es falso. De hecho, existen muchos testimonios históricos, incluyendo la carta de Aristeo a su hermano, Filócrato, que afirma lo contrario a esa leyenda. Y más aún, Jerónimo, el traductor de la Septuaginta a su versión latina (Vulgata), descartó esas leyendas como meras fábulas llenas de falsedad (Prefacio en Pentateuchum, Adv. Rufinum, II, XXV>.
Como sea que hubiera sido, finalmente la traducción fue completada y el rey pareció muy satisfecho con el trabajo y lo colocó dentro de su nueva biblioteca.
Pero lo que verdaderamente sucedió es que, en ese entonces, las relaciones entre los sacerdotes judíos de Jerusalén y la comunidad judía en el exilio -que usaba comúnmente el griego como su idioma cotidiano- eran casi inexistentes y ahi surgió el primer problema: confiar la traducción a los sacerdotes judíos de Egipto, que aun cuando muy capaces de manejar las sutilezas del griego, estaban muy lejos de poseer la sabiduría de los ilustres sacerdotes educados a la sombra del Templo de Jerusalén, o depender de los expertos en la Ley hebrea residentes en Judea, cuya comprensión del griego era vaga.

Las Dificultades
Y para abundar, había otro problema adicional, como lo explica Brenton, el experto en versiones traducidas de la Septuaginta:
"Una dificultad que ellos tuvieron que sobrepasar fue la de introducir ideas teológicas, de las cuales ellos solo tenían los términos correctos en hebreo, al lenguaje de los gentiles, el cual para ese entonces carecía de nociones religiosas más allá de las propias de los paganos. De ahí la necesidad de usar muchas palabras o frases tratando de darles un nuevo y apropiado sentido."
"Estos señalamientos no tienen como intención quitarle valor a la versión Septuaginta; su objetivo es más bien el mostrar las dificultades que los traductores tuvieron que enfrentar y las razones por las cuales en algunos respectos fallaron; así como también el tratar de llegar al pensamiento que ocupaba la mente de algunos, que exaltaron esta versión como si poseyera algo que reflejara una autoridad alineada con el texto en hebreo mismo."

Una Misma Palabra
Había dos palabras en hebreo que carecían de equivalente en griego (en aquella época, el Koiné era el dialecto en boga): rúaj (espíritu y en género femenino) y néfesh (alma, masculino). Ambas fueron traducidas como psyjé, la que asimismo fue usada para traducir del hebreo hacia el griego una tercera palabra, la palabra "mente", por lo cual psyje vinieron a significar, indistintamente, "mente", "espíritu" y "alma".
Rúaj fue la palabra usada en los textos originales para describir algo que es inmortal y etéreo, contrariamente a néfesh que se refería a algo material, físico, que podía ser tocado, comido y ciertamente no inmortal. En algunas versiones bíblicas modernas, muy debatidas dentro de sus respectivas comunidades, sus revisores han corregido a partir de 1960 estas discrepancias -cambiando el término alma por el de "persona" o "ser"- aunque han sobrevivido errores como sucede en las versiones revisadas de la traducción conocida como Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, donde Pablo hace una cita bíblica (usando el término que venía en la Septuaginta) que si usted la sigue, no corresponde a la letra del versículo citado en esa misma Biblia.
Así, en las versiones revisadas posteriormente a 1960 en Corintios 1 15:45 Pablo afirma: "Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán, alma viviente"...
El texto citado (Génesis 2:7) dice: "...y fue el hombre un ser viviente"... Como puede apreciarse, este segundo texto fue ya corregido aun cuando el revisor tímidamente usa la palabra "ser" en lugar de la original del texto hebreo que es "espíritu". El texto de Pablo -no corregido aún probablemente por omisión o descuido- permanece apegado a la versión Septuaginta, con el uso inapropiado de la palabra "alma" en lugar del término "espíritu". Probablemente se percató Pablo de esto porque a continuación explica: "el postrer Adán, espíritu vivificante"; es decir, el que vivifica al cuerpo es el espíritu, no el alma.
Es por esto que muchos creyentes en las religiones cristianas acostumbran todavía hoy en día, seguir denominando al espíritu como alma.

