Mostrando entradas con la etiqueta PLAN. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PLAN. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de septiembre de 2010

UN COMPENDIO SOBRE EL PLAN DE SALVACIÓN DE DIOS PARA LA HUMANIDAD


¡Un interesante estudio de nuestra hermana y correligionaria, Erika Justiniano Zárraga!


He decidido escribir este corto artículo, con el objeto de reflexionar a los lectores a que verifiquen si lo que están creyendo, como doctrina enseñada por sus iglesias, es lo que verdaderamente Jesús, los Apóstoles, entre otros santos israelitas que conocemos por medio de las Escrituras, creyeron sobre la muerte; y lo conectaré directamente con la esperanza que todo cristiano tiene por cuanto ha creído en el verdadero Evangelio del Reino predicado por Jesús: ganar la inmortalidad.

Empiezo por el principio. Remontémonos al momento de la Creación cuando Dios creó al primer hombre Adán: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre en alma viviente”. (Gen. 2:7).
De este corto pasaje de las Escrituras se puede observar que el concepto de “alma” difiere en mucho con el concepto que actualmente muchos cristianos –y no cristianos- tienen sobre ella.
Para comprender el significado que Jesús, y de hecho todo israelita desde la Antigüedad creía, debemos recurrir al significado hebreo de la palabra “alma”.
La palabra nefesh hayyah, (hebreo) , significa la “criatura viviente”. Es decir, que alma también es el equivalente de “persona”.
Este es el significado básico que todo cristiano debe conocer, al momento de leer las Escrituras, para que la lectura de la misma, no esté viciada de conceptos erróneos que las religiones actuales -principalmente las que se dicen cristianas- han heredado de la cultura griega; principalmente de pensadores como Platón y Aristóteles.

Ahora, para Jesús, así como para todos los apóstoles, la muerte significaba lo que las Escrituras señalan como caer en un “sueño inconsciente”. Por ende, existen a lo largo del Antiguo como Nuevo Testamento pasajes que claramente enseñan sobre el estado del hombre cuando muere:
“…porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres y al polvo volverás”. (Gen. 3:19)

“Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol”. (Ecle. 9:5-6)

“Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría”. (Ecle. 9:9-10)

“Porque en la muerte no hay memoria de ti; En el Seol, ¿quién te alabará?” (Sal. 6:5)

Aquí Seol, o Sheol, es el equivalente a la palabra griega Hades; este no es un lugar de castigo y recompensas, asignados en la muerte, sino un lugar de inacción completa.

“Y al Señor suplicaré. ¿Qué provecho hay en mi muerte cuando descienda a la sepultura? ¿Te alabará el polvo?” (Sal. 30:9)

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero”. (1Tes. 4:13-15).

De estos pasajes, así como de muchos otros que aparecen en todo el contenido de las Escrituras, se deduce que la inmortalidad no es algo que poseamos. Debe ser adquirida; y puede ser ganada únicamente a través de la aceptación del Mensaje de Salvación, que Jesús enseñó durante su ministerio en la tierra.

Pero por qué empecé explicando el concepto del alma en hebreo, por la sencilla razón de que el Mensaje Salvador de Nuestro Señor Jesucristo, sería malentendido sin este concepto fundamental bien comprendido; la pérdida o desconocimiento del punto de vista hebreo de la muerte es el mayor desastre doctrinal que pudo acontecer a la Iglesia de Dios. Satanás, ha trabajado perfectamente para que este mensaje salvador del Reino de Dios en manos del Mesías sea totalmente tergiversado. He aquí un extracto de un libro de Sir Anthony Buzzard: “El proceso fue uno sutil, y el diseño detrás de él fue la promoción de la mismísima mentira que Satanás había impuesto sobre la incauta Eva. La Serpiente rotundamente había contradicho la advertencia divina de que la desobediencia resultaría en la muerte (Gen. 3:4). Ahora él aparece como un predicador del "Cristianismo" para anunciar que el hombre es por naturaleza inmortal, ¡y que él no puede morir! En la muerte, según esta teoría ingeniosa, un hombre debe sobrevivir en el cielo o en el infierno como un alma incorpórea. No será difícil ver que esta idea debilita el Mensaje divino de que el hombre ha caído bajo la pena de muerte, y de que no hay absolutamente ninguna perspectiva de que gane la inmortalidad fuera de la incorporación dentro del plan divino a través de Cristo”.

Tomando un extracto más de este excelente libro –que cito al final del artículo- destaco lo siguiente: “La Biblia es la más práctica en su análisis del problema humano. Reconoce que la muerte es el enemigo universal de la cual somos completamente impotentes de rescatarnos a nosotros mismos. En la misericordia de Dios se ha proporcionado un plan divino para ocuparse del problema de la muerte inevitable. El plan de salvación no le hace exigencias irrazonables al hombre. Lo invita primero a creer en un Dios como Creador de todas las cosas, y en segundo lugar, en Su agente, el Mesías Jesús, porque es El quien ha sido escogido para forjar la manera de escapar de la muerte (Heb. 2:10). Habiendo él mismo ganado la inmortalidad (Col. 1:18), es su tarea ahora asistir a otros que luchan para la misma meta (Heb. 2:17, 18).”

Sí estimados lectores, el mensaje de que el alma sobrevive a un cuerpo muerto, y que va a otra dimensión: llámense cielo, purgatorio o infierno; o que el alma se reencarna tantas veces como sea necesario en varios cuerpos para “purgar” sus pecados, es pura filosofía griega o pagana, infiltrada en el mensaje de la Iglesia Cristiana.

Una vez comprendido este nuevo significado de alma, y revelada la mentira satánica de un alma inmortal, tomamos de la Biblia el texto siguiente, donde pueden surgir algunas confusiones de interpretación de lo que el apóstol Pablo trató de decir: «Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo» (1 Ts. 5:23). Al parecer se enseñara que el hombre tiene tres dimensiones, una separada de la otra, cuando el realidad lo que está señalando es que el ser humano tiene espíritu: por cuanto razona y tiene conciencia de sí mismo; alma, entendida como la totalidad del ser con su personalidad: sentimientos, emociones, memoria; y cuerpo: que es la materia orgánica, que al momento de la muerte se descompone. Es un ser único e indivisible, y una vez muerto, muere completamente: su cuerpo, sus pensamientos, sus emociones, TODO.
Espero hasta aquí haber clarificado un poco el asunto del alma y lo que significa a la luz de las Escrituras, lo más difícil que tendrán que asimilar ahora es lo que voy a trasmitirles. A la vez que será el mensaje más aterrador que tendrán, será aquel que posiblemente los lleve a buscar a Dios, para su salvación:

«Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno» (Mt. 10:28).

“Porque los malignos serán talados, Mas los que esperan en YHWH, ellos heredarán la tierra. Pues de aquí a poco no será el malo: Y contemplarás sobre su lugar, y no aparecerá. Pero los mansos heredarán la tierra, Y se recrearán con abundancia de paz”. (Salmos 37:9-11)

Del primer pasaje, lo que resalta a la vista y comprensión es el hecho de que alguien tiene potestad de destruir el cuerpo y alma; ese alguien en palabras de Jesús, es su Padre Yhwh; pues somos creación suya, y dependemos totalmente de El, queramos aceptarlo o no. En el segundo, se habla de que los malos serán talados –cortados, eliminados-, no aparecerán en el lugar donde estaban antes; es decir, en la tierra, sino más bien dice que los mansos heredarán la tierra… Sí, así tal cual se lee: los malos serán eliminados, no se irán al purgatorio o al infierno; y, los mansos o buenos heredarán la tierra, no partirán al cielo, como siempre se nos ha enseñado en las iglesias.

Pero entonces, se preguntan cómo se conecta esto con el evangelio de Jesús, o con su misión en la tierra… déjenme clarificarles el asunto con un pasaje del evangelio de Juan:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: que todo aquel que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna; y yo lo resucitaré en el día final” (Juan 6:40).

Esta es la parte en que se une el asunto del alma que no es inmortal, con el Evangelio del Reino de Dios y el sacrificio de Jesucristo: comprender que la voluntad de Dios no es que todos perezcamos, sino que El envió a su Hijo para que creamos en él y de esta forma ganar la vida eterna.
Aquí cito unos pasajes más que confirman el mensaje salvador de Jesús:


«Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua» (Dan. 12:2).

El libro de Daniel, que es un libro por excelencia profético que habla justamente del futuro Reino glorioso de Dios de mano del Señor Jesucristo, señala que unos serán despertados –resucitados- para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.

De la misma forma el Señor Jesucristo señala:

«No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación» (Jn. 5:28-29).

En Apocalipsis también tenemos pasajes que nos explican sobre la conclusión de este plan divino montado por Dios para salvarnos:

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de
Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Ésta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”. (Apo. 20: 4-6)

Y luego continúa así: “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Ésta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”. (Apo. 20: 11-15)

Aunque muchos pueden considerar este libro de Apocalipsis como alegórico o que nunca va a suceder lo que los pasajes antes mencionados describen, debo decirles que son las mismas Escrituras inspiradas por Dios, que nos adelantan qué es lo que sucederá en un futuro no muy lejano.

Si todavía no han captado el mensaje de estos textos, les doy una pequeña ayuda: habrá dos resurrecciones. De la primera gozarán aquellos santos –creyentes y seguidores de Jesús y su Evangelio- que esperaron el cumplimiento de las promesas de inmortalidad hechas por Dios a través de Jesucristo. Disfrutarán de una tierra renovada donde el gobernante de toda la tierra será el Rey Jesús; y la capital de su gobierno será Jerusalén. Y, en la segunda resurrección, luego de pasados los mil años del reinado de Jesucristo, despertarán todos los demás muertos, grandes y pequeños para ser juzgados según sus obras mientras estuvieron vivos, y si sus nombres no estaban inscritos en el libro de la vida, serían lanzados al lago de fuego, donde también la muerte y el Hades –o Sheol que vimos anteriormente- serían lanzados para ser exterminados para siempre. Y esta es la muerte segunda.

Todo esto quiere decir entonces que el ser humano puede morir dos veces.

En la primera muerte, que es el sueño inconsciente del que he estado hablando, se aguarda ser resucitado para vivir reinando con Jesucristo mil años; y la segunda, que sería luego de estos mil años, donde todo ser humano sin importar raza, sexo, nación, religión, etc. comparecerá ante el trono de Dios y será juzgado por El, y si no merece recibir la inmortalidad será echado al lago de fuego donde se extinguirá para siempre, y nunca más habrá memoria de él.

Todo esto que les explico hace parte de la fe de los primeros cristianos, que recibieron el mensaje de mano de los Apóstoles, los cuales al tener contacto con el Señor Jesucristo resucitado, no hicieron más que afianzar sus creencias en lo que señalaba ya el Antiguo Testamento, y trasmitirnos a través del Nuevo Testamento todas estas enseñanzas o sanas doctrinas, para que las guardemos y las creamos porque fue el mensaje que el Señor Jesucristo les enseñó, y que El recibió de Aquel que lo envió, Yhwh su Padre.

Estimados lectores, no pierdan más tiempo en su vida, creyendo filosofías paganas que no tienen nada que ver con el verdadero Evangelio que predicó Jesús; tomen sus Biblias y comprueben por Uds. mismos que el mensaje que les trasmito está basado en las Escrituras inspiradas por Dios, y extendidas a todos aquellos que quieren llegar a la verdad y obtener la salvación.

Busque conocer el verdadero Mensaje Salvador de Dios. Yhwh les bendiga y les alcance su Misericordia para que lleguen al conocimiento de la verdad, y la verdad los hará libres. (Jn. 8:32)

jueves, 9 de julio de 2009

¿QUIÉN O QUÉ ES EL VERBO?


La palabra hebrea DAVAR que en griego es Logos y Rhema y que aparece en Juan 1 siempre se ha mal interpretado y mal traducido por VERBO. Es tiempo de que los creyentes conozcan la verdad de las Escrituras y NO apreciaciones o ideas de hombres o grupos religiosos. Mire lo que Pablo dice en Col. 2:8. “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo”.

La palabra DAVAR que se tradujo como Logos y Rhema y luego como Verbo NO es Jesús. Esta palabra tiene un significado actual completamente errado por la mal interpretación de la iglesia cristiana en general influenciada por la filosofía Griega y por la influencia helénica.

La palabra “DAVAR” aparece en Apoc. 20:4,5: “Y vi.. la palabra (DAVAR) de Dios”. Noten que fueron decapitados por causa del testimonio de Jesús Y por la palabra (DAVAR) de Dios. Jesús y el Verbo no es lo mismo. Davar en ese versículo significa el plan de Dios de salvación para nosotros, o sea el mensaje del Reino de Dios. Según el diccionario, DAVAR (Logos) no es una persona, es un plan o la expresión del pensamiento. Los estoicos definían “Logos” como el “principio divino de vida”, lo cual es básicamente una definición de Dios. Con esta definición llegaron a una interpretación diferente a la que Juan desea que entendamos.

Veamos otras citas donde aparece DAVAR las cuales nadie las relaciona con la persona del Mesías: 2 Tim. 2:8-9: “… más la palabra (DAVAR) no está presa.” Veamos otra en 1 Juan 2:7: “Hermanos… es la palabra (DAVAR) “. Veamos otra cita en Heb. 4:12-13: “Porque la palabra (DAVAR) de Dios….. Rom. 10:17: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

En ninguna parte se encuentra “DAVAR” (palabra) en mayúscula. Además, la “palabra” no tiene género, es decir, no fue traducida con la mala intención para que diga: “él [Verbo]”.

Veamos Juan 5:37-38: “ni tenéis Su palabra (DAVAR)” Según el Diccionario Expositor de Vine de Palabras del Antiguo y Nuevo Testamentos, dice que “DAVAR” significa “La voluntad de Dios revelada”. El Léxico Griego de Liddell y Scott dice de la palabra “DAVAR/Logos”, así: “es el pensamiento interior el cual es expresado en la palabra hablada. Es decir, Juan expresa que Dios tenía en su mente un pensamiento, un plan (DAVAR) desde el principio, y nos lo reveló a través de Iehoshúa (Jesús). En otras palabras, el plan o voluntad (de Dios) fue dado a nosotros en el principio a través de los Profetas. El mensaje de Juan 1:1 es que en el principio era el “Verbo” (el plan/el pensamiento). Lo que es desde el principio es el plan (DAVAR) de Dios y fue revelado a nosotros a través de Iehoshúa (Jesús).

Cuando Juan dice que el Verbo era con Dios, el simplemente quiere decir que el “verbo” (plan/pensamiento) estaba presente en su mente y es Dios mismo, igual que el pensamiento de una persona está con ella. La Nueva Biblia Americana Católica define “verbo”, así: “Es un pensamiento para ser una realidad posando en medio de la persona, y que sale de esa persona cuando se habla o se escribe. Tenga presente que NO es Iehoshúa (Jesús). La voluntad de Dios es Dios mismo. Lo que Juan está diciendo es que la voluntad (verbo/palabra) está en la mente de Dios. El Verbo de Dios (pensamientos, voluntad) son reflejados por los atributos de Dios. En la expresión: ”Todas las cosas por él fueron hechas”, Juan está diciendo que Dios creó todo por Su palabra/voluntad, pues recuerde que es ‘el’ y NO ‘él’. La traducción de “a través de él” debe ser “a través de Su palabra”: ‘él’ está mal traducido.

Shalom

martes, 4 de noviembre de 2008

EL PLAN DE DIOS PARA EL MUNDO

Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Es indiscutible que Dios, el Dios de la Biblia, tiene trazado desde el comienzo de su creación, y que se encuentra delineado en cada página de la Biblia, un plan maestro para este planeta. Una muestra de este plan se halla en las palabras de San Juan en Apocalipsis 13:8 que dicen: "Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del cordero que fue inmolado desde el principio del mundo." Todos sabemos que el Cordero de Dios es Jesucristo y que fue inmolado hace casi dos mil años, y aun mucho antes de la caída de los primeros padres. Así, en los planes de Dios, el Cordero había de ser sacrificado, y todo lo preconoció de antemano Dios, planeándolo cuidadosamente---¡Y desde la misma creación del mundo!

Nada escapa al conocimiento de Dios (Omnisapiencia), por lo que el futuro no le es desconocido para Él. Él supo que el hombre caería en pecado, pero simultáneamente Dios planeó la redención del hombre con muchísima anticipación. Cristo, su Hijo Unigénito, sería quien cumpliría con este propósito y por eso permitió que naciera como hombre para enseñarnos, en suma, el camino para la salvación (Hebreos 5:8,9; 2:10).

Desde el principio el hombre ha desobedecido a Dios para seguir su propio camino, y ¿cuál ha sido el resultado? ¡La muerte! Dios no ha creado al hombre para que muera, sino para que viva para siempre en este planeta. La muerte, trágicamente, es nuestro peor enemigo que produce mucha tristeza a los vivos. Sin embargo, el sendero andado por la humanidad ha sido el errado, y el que le ha conducido hacia ese fin. Adán, el representante de la raza humana, transmitió el germen del pecado y la muerte a todos sus descendientes, y todos pecaron (Romanos 3:23). Un nuevo Adán, el Hijo de Dios, tomó el lugar del primer Adán y pagó el precio del pecado muriendo en la cruz. Sólo el pecado de un hombre se redime o cancela con la muerte, pero para salvar a toda la humanidad se requería que un nuevo padre que suplantara a Adán y muriera por todos ¡Y esto hizo Jesus el Mesías! ( Romanos 5:8, 17-21).

El plan de Dios para el hombre era que este se multiplicara y llenara la tierra y la hiciera un verdadero paraíso, en donde el ser humano, hecho a la misma imagen y semejanza de Dios, disfrutara de toda cosa buena hecha para él y su prole (Génesis 1:28). En consecuencia, Dios no nos destinó para vivir con Él en el cielo o en algún lugar extramundano, o supramundano; sino en esta misma tierra creada para nosotros (Salmo 115:16). Entonces, si ese es el plan de Dios, ¿podría alguien cambiarlo? ¡No! Lo que Dios se ha propuesto hacer de antemano lo cumplirá y no tardará. Adán pecó y perdió aquel estupendo parque o paraíso para luego encontrar una tierra hostíl y dura para vivir. Por lo tanto, la restauración que Dios nos ofrece (Hechos 3:19-21) es aquel paraíso original perdido donde Dios era el Amo Y Señor Absoluto, y los hombres, sus servidores.

Dios se propone recuperar ese paraíso perdido por la desobediencia del hombre, y en esta oportunidad lo llenará con gente mansa y humilde de corazón, dispuesta a servir (amar) a Dios incondicionalmente (Mateo 5:5; Salmos 37:9,11,22,29,34; Proverbios 2:21).
Dios tiene sin lugar a dudas, un plan maestro para la raza humana que está oculto para la gran mayoría de Católicos, y aun entre algunos grupos protestantes. Es nuestro propósito darlo a conocer por intermedio de este estudio a nuestros lectores.

La Creación del Mundo

La Biblia comienza diciendo: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra" (Génesis 1:1). Luego nos sigue diciendo que la tierra fue creada para que fuese habitada (Isaías 45:18). La palabra principio no nos dice cuando fue aquel principio, pero sin duda se refiere a un pasado sin fecha, cuando todo fue creado por Dios.

La palabra hebrea para crear es "bara", y en su propio y primario sentido significa aquel acto divino de la creación absoluta sin el uso de material preexistente. En otras palabras, Dios creó la materia "en el principio". Creó lo material de la nada con sólo ordenarlo. Lo visible de la creación fue hecho de lo que no se ve (Hebreos 11:3).

El hombre fue creado en el "sexto día" después de los animales. Sin embargo, existen disputas de si fueron días de 24 horas o simplemente períodos indeterminados de tiempo. Las expresiones "Y fue tarde y mañana el día..." sugieren que fueron días de 24 horas. Sin duda que la obra maestra de Dios en su creación fue el ser humano, pues fue hecho a la imagen y semejanza de Su Creador. A éste el Eterno Dios lo puso en la tierra no para que se quedara ocioso sino para que la "guardase", junto con la mujer a quien el Eterno llamó "ayuda idónea", Eva. La orden de Dios era la de procrear y llenar la tierra con hijos y tuvieran dominio sobre las bestias del campo y labraran la tierra.

La Primera Ley Divina

De manera clara Dios le prohibió a la primera pareja humana que comieran de cierto árbol de "la ciencia del bien y del mal". Su violación sería la muerte. ¡Muerte física y espiritual! La primera pareja humana recibió una orden expresa de Dios: "De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día de que él comiéreis ciertamente morirás." Esta fue la primera ley divina que debía ser obedecida, porque de eso dependía la vida. La obediencia de esa ley divina traería felicidad y paz con el Creador, y su violación, la ruptura con Él.

El Primer Pecado

Habiendo dado una ley suprema, su violación constituiría el pecado. La Biblia dice claramente que "Todo el que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley" (1 Juan 3:4). La Biblia nos dice que Adán y su mujer desobedecieron a Dios y a Su ley, lo que significó su pecado y muerte. De este modo, por la necedad del hombre mismo, la muerte ha seguido reinando. El salario o pago del pecado no es otra cosa que la misma muerte (Romanos 6:23), y por eso todos moriremos algún día (Hebreos 9:27). Se puede decir que aquí finaliza el período de la inocencia a la vista de Dios.

La Primera Profecía

Hasta aquí el diablo sacó ventaja y logró sembrar la desobediencia y la muerte en la raza humana. Sin embargo, Dios prometió no solamente un redentor personal que contendería con Satanás y le vencería, sino que la profecía incluía que habría enemistad perpetua entre las simientes opuestas del mundo, la simiente de la serpiente, o los hijos del maligno, y la simiente de la mujer, los hijos espirituales y obedientes. Esas "simientes" estarían en oposición entre sí en un conflicto continuo. El uno heriría el calcañar (extremidad del pie, por la parte de atrás) de su antagonista, pero el otro finalmente heriría su cabeza, esto es, lo destruiría. Por ende, una guerra continua se desataría entre los buenos y los malos, cuando Jesús dijo: "Vosotros sois de vuestro padre el diablo", es decir, "la simiente de la serpiente".

El Primer Homicidio

Los primeros padres tuvieron 2 hijos, los cuales fueron representantes de dos simientes opuestas. Abel, según se lee en la Biblia, "era justo"; en cambio Caín "era maligno", y la Biblia está llena de esta enemistad. El espíritu de Caín nunca termina hasta que regrese "la simiente de la mujer" a establecer su reino en la tierra y luego destruir a su adversario---"aquel maligno"---el diablo (Hebreos 2:14). En el proceso del tiempo, Caín y Abel trajeron sus respectivas ofrendas al Señor. Caín ofrece el fruto de la tierra, en tanto que Abel trajo de los animales de su rebaño (Ofrenda de expiación, hecha con fe...Hebreos 11:4; 12:24).
El camino de Caín desagradó a Dios quien no aceptó su ofrenda, pero el sacrificio de Abel si fue agradable al Señor. Esta evidencia del favor divino enfureció la "enemistad" en el corazón de Caín, por lo cual se levantó y mató a su hermano justo. Aquí Satanás pretendió destruir a la simiente justa que sería de bendición para la humanidad.

Renovación de la Simiente justa

Con el tiempo Dios dio a Adán otro hijo, y renovó la simiente justa de Set. Con este nacimiento de Set, al fin, Abel tuvo un sucesor de mente semejante, que anduvo por fe y agradó a Dios. Así, como "la simiente Caín" y la "simiente de Set" el mundo fue aumentando con gente mala y gente buena. La corrupción del mundo había llegado a su colmo en el linaje de Caín, y la maldad del hombre era casi inconcebible, que Dios anunció al fiel Noé su propósito de destruir la tierra para limpiarla de los malvados. Noé era descendiente de Set, y cuya línea genealógica era Set, Enós, Cainán, Mahalalel, Jared, Enoc, Matusalén, Lamec, Noé. Para este propósito Dios mandó a Noé a construir un arca para que en ella se salvara él y su familia, y por medio de él a la simiente justa. Durante el tiempo de la construcción del arca ningún hombre quería arrepentirse de su mal camino, por lo que Dios decidió la destrucción del mundo por un diluvio mundial. Sólo 8 personas, Noé y su familia y una pareja de cada especie animal se salvaron. Con este diluvio un mundo cayó en el juicio divino.

La Repoblación de la Tierra

Dios hace un pacto con Noé que ningún otro diluvio destruiría la tierra, y que todas las cosas serían sujetas a Noé y a sus hijos, y les instruyó para que "llenasen la tierra". Por vez primera el concepto sagrado de la vida se hizo notar por la institución de la pena capital. Aquellos que derramaran sangre de hombre su sangre sería derramada. Como señal de las promesas del pacto Dios colocó en el cielo el arco Iris, una señal de su pacto con toda carne "por siglos perpetuos".
El mundo así tuvo un nuevo inicio, con la institución del gobierno humano, siendo el hombre el responsable de gobernar al mundo para Dios. Los hijos de Noé empezaron a multiplicarse y llenar la tierra. Pero no pasó mucho tiempo antes que ellos vieran abundar la maldad, y a los hombres y naciones en abierta enemistad con Dios. Los 3 hijos de Noé fueron: Sem, Cam, y Jafet. Con estos 3 hombres se volvió s llenar la tierra, la cual, poco después se corrompió, y renació el antagonismo entre las simientes opuestas. Para no ser esparcidos construyeron una torre en el llano de Sinar.

Ante este desafío constante, Dios decidió confundir las lenguas de los edificadores de la torre. Hasta ese momento la tierra sólo habla un idioma, pero ahora los hombres empezaron a hablar muchos idiomas y dialectos lo que les obligó a esparcirse por toda la tierra. Actualmente es un hecho establecido que los varios idiomas existentes pertenecen a 3 grandes grupos: Los Arios, los semitas, y los Turianos, correspondientes a los 3 hijos de Noé: Jafet, Sem, y Cam.

El Tiempo de la Promesa

Después de la dispersión, Nimrod, un descendiente de Cam, fundó un imperio a orillas del río Eúfrates, el primitivo imperio babilónico o caldeo. Mizraim, hijo de Cam, fundó el imperio Egipcio, el otro gran centro de la civilización primitiva. Pero también hubo un progreso en la corrupción y en la idolatría. En cuanto a la idolatría, ésta se esparció rápidamente sobre la tierra, deshonrando a Dios y degradando al hombre. En consecuencia Dios dispuso separar una familia de todas las familias de la tierra, para que por medio de ella, Él pudiera preservar la religión pura y sin mácula. El elegido fue Abraham, que nació en Ur de Caldea, de donde fue llamado por Dios. Las gentes de su época y lugar eran idólatras, aún su propio padre Taré, estaba manchado con la maldición.

Dios mandó a Abraham que dejase su país y su parentela y fuese al lugar que le sería mostrado. El mandato fue acompañado con una promesa y un pacto. El llegaría a ser una gran nación, un gran nombre, la tierra de Canaán sería la posesión eterna de su simiente y por medio de él, todas las familias de la tierra.

Esto indicó un nuevo comienzo para el Reino de Dios, porque el llamado de Abram, Dios comenzó a preparar el mundo para el redentor prometido, "la simiente de la mujer". Aunque Dios había prometido que la simiente de Abraham sería innumerable, pasaron años de espera sin señal de descendencia. Impaciente por los años que pasaban sin descendencia, Sarai, su esposa, le sugirió que buscara al hijo en la esclava Agar, y de quien luego nació Ismael, quien vino a ser el padre de la raza árabe. Catorce años más tarde, Isaac, el hijo de la promesa nació milagrosamente. Este heredó la fe de su padre, y obtuvo una renovación del pacto a Abraham. Tuvo dos hijos: Esaú y Jacob. Esaú fue el progenitor de los edomitas, quienes fueron una fuente constante de dificultad para los israelitas, los descendientes de Jacob.

El nombre de Jacob fue finalmente cambiado a ISRAEL, "Príncipe con Dios". De sus doce hijos, José, el hijo de su edad avanzada, era el favorito. Fue aborrecido por sus hermanos, por los cuales finalmente fue vendido y llevado a Egipto por los mercaderes medianitas; allá Dios le bendijo y prosperó. Veinte años más tarde una gran hambruna obligó a Jacob, con sus hijos, a viajar y establecerse en Egipto, a la invitación de José. Después de la muerte de Jacob y José, se levantó un rey en Egipto que no conocía a José; alarmado por el crecimiento del pueblo hebreo, determinó aplastarles por medio de una cruel opresión y por la destrucción de todos los hijos varones. Durante esta era oscura de opresión, nació un niño (Moisés) destinado a liberar al pueblo esclavizado. Este, más tarde, obligó a Faraón de Egipto dejar salir al pueblo. En la noche de su liberación de Egipto Dios instituyó la Pascua.

La Promulgación de la Ley

En el tercer mes de su salida de Egipto, acamparon en el Sinaí, donde permanecieron un año.
Siendo llamado por Dios a la cumbre del monte, Moisés recibe los Diez Mandamientos de Dios, y también las instrucciones para la construcción del tabernáculo o tienda sagrada, que habría de ser la morada de Dios entre ellos.

Durante su estadía en el Sinaí, Israel se organizó como nación, y luego del censo del pueblo y la agrupación de las tribus, se movilizaron hacia la posesión de la tierra prometida. Al llegar a la frontera, Moisés envió a doce hombres para investigar la tierra. Al regresar, dos dijeron que era una buena tierra, pero diez dijeron que no podía ser conquistada. El miedo destruyó la fe, y el pueblo rehusó entrar a su posesión prometida. Como castigo por su incredulidad vagaron por el desierto 40 años.

Al fin, después de 38 años, la nueva generación llegó a Cades, el escenario de la trágica incredulidad de sus padres. Aquí Moisés repitió la ley y repasó las condiciones que acompañaban las promesas y las bendiciones de su entrada a Canaán. Después de su mensaje de despedida, Dios llamó al fiel legislador al descanso, y manos invisibles le sepultaron en el monte desde dónde él había visto la tierra prometida.

Después de la muerte de Moisés, el pueblo fue guiado por Josué a Canaán como sucesor de Moisés, pero después de la muerte de Josue hubo un apartamiento gradual de la nación. Esta condición se resume en la frecuentemente frase citada: "Israel hizo lo malo en los ojos del Señor" y también "El Señor los entregó en las manos de sus opresores". En estos períodos críticos, Dios escogía a algún hombre de las tribus, por quien Él pudiera gobernar y ejecutar sus juicios. Estos oficiales eran llamados los "Jueces" de Israel.

Después de varios centenares de años de apostasía, servidumbres, y liberaciones, los israelitas se cansaron del gobierno de los Jueces y demandaron un rey. Después de ser amonestados de las consecuencias trágicas de cambiar de gobierno de una teocracia a una monarquía, Dios les concedió su petición. Saúl fue elegido como el primer rey de Israel.

El carácter de Saúl fue marcado por impulsividad y autovoluntad, y su muerte miserable fue una consecuencia espantosa de su vida. Reinó sobre Israel por 40 años. El período del reinado de David, sucesor de Saúl fue la más brillante de todas en la historia de Israel. Este también reinó por 40 años. Pero en cuanto a explendor y magnificencia, ninguno igualó a Salomón, hijo de David. El reino israelita se mantuvo unido con estos 3 reyes hasta que vino la división entre el reino de Israel y el reino de Judá durante el reinado de Roboam y Jeroboam. Jeroboam se había corrompido por la idolatría, por lo que fueron llevados a la cautividad. El Reino del Norte fue llevado a Asiria y el Reino del Sur a Babilonia por 70 años durante el reinado de Sedequías.
Por un decreto de Ciro, el Reino del Sur salió de su cautiverio y con un remanente de Israel regresó a Jerusalén y reconstruyeron el templo y lo dedicaron en el período del profeta Nehemías. Del linaje de David y de la línea semita nació "La simiente prometida" para la bendición de la humanidad., unos 400 años después.

La Promesa de Dios a Abraham

Habíamos visto que Dios había elegido a Abraham de entre un mundo corrompido para que mantuviese la pureza de la fe, y de la religión verdadera, y que a través de él nacería "La Simiente Prometida" que aplastaría a Satanás y sus huestes. La promesa que Dios hace con Abraham tenía que ver con la posesión de una tierra y en ella hacer crecer una gran nación.
En Génesis 12;2,3 podemos leer de esa estupenda promesa de esperanza para la humanidad. De allí se lee: "Y haré de ti una gran nación, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra" En Génesis 13:15 le sigue diciendo: "Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre".

En Génesis 15:18 Dios hace un pacto con Abraham, un pacto que nadie lo invalidaría y que dice: "En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eúfrates". Así, Dios hizo a Abraham una promesa y un pacto que pocos hoy han llegado a comprender en su profunda dimensión espiritual como material. Aquí se ve como Dios quiso y quiere la bendición para la humanidad, y de hecho que se cristalizará por la línea de Sem, uno de los tres hijos de Noé, de quien se trazaría la venida de "La Simiente Prometida" para la redención de la humanidad y su posterior bendición perpetua.
Habíamos visto en Génesis 15:18 que Dios hizo un pacto con Abraham, en el sentido que su descendencia (singular) heredaría la tierra prometida. Ahora bien, ¿Quién es la simiente o descendencia de Abraham? Más tarde, el apóstol Pablo revelará que la descendencia de Abraham (singular) es Cristo mismo. Veamos lo que nos dice Pablo en Gálatas 3:16,29: "Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes como si fueran muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo". Pero ahora nos preguntamos, y los cristianos verdaderos, ¿qué heredarán? Pues el verso 29 tiene la respuesta final: "Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa". He aquí una extraordinaria verdad que sigue siendo ignorada por millones de seguidores de Cristo, y es que la iglesia también recibirá la "tierra prometida" como herencia perpetua. Entonces: ¿Cómo es que hay aún que suponen que irán a heredar el cielo?
No es de extrañarse tampoco que el evangelista Mateo comience su Evangelio sinóptico diciendo de Jesús, el Cristo: "Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham." (Mateo 1:1).

La Promesa de Dios con David

Habíamos explicado en algunas páginas anteriores que el pueblo israelita había pedido un rey en lugar de los jueces que los gobernara. Y cuando esto ocurrió, el primer rey Saúl, del linaje de Sem y también descendiente de Abraham, se corrompió y fue destituido de su cargo. Éste fue destituído y reemplazado por un pastorcito de ovejas: el rey David, quien también era del linaje de Sem. Dios igualmente hace un pacto con David, diciéndole: "Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino." ( 2 Samuel 7:12,13). Además le prometió lo siguiente: "Si tus hijos guardaren mi camino, andando delante de mi con verdad, de todo su corazón y de toda el alma, jamás, dice, faltará a ti varón en el trono de Israel." ( 1 Reyes 2:4; 2 Crónicas 7:18).

Siendo igualmente hijo de David, Jesus es el indicado para heredar el trono de su padre David (Leer Lucas 1:32,33; Hechos 2:29,30). Sin duda hoy Israel no posee una monarquía, pero llegará el tiempo para restaurar el reino o la monarquía David en Israel.

Sedequías fue el último rey semita que desvió al pueblo hacia la idolatría, razón por la cual Dios permitió que fuera desterrado con la mayor parte de su pueblo por siete décadas, después del cual fue liberado, aunque sólo un remanente regresó a Jerusalén para reedificar el templo. Sin embargo, desde su salida de Babilonia no ha habido un rey semita que los gobierne. Pero llegará el día cuando las profecías concernientes a la restauración del reino se cumplan, en la persona del Mesías Jesus. Lea Amós 9:11; Ezequiel 21:26,27; 37:22,24,25; Oseas 3:4,5; Hechos 2:29,30.
Jesucristo es el hijo de Abraham que heredará la tierra, y es hijo de David para heredar el trono de su reino en Israel. Este es el personaje noble que solucionará todos los problemas de la humanidad, restaurando todas las cosas que fueron destruídas por el opositor, el diablo.

El Reino de Dios

El Reino de Dios se inauguró cuando los israelitas sustituyeron a los Jueces por los reyes semitas, siendo el primero, Saúl. La primera vez que encontramos la frase "Reino de Dios" es en 1 Crónicas 28:5 y que dice: "Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel".
Por intermedio de los reyes semitas, Dios gobernaba al pueblo, pero por sus rebeliones, Él decidió suspender la monarquía Davídica HASTA LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS, pronunciadas por los profetas antiguos (Hechos 3:19-21).

El Evangelio de Jesucristo

Muchísimos cristianos no han llegado a saber exactamente para qué Cristo vino hace dos milenios. En primer lugar, San Pablo nos dice: "Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres." Sí, Jesús vino a decirnos que Su Padre cumplirá todas las promesas tarde o temprano (Romanos 15:8).

Como segundo punto, Jesús nos dice para qué Dios le envió a este mundo malo. En Lucas 4:43 encontramos una clara confesión de Jesús que debemos grabar todos los creyentes en nuestra mente: "Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios, porque para esto he sido enviado." Sí, Jesús vino a cumplir con una ordenanza del Padre, y ésta era, la de proclamar las Buenas Nuevas del Reino de Dios. Por cierto que para poder participar de ese reino, el hombre tenía que convertirse, y para ello debería de aceptar el sacrificio de Cristo por él. Por tanto, Jesús también vino a morir por los hombres para abrirles el camino al reino de Dios (Marcos 1:1,15,16).

La palabra reino viene del griego Baseileia, que implica autoridad, domino, rey, leyes, y súbditos. Los discípulos hebreos sabían vienen que el reino de David sería restaurado por el Mesías esperado. En Hechos 1:6 se deja ver que los discípulos sabían que Cristo era el nombrado Mesías para restaurar el reino, y por eso creían que ya estaba cerca su restauración.

En Lucas 19:11 leemos que los discípulos hebreos estaban seguros que el reino sería restaurado brevemente, porque veían a su Mesías entrar en Jerusalén, la sede del antiguo reino de David y de sus hijos.

En diferentes pasajes de la Escritura, el Reino de Dios y su restauración conforman el Evangelio de Jesucristo. Usted verá que Jesús usa la expresión: "El evangelio del reino" en distintos pasajes de su vida. Vea Lucas 4:43, y Mateo 24:14, por citar dos textos bíblicos. Recuerde que "evangelio" significa "Buenas Noticias". Entonces Jesús vino a proclamar "Las Buenas noticias de su reino en la tierra." Pero millones de Católicos y Protestantes NO suelen decir que el evangelio es el reino de Dios, sino Cristo mismo. Afirman que el evangelio es la persona de Cristo, y su sacrificio por los pecadores. Esta es sin duda, media verdad. La otra media verdad es lo que sigue al sacrificio de Cristo. Es decir, su glorioso reino en la tierra con los salvos.

El Evangelio del Reino y la salvación

¿Cuál es la importancia del evangelio del reino? La respuesta es que trae SALVACIÓN a los hombres. En Romanos 1:16 Pablo dice que el evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que lo cree, sea Judío o no Judío.

No sólo fue Jesús quien se dedicó a la evangelización, enseñando el reino de Dios, sino también todos sus discípulos. Uno podrá leer por los diferentes libros del Nuevo Testamento, que el reino de Dios fue el mensaje central de Cristo y sus seguidores. El Evangelista Marcos habla que Cristo empezó su ministerio anunciando el evangelio del reino de Dios. Igual lo hicieron sus apóstoles (Lucas 8:1; 9:1,2). Posteriormente Pablo hará lo mismo en su evangelización internacional (Hechos 19:7; 20:25; 28:23,30,31). Y Jesús afirma que ese mismo evangelio del reino será predicado por su iglesia hasta su regreso en gloria (Mateo 24:14).

El Evangelio del Reino no es la iglesia

El Evangelio del Reino ha sido objeto de variadas interpretaciones que no se ajustan al contexto bíblico. Agustín de Hipona, de la escuela de Orígenes, sostenía que la iglesia era el Reino de Dios, y Cristo, el Rey de esa iglesia Universal.

Para la iglesia Católica en particular, no existe un reino político y monárquico para Israel. Es más bien un "reino de sacerdotes" (la curia romana o clero sacerdotal Católico), con el Papa a la cabeza. Pero contrario a lo propuesto por Orígenes, y luego Por "San Agustín", Jesucristo enseñó que la "manada pequeña" heredará un reino, sólo cuando Cristo regrese a este mundo nuevamente (Lucas 12:32; Mateo 25:31,34). En otra ocasión Pablo dijo que "carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios" (1 Corintios 15:50). Esto es significativo, pues la iglesia está compuesta precisamente por hombres de carne y sangre. Hay, pues un reino diferente, en el cual es imposible heredarlo con cuerpos humanos mortales de "carne y sangre".

El Reino tiene que ver Con Jerusalén

Aunque ya hemos explicado que el reino estaba relacionado con Jerusalén, sería oportuno añadir que Jesús afirmó que "Jerusalén ES (no "ERA") LA CIUDAD DEL GRAN REY" (Mateo 5:33-35). Estas palabras de Jesús son significativas, pues Dios sigue amando a Jerusalén, y sigue siendo Su ciudad. No es la ciudad de los árabes, ni de los Judíos, ni de los gentiles. ¡Es la ciudad de Dios!
Jerusalén será llamada "Trono de Jehová", así lo afirma Jeremías, el profeta (3:17). En Marcos 11:1-11 se halla la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Los versos 9-11 dicen: "Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas! Y entró Jesús en Jerusalén...". Ahora bien, es fácil ver aquí en estos versos, la esperanza Judía de la restauración del reino davídico en Jerusalén cuando entraba Jesús en la ciudad capital de Jerusalén. Y en Hechos 1:6 se deja notar la inquietud de los discípulos por saber si ya era inminente la restauración del reino por muchos siglos esperada.

El Reino, La Iglesia, y Las Naciones

Hemos visto que Jesús vendrá a restaurar el reino en su segunda venida (Hechos 1:7; 3:19-21; Mateo 25:31,34). ¿Qué pasará luego? Bueno, Jesús depondrá al diablo y lo arrojará al abismo para que no siga engañando a las naciones, y poder así reanudar el reino de su padre David en su persona (Apocalipsis 20:1-4).

La Iglesia, junto con él como su Rey, dominarán a las naciones y las regirán con "vara de hierro". La Iglesia está siendo llamada hoy precisamente para conformar todo el equipo gubernamental del Mesías. En Apocalipsis 2:26 leemos una promesa de Jesús: "Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, YO LE DARÉ AUTORIDAD SOBRE LAS NACIONES." ¡Esta es una fantástica noticia! La iglesia no estará tocando el arpa en el cielo, sino gobernando con Cristo en su reino, en puestos de confianza. En la famosa parábola llamada "De las Diez Minas" en Lucas 19, Jesús revela que, al volver como el "hombre noble", dará a sus seguidores leales, "AUTORIDAD SOBRE CIUDADES". Usted leerá eso en los versos 15, y l6. Y en Apocalipsis 5:10 claramente se nos dice dónde reinaremos: ¡En la tierra!

Si el reino de Cristo será mundial, pues todas las naciones de la tierra le estarán sujetas a su autoridad real (Salmos 72:7,8,11,19).

El Milenio de Paz

En Apocalipsis 20:4 se nos dice que l reino de Cristo tendrá una larga duración, en este caso, mil años. Los gobiernos de los líderes no llegan a durar tanto. Hitler quiso inaugurar su "reich" (reino) de mil años, pero sólo duró 12 años. En cambio, el reino de Cristo no tendrá problemas, ni conflictos, ni amenazas de otras naciones, y la razón es que estarán dominadas por Cristo con la autoridad divina. Será realmente un "reino de los cielos" o "el Reino de Dios".
En este milenio de paz, las armas de guerra habrán desaparecido. Los hambrientos serán saciados, los ríos no se secarán y no se contaminarán. Los desiertos se convertirán en huertos fructíferos, y los animales vivirán en armonía y en paz. Esta utopía se hará realidad sólo cuando regrese el "Deseado de todas las naciones" (Hageo 2:7).

Satanás Será finalmente Destruido

Habíamos visto al comenzar este estudio que habría una enemistad permanente entre las dos simientes opuestas, la de Satanás, y la de la mujer. Finalmente, la simiente de la mujer (que representa a Eva, a María y su hijo Jesús), destruiría al Diablo matándolo por la cabeza. Esto va a ocurrir al finalizar los mil años del reinado del Mesías Jesus. Y la razón es que al final del milenio, el diablo y sus ángeles serán soltados del abismo para que engañen por un breve tiempo al mundo, a fin de probar a los hombres, y luego será destruido junto con todos los malvados.

www.apologista.wordpress.com
www.yeshuahamashiaj.org
www.elevangeliodelreino.org

LA VERDAD DE LA PANDEMIA