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martes, 17 de agosto de 2010

¿REALMENTE USTED CREYÓ EN EL ÚNICO EVANGELIO SALVADOR?





¡Muchos creen haber aceptado el evangelio de Cristo, cuando en realidad han creído en una mentira satánica!

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)


Muchos suelen afirmar, “Yo soy un creyente cristiano, y seré salvo porque dejé ser incrédulo”. Otros dirán, "Yo soy salvo porque le entregué mi corazón al Señor" y aun otros dirán: "Yo soy salvo porque invité a Cristo entrar en mi vida".
¿Pero realmente están salvos estos "creyentes"?

En 2 Corintios 4:4 Pablo escribe algo muy interesante: “En los cuales el DIOS de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de DIOS. Pues bien, acá Pablo dice que los incrédulos han sido cegados en su entendimiento para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo”. Sí, hay ciegos que no logran entender el evangelio de la gloria de Cristo, y son abiertamente incrédulos al mensaje de la gloria de Cristo. ¿Pero puede esto suceder entre quienes dicen ser creyentes convertidos, y cristianos devotos y sinceros? ¿Pueden existir “creyentes” aún incrédulos, cegados por el diablo?

El diablo es un estratega muy hábil cegando el entendimiento de los hombres para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Aquí la frase que me interesa es “evangelio de la gloria de Cristo”, ¿Qué significa esto exactamente? ¿A qué gloria se refiere Pablo?

Gloria y Reino

Es interesante comparar Mat. 20:20-21 con Mar. 10:35-37, donde descubriremos claramente lo que era para los discípulos la gloria. Estos versículos de Mateo y Marcos han sido pasados por alto por muchos estudiantes de la Biblia, y sin embargo son claves para entender lo que es la gloria de Cristo. Desgraciadamente, muchos ´todavía creen que la gloria es estar en el cielo con Cristo como angelitos blancos y alados, y tocando un arpa o una lira dorada por toda una eternidad.

Comparemos en seguida ambos pasajes:

Mat. 20:20,21: “Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. Ella le dijo: Ordena que en tu REINO se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.

Mar. 10: 35-37: “Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro querríamos que nos hagas lo que te pidiéramos. El les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Concédenos que en tu GLORIA nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.

Si comparamos ambas citas que se refieren al mismo asunto, pero bajo distintas perspectivas, veremos que Mateo dice que los hijos de Zebedeo (Jacobo y Juan) le solicitaron a Jesús una posición de privilegio en su REINO. En cambio, Marcos escribe que lo que Jacobo y Juan le pidieron a Jesús fue por un lugar de privilegio en Su GLORIA. ¿Por qué esta diferencia entre ambos evangelistas? Pues la única explicación posible es que no hay ninguna diferencia, dado que para los primeros cristianos, la GLORIA era un sinónimo del REINO, y viceversa. Con esto queda una vez más demostrado que el evangelio de la gloria de Cristo (2 Cor. 4:4) es lo mismo que “el evangelio del Reino de Cristo” (Mat. 24:14).

En buena cuenta, podemos verter el pasaje de 2 Corintios 4:4 como que el diablo, el dios de este siglo, “cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio del reino de Cristo, el cual es la imagen de DIOS”. ¿Se dan cuenta, amigos, lo importante que es creer en el evangelio del reino de Cristo? El evangelio original que Cristo vino a proclamar por mandato del Padre fue el reino (Lucas 4:43, Marcos 1:1,14,15; Lc. 8:1,2; 9:1,2; Hechos 8:12; Hechos 20,24,25; 28:23,30,31) y que, no obstante, millones de personas, incluidos muchos llamados cristianos, se resisten a creer y predicar. Y es que estos llamados conversos o “crédulos” no han llegado a entender correctamente el reino de Dios, y muchos le han asignado una interpretación espiritual, romántica y hasta gnóstica.

¿Y por qué cegó el diablo el entendimiento de los hombres a tal punto que no crean y busquen este reino de Cristo? Primero, para que no se salven, y segundo, para que la gente no se haga parte de este reino divino futuro que lo destituirá del domino mundial, y que por ahora está en sus maléficas manos. El diablo sabe que Cristo vino a buscar a hombres y mujeres que regirían con él el mundo de la era venidera (Lc.12:32; Lc. 19:11-19, Mateo 24:31,32), y por esto él está buscando que la gente desconozca esto, y no se haga copartícipe del reino de Cristo (por la conversión), un gobierno que finalmente lo sacará del presente gobierno mundial maléfico. El diablo sabe que le queda muy poco tiempo, y por este motivo él está como león rugiente tratando de devorar a todos, usando diferentes estratagemas, incluidas las doctrinas y evangelios de demonios (1 Pedro 5:8; 1 Timoteo 4:1).

