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martes, 17 de noviembre de 2009

DOS MIL AÑOS DE DEBATE




Por Ingº Alfonso Orellana

Cuando murió el visionario y millonario, Howard Hughes, dejo atrás una secuela de intrigas y testamentos que por muchos años fueron motivo de disputas en las cortes. Más recientemente con la muerte del ídolo de la música pop, Michael Jackson, también se desató una avalancha de pasiones de muchas personas buscando cada uno su tajada y alegando conocer perfectamente cual era la perfecta última voluntad del fallecido.

Con Jesús de Nazaret la cosa no fue muy distinta. Mientras los discípulos y otros alegaban que se había levantado, otros decían que hubo un complot que incluía robarse el cuerpo de la tumba, que todavía estaba vivo y en años recientes Dan Brown se hizo rico diciendo que había engendrado una criatura en su relación con María de Magdala.

Afortunadamente, para nuestro beneficio, Jesús no dejó nada escrito. Llana y sencillamente conocemos de él por el impacto que causó en su radio de acción en la provincia Romana de Judea y las repercusiones a distancia de todos aquellos que fueron tocados en primera, segunda y tercera persona en el primer y segundo siglos. Este impacto se plasmó en escritos, de los cuales no tenemos originales, sino copias de copias en el mejor de los casos y peor todavía; en la forma de fragmentos.

La Iglesia Católica elevó un puñado de estos a “inspirados” en su mejor esfuerzo por depurar toda aquella amalgama de creencias desarrolladas y plasmadas en diversas cartas, evangelios, revelaciones, etc, por una rica tradición oral, con todas sus limitaciones y establecer una biblioteca aceptada para conservar las enseñanzas ‘verdaderas’ del Maestro y sus apóstoles, Pablo incluido.

En el epicentro de toda esta especulación e historia –digo historia porque es innegable que Jesús, el hombre, existió— Jesús no es un personaje que se pudiera inventar, de la misma forma que nadie podría haber inventado un Einstein.- La cosas que enseñó, en la estima de muchas de las mentes más privilegiadas de la historia humana post-cristiana, han sido de tal impacto que ha afectado el rumbo de la historia para bien, en los casos más sublimes y para mal cuando han sido distorsionadas.

A pesar de ese efecto trascendental, todavía su identidad sigue siendo debatida. A él se le atribuye haber dicho algo parecido a “por sus frutos les conoceréis” y es desde esa premisa que podemos identificar la fuente, el genoma, que conecta a un ser humano común y corriente del día moderno con Jesus.

En una edición reciente de la revista National Geographic, leí la historia de un mamut bebé encontrado en un estado de preservación excelente y del cual se pueden extraer material genético que pudiera traer de nuevo al mundo esta especie extinguida hace mucho tiempo. A veces quisiera que encontráramos el equivalente espiritual de este mamut, en alguna forma tangible de información que aclare todo el asunto de la identidad de Jesús para que se termine el debate, pero me detengo y me doy cuenta que entonces ese artículo elusivo y frágil que llamamos fe no sería necesario. El Espíritu Santo ya no tendría que ‘guiarnos a toda la verdad.’ ¿Qué tal si no nos gusta el cuadro que emerge? Lamentablemente la humanidad es (somos) tan caprichosa que ‘aun si viniere alguien de entre los muertos’ a avisarnos, puede que no le creamos, como ilustró Jesus.

La buena noticia es que sabemos lo suficiente de Jesús y su proyecto de un Reino venidero donde la paz y la justicia reinaran. También conocemos sus enseñanzas morales y nos dejó el ejemplo perfecto de sacrificio y amor al prójimo. Nos mostró cómo la comunión con el Padre es provechosa en todas las cosas y especialmente cuando estamos en medio de la tormenta.

Si las palabras citadas por Juan son ciertas, y las creemos, entonces él mora en nosotros y si le dejamos, podemos ser sus manos y pies para bendecir, sanar y restaurar a otros dentro de nuestro radio de acción. Entonces los recipientes de estas cosas buenas verán a Jesús en una infinidad de rostros y su luz resplandecerá en medio de la oscuridad del hambre, el frío, la enfermedad, el desasosiego. Para estos no hay debate sobre identidad de Jesús. Para ellos él es el alivio y la mano amiga. Un vez que hay algo en el estómago y la sed y el frio se han ido, entonces podemos presentarle al Rey de Reino de Dios en la otra cara de nuestro Señor. A este punto ya le conocen. Podemos hablarle del agua de vida gratis y como es esto posible. Son como la mujer samaritana en el pozo de Jacob. Se regocijarán e invitarán a otros a conocer la persona más importante del universo; a Jesús de Nazaret.

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martes, 4 de noviembre de 2008

EL TEMA CENTRAL DE JESÚS FUE SU REINO MILENARIO DE JUSTICIA Y PAZ EN LA TIERRA

Por Ing° Mario A Olcese (Apologista)


El Significado de 'Mesías'

Al hablar del Mesías, hablamos también del Reino de Dios, ya que son dos palabras íntimamente unidas en la Biblia. ¿Qué significa Reino de Dios y Mesías? Es la palabra hebrea Maschiaj ('Mesías') equivale a Kjristós ('Cristo') en el idioma griego, y a su vez, Cristo quiere decir: "El ungido de Dios" en nuestro idioma español. En el Antiguo Testamento los reyes judíos de Israel eran previamente "ungidos" por los sumos sacerdotes parar ser nombrados para ese cargo. Ese ungimiento consistía en que el sumo sacerdote vertía aceite sobre la cabeza del escogido que se convertiría en rey. Por ejemplo: Saúl, David, Salomón, etc (1 Samuel 10:1; 16:13; 1 Reyes 1:33-35). En otras palabras, Saúl, David, Salomón, y sus sucesores se convirtieron en CRISTOS para poder reinar sobre el pueblo Hebreo. Saúl era un Cristo ("ungido"), David era un Cristo ("ungido"), Salomón era un Cristo ("ungido"), y sus sucesores. Todos estos reyes reinaron desde la capital JERUSALÉN (1 Reyes 2:11; 11:42).

El Reino de Dios

El Reino de Dios comenzó cuando el pueblo hebreo pidió a Dios tener un rey como las demás naciones. En un comienzo el pueblo hebreo estuvo gobernado por los llamados "Jueces de Israel", los cuales hacían el papel de jueces y gobernantes. Así, por ejemplo, Samuel, Gedeón, Barak, y Sansón fueron cuatro de varios jueces que tuvo Israel.

Con Saúl empieza la dinastía real judía. Pero éste, al no llegar a ser un rey fiel a Dios, es reemplazado por el joven David. Con David Dios hace un pacto muy interesante, el cual veremos en detalle más adelante, pues éste nos dará mucha luz sobre el futuro del mundo entero. Lo importante por ahora es señalar que Dios llama a la dinastía davídica como: "su reino". Es decir, el reino de Dios estuvo representado por los reyes que se iniciaron con David, Salomón, etc. En 1 Crónicas 28:5 veremos que David llama a su dinastía como "el reino de Jehová": "Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel". También en 1 Crónicas 29:23 se nos dice de Salomón: "Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre...". Esto es muy importante, pues el reino de Dios no es una nueva doctrina introducida por Jesús en su ministerio, sino que era un asunto bien conocido aún por el pueblo hebreo de los tiempos de David. De modo que cuando Jesús habla del reino de Dios, sus oyentes sabían perfectamente a qué se refería Jesús con esa frase. Pero lo que hace Jesús es enseñarles a sus paisanos sobre la manera cómo ellos podían participar en ese reino que se reanudará con su segunda venida a la tierra prometida. Pero este punto es para otro acápite.

La Promesa de Dios a David

Dios le hizo un pacto a David el cual es crucial para entender en verdad quién era Jesús según la carne. En primer término, Dios le dijo a David lo siguiente: "Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mi hijo...y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente" (2 Samuel 7:12-16).

En esta promesa de Dios a David se enfatizan cinco puntos importantes: la simiente de David, la simiente del reino, la casa de la simiente, el trono de la simiente, y la relación padre-hijo entre la simiente de David y el Dios Todopoderoso. Es decir, Dios le prometió a David una descendencia real, y un hijo singular que establecería su reino para siempre en la tierra prometida. Además, notemos que Dios tiene dos tronos: El trono desde donde Él gobierna, el cual está en el cielo, y el trono en la tierra. Salomón se sentó en el trono terrenal de Dios. Este es el trono que también se le prometió a Jesucristo.

En Jeremías 33:20, 21 leemos: "Así ha dicho Yahvé: Si Pudiereis Invalidar mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de tal manera que no haya día ni noche a su tiempo, podrá también invalidarse mi pacto con mi siervo David, para que deje de tener hijo que reine sobre su trono...". Esto significa que si Dios no cumpliera con su pacto con David, dejaría antes de haber noche y día en nuestra tierra. Su promesa es tan firme y segura con el anochecer y el amanecer en nuestro planeta.

Ahora bien, hoy no hay un trono terrestre de Yahvé en Jerusalén. Dios descontinuó la línea real 'judío-davídica' por un tiempo debido a que los descendientes de David fueron impíos. Esto está registrado en Ezequiel 21:25-27: "Y tú, profano e impío príncipe de Israel, cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad, así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto o será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto, A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto o será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré". Aquí Ezequiel habla del impío rey judío Sedequías, quien fuera destronado por el rey Nabuconodosor de Babilonia en 586 AC. Con Sedequías terminó transitoriamente la dinastía davídica sobre Israel, y se puede afirmar que por espacio de más de 2,500 años no ha existido un reino de Dios en Jerusalén. No obstante, Ezequiel asegura que esta interrupción temporal se levantará y se establecerá el reino de Dios en la persona de otro descendiente real Judío y de la casa de David.

Jesucristo, o también llamado: "Jesús el Cristo", es un personaje muy importante para todos los cristianos. Es interesante que Jesús sea llamado el Cristo (o "el Ungido") de Dios. Esto nos hace recordar a los reyes Saúl, David, Salomón, etc. Estos fueron ungidos para ser reyes sobre Israel, ¡y también Jesucristo! El evangelista Mateo empieza diciendo en su evangelio: "Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham" (Mateo 1:1). Esto quiere decir que Jesús es de "sangre azul" y por tanto, un legítimo heredero del trono de David, o del reino de Dios. ¿Recuerda que Ezequiel profetizó que la tiara y la corona se le daría a uno que tendrá el derecho al trono de David? Pues bien, ése es Jesús el Cristo. Por eso, son pocos los "cristianos" que han llegado a entender lo dicho por el ángel Gabriel a María: "Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin" (Ver Lucas 1:31-33). Esta profecía dada por Gabriel a María no es comprendida por millones de llamados "cristianos"---¡Y es trágico! Y es nefasto también que millones de cristianos no crean literalmente las palabras de Pedro, cuando al hablar de Jesús, dice: "Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono" (Hechos 2:29,30). ¿A cuál de los cristos se refería Pedro? La respuesta está en el verso 31. Aquí se habla del Cristo que fue resucitado. Entonces se refiere a Jesús el Cristo---Nuestro Señor y Salvador.

Se ha querido espiritualizar el pacto de Dios con David creando confusión y disensión entre los creyentes. Y es que la mayoría de cristianos tiene un fobia a todo aquello que tiene que ver con los judíos. Hay definitivamente un antisemitismo dentro del mundo católico y aún entre los protestantes. Los prejuicios contra el pueblo hebreo bloquean el sano entendimiento y la justa interpretación de las Santas Escrituras. Incluso hay iglesias cristianas que sostienen que el Antiguo Testamento ha quedado obsoleto, y por tanto, la iglesia no debiera prestarle mucha atención. ¡Qué tragedia! Pasar por alto el Antiguo Testamento es obscurecer el entendimiento cabal del Nuevo Testamento.

Jesús Anuncia el Reino de Dios

Cuando Jesús apareció hace dos milenios en el mundo, vino para anunciar las "buenas noticias" del reino de Dios. En Lucas 4:43 él dijo claramente: "Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios porque para esto he sido enviado". Sí mi amigo, muchos cristianos no saben para qué Dios envió a Jesús al mundo---¡Y esta es otra tragedia! Usted puede preguntarle a cualquier hombre que se precie de ser cristiano, ¿para qué Cristo vino al mundo?, y de seguro que no sabrá responderle como Cristo lo reveló en Lucas 4:43. La mayoría le dirá que Cristo vino a "salvarnos", lo cual es sólo media verdad. La verdad total es que él vino a anunciar el Reino de Dios como el evangelio o buenas noticias de Dios para el mundo sufrido. Y este Reino de Dios (el evangelio verdadero) se traducirá en la salvación de todos aquellos que lo creen o aceptan por fe (Romanos 1:16).

Sí, Jesús vino decirnos que el reino se había acercado, aunque aún faltaría un tiempo para que arribara totalmente (Mateo 10:7). Sin embargo, durante su ministerio de tres años y medio aproximadamente, Jesús dio a "saborear" un poco los efectos benéficos de su reino venidero en el presente. Por ejemplo, cuando él expulsaba a los demonios, y libertaba a los poseídos de la opresión diabólica, Jesús decía que su reino "había llegado" (Mateo 12:28). Y ¿por qué esto? Porque eso es precisamente lo que Cristo hará con Satanás y sus demonios al volver para restaurar el reino de Dios en la tierra---¡neutralizará a las fuerzas demoníacas espirituales! (Ver Apocalipsis 20:2,3).

Los eruditos en Biblia están unánimemente de acuerdo que el mensaje central de Jesucristo es el Reino de Dios. Este se halla en todo el Nuevo Testamento, desde Mateo hasta Apocalipsis, sin contar con el Antiguo Testamento. Jesús se preocupó de explicarles a sus seguidores las condiciones para participar de él cuando regresara por segunda vez. A Nicodemo, un fariseo de renombre, Jesús le dijo que tenía que "nacer de nuevo" para entrar en él (Juan 3:3,5). También dijo que de los "pobres en espíritu" era su reino (Mateo 5:3). También él explicó que su reino no era de este "mundo malo" sino del siglo venidero de justicia (Juan 18:36). Reveló que difícilmente un rico podría entrar en él (Lucas 18:24). Exigió que los hombres se hicieran inocentes como los niños para poder ingresar con él a su reino (Mateo 18:3). Alabó a los que reconocían que se debía amar a Dios y al prójimo, y a estos les dijo que estaban muy cerca al reino (Marcos 12:32-34). También afirmó que el reino se inauguraría con su iglesia cuando regresara nuevamente al mundo en persona y con sus ángeles (Mateo 25:31,34). Jesús enseñó que debíamos pedir y buscar su reino diariamente en nuestras oraciones (Mateo 6:10,33).

La Pregunta de los Apóstoles

Después de resucitar de la tumba, Jesús continuó predicando o enseñando acerca del reino de Dios a sus discípulos. Según lo registrado por Lucas en Hechos 1:3, 6,7, Jesús permaneció 40 días más entre sus allegados discípulos, a los cuales les seguía enseñando sobre el reino que él establecería en Israel en un futuro. Dice así Hechos 1:3: "A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios". Ahora bien, observe que Jesús se centra en su mensaje del reino, y se asegura que sus discípulos entiendan bien todo lo relacionado al tema. Como es lógico, cuando un maestro enseña sobre una materia o tema surgen preguntas de los alumnos. Y así fue. Después del seminario intensivo de Cristo de 6 semanas, los discípulos le preguntan a Jesús algo importantísimo, pues el maestro ya estaba a punto de partir al cielo: "Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?". Nótese que los discípulos aprendieron que el reino de Dios le sería restaurado a Israel. Jesús NO les había estado enseñando un nuevo reino que se establecería en el cielo, o "en el corazón de los creyentes" sino en ISRAEL. Esto debe quedar bien claro. Nuevamente: Jesús había estado enseñando que el reino se restauraría en Israel, y punto.

Ahora bien, es interesante que los discípulos usen a palabra "restaurarás" en la pregunta. Esto quiere decir que ese reino existió, fue derrocado, y nuevamente será restablecido con un rey descendiente del rey David. Esto también significa que el reino tiene las mismas características que tuvo al comienzo, es decir: Tuvo un rey humano, un territorio (en este caso la tierra prometida, Israel), leyes, súbditos, conflictos territoriales con sus vecinos, etc. Es claro, entonces, que el reino de Dios tendrá las mismas características que tuvo al comienzo de su fundación, pero con la diferencia que estará compuesto por hombres probos y glorificados con inmortalidad.

La Respuesta de Jesús

La respuesta no se dejó esperar y fue muy clara: "Y les dijo: No os toca vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Señor puso en su sola potestad" (Hechos 1:7). Es decir, el tiempo de la restauración del reino de David no lo podían saber sus discípulos, ni tampoco él, como Maestro, sino sólo Dios el Padre. Permanecería en el misterio.

En otra ocasión, cuando los discípulos vieron que Jesús se acercaba a Jerusalén montado en un asno, exclamaron: "Bendito el reino de nuestro padre David que viene" (Marcos 11:10). No obstante, los discípulos se equivocaron en el tiempo más no en la verdad de que el reino de David se restauraría en Jerusalén. Debido a esto Jesús se ve precisado a decir la famosa Parábola de la Diez Minas. Dice esta parábola en Lucas 19:11,12 así: "Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver". ¿Por qué pensaron los discípulos que el reino se manifestaría inmediatamente? La respuesta está en el versículo 11: "por cuanto estaba cerca de Jerusalén". ¿Y qué importancia tenía que Jesús estuviese cerca de Jerusalén? Es simple, pues el reino de Dios estuvo localizado en Jerusalén, la ciudad capital del reino davídico. Eso lo explicamos antes.

Los Cristianos son "Cristos" como Jesús

Si bien Jesucristo es "El Cristo" esperado para tomar el trono de David su padre, él tendrá asistentes en su reino que tendrán su título nobiliario de "príncipes" del reino de Cristo. El apóstol Pablo fue claro al decir que "Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió (Gr. 'Krio', de donde deriva la palabra Gr. 'Kjristos'= Cristo), es Dios" (2 Corintios 1:21). Sí, los cristianos han sido ungidos por el Espíritu Santo de Dios para ser reyes y sacerdotes con Cristo y coherederos del reino para sentarse en sus respectivos tronos de autoridad. Dice Apocalipsis 5:10: "Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes y reinaremos sobre la tierra". Sí, en Jerusalén habrá tronos para los apóstoles también, pues dice el Salmo 122:5 : "Porque allá (en Jerusalén) están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David". Además recordemos que Jesús les dijo sus doce apóstoles: "...y os sentéis en tronos juzgando (gobernando) a las doce tribus de Israel" (Lucas 22:30). "Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel" (Lucas 19:28).

La Promesa de Jesús no fue el Cielo

Es claro, entonces, que Jesús nunca prometió a sus seguidores llevárselos al cielo para que vivan como angelitos alados y tocando un arpa. La verdad es otra, pues él dijo: "Bienaventurados los mansos por ellos heredarán la tierra" (Mateo 5:5). Y en Apocalipsis 5:10 se dice claramente que reinaremos sobre la tierra. El sabio rey Salomón expresó: "El justo no será removido jamás; pero los impíos no habitarán la tierra" (Proverbios 10:30). También dice él: "Porque los rectos habitarán la tierra, y los PERFECTOS permanecerán en ella" (Proverbios 2:21). Ahora bien, ¿quiénes son los perfectos? La respuesta viene de los labios de Jesús: "Sed, pues, vosotros PERFECTOS, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (Mateo 5:48). Aquí vemos que los perfectos son los que siguen a Jesús. De modo que los cristianos tendrán como herencia la tierra, y permanecerán en ella. No obstante, esta tierra será renovada, y transformada con la presencia benefactora de Cristo y su reino milenario. Por eso Pedro dice: "Pero nosotros esperamos, según sus promesas, nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia" (2 Pedro 3:13,14).

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PARTIDARIOS DESTACADOS DEL MILENIO EN LA TIERRA

Las opiniones sobre el retorno del Mesías fueron deformadas y las convicciones originales de la iglesia llegaron a ser intituladas como pre-Milenaristas. La doctrina del Milenio, como Milenarismo o Quiliasmo, fue siempre la opinión de la iglesia Sabataria. Fue rechazada y alterada y hasta su mismo nombre fue apropiado por la doctrina falsa y la Teología Trinitaria.

La visión de que los santos dirigentes eran sólo aquellos que habían sido martirizados no era la de la iglesia del Nuevo Testamento. Pablo declaró que aquellos que estuvieran vivos no precederían (o impedirían en la KJV en inglés) a los muertos en Cristo, sino que serían reunidos con ellos para estar con el Señor permanentemente (1Tes. 4:15-18). Ésta fue la visión Milenarista original de la iglesia.

Los autores Milenaristas o Premilenaristas fueron Apolinario, Comodiano, Hipólito, Ireneo, Justino Mártir, Lactancio, Metodio (vio el milenio como el día del juicio), Montano, Nepos, Pseudo-Bernabé, Tertuliano y Victorino. La teoría de la 70ava semana atrasada, relacionando Daniel 9:25 a Cristo, fue primero introducida por Hipólito.

Esta doctrina se desarrolló dentro de lo que se llama el Quiliasmo, lo cual es esencialmente la doctrina del susodicho premilenarismo. Milenio es el término para los mil años y Quiliasmo es otro término que significa también mil años. Pero eran dos términos separados. Quiliasmo fue más tarde aplicado a las doctrinas de un milenio que contenía una cantidad excesiva de aspectos físicos. Los Gnósticos comenzaron a desarrollar el Quiliasmo donde había una forma excesiva física y carnal de vivir durante mil años. Ha sido desacreditado a causa de los autores Gnósticos.

Satanás atacó el Milenio usando su verdad en exceso, aplicándole un aspecto físico en maneras extraordinarias. Las doctrinas milenarias variaron bajo el Quiliasmo; De los santos martirizados gobernando con Cristo, se extendieron frecuentemente en los escritos Quiliásticos posteriores para incluir a todos los Cristianos vivientes en el retorno de Cristo, más que los muertos en Cristo o martirizados. Los últimos escritos Quiliásticos, especialmente aquellos de Lactancio y de su época, han sido desacreditados por los excesos que ellos le atribuyen al reino terrestre de Jerusalén y algunos se volvieron más bien carnales con escritos tomados prestados de fuentes no bíblicas.

La iglesia Católica posteriormente mantuvo que el Milenio era un tema judío apocalíptico y negó la intención literal del Apocalipsis.

Aunque sea difícil de visualizar las imágenes utilizadas en el Apocalipsis y las cosas expresadas por ellas, sin embargo, no hay duda que la descripción total se refiere a la batalla espiritual entre Cristo y la Iglesia por una parte, y los poderes malignos del infierno y del mundo por otra. No obstante, una gran cantidad de Cristianos de la era post-apostólica, especialmente en Asia Menor, cedieron a un judío apocalíptico poniéndole un sentido literal a estas descripciones del Apocalipsis de Juan; el resultado fue la difusión del Milenarismo que ganó defensores leales, no solamente entre los heréticos sino además entre los Cristianos Católicos (Catholic Enc., Vol. X, Milenio, p. 308).

Esto nos muestra los niveles de la distorsión. Por supuesto que la primera iglesia era milenaria. La razón por la cual la Iglesia de Roma no quiso a este judío apocalíptico es porque su poder estaba basado en Roma y porque al imperio romano (a fin de cuentas) no le gustaba la idea de un gobierno mundial de mil años en Jerusalén. La ideología, que Cristo gobernará este planeta por mil años desde Jerusalén, es el problema inherente de esos Cristianos en Europa. Ellos no quieren aceptar que Cristo sea un judío que gobierne el mundo desde Jerusalén. Es la razón por la que esa gente niega la intención literal de la Biblia con respecto al establecimiento del Milenio.

El Gnóstico Cerintio describió imágenes del Milenio con colores brutos, sensuales (C. E. Ibíd.) (Caius in Eusebius, "Hist. Eccl.", III, 28; Dionysius Alex. in Eusebius, Ibíd., VII, 25).

El obispo Papías de Hierápolis, un discípulo de Juan, fue un defensor del Milenarismo. Según J.P. Kirsh, (C.E. Ibíd.), es un Católico; Sin embargo, esto es imposible si consideramos la formación de los Atanasios como iglesia. Papías e Ireneo pretendieron haberse aprendido las doctrinas del Milenio de Juan. Ireneo recalcó que otros Presbyteri que habían visto y entendido al discípulo Juan aprendieron de él la creencia en el Milenarismo como parte de la doctrina del Señor.

Tenemos entonces dos testigos. Ireneo dice claramente que todos los demás obispos y jefes de iglesias, que vieron y entendieron a Juan, aprendieron de él la doctrina del Milenio. Tenemos un testimonio ocular, es decir, alguien que vio a Juan y que fue enseñado por Juan y sus discípulos. Dicen que Juan les enseñó las doctrinas del Milenio como parte del trabajo del Señor, y además que ésta es la doctrina original de la iglesia.

Según Eusebio (Hist. Eccl., III, 39), Papías afirmó en su libro que la resurrección de los muertos sería seguida por un reino terrestre, glorioso y visible, de Cristo y, según Ireneo (Adv. Her V, 32-33), enseñó que los santos también gozarían de una sobreabundancia de placeres terrestres durante el Milenio (ver también Cath. Enc. op. cit.). En tal caso, hasta los mismos santos terrestres pueden, de acuerdo con Ireneo, tomar una forma física y participar en esa estructure.

La Epístola de San Bernabé se considera también que tiene ideas Milenarias. Las ideas de los seis días semanales y del reposo del Sábado son vistas como si se expandieran a los seis mil años del plan de la obra de Dios y el descanso de mil años del Milenio. Por lo tanto, los siete mil años son un concepto de la primera estructura judaica Cristiana.

La primera iglesia entendió que la semana representaba los seis mil años del reino de Satanás y del trabajo de Dios y que el séptimo día, el Sábado semanal, representaba los mil años del Milenio. Esta doctrina ha sido una característica de la iglesia de Dios durante 2,000 años y por eso fue atacada en este siglo. La doctrina es atacada constantemente porque usted la comprende. Es por eso que el Sábado es atacado, porque el Sábado representa también el Milenio.

El mártir Justino en Roma toma la posición bíblica del Milenio en su diálogo con Trifón (c. 80-81). Menciona que aun en aquel entonces, había muchos Cristianos que no lo creían.

Melito, obispo de Sardis del segundo siglo, adoptó las doctrinas del Milenio y siguió a Ireneo en sus visiones.

Los Montanistas también eran defensores fervientes del Milenio. Tertuliano, el protagonista del Montanismo, expuso la doctrina en su obra (ahora perdida) De Spe Fidelium y en Adv. Marcionem, IV.

El rechazo del Milenio provino inicialmente del Gnosticismo (ver Cath. Enc. op. cit.). Sin embargo, la base real del rechazo es un simple anti-Semitismo. Fue rechazada también por los Alogi en Asia Menor y no nada más rechazaron el Apocalipsis (atribuyéndolo a Cerintio), sino también el Evangelio de Juan. La batalla contra el Milenarismo fue mano a mano con la batalla contra los Montanistas. Surgió una herejía que adoptó el Milenionismo. Satanás trabaja sobre esta premisa todo el tiempo. Establece un grupo con una mezcla de herejía y verdades, de tal manera que cualquiera que ataque la herejía ataca al mismo tiempo la verdad. Por lo tanto, tienes la verdad mezclada con el error y la verdad se barre con el error.

Hacia el final del segundo siglo y principios del tercero, Cayo, un presbítero romano, atacó el Milenarismo, pero Hipólito de Roma lo defendió.

El adversario más poderoso del Milenarismo fue Orígenes de Alejandría. Las doctrinas que surgieron de Alejandría no solamente atacaban la Divinidad sino también la intención literal de las Escrituras.

En vista del Neo-Platonismo sobre el cual fueron fundadas sus doctrinas y su método espiritual-alegórico de explicar las Santas Escrituras, no podía estar de acuerdo con los Milenarios. Luchó en contra de ellos expresamente, dada la gran influencia que sus escritos tuvieron sobre la teología eclesiástica particularmente en los países Orientales, el milenarismo gradualmente desapareció de las ideas de los Cristianos Orientales (Cath. Enc., Ibíd., p. 309).

Nepos, obispo de Egipto, se opuso a la posición alegórica de Orígenes en el tercer siglo, y defendió la doctrina Milenaria al establecer la posición en Arsinoe. Es a través del neo-platonismo que la doctrina de la trinidad comenzó a ser expuesta. Orígenes era neo-platonista. Entonces, tienes estos errores penetrando en la iglesia que atacan esas doctrinas, las cuales establecen el reino de Cristo en este planeta. Ese es el tema real de su ataque. Dionisio de Alejandría aparentemente convenció a los Milenaristas de abandonar sus visiones para prevenir un cisma (Eusebius, Hist. Eccl. VII, 14).

Las doctrinas del Milenio permanecieron en Egipto por un tiempo y Metodio, obispo de Olimpo y principal adversario de Orígenes, defendió el Milenarismo en su Simposio (IX, 1, 5, en Patr. Graec de Migne, XVIII, 178 sig.). Apolinario, obispo de Laodicea, defendió el Milenarismo en la segunda mitad del cuarto siglo. Esta batalla, que empezó en el primer siglo, existió aún en el cuarto siglo. Los escritos se mencionan por Basilio de Cesarea (Epist. CCLXIII, 4, en Patr. Graec. de Migne, XXXII, 980); véase también Epifanio (Her. LXX, 36, en Migne, loc. cit. XLII, 696) y Jerónimo (En Isa. XVIII, en Patr. Lat. de Migne, XXIV, 627). Jerónimo declara también que el Milenarismo era una doctrina predominante, pero que a partir de eso, la Iglesia efectivamente desalentó el punto de vista. Era una doctrina encontrada en el Occidente, véase Comodiano (Instrucciones 41,42,44 Migne, Ibíd. V, 231 sig.) y Lactancio (Instituciones VIII, Migne, Ibíd. Vi, 739 sig.), quien también se influenció por las profecías sibilinas, las cuales son por los primeros Milenaristas de la iglesia. Las profecías sibilinas están enlistadas básicamente en el Antiguo Testamento Pseudepígrafe. Son Mesiánicas. Si son Cristianas o no, eso es una tema de conjetura. Son Judaicas Mesiánicas y se refieren al reino físico del Mesías. La doctrina se encuentra en la iglesia Unitaria en particular.

A causa de los errores serios de las iglesias modernas acerca del retorno de Cristo y la restauración Milenaria, muchos teólogos modernos tienen la tendencia de desacreditar las promesas del Antiguo Testamento que se aplican a la restauración considerándolas fantásticas y muchos confunden los términos Israel y Judío. No comprenden que los judíos son sólo una parte de Israel y que las diez tribus perdidas están allí y forman una organización y que hay una visión bíblica general del mundo entero que finalmente se convertirá en Israel en el fin de los tiempos.

Tienen la tendencia de racionalizar las promesas de Dios en el Antiguo Testamento como otra evidencia de la influencia etrusca y persa sobre las doctrinas, y por lo tanto desvalorizan su naturaleza inspirada. Invariablemente, cuando los autores desvalorizan las Escrituras del Antiguo Testamento, sus conclusiones se vuelven imaginarias y no bíblicas. Como hemos visto varias veces, las Escrituras son de hecho el Antiguo Testamento y los evangelios están unidos a ellas. Los apóstoles tenían solamente las Escrituras, es decir, el Antiguo Testamento para enseñar. Los escritos de Pablo no habían sido recolectados y sus escritos no son la Escritura en el mismo sentido que la Biblia. Son simplemente una adenda a la Biblia. Debemos entender esto claramente.

A fin de atacar el Milenio, tuvieron que deshacerse del libro del Apocalipsis. Esto se vio como la solución y por un largo tiempo quitaron el libro del Apocalipsis de la Biblia. Hay poca ambigüedad en el Apocalipsis. Es muy claro y específico y muy condenatorio de los sistemas religiosos falsos. Es muy claro con respecto a lo que Cristo va a hacer con el mundo

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LA LITERALIDAD DEL REINO MILENARIO TERRENAL


POR EL DR. JAVIER RIVAS MTZ. (MD).

La Biblia dice que Cristo el Señor se representa a sí mismo como «un hombre noble que se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver» (Lc.19:12). Un buen ejemplo para explicar a lo que queremos llegar, es con Arquelao, hijo de Herodes, quien tuvo que ir a Roma para confirmar su reino, que en un momento dado de su vida, lo recibiría para dirigirlo como rey legalmente. Esto se suscitó, a la muerte de su padre. De la misma manera, Cristo subió a la gloria del Padre, en el cielo, para poder recibir el reino que Dios le ha concedido para gobernarlo en la tierra legalmente, en su momento dado, ya que fue ordenado por éste, de acuerdo a las Escrituras: «El Señor Dios le dará el trono de David su padre». El reino terrenal del Señor Jesús, fue anunciado por el ángel Gabriel (Lc.1:32, 33). Es claro, que el «hombre noble», es decir, el Señor Jesucristo y Arquelao, recibieron su reinado en el «país lejano», Arquelao reinó de acuerdo a lo estipulado por la realeza hace mucho tiempo atrás, pero Cristo aún no se sienta en el trono de David para regir las naciones con vara de hierro (Ap.2:27), pero llegará el momento en que lo hará (Mt.19:28; 25:31), sin antes de ser visto en el firmamento, con las nubes de la gloria eterna por una humanidad perdida en las iniquidades del sistema del mundo (Ap.1:7).

La Biblia dice que Cristo reinará sobre todo la tierra (Jer.23:6; Zac.14:9; Is.11:3, 4; Sal.72:6-11). El reino de Cristo se caracterizará por la paz universal que tendrá (Is.2:4; Sal.72:7), por su magna justicia (Is. 11.4, 5; Jer. 23:5, 6), por ser un reinado regido estrictamente, o sea, con vara de hierro (Sal.2:8, 9; Ap.2:27; 19:15). Cristo anunció a sus apóstoles que juzgarían ( y reinarán junto con él, porque se sentarán en tronos) en el reino terrenal a Israel:

«Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel» (Mt.19:28).

Es bien claro, que no se trata de nada «espiritualizado»; su literalidad es ovbiamente indiscutible. Cristo regresará del cielo, se sentará en su trono para reinar, y, nuevamente, como anteriormente dijimos, sus apóstoles habrán de reinar y juzgar a su lado la nación israelita. No podemos forzar la exégesis de los versículos anteriores porque el resultado sería desastrosamente confuso. Probablemente, este versículo tenga relación con lo que Isaías dijo setecientos años antes de la primera venida de Cristo al mundo: «Restauraré tus jueces como al principio, y tus consejeros como eran antes, entonces te llamarán ciudad de justicia, ciudad fiel» (Is.2:26). Las Escrituras confirman con seguridad que los creyentes fieles, al igual que los apóstoles de Cristo, reinarán sobre la tierra, y además juzgarán al mundo, y las huestes espirituales de maldad de igual forma (Ef.6:12):

«Y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra » (Ap.5:10).

« ¿O no sabéis que los santos han de juzgar el mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas más pequeñas? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?» (1 Co.6:2, 3).

Israel se encuentra apóstata en los tiempos actuales, pero llegará el día que se arrepentirá y se convertirá al Señor para poder obtener la heredad terrenal y milenaria prometida desde tiempos antiguos por Dios (Zac.12:10-14; Is.66:8; Jer.31:31-37; Ez.36:24-29; 37:1-14; Ro.11:25, 26).

Después del juicio de las naciones, las ovejas entrarán al reino terrenal (Mt.25:34-40) que conformaran, junto a los israelitas salvos, la gran comunidad santa del grandioso y futuro reino teocrático del Señor. Multitudes nacerán durante ese bello período (Zac. 8:4-6; Jer.30:22; Is.65:20; Mi.4:1-5), que necesitarán evangelización la cual será proveída por Israel (Hch.15:16, 17; Is.66:19; Zac.8:13; 20:23). Aunque la Fiesta de los Tabernáculos fue para Israel, en el AT. se afirma que los gentiles salvos subirán a adorar a Jerusalén en esa solemnidad (Is.2:2-4). Así, que, por mil años, se tendrá un solo pueblo que se sujetará a la voluntad de Dios y que le adorará unidamente con amor y esmero.

Los padres tempranos acertaron bien en pensar en el establecimiento futuro de un reino milenario terrenal, debido a que la exégesis correcta de las Escrituras siempre lo ha demandado de tal modo. Entre los padres que apoyan lo anterior están: Bernabé, Papías, Justino Mártir, y Tertuliano. La esencia del reino de Cristo, es cien por ciento escatológica, no existe nadie antes de Orígenes que haya refutado su verdad literal, ni nadie antes de Agustín que lo haya espiritualizado. La idea del reino milenario, fue sostenida, en un principio, en los dos primeros siglos de nuestra era: Una realidad sin debilidades cuestionables para derrumbarla por los suelos.

Las naciones paganas han tenido su auge en el mundo, pero habrán de desparecer en su totalidad. El capítulo 19 de Apocalipsis, da fe a la destrucción del último impero gentil que será regido tiranamente por el Anticristo. Cuando Cristo venga en gloria con sus poderosos ángeles, derrocará al hijo impío y a sus ejércitos corruptos y terrenos con la devastadora espada que sale de su santa boca; después del conflicto celestial-mundano, se instalará el más grande de los reinos glorioso que ojo humano jamás pudo haber visto.

Cuando los mil años terminen, Cristo entregará el reino al Padre Todopoderoso para dar paso al reino eterno. La Biblia es explícita en esto, como podremos ver a continuación:
«Luego, el fin, cuando entregue el reino al Dios Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. . . . Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos» (1 Co. 15:24, 25, 26, 28).

Por lo apreciado, Cristo no reinará para siempre, ya que se sujetará a quien lo sujetó antes, como Hijo obediente, a Dios, que reinará sobre todas las cosas y para siempre, cuando le sea entregado el reino por el Mesías (cap. 21 y 22 de Ap.).

Estoy de acuerdo con un autor, en que el reino milenario teocrático del Señor Jesucristo será la más estupenda manifestación de la gloria divina en la historia de la humanidad dentro de los límites del tiempo. No hay nada que apoye que la vida perdura será en el tercer cielo de Jehová, en una condición almática y etérea. Eso, es una vil y aterradora falsedad que condena peligrosamente. Después del cumplimiento del reino milenario terráqueo, los cielos nuevos y la tierra nueva habrán de ser (2 P. 3:13), y la Jerusalén de Dios, la nueva, dispuesta como una esposa, ataviada para su marido, descenderé del cielo para que sea morada de aquellos que permanecieron siempre fieles a Dios, sobre toda prueba, y que nos amó para darnos vida, y vida en abundancia (Ap. cap.21; Jn.10:10).

Dios les bendiga hermanos y amigos.

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lunes, 3 de noviembre de 2008

EL LIUGAR ESPECIAL DE ISRAEL EN EL REINO MILENARIO



Durante el período del reino milenario Israel gozará de un lugar de privilegio y de bendición especial. En contraste con la edad actual de la iglesia, en que judíos y gentiles están en un mismo plano y tienen los mismos privilegios, el pueblo de Israel en el milenio heredará la tierra prometida y será objeto del favor especial de Dios. Será el tiempo de la reunión de Israel, su restablecimiento como nación y la renovación del reino davídico. Al fin Israel poseerá la tierra permanentemente y en forma completa.

Muchos pasajes tratan de este asunto. En el milenio los israelitas serán reunidos y restaurados a su antigua tierra (Jer. 30:3; 31:8-9; Ez. 39:25-29; Am. 9:11-15). Habiendo sido conducidos de regreso a su tierra, Israel estará formado por los súbditos del reino davídico revivido (Is. 9:6-7; 33:17, 22; 44:6; Jer. 23:5; Dn. 4:3; 7:14, 22, 27; Mi. 4:2-3, 7). Los reinos divididos de Israel y Judá volverán a unirse nuevamente (Jer. 3:18; 33:14; Ez. 20:40; 37:15-22; 39:25; Os. 1:11). Israel, como la esposa de Jehová (Is. 54; 62:2-5; Os. 2:14-23), estará en una posición de privilegio sobre los creyentes gentiles (Is. 14:1-2; 49:22, 23; 60:14-17; 61:6-7). Muchos pasajes también hablan del hecho de que Israel revivirá espiritualmente (Is. 2:3; 44:22-24; 45:17; Jer. 23:3-6; 50:20; Ez. 36:25-26; Zac. 13:9; Mal. 3:2-3). Muchos otros pasajes dan información adicional acerca del estado bienaventurado de Israel, su avivamiento espiritual y su goce de la comunión con su Dios.

Los gentiles también tendrán bendiciones abundantes, como se puede deducir de varios pasajes del Antiguo Testamento, al hacerse hijos de Abraham adoptivos (Is. 2:2-4; 19:24-25; 49:6, 22; 60:1-3; 62:2; 66:18-19; Jer. 3:17; 16:19, Gál. 3:16,29). La gloria del reino para Israel y para los gentiles sobrepasará en mucho cualquier cosa que el mundo haya experimentado antes.

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EL TEMA CENTRAL DE JESÚS FUE SU REINO MILENARIO DE JUSTICIA Y PAZ

Por Ing° Mario A Olcese (Apologista)


El Significado de 'Mesías'

Al hablar del Mesías, hablamos también del Reino de Dios, ya que son dos palabras íntimamente unidas en la Biblia. ¿Qué significa Reino de Dios y Mesías? Es la palabra hebrea Maschiaj ('Mesías') equivale a Kjristós ('Cristo') en el idioma griego, y a su vez, Cristo quiere decir: "El ungido de Dios" en nuestro idioma español. En el Antiguo Testamento los reyes judíos de Israel eran previamente "ungidos" por los sumos sacerdotes parar ser nombrados para ese cargo. Ese ungimiento consistía en que el sumo sacerdote vertía aceite sobre la cabeza del escogido que se convertiría en rey. Por ejemplo: Saúl, David, Salomón, etc (1 Samuel 10:1; 16:13; 1 Reyes 1:33-35). En otras palabras, Saúl, David, Salomón, y sus sucesores se convirtieron en CRISTOS para poder reinar sobre el pueblo Hebreo. Saúl era un Cristo ("ungido"), David era un Cristo ("ungido"), Salomón era un Cristo ("ungido"), y sus sucesores. Todos estos reyes reinaron desde la capital JERUSALÉN (1 Reyes 2:11; 11:42).

El Reino de Dios

El Reino de Dios comenzó cuando el pueblo hebreo pidió a Dios tener un rey como las demás naciones. En un comienzo el pueblo hebreo estuvo gobernado por los llamados "Jueces de Israel", los cuales hacían el papel de jueces y gobernantes. Así, por ejemplo, Samuel, Gedeón, Barak, y Sansón fueron cuatro de varios jueces que tuvo Israel.

Con Saúl empieza la dinastía real judía. Pero éste, al no llegar a ser un rey fiel a Dios, es reemplazado por el joven David. Con David Dios hace un pacto muy interesante, el cual veremos en detalle más adelante, pues éste nos dará mucha luz sobre el futuro del mundo entero. Lo importante por ahora es señalar que Dios llama a la dinastía davídica como: "su reino". Es decir, el reino de Dios estuvo representado por los reyes que se iniciaron con David, Salomón, etc. En 1 Crónicas 28:5 veremos que David llama a su dinastía como "el reino de Jehová": "Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel". También en 1 Crónicas 29:23 se nos dice de Salomón: "Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre...". Esto es muy importante, pues el reino de Dios no es una nueva doctrina introducida por Jesús en su ministerio, sino que era un asunto bien conocido aún por el pueblo hebreo de los tiempos de David. De modo que cuando Jesús habla del reino de Dios, sus oyentes sabían perfectamente a qué se refería Jesús con esa frase. Pero lo que hace Jesús es enseñarles a sus paisanos sobre la manera cómo ellos podían participar en ese reino que se reanudará con su segunda venida a la tierra prometida. Pero este punto es para otro acápite.

La Promesa de Dios a David

Dios le hizo un pacto a David el cual es crucial para entender en verdad quién era Jesús según la carne. En primer término, Dios le dijo a David lo siguiente: "Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mi hijo...y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente" (2 Samuel 7:12-16).

En esta promesa de Dios a David se enfatizan cinco puntos importantes: la simiente de David, la simiente del reino, la casa de la simiente, el trono de la simiente, y la relación padre-hijo entre la simiente de David y el Dios Todopoderoso. Es decir, Dios le prometió a David una descendencia real, y un hijo singular que establecería su reino para siempre en la tierra prometida. Además, notemos que Dios tiene dos tronos: El trono desde donde Él gobierna, el cual está en el cielo, y el trono en la tierra. Salomón se sentó en el trono terrenal de Dios. Este es el trono que también se le prometió a Jesucristo.

En Jeremías 33:20, 21 leemos: "Así ha dicho Yahvé: Si Pudiereis Invalidar mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de tal manera que no haya día ni noche a su tiempo, podrá también invalidarse mi pacto con mi siervo David, para que deje de tener hijo que reine sobre su trono...". Esto significa que si Dios no cumpliera con su pacto con David, dejaría antes de haber noche y día en nuestra tierra. Su promesa es tan firme y segura con el anochecer y el amanecer en nuestro planeta.

Ahora bien, hoy no hay un trono terrestre de Yahvé en Jerusalén. Dios descontinuó la línea real 'judío-davídica' por un tiempo debido a que los descendientes de David fueron impíos. Esto está registrado en Ezequiel 21:25-27: "Y tú, profano e impío príncipe de Israel, cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad, así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto o será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto, A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto o será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré". Aquí Ezequiel habla del impío rey judío Sedequías, quien fuera destronado por el rey Nabuconodosor de Babilonia en 586 AC. Con Sedequías terminó transitoriamente la dinastía davídica sobre Israel, y se puede afirmar que por espacio de más de 2,500 años no ha existido un reino de Dios en Jerusalén. No obstante, Ezequiel asegura que esta interrupción temporal se levantará y se establecerá el reino de Dios en la persona de otro descendiente real Judío y de la casa de David.

Jesucristo, o también llamado: "Jesús el Cristo", es un personaje muy importante para todos los cristianos. Es interesante que Jesús sea llamado el Cristo (o "el Ungido") de Dios. Esto nos hace recordar a los reyes Saúl, David, Salomón, etc. Estos fueron ungidos para ser reyes sobre Israel, ¡y también Jesucristo! El evangelista Mateo empieza diciendo en su evangelio: "Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham" (Mateo 1:1). Esto quiere decir que Jesús es de "sangre azul" y por tanto, un legítimo heredero del trono de David, o del reino de Dios. ¿Recuerda que Ezequiel profetizó que la tiara y la corona se le daría a uno que tendrá el derecho al trono de David? Pues bien, ése es Jesús el Cristo. Por eso, son pocos los "cristianos" que han llegado a entender lo dicho por el ángel Gabriel a María: "Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin" (Ver Lucas 1:31-33). Esta profecía dada por Gabriel a María no es comprendida por millones de llamados "cristianos"---¡Y es trágico! Y es nefasto también que millones de cristianos no crean literalmente las palabras de Pedro, cuando al hablar de Jesús, dice: "Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono" (Hechos 2:29,30). ¿A cuál de los cristos se refería Pedro? La respuesta está en el verso 31. Aquí se habla del Cristo que fue resucitado. Entonces se refiere a Jesús el Cristo---Nuestro Señor y Salvador.

Se ha querido espiritualizar el pacto de Dios con David creando confusión y disensión entre los creyentes. Y es que la mayoría de cristianos tiene un fobia a todo aquello que tiene que ver con los judíos. Hay definitivamente un antisemitismo dentro del mundo católico y aún entre los protestantes. Los prejuicios contra el pueblo hebreo bloquean el sano entendimiento y la justa interpretación de las Santas Escrituras. Incluso hay iglesias cristianas que sostienen que el Antiguo Testamento ha quedado obsoleto, y por tanto, la iglesia no debiera prestarle mucha atención. ¡Qué tragedia! Pasar por alto el Antiguo Testamento es obscurecer el entendimiento cabal del Nuevo Testamento.

Jesús Anuncia el Reino de Dios

Cuando Jesús apareció hace dos milenios en el mundo, vino para anunciar las "buenas noticias" del reino de Dios. En Lucas 4:43 él dijo claramente: "Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios porque para esto he sido enviado". Sí mi amigo, muchos cristianos no saben para qué Dios envió a Jesús al mundo---¡Y esta es otra tragedia! Usted puede preguntarle a cualquier hombre que se precie de ser cristiano, ¿para qué Cristo vino al mundo?, y de seguro que no sabrá responderle como Cristo lo reveló en Lucas 4:43. La mayoría le dirá que Cristo vino a "salvarnos", lo cual es sólo media verdad. La verdad total es que él vino a anunciar el Reino de Dios como el evangelio o buenas noticias de Dios para el mundo sufrido. Y este Reino de Dios (el evangelio verdadero) se traducirá en la salvación de todos aquellos que lo creen o aceptan por fe (Romanos 1:16).

Sí, Jesús vino decirnos que el reino se había acercado, aunque aún faltaría un tiempo para que arribara totalmente (Mateo 10:7). Sin embargo, durante su ministerio de tres años y medio aproximadamente, Jesús dio a "saborear" un poco los efectos benéficos de su reino venidero en el presente. Por ejemplo, cuando él expulsaba a los demonios, y libertaba a los poseídos de la opresión diabólica, Jesús decía que su reino "había llegado" (Mateo 12:28). Y ¿por qué esto? Porque eso es precisamente lo que Cristo hará con Satanás y sus demonios al volver para restaurar el reino de Dios en la tierra---¡neutralizará a las fuerzas demoníacas espirituales! (Ver Apocalipsis 20:2,3).

Los eruditos en Biblia están unánimemente de acuerdo que el mensaje central de Jesucristo es el Reino de Dios. Este se halla en todo el Nuevo Testamento, desde Mateo hasta Apocalipsis, sin contar con el Antiguo Testamento. Jesús se preocupó de explicarles a sus seguidores las condiciones para participar de él cuando regresara por segunda vez. A Nicodemo, un fariseo de renombre, Jesús le dijo que tenía que "nacer de nuevo" para entrar en él (Juan 3:3,5). También dijo que de los "pobres en espíritu" era su reino (Mateo 5:3). También él explicó que su reino no era de este "mundo malo" sino del siglo venidero de justicia (Juan 18:36). Reveló que difícilmente un rico podría entrar en él (Lucas 18:24). Exigió que los hombres se hicieran inocentes como los niños para poder ingresar con él a su reino (Mateo 18:3). Alabó a los que reconocían que se debía amar a Dios y al prójimo, y a estos les dijo que estaban muy cerca al reino (Marcos 12:32-34). También afirmó que el reino se inauguraría con su iglesia cuando regresara nuevamente al mundo en persona y con sus ángeles (Mateo 25:31,34). Jesús enseñó que debíamos pedir y buscar su reino diariamente en nuestras oraciones (Mateo 6:10,33).

La Pregunta de los Apóstoles

Después de resucitar de la tumba, Jesús continuó predicando o enseñando acerca del reino de Dios a sus discípulos. Según lo registrado por Lucas en Hechos 1:3, 6,7, Jesús permaneció 40 días más entre sus allegados discípulos, a los cuales les seguía enseñando sobre el reino que él establecería en Israel en un futuro. Dice así Hechos 1:3: "A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios". Ahora bien, observe que Jesús se centra en su mensaje del reino, y se asegura que sus discípulos entiendan bien todo lo relacionado al tema. Como es lógico, cuando un maestro enseña sobre una materia o tema surgen preguntas de los alumnos. Y así fue. Después del seminario intensivo de Cristo de 6 semanas, los discípulos le preguntan a Jesús algo importantísimo, pues el maestro ya estaba a punto de partir al cielo: "Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?". Nótese que los discípulos aprendieron que el reino de Dios le sería restaurado a Israel. Jesús NO les había estado enseñando un nuevo reino que se establecería en el cielo, o "en el corazón de los creyentes" sino en ISRAEL. Esto debe quedar bien claro. Nuevamente: Jesús había estado enseñando que el reino se restauraría en Israel, y punto.

Ahora bien, es interesante que los discípulos usen a palabra "restaurarás" en la pregunta. Esto quiere decir que ese reino existió, fue derrocado, y nuevamente será restablecido con un rey descendiente del rey David. Esto también significa que el reino tiene las mismas características que tuvo al comienzo, es decir: Tuvo un rey humano, un territorio (en este caso la tierra prometida, Israel), leyes, súbditos, conflictos territoriales con sus vecinos, etc. Es claro, entonces, que el reino de Dios tendrá las mismas características que tuvo al comienzo de su fundación, pero con la diferencia que estará compuesto por hombres probos y glorificados con inmortalidad.

La Respuesta de Jesús

La respuesta no se dejó esperar y fue muy clara: "Y les dijo: No os toca vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Señor puso en su sola potestad" (Hechos 1:7). Es decir, el tiempo de la restauración del reino de David no lo podían saber sus discípulos, ni tampoco él, como Maestro, sino sólo Dios el Padre. Permanecería en el misterio.

En otra ocasión, cuando los discípulos vieron que Jesús se acercaba a Jerusalén montado en un asno, exclamaron: "Bendito el reino de nuestro padre David que viene" (Marcos 11:10). No obstante, los discípulos se equivocaron en el tiempo más no en la verdad de que el reino de David se restauraría en Jerusalén. Debido a esto Jesús se ve precisado a decir la famosa Parábola de la Diez Minas. Dice esta parábola en Lucas 19:11,12 así: "Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver". ¿Por qué pensaron los discípulos que el reino se manifestaría inmediatamente? La respuesta está en el versículo 11: "por cuanto estaba cerca de Jerusalén". ¿Y qué importancia tenía que Jesús estuviese cerca de Jerusalén? Es simple, pues el reino de Dios estuvo localizado en Jerusalén, la ciudad capital del reino davídico. Eso lo explicamos antes.

Los Cristianos son "Cristos" como Jesús

Si bien Jesucristo es "El Cristo" esperado para tomar el trono de David su padre, él tendrá asistentes en su reino que tendrán su título nobiliario de "príncipes" del reino de Cristo. El apóstol Pablo fue claro al decir que "Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió (Gr. 'Krio', de donde deriva la palabra Gr. 'Kjristos'= Cristo), es Dios" (2 Corintios 1:21). Sí, los cristianos han sido ungidos por el Espíritu Santo de Dios para ser reyes y sacerdotes con Cristo y coherederos del reino para sentarse en sus respectivos tronos de autoridad. Dice Apocalipsis 5:10: "Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes y reinaremos sobre la tierra". Sí, en Jerusalén habrá tronos para los apóstoles también, pues dice el Salmo 122:5 : "Porque allá (en Jerusalén) están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David". Además recordemos que Jesús les dijo sus doce apóstoles: "...y os sentéis en tronos juzgando (gobernando) a las doce tribus de Israel" (Lucas 22:30). "Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel" (Lucas 19:28).

La Promesa de Jesús no fue el Cielo

Es claro, entonces, que Jesús nunca prometió a sus seguidores llevárselos al cielo para que vivan como angelitos alados y tocando un arpa. La verdad es otra, pues él dijo: "Bienaventurados los mansos por ellos heredarán la tierra" (Mateo 5:5). Y en Apocalipsis 5:10 se dice claramente que reinaremos sobre la tierra. El sabio rey Salomón expresó: "El justo no será removido jamás; pero los impíos no habitarán la tierra" (Proverbios 10:30). También dice él: "Porque los rectos habitarán la tierra, y los PERFECTOS permanecerán en ella" (Proverbios 2:21). Ahora bien, ¿quiénes son los perfectos? La respuesta viene de los labios de Jesús: "Sed, pues, vosotros PERFECTOS, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (Mateo 5:48). Aquí vemos que los perfectos son los que siguen a Jesús. De modo que los cristianos tendrán como herencia la tierra, y permanecerán en ella. No obstante, esta tierra será renovada, y transformada con la presencia benefactora de Cristo y su reino milenario. Por eso Pedro dice: "Pero nosotros esperamos, según sus promesas, nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia" (2 Pedro 3:13,14).

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LA VERDAD DE LA PANDEMIA