Ejemplos
Abajo están algunos ejemplos de las discrepancias entre ambos conceptos que ilustran ésto:

Alma como Mortal Alma como Inmortal
Génesis 17:14 Y el varón incircunciso, el que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella alma será cortada de su pueblo; ha violado mi pacto.
Génesis 35:18 Y aconteció que al salírsele el alma (pues murió), llamó su nombre Benoni; mas su padre lo llamó Benjamín.
Deuteronomio 12:20 Cuando Yahwéh tu Dios ensanchare tu territorio, como él te ha dicho, y tú dijeres: Comeré carne, porque tu alma deseó comerla, conforme a lo que deseaste podrás comer.
Deuteronomio 6:5 Y amarás a Yahwéh tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
Jueces 16:16 Y aconteció que, presionándole ella cada día con sus palabras e importunándole, su alma fue reducida a mortal angustia.
1 Samuel 1:26 Y ella dijo: ¡Oh, Señor mío! Vive tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando a Yahwéh
Job 33:20 Que le hace que su vida aborrezca el pan, y su alma la comida suave
Job 33:28 Dios redimirá su alma para que no pase al sepulcro, y su vida se verá en luz.
Salmo 35:13 Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio; afligí con ayuno mi alma, y mi oración se volvía a mi seno.
Salmo 16:10 Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción.

viernes, 15 de mayo de 2009

¡ES VERAZ LA DOCTRINA DE LA INMORTALIDAD DEL ALMA?




Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

«Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente» (Gn. 2:7).
En otras traducciones de este verso, «un ser viviente» es sustituido por un «alma viviente» (nefesh hayyah, heb.). El término «alma» en la Biblia carece de toda relación o afinidad con el concepto griego filosófico-religioso y ancestral del «alma inmortal», y de su “meta psique” o trasmigración, doctrina pagana introducida en Grecia por los orfistas y los pitagóricos, la que concientizó además Platón, extendiéndola.


El hombre vino a transformarse en «un ser viviente», o «alma viviente», por medio del «aliento» de Dios soplado en el barro, en la arcilla orgánica. La palabra «aliento de vida» o «nefesh», tiene un significado variado: Significa «alma» en el sentido de la «psique» (gr.) o de la «mente» humana, también llamado «corazón»: la naturaleza emocional del hombre (Mt. 15:19). Significa «vida» y «persona». Se traduce además como «deseo», «apetito», «emoción» o «pasión». El barro recibió «vida» mediante un acto de Dios que lo convirtió en «un ser o alma viviente», «un ser pensante que no se puede dividir». Cristo dijo en el huerto del Gesemaní que su «alma estaba muy triste, hasta la muerte» (Mt. 26: 38). Sugiere aquí con exactitud que su carga emocional era terrible y muy pesada, trayéndole como consecuencia un fortísimo estado de ansiedad, al tener en cuenta en su mente el sacrifico vicario y salvífico que tenía pendiente en la imperturbable cruz de madera; a causa de tal motivo, pudo exclamar: «Padre mío, si es posible, pase de mi esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú» (Mt. 26:39).

«Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo» (1 Ts. 5:23).

Pablo no hace aquí ninguna distinción entre una cosa y otra (espíritu, alma y cuerpo), como si el hombre fuese una entidad que pudiera separarse por “esencias”: «Os santifique (hagiasai humäs, gr.) por completo» (holoteleis, gr. holos: entero; telos: fin, gr.). Esta referencia apunta más a cualidades que a cantidades, porque el hombre es una «inseparable totalidad»; ciertamente el hombre es un «agente indivisible». «Vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo» (humön to pneuma kai hë psuchë kai to söma, gr.), no es mencionado como aludiendo una trico o dicotomía objetiva y literal. Todos los seres humanos, conversos y no, buenos y malvados, poseen un «hombre interior»: «Alma» (psuchë; mente, nous, gr.), «corazón» (kardias); el «hombre interior» (ho esö anthröpos, gr.), y el «hombre exterior» (soma, ho exö antrhöpos), pero nosotros como creyentes, tenemos el «espíritu santo», y el «espíritu renovado» por el «paráclito» (véase 1 Co. 2:11; Ro. 8:9:11). El hombre, por lo visto, no es una «integridad compuesta» como se ha creído por muchos siglos. En la primera carta a los corintios, en el segundo capítulo, el apóstol Pablo hace una analogía entre el «espíritu de Dios» y el «espíritu del hombre». El «espíritu de Dios» (to pneuma tou tehou, gr.), no solamente escudriña nuestros «corazones», sino también «aun lo más profundo de Dios» (kai ta bathë tou tehou, gr.). «El espíritu de Dios», es por decir así, la conciencia de él mismo, su mente omnisciente. Dios conoce sus propósitos a través de su «santo espíritu». De forma semejante, el «espíritu del hombre que está en él» (to neuma tou anthröpou to en autöi, gr.), es su propia mente o conciencia auto analizadora:

«Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?» (1 Co. 2:11).

El «espíritu del hombre», es una condición inherente en cada individuo humano. “No es un agregado que se pueda desechar”. Cuando el cuerpo del hombre perece, su «espíritu» o «conciencia» también perece.

Tendrá que comprenderse, por los fundamentos ofrecidos, que el ser humano es «indiviso en su integridad»; es de ese modo como Pablo lo entendió siempre (Sea guardado entero, holoklëron terëthëië, gr.) El adjetivo «holoklëron» posee un significado «completo en todas sus partes» (holos, todo, klëros, parte, gr.). Es imposible, con esto, aún seguir admitiendo la doctrina del «alma inmortal» que elaboró el paganismo griego.

«Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno» (Mt. 10:28).

El «alma» y el «cuerpo» son tomados aquí como un todo: el hombre. El «alma» es la «mente» de donde nacen las emociones y los sentimientos; es donde reside la razón, la inteligencia y la locura; es de donde surgen el trémulo cavilar y las firmes decisiones. El «alma», es la vida del «cuerpo», la chispa o el «hálito de vida» que de Dios proviene, que insufló; él lo ha dado (Ec. 12:7). «Cuerpo, alma y espíritu»: Unidad indisoluble conocida como «ser humano», cuya propiedad no puede separarse sin que su esencia se destruya o altere. En este texto, el «cuerpo» y el «alma» son expresados como si constituyesen todo el hombre. «Destruir el alma y el cuerpo en el infierno» (kai psuchën kai söma apolesai en geennëi, gr.), no incita a pensar que la unidad posea la capacidad de disgregarse en «dos partes», sino que es, exclusivamente, «una sola cosa»: el hombre, de nuevo. La destrucción del «alma» y el «cuerpo» acontecerá cuando «los muertos grandes y pequeños» (tous nekrous tous megalous kai tous mikrous, gr.) sean despertados de su muerte prolongada en la segunda resurrección (La primera resurrección es la de los justos, véase Ap. 20:4-6, y deduzca), para ser juzgados en el Juicio del Gran Trono Blanco (Ap. 20: 11-13), y después lanzados, en «cuerpo entero», es decir, en «cuerpo y alma», en el Lago de Fuego que arde con azufre (Ap. 20:15). En 1R.17:21, la mujer suplica a Elías por el hijo que ha muerto prematuramente: «…te ruego que hagas volver el alma (la vida: nefesh, heb.) de este niño a él». Es decir, «…te ruego que hagas volverle la vida de este niño a él». No hay relación aquí con un cuerpo místico-espiritual, tal como lo concibió la religión pagana antiquísima. El «alma», definitivamente, es la «chispa vital» que hace del hombre un agente dinámico, animado, que lo trasforma en un «alma viviente».

Por ningún lado la Biblia explica que inmediatamente después de la muerte una supuesta «alma inmortal etérea» emprenda rápido “vuelo” al tercer cielo de Dios, por obras buenas, o que vaya al infierno, por obras malas. Mucho tienen que ver en esta falsa creencia, el no considerarse la parábola del «rico y Lázaro» como tal. En nuestros blogs existen estudios muy claros al respecto. Búsquelos amable lector. Estos sensatos y racionales estudios eliminan “limpiamente” la literalidad de dicha parábola. Su interpretación es alegórica, en forma figurada, sin la menor duda. No es hasta después de la resurrección de los muertos cuando se logrará definir qué persona irá en «cuerpo completo» a su lugar merecido, no antes: «Para vida eterna, o para condenación eterna». Veamos esta sólida realidad:

«No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación» (Jn. 5:28-29).

Prosigamos:

«Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos» (Ap. 6:9-11).

Esta imagen de la visión, no es literal, sino alegórica. El altar que aparece ubicado en el cielo es simbólico, el antitipo del altar del tabernáculo en la tierra ordenado a Moisés, de acuerdo a Heb. 8:2-5:

«… ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre. Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también éste tenga algo que ofrecer. Así que, si estuviese sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley; los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte» (Heb. 8:2-5).

La alegoría muestra que estas «almas» se encuentran debajo (hupokato, gr.) del altar. Recordaremos que la sangre de los sacrificios ofrecidos en el Antiguo Testamento, según el culto levítico, era derramada hacia el fondo del altar (véase Lv. 4:7). Las mártires mencionadas o «almas» que son «vidas humanas» y no en el sentido de ser «sustancias inmortales» que fueron parte una vez de un cuerpo palpable o «soma», imperceptibles para el ojo humano común, como los espíritus demoníacos (Las almas, tas psuchas, gr.). Estos «mártires» han dado sus «vidas» o «almas» como su Señor que ha sido «inmolado» (Porque fuiste inmolado, hoti esphagës, gr.) para la redención y el rescate de muchos (Mt. 20:28; Ap. 5:9). En Ap. 5:6 existe un simbolismo que señala el invaluable sacrificio de Cristo, representado como «un Cordero como inmolado». «Los siete cuernos y siete ojos del Cordero», revelan el magno poder y la plenitud perfecta de Dios en Cristo por medio del espíritu santo. Es obvio y evidente que en la humanidad de Cristo no aparece en realidad este número de «cuernos» y de «ojos». Este simbolismo tiene un propósito preciso: mostrar lo que Cristo hizo por los hombres pecadores en la cruz del Calvario y la unidad habida entre éste con el Padre (Jn. 17:11, 21-22). Los mártires que aparecen debajo del altar y que claman con voz potente y vocativa (¿Hasta cuándo…? heös pote, gr.) por justicia y venganza al Dios del cielo por sus sangrientas muertes (Vengas nuestra sangre de manos de los que moran en la tierra, ekdikeis to haima hëmön ek tön katoikountön epi tës gës, gr.), son al parecer en esta representación simbólica, porque no se especifica, los siervos de Dios que han sido muertos en todas las edades, desde la persecución de los cristianos que empezó con el cruel Domiciano, que continuó notablemente a lo largo de la edad media por el nefando y lóbrego catolicismo, y que continúa con odio desmedido en ciertos países del mundo hasta hoy en día, «a causa de la Palabra de Dios». Estos textos estudiados ahora, por desgracia y desventura, han sido mal comprendidos, al aplicar, en este caso, de modo incorrecto, el método de interpretación literal, muy «abusado y venerado» por los trinitarios dispensacionalistas. Si el método de interpretación literal es el correcto para comprender Ap. 5:6, no cabe duda entonces que Cristo es “un animal de la especie del género «Ovis», con una gran cantidad de «ojos» y «cuernos», semejante a un monstruoso error biológico”; tendríamos que aceptar rotundamente también como “almas inmortales separadas de los cuerpos de los mártires que murieron por causa de Jesucristo, y que están en estos momentos en el cielo, en la misma presencia santa de Dios”; “almas inmortales que yacen descarnadas en la base del altar de los sacrificios”. Esto, amigos míos, no puede ser nunca.

Pablo considera la «muerte» como el «dormir profundo y natural» (véase 1 Ts. 4:13-14). De los que murieron en Cristo en su época el apóstol dice: «Acerca de los que duermen» (peri tön koimömenön, del antiguo koimaö, poner a dormir, gr.). Los griegos y los romanos empleaban esta figura del sueño para la muerte; Cristo la usa en Jn.11:11. «El sueño de la muerte, es la inconciencia absoluta de la mente en ese estado». Es el «no saber nada de aquí, ni de ningún otro lado». Por lo tanto, el “más allá”, es inexistente.

Cuando Caín mató a su hermano, a Abel el justo (Mt. 23:35), en sentido figurado, metafóricamente, Dios le dijo que «la voz de la sangre de su hermano clamaba a él desde la tierra» (Gn. 4:10), entendiéndose que Dios no estaba muy contento con el acto homicida perpetrado por Caín, por lo que Dios habría de juzgarlo con enorme severidad. El texto jamás menciona que el “alma de Abel clamaba a Dios desde el cielo por el macabro asesinato hecho contra su persona”. ¿Seguiremos considerando aún con tan tangibles pruebas presentadas la existencia de un «alma inmortal»?

La Biblia no establece la enseñanza de la doctrina de la «inmortalidad del alma»; con remarcada notoriedad es incompatible con ella. El rey Salomón describe el «estado o condición inconsciente» de las personas después de la muerte, sin dejar huecos o pautas de oportunidad para pensar y admitir otra cosa:

«Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol» (Ec. 9:5-6).

El predicador pone de manifiesto que los individuos finados, «nada saben», «porque su memoria ha sido puesta en olvido». Es lógico suponer con semejante declaración, que nadie está consciente o despierto después del evento de la muerte, en un “equis” lugar, nómbrese «cielo», «limbo», o «infierno». Ninguna persona muerta puede «amar», «odiar» o «envidiar»; por este motivo, es imposible alabar a Dios inmediatamente después de morir:

«No alabarán los muertos a JAH, ni cuantos descienden al silencio…» (Sal. 115:17).

Termino diciendo, como recordatorio, que el hombre consiste en tres elementos indivisibles y diferentes, «cuerpo», «alma» y «espíritu». El «cuerpo» es la parte material que constituye físicamente al hombre; el «alma» es el principio de vida animal en el hombre; y el «espíritu» es el principio de la vida racional del hombre. Tomaremos en cuenta, por su importancia, que «vida» (alma) y «espíritu» se utilizan de forma intercambiable en la Biblia (véase por favor: Job. 27:3; 33:18), como también «alma» y «espíritu» (véase por favor: Sal. 42:6; Jn. 12:27; He. 12:23).

Al morir el hombre, el «cuerpo» vuelve a la tierra y el «alma» deja de existir. Pertenece la «imaginación», la «memoria», la «comprensión» al «alma» humana. El poder de «razonar», la «conciencia» y el «libre albedrío» al «espíritu» del hombre. El hombre es una unidad de «cuerpo y alma», inesperable en su sustancia que espera la resurrección, si ha muerto, o la trasformación en vida, para obtener un «cuerpo espiritual», si es fiel creyente, como el de Cristo en su resurrección, que no era un «espíritu incorpóreo», un «espectro», una «apariencia» humana, según la errada creencia de los gnósticos docetistas (véase por favor: 1 Co. 15:44; 1 Jn. 4: 2-3 «… porque un espíritu no tiene carne y huesos como yo tengo». Lc. 24:39).

Los muertos serán despertados en el futuro del polvo de la tierra, cuando Cristo venga en gloria y visible al mundo para juzgarlo (Mt. caps. 24 y 25). La doctrina de la «inmortalidad del alma», es una mortal mentira pagana que no pocos deberán desalojar de sus mentes por ser herética y comprometedora para sus vidas espirituales. Su sinceridad personal, no los justificará en el día del juicio.

«Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua» (Dn. 12:2).

Tengan cuidado en lo que están creyendo.

Gracias hermanos y amigos míos que nos visitan con agrado y deseos de aprender.

LA VERDAD DE LA PANDEMIA