Así que si usted afirma ser creyente, un devoto seguidor de Cristo, pero se resiste a creer en el evangelio del reino, el mismo reino que creyó y predicó Jesús, y luego, sus primeros discípulos, usted simplemente sigue permaneciendo un incrédulo. En ese caso, el diablo le ha engañado vilmente, haciéndole creer que ya es salvo porque aceptó “el evangelio de Cristo”, cuando en realidad usted aceptó un evangelio distinto, o en el mejor de los casos, uno incompleto que no salva. Y esto es asunto muy serio, el cual fue previsto y advertido por Pablo en Gálatas 1:6-10: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema. Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”.

Usted definitivamente no podrá ser un siervo de Cristo si aún se resiste en creer en el único evangelio salvador, que es el reino venidero del Mesías, e insiste tercamente en oír y seguir a falsos maestros que predican otros evangelios diferentes que parecen más bonitos, pero que finalmente le conducirán a su perdición eterna.

¿Cambiará usted finalmente de opinión, y se volverá al verdadero evangelio salvador, que es el reino de Dios? Hoy es el día de salvación…¡¡¡mañana podría ser muy tarde!!!

sábado, 20 de diciembre de 2008

LA VICTORIA DE LOS CREYENTES


Por David Macias isaza
maciasdavid@hotmail.com


LA FE QUE VENCE AL MUNDO

“Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo: y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe.” (1 Juan 5:4)


Es difícil actualmente encontrar personas que tengan un entendimiento acorde con la sana doctrina, de lo que realmente significa la fe bíblica, incluso en el medio de los así llamados “cristianos”. Y es que para ser honestos, hay que conocer muy bien lo que las escrituras dicen para poder tener un concepto claro y verdadero de lo que los escritores bíblicos quisieron decirnos por la palabra “fe”. No basta con conocer unos cuantos versículos aislados, es necesario entender el mensaje completo del evangelio del reino de Dios y nacer de Dios, pues las buenas noticias sobre el reino de Dios encierran el significado de la palabra fe, ellas nos aclaran la definición del escritor del libro de los hebreos:

La fe es la certidumbre de lo que se espera, la convicción de alcanzar lo que no se ve.
(Hebreos 11:1)

La fe es algo mas profundo que la esperanza. La fe abraza la esperanza y le da sustento. Podríamos decir que la fe es la sustancia de la esperanza. Pero ¿Qué esperaban los primeros cristianos? ¿De cuál esperanza se nos está hablando en las escrituras? Muchos argumentarían que cualquier cosa que uno esté esperando requiere de fe para mantenerse, y eso en parte es cierto; pero cuando leemos las escrituras nos damos cuenta que todos los escritores bíblicos concuerdan con una misma y única esperanza: El reino venidero de Dios. Todos los libros desde el Génesis hasta el Apocalipsis, e inclusive muchos considerados apócrifos centran su discurso en éste singular concepto. Pocos cristianos de hoy concuerdan con la definición que la Biblia nos da de éste concepto.

¿Qué es el Reino de Dios?

Es triste la ignorancia que existe en la actualidad acerca de lo que significa ésta frase, en la que se basa toda la fe bíblica, según aparece definida en las escrituras. Esto se debe en parte al analfabetismo bíblico ya que pocos cristianos leen concienzudamente las escrituras, y otra gran parte porque la avaricia y la sed de poder (los afanes del mundo) han ahogado el mensaje de ésta preciosa esperanza, que es la verdadera enseñanza que lleva a una vida recta dedicada a Dios, de la que hablan todos los apóstoles en sus cartas. Esto no es extraño ya que Jesús el Mesías anunció que esto sucedería y quedó registrado en el evangelio según Marcos. Miremos un ejemplo cuando Jesús compara el mensaje del Reino de Dios con unas semillas:

Otras son las sembradas entre espinas. Estos son quienes han escuchado la palabra, y las preocupaciones de este mundo, el engaño de la riqueza, y los deseos por otras cosas entran a sofocar la palabra, y se vuelve infértil. Las que fueron sembrados en tierra buena: aquellos que cuando escuchan la palabra, la aceptan, y dan fruto, algunos treinta veces, otros sesenta veces, y algunos cien veces.» (Marcos 4:18-20)

Jesús dice que la palabra o mensaje del Reino de Dios solo puede ser entendida por la gente que la escucha y la acepta con un corazón noble. Jesús compara la palabra o mensaje del Reino de Dios con una semilla que un campesino siembra. La gente de su época no lo entendía bien, pero él quería enseñarles que no todas las personas aceptan y creen la palabra (mensaje) de Dios acerca de un reino venidero. Muchas personas están ofuscadas consiguiendo ilusiones, riquezas que nunca podrán disfrutar y que no se llevarán a la tumba y por esto no logran entender lo que Jesús enseña. Ni siquiera los discípulos pudieron entender bien ésta parábola, ellos le preguntaron a Jesús, y él nos dejó la siguiente explicación:

Cuando estaba sólo, aquellos que estaban a su alrededor con los doce le preguntaron sobre las parábolas. Jesús les dijo, «A ustedes se les dan los misterios del Reino de Dios, pero para quienes están afuera, todo se hace en parábolas, porque `viendo pueden ver, y no percibir; y oyendo pueden oír, y no entender; a menos que cambiaran, y sus pecados les serían perdonados.´» (Marcos 4:10-12)

Sí mi querido lector, es necesario que las personas se arrepientan para que puedan recibir el perdón de sus pecados, de su avaricia, su egoísmo y así poder llegar a entender la verdad sobre el futuro y bendito Reino de Dios, de otra forma el mensaje seguirá estando rodeado por el velo del misterio. Por ésta razón hoy en día se ven predicadores millonarios, que hacen del evangelio un mercado, y creen que la fe es un negocio para hacer dinero. Por causa de ellos muchas personas ya no quieren escuchar nada de Dios ni aceptar las buenas noticias de la era que viene, que es el camino de la verdad; esto no es extraño ya que Pedro advirtió sobre esto en una de sus cartas:

Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus caminos perniciosos, y por causa de ellos el camino de la verdad será blasfemado; y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas, sobre los cuales la condenación ya de largo tiempo no se tarda, y su perdición no se duerme. (2 Pedro 2:1-3)

Aquellos estafadores, mercachifles de la fe, son peores que los fariseos: ni entran al Reino, ni dejan entrar. Ellos no enseñan ni predican las buenas noticias que enseñaba Jesús, ellos no predican el reino de Dios como está registrado en la Biblia, puesto que ni siquiera lo pueden entender, el engaño de las riquezas no les permite esperar un reino celestial ideal, la comodidad y el confort de ésta época les ha embotado la mente y les ha cauterizado el entendimiento, por su avaricia (idolatría) Dios los ha entregado a una mente reprobada para que piensen que están muy bien y que nada les va a suceder, ellos creen que ya están reinando en vida con Cristo y que ya son ricos y no tienen necesidad de nada, despreciando la verdadera enseñanza de arrepentimiento que predicó el Mesías hace poco mas de dos mil años. Estos falsos maestros de la prosperidad enseñan un evangelio mutilado y trastocado. Ellos dicen que al morir se va al cielo, que se pueden hacer nuevos pactos con Dios usando dinero, que la humanidad está atada a “maldiciones generacionales” o hereditarias y muchas otras aberraciones anticristianas y antibíblicas. En la época de los apóstoles también hubo falsos maestros, ellos los denunciaron en su tiempo y sentenciaron que la condenación de ellos ya está escrita y no se tarda. Los apóstoles escribieron mucho acerca de éste tema, pues en sus tiempos ya se veía toda esta cizaña creciendo entre el trigo precioso de Dios.

Y escribe al ángel de la iglesia de los LAODICENSES: Estas cosas dice el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios: Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ¡Quisiera fueses frío o caliente! mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de nada; y no conoces que tú eres un desventurado, y miserable, y pobre, y ciego, y desnudo. Yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para que seas cubierto, y no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como también yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. (Apocalipsis 3:14-22)

¿Cómo heredamos el reino de Dios?

Muchas otras citas nos hablan del tema, y en todas está el llamado al arrepentimiento, a volver al verdadero camino. Es interesante que éste mensaje fue escrito para la iglesia, para “creyentes” que supuestamente ya conocían la verdad, pero aparentemente se habían olvidado, pues el Espíritu de Dios que está en el Cristo les pide que cambien, para que puedan participar del reino venidero, para que puedan sentarse en el trono del Mesías cuando venga, así como el Mesías ha vencido y se le ha dado un lugar a la diestra de Dios. El reino de Dios era algo que los Judíos de la época de Jesús comprendían muy bien, ya que los profetas lo habían descrito con mucho detalle. Por esta razón no hay explicaciones extensas en los evangelios sobre el tema, ya que los evangelios fueron escritos para los judíos principalmente, y su propósito era contarles a los hebreos que su esperado Mesías ya había venido por primera vez a enseñar la forma para heredar el Reino de Dios y que volvería nuevamente a establecerlo con los que escucharan y creyeran el mensaje, arrepintiéndose y dedicándose a hacer la voluntad de Dios. Cuando Jesús comenzó su predicación el solo decía lo siguiente:

Después que Juan fue detenido, Jesús llegó a Galilea, anunciando la Buena Nueva de el Reino de Dios y diciendo, «¡El tiempo se ha completado, y el Reino de Dios está cerca! Arrepiéntanse y crean en la Buena Nueva.» (Marcos 1:14-15)

Que curioso que la predicación de Jesús era siempre la misma: ¡Arrepiéntanse y crean! ¡Que lejos de esta predicación están la mayoría de supuestas congregaciones cristianas actualmente! ¿Cuándo fue la última vez que escuchó este mensaje en alguna predicación? Éste debería ser el mensaje de todas las predicaciones en todas las reuniones, puesto que realmente no necesitamos más, pero hoy en día, cada que alguien comienza a hablar de arrepentimiento y del Reino venidero de Justicia, a todos les da dolor de cabeza y les pican los oídos. Definitivamente no quieren aceptar esta sencilla verdad que es la base para la salvación. En otra oportunidad Jesús declaró:

Cuando amaneció salió y fue a un lugar inhabitado, y las multitudes lo buscaban, y llegaron donde Él. Lo querían retener, para que no se fuera lejos de ellos. Pero Él les dijo, «Debo predicar la buena nueva del Reino de Dios en otras ciudades también. Porque por esa razón he sido enviado.» (Lucas 4:42-43).

En la Biblia no encontraremos un mensaje diferente, Jesús fue bautizado por Juan y por el Espíritu de Dios para ser enviado a anunciar las buenas noticias del Reino de Dios. Ésta es la verdadera razón por la que vino Jesús y la que muchos aún ignoran. Jesús declaró en una ocasión que solo una cosa es necesaria en esta vida para ser salvo, y ésta es por supuesto, creer en el Reino venidero. Algo milagroso ocurre en una persona que cree en el reino venidero: ¡el arrepentimiento continuo!

Y respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, estás afanada y turbada con muchas cosas: Pero una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. (Lucas 10:41-42).

Tampoco La preocupación por muchas cosas y el afán dejan a una persona entender la verdad sobre el reino de Dios así como las personas que tienen puesto su corazón en las riquezas, y no son capaces de desprenderse de ellas, podrán entrar con facilidad en dicho Reino:

Y cuando Jesús, oyó esto, le dijo: Aún te falta una cosa: Vende todo lo que tienes, y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Entonces él, al oír esto, se puso muy triste, porque era muy rico. Y viendo Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. Y los que oyeron esto, dijeron: ¿Quién, entonces, podrá ser salvo? Y Él les dijo: Lo que es imposible para los hombres, posible es para Dios. (Lucas 18:22-27)

Los discípulos de Jesús entendieron muy bien que entrar en el Reino de Dios, es precisamente la salvación que vino a ofrecer el Mesías, de la que hablan los profetas en la escritura, a lo largo de toda ella. Además compara la entrada de un rico al Reino de Dios con la entrada de un camello por el ojo de una aguja, cabe decir que una aguja en este contexto no es la aguja con las que se realizan costuras, sino que las ciudades antiguas eran todas amuralladas y sus puertas eran llamadas agujas, eran puertas por las que pasaba un hombre, pero difícilmente podía pasar un camello, esto era así para mantener a los animales fuera de las ciudades, para mantener el aseo.

«Entonces no se afanen, diciendo, ` ¿Que comeremos?,´ o `¿Qué beberemos?´ o `¿Con que nos vestiremos?´ Pues los gentiles buscan todas estas cosas, pero su Padre celestial sabe que ustedes necesitan todo esto. Busquen primero el Reino de Dios, y su justicia; y todas estás cosas también les serán dadas por añadidura. Así que no se afanen por el mañana, pues el mañana se afanará por las cosas de si mismo. Son suficientes los males propios de cada día . (Mateo 6:31-34)

El poder de entender las buenas noticias del reino de Dios

Pues no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo aquel que crea; primero para los Judios, y también para los griegos. (Romanos 1:16)

Buscar el reino y su justicia es entender de que se trata dicho mensaje y vivir de acuerdo a él, es estar concientes de que un día volverá el Mesías y juzgará con justicia la tierra, dándole a cada cual lo que merece su obra. Cuando una persona pone toda su esperanza en el reino venidero ocurre en ella un cambio definitivo. Ésta persona no querrá volver a pecar o estar separado de Dios, puesto que sabe que en ese bendito reino no entrará nada impuro, sino solo los que hacen la voluntad de Dios.

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. (Mateo 7:21)

El Reino de Dios también era llamado reino de los cielos, porque algunos judíos evitaban decir el nombre de Dios, ya que los antiguos consideraban su nombre muy Santo y no querían usarlo nunca en vano; pero la definición correcta sería: El Reino de YHWH. Que bueno que hoy se tuviera al menos un poco del respeto que antes se tuvo por el nombre de Dios, con tantos predicadores que hablan de Dios para ganar dinero. Miren lo que les continúa diciendo Jesús:

Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad. (Mateo 7:22-23)

Aquél día se refiere a el día de la prousía o segunda venida de Jesucristo, cuando él vendrá a darle a cada uno lo que merece y a inaugurar el Reino de Dios, del cual él es su máximo representante y su rey elegido.

La Predicación de los Apóstoles fue siempre el Reino de Dios

Y Pablo, se quedó dos años enteros en su casa de alquiler, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, con toda confianza y sin impedimento (Hechos 28:30-31)

Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales declaraba y testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. Y algunos asentían a lo que se decía, pero algunos no creían. (Hechos 28:23-24)

Muchos cristianos hoy en día argumentan que el mensaje del evangelio se trata de predicar a Cristo crucificado, ya que el apóstol Pablo escribió en una carta lo siguiente:

¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, ante cuyos ojos Jesucristo fue ya descrito entre vosotros como crucificado? (Gálatas 3:1)

Esto lo escribió Pablo a una iglesia que estaba volviendo a la ley de Moisés y a practicar la señal de la circuncisión. Pablo les había enseñado que no necesitaban ésta señal para ser creyentes ya que con la crucifixión de Cristo, los creyentes estamos juntamente crucificados y ya no vivimos para la carne, pues hemos recibido el Espíritu Santo de Dios y no necesitamos una señal para confirmar el pacto, pues estamos sellados con el Espíritu Santo de la promesa, la presencia de Dios morando en nosotros es señal suficiente de que le pertenecemos y no necesitamos mas de las obras que exigía la ley de Moisés.

Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. (Romanos 3:28)

Es importante aclarar la diferencia que hay entre la ley de Moisés y los mandamientos de Dios, tema que está ampliado en mi estudio: “Los mandamientos de Dios, la ley de Moisés y la Gracia de Jesucristo”. En ésta cita de Romanos, Pablo se refiere a la ley de Moisés, que ha sido “perfeccionada” por la gracia de Jesucristo, pero existen también las obras de la fe como veremos mas adelante.

Muchos cristianos creen que el evangelio de Jesucristo se limita a su crucifixión, muerte y resurrección. Estos “cristianos” parecen ignorar que mucho antes de ser crucificado, Jesús venía con un mensaje que predicar: El reino venidero de Dios. No estoy diciendo con esto que la crucifixión, muerte, sepultura, resurrección y ascensión de Cristo carecen de importancia, ¡no! ¡por supuesto que no! ¡Todo lo contrario! Lo que sucede es que en las escrituras, el centro del evangelio no es la pasión, muerte, resurrección y ascensión de Cristo, sino ¡el reino de Dios! Estos hechos si son una parte muy importante de las buenas noticias, pues no solo comprueban que Jesús de Nazareth es el Mesías esperado, anunciado por los profetas, sino que además fue cumplido el sacrificio expiatorio por el pecado, por esta razón y sólo por ésta razón es que Dios no toma en cuenta los pecados de los que creen que Jesús es el Cristo, y como no toma en cuenta nuestros pecados, nos sumerge en su Espíritu Santo. La resurrección de Cristo es además la prueba de que la verdadera esperanza del creyente es la resurrección de entre los muertos y no el “tener un lugar en el cielo después de morir”, como muchos falsos maestros suponen y predican. Todas las cartas apostólicas centran su tema en la parousía (la segunda venida de Jesucristo) puesto que es en ese momento que se producirá la resurrección. Jesús declaró lo siguiente:

Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. (Juan 6:44)

El apóstol Pablo no lo contradice, sino que también parece creer lo mismo:

En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados sin corrupción, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad. (1 Corintios 15:52-53)

¿Cómo pues afirman algunos que los muertos aún viven, o que están con Cristo en el cielo? A los Tesalonisenses Pablo también les escribió del tema:

Mas no quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Él a los que durmieron en Jesús. Por lo cual, os decimos esto por palabra del Señor; que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.
(1 Tesalonisenses 4:13-16)

La resurrección es la verdadera esperanza del cristiano

La bendita esperanza que tenemos los cristianos es la resurrección en el día final, es decir, el día que venga el Cristo por segunda vez a salvar a los que le esperan; pero también ése día será un día de juicio para los que no creen en él y viven para el pecado, es decir, los que viven para sí mismos en ésta vida.

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con Él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria; y todas las naciones serán reunidas delante de Él; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos; y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo (Mateo 25:31-34).

Cuando el hijo del hombre venga en su gloria vendrá a juzgar y a darle el reino a quienes, por su esfuerzo y perseverancia, lo ganaron. Ésta invitación a participar del reino de Dios, o lo que es lo mismo, ser salvo, tiene requisitos que se deben cumplir para poderlo recibir.

“ No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 7:21)

Muchas personas creen que la salvación es un regalo de Dios que no exige ninguna condición para adquirirla, pero ésta afirmación está lejos de la enseñanza que presenta la Biblia:

“el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero GLORIA y HONRA y PAZ a todo el que hace lo BUENO, al judío primeramente y también al griego” (Romanos 2:6-10)

La salvación se recibe como un premio, como un galardón, como una medalla o un trofeo a la perseverancia en las buenas obras. Por esto Pablo dice también a Timoteo:

Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que testificó la buena profesión delante de Poncio Pilato, que guardes este mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo: La cual a su tiempo mostrará el Bendito y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores; el único que tiene inmortalidad, y habita en luz inaccesible; a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A Él sea honra y poder sempiterno. Amén.
(1 Timoteo 6:13-16)

Todas las cartas apostólicas apuntan a una sola esperanza: La segunda venida en gloria de nuestro Señor Jesucristo. En ésta venida se inaugurará el reino de Dios esperado. Dios es el Bendito y solo soberano, Rey de reyes y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad y aquel a quien nadie ha visto jamás, él es el único que sabe cuando será hecho esto. Cuando Dios manifieste a Jesucristo como rey, todas las cosas serán restauradas, y el Mesías se sentará en su trono de gloria en Jerusalén, para gobernar a todas las naciones de la tierra junto con sus seguidores que merecen la vida eterna y el reino.

¿Cuando vendrá el reino de Dios?

Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y Él les dijo: No toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad. (Hechos 1:6-7)

Sólo Dios sabe cuando vendrá el reino de Dios.

Y les dijo: ¡Con cuánto anhelo he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios (Lucas 22:15-16)

porque os digo, que no beberé del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. (Lucas 22:18)

Jesús se está despidiendo pero les dice a sus discípulos que no beberá vino otra vez ni comerá la pascua hasta que venga el Reino de Dios, por supuesto ese reino bendito aún no ha llegado, pero esto son buenas noticias para nosotros que tenemos la oportunidad de poner nuestra esperanza en éste reino de justicia y no poner nuestra esperanza en ilusiones como el dinero o las riquezas engañosas de este siglo malo, de éste mundo maligno. Por esto Pablo le recomienda a Timoteo acerca de los ricos:

A los ricos de este mundo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas inciertas, sino en el Dios vivo, quien nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, generosos, que con facilidad comuniquen; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir; que echen mano de la vida eterna.
(1 Timoteo 6:17-19)

A los ricos Pablo les manda que pongan su esperanza en el Reino venidero y no en las riquezas pasajeras de éste mundo, puesto que cuando se inaugure el Reino, los pobres y humildes heredarán la tierra y el Mesías repartirá las naciones entre sus elegidos.

¿Qué debo hacer para heredar el reino de Dios?

Bienaventurados los mansos; porque ellos heredarán la tierra. (Mateo 5:5)

Pocos parecen creer ésta promesa que Dios nos dió a través de Jesús el Cristo, pocos parecen entender que ése bendito reino esperado será en esta misma tierra que heredaremos si perseveramos en la mansedumbre, dejándonos guiar y gobernar por Dios y haciendo sólo su voluntad. En ésta frase se resume toda la esperanza cristiana. Dios espera que nuestra fe produzca frutos de arrepentimiento, obras que muestren que realmente creemos lo que Dios ha dicho.

Y al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré potestad sobre las naciones; y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como también yo he recibido de mi Padre. (Apocalipsis 2:26-27)

Es interesante que dice “al que venciere”, esto quiere decir que la vida del creyente es una lucha donde hay que vencer y perseverar hasta el fin, para poder alcanzar la salvación. Jesús recibió autoridad sobre las naciones, aunque aún no la esté ejerciendo (pero la ejercerá) y promete darnos la misma autoridad que él recibió de Dios.

Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha escogido Dios a los pobres de este mundo, ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?
(Santiago 2:5)

Dios premia a los que son ricos en fe y actúan de acuerdo a ella. ¡Que diferente nos habla la escritura comparándola con los actuales predicadores de abundancia y “super fe”! La fe bíblica es realmente muy distinta a lo que hoy muchos creen y enseñan.

Hermanos míos, ¿qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? (Santiago 2:14)

Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. (Santiago 2:17)

La verdadera fe lleva consigo una acción consecuente. Todas las escrituras declaran esto mismo. Una fe que no se demuestra con hechos, no es la verdadera fe. Creer en el evangelio no es algo telepático o mental, no es algo abstracto sino demostrable, práctico y evidente. Dios mismo nos extiende su invitación personalmente:

Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho es. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré de la fuente del agua de vida gratuitamente. El que venciere, heredará todas las cosas; y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Mas los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras, y todos los mentirosos, tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda. (Apocalipsis 21:5-8)

El lector sensato notará que la invitación de Dios acarrea un requisito para poder recibirla, también verá la lista de personas que no podrán tener parte en resurrección y el reino de Dios; y si es honesto, verá que en alguna de éstas definiciones encajamos todos los mortales. ¿Qué pues? ¿Cómo ser salvo? La respuesta es sencilla: ¡Arrepiéntase, cambie su forma de pensar y de vivir! y ¡crean en las buenas noticias! También tenemos esta promesa:

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a Él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.
(1 Juan 1:8-10)

Si confesamos nuestros pecados ahora mismo, delante del Dios eterno que está en todas partes y todo lo ve, seremos también limpios de maldad, puesto que quien confiesa su pecado, declara que no ama al pecado y que no quiere vivir esclavo del pecado. Ésta es la forma de vencer el pecado que nos presenta la escritura y éste camino lleva a la vida eterna. La confesión y el arrepentimiento deben ser pues constantes hasta el fin, para poder vencer y participar del reino y debemos ser fuertes y luchar con todas las fuerzas para no complacer los deseos perversos de nuestra naturaleza pecaminosa. Orando y fortaleciendo el espíritu para que los malos deseos no se enseñoreen en nuestro interior. Debemos dejar de alimentar los malos deseos y malos hábitos, malas compañías y dejar de frecuentar malos sitios, debemos dejar las malas conversaciones, los vicios y adicciones y poner nuestra mirada en las cosas que están reservadas en el cielo, que vendrán con el Mesías en aquel día glorioso. Toda nuestra esperanza debe estar concentrada en éste magno evento sin precedentes en la historia. El lector que sea un creyente nacido de nuevo, verá que éstas palabras concuerdan con lo que el espíritu que está en él le insinúa constantemente, pero el no creyente encontrará tal vez ridículas y anticuadas éstas cosas, principalmente porque cree que es imposible dejar hábitos y costumbres arraigadas por generaciones y porque al fin y al cabo la sociedad lo acepta tal y como es (posiblemente lo alaba), así que no tiene necesidad de cambiar nada. Pero le tengo una buena noticia: Dios da su Espíritu a todo aquel que se arrepiente y confiesa sus pecados, todo aquel que quiere una nueva vida. Este espíritu que Dios nos da es su misma presencia morando en el hombre y es el poder y la mente de Dios en nuestro interior. El apóstol Pablo dice de este espíritu lo siguiente:

En el cual también confiasteis vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación; en quien también, desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria. (Efesios 1:13-14)

El hombre es sellado con el Espíritu Santo una vez a creído en la buena noticia de la salvación (El evangelio del Reino venidero) y éste espíritu es las arras, es decir, la garantía de que recibiremos la herencia de la redención. En otras palabras, el don del Espíritu nos asegura que recibiremos en el futuro la resurrección y la inmortalidad, junto con el reino venidero, cuando regrese Jesucristo.

porque las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción, en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y está en dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, esto es, la redención de nuestro cuerpo. (Romanos 8:21-23)

Tenemos el espíritu como un adelanto de la inmortalidad que recibiremos después, es decir, la adopción de Dios, la redención de nuestro cuerpo mortal revestido con vida eterna. Es curioso notar que toda la creación está sujeta a la servidumbre o esclavitud de la corrupción, hasta que éste magno evento ocurra, es decir, la restauración de todas las cosas, que será cuando venga el Cristo en gloria a reinar junto con sus hermanos sobre toda la creación; y las criaturas serán libradas de la corrupción. Por ahora tenemos ésta salvación como la esperanza mas bienaventurada y el tesoro mas grande que podemos tener en éste mundo malo:

Porque en esperanza somos salvos; mas la esperanza que se ve no es esperanza, porque lo que uno ve ¿por qué esperarlo aún? Mas si lo que no vemos esperamos, con paciencia lo esperamos. (Romanos 8:24-25)

Ahora estamos esperando éste evento que Dios ha anunciado por medio de los profetas y de su hijo, y ésta esperanza crea una fuerza interior que se opone a la corriente de este mundo de maldad, pero tenemos mucho mas que la esperanza. Tenemos la fe que sustenta dicha esperanza y la fe que sustenta dicha esperanza, es nuestra fuerza mayor, con la que podemos no solo oponernos sino también vencer la corriente de éste mundo.

Y asimismo también el Espíritu ayuda en nuestra flaqueza; porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no se pueden expresar. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. (Romanos 8:26-27)

Éste maravilloso espíritu que nos da Dios, nos capacita para hacer su voluntad y hasta intercede por nosotros en nuestras debilidades.

Y sabemos que todas las cosas ayudan a bien, a los que aman a Dios, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen conforme a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. (Romanos 8:28-30)

Por el espíritu sabemos que tendremos la misma gloria que tiene nuestro hermano y Señor Jesús cuando él regrese. Y de hecho ya lo tenemos por fe. Ésta es la fe bíblica, la fe que vence al mundo. Es la certeza de que recibiremos el reino de Dios si perseveramos en la verdad. Aunque ahora no vemos que esto sea así, sabemos que será hecho porque Dios lo ha dicho. Y todo el universo fue hecho por la palabra de Dios:

Por fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de manera que lo que se ve, fue hecho de lo que no se veía. (Hebreos 11:3)

Por esta misma fe los hombres antiguos alcanzaron buen testimonio:

Por fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. (Hebreos 11:4)

Abel no había visto los sacrificios que Dios instituyó y le enseñó a Adán y Eva, pero él les creyó y ofreció crías de sus ovejas o corderos, mientras que Caín inventó su propia ofrenda de frutos y cosechas y no creyó que la que había instituido Dios fuera la única. La fe de Abel fue demostrada por algo que hizo: una obra de fe.

Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que a Dios se acerca, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
(Hebreos 11:6)

Dios premia la fe, es galardonador de los que obran de acuerdo a la fe.

Por fe Noé, siendo advertido por Dios de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que es por la fe. (Hebreos 11:7)

Noé escuchó y actuó de acuerdo a la fe y fue galardonado. Cuando aún no se veía lo que se le anunció, actuó creyendo que Dios no miente.

Por fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por fe habitó en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa: Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo artífice y hacedor es Dios. (Hebreos 11:8-10)

¿No fue justificado por las obras, Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? (Santiago 2:21)

¿No ves que la fe actuó con sus obras, y que la fe fue perfeccionada por las obras? (Santiago 2:22)

Abraham actuó de acuerdo a la fe y fue llamado padre de la fe, además esperaba la ciudad que viene del cielo, ¡Esperaba el Reino de Dios! La ciudad que vendrá del cielo cuando el Mesías instaure el reino de Dios en la tierra:

Y yo Juan vi la santa Ciudad, Jerusalén la nueva, que descendía del cielo, aderezada de Dios, como la esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será su Dios con ellos. Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas son pasadas. (Apocalipsis 21:2-4)

Aunque los antiguos murieron sin recibir la herencia, ellos vivieron una vida que demostró su fe:

Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido las promesas, sino mirándolas de lejos, y creyéndolas, y saludándolas, y confesando que eran peregrinos y advenedizos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria. Que si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo para volverse. Pero ahora anhelaban una mejor patria, esto es, la celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les había preparado una ciudad.
(Hebreos 11:13-16)

También los apóstoles y los cristianos de nuestra era (después de Cristo) han muerto sin recibir la herencia, y posiblemente nosotros muramos sin recibirla. Pero como creyeron, Dios les preparó una ciudad, la nueva Jerusalén que viene del cielo en el Reino de Dios y también Dios les prometió la resurrección:

Por fe Abraham cuando fue probado, ofreció a Isaac, y él que había recibido las promesas, ofreció a su hijo unigénito, habiéndole sido dicho: En Isaac te será llamada simiente; pensando que aun de los muertos es Dios poderoso para levantar; de donde también le volvió a recibir por figura. (Hebreos 11:17-19)

Abraham creyó en la resurrección y recibió a Isaac “de entre los muertos” por figura; como si Dios lo hubiera resucitado, ya que Abraham lo sacrificó en su corazón y cuando ya lo iba a matar un ángel lo detuvo. Ésta fe llevó consigo la acción, y la acción demuestra que la fe es verdadera.

Mas sed hacedores de la palabra, y no solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. (Santiago 1:22)

Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego se olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. (Santiago 1:23-25)

Dios demanda acciones de los creyentes, acciones que demuestren que realmente creen.

Tú crees que hay un Dios; bien haces; también los demonios creen y tiemblan. ¿Mas quieres saber, oh hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras, Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó con sus obras, y que la fe fue perfeccionada por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue imputado por justicia, y fue llamado: Amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. (Santiago 2:19-24)

¿De dónde viene la fe?

Así que la fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios (YHWH).
(Romanos 10:17)

La palabra de Dios tiene el poder de hacer creer en lo que no se ve. Cuando Dios le advirtió a Noé sobre el diluvio, él le creyó y por esa fe que recibió, actuó obedientemente y recibió la justicia que es por las obras de la fe. Pero no solo actuó, sino también que habló de acuerdo a ella. Pedro nos dice que Noé fue un predicador de justicia:

si no perdonó al mundo viejo, mas guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de malvados. (2 Pedro 2:5)

Pues todo el que cree, no solo vive de acuerdo a su fe, sino que habla de acuerdo a ella, por eso dice Pablo:

Que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado. Pues con el corazón, uno cree en justicia; y con la confesión de la boca se hace salvación. (Romanos 10:9-10)

Pues no basta creer en secreto que Jesús es el Mesías, hay que hablar de acuerdo a la fe y declararlo a otros, confesarlo delante de los hombres y obviamente creer que Dios lo resucitó y que así como lo resucitó a él, quienes crean y actúen de acuerdo a la fe, también serán resucitados en el día final y podrán participar del reino de Dios en la tierra.

La fe se demuestra con la caridad

Las escrituras muestran claramente que no basta con creer que Dios existe, es necesario practicar la caridad también. El apóstol Pablo lo expresa así:

Y si tuviese el don de profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia; y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo caridad, nada soy. (1 Corintios 13:2)

Así que la fe sin obras de caridad no es verdadera fe. Puesto que la caridad, que es el amor genuino por el prójimo, habla por nosotros. La fe y la esperanza dejarán de ser el día que venga el reino de Dios, porque lo que se hace realidad ya no se espera y lo que se ve ya no necesita de fe, pero la caridad siempre existirá, es decir, el amor por el prójimo siempre será hasta el final de este mundo y aún en el reino venidero:

La caridad nunca deja de ser; mas las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.
(1 Corintios 13:8-10)

También los dones del espíritu y la obra de santificación e iluminación que Dios está efectuando hoy en los creyentes dejará de ser cuando venga dicho reino glorioso, pues seremos hechos inmortales a la imagen de nuestro Señor Jesucristo y seremos hechos perfectos, cuando nuestros cuerpos mortales y corruptibles se revistan de total santidad e inmortalidad. Por esto ahora tenemos fe y esperanza, pero ellas se acabarán.

Y ahora permanecen la fe, la esperanza, y la caridad, estas tres; pero la mayor de ellas es la caridad. (1 Corintios 13:13)

Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. (Santiago 2:24)

Contrario a lo que piensan y enseñan muchos predicadores, si hay obras por las que el hombre es justificado, estas son las obras de la fe, o podríamos llamarles también, las obras de la caridad o de el amor “ágape”. “Ágape” es la palabra griega que el autor de los Corintios usó en ésta ocasión y que los traductores de la versión Reina – Valera han vertido como “caridad”, que es realmente la mejor palabra para traducir dicha palabra. La mayoría de los predicadores modernos predican una salvación “sin obras”, pero no se percatan que el autor de Romanos hablaba de las obras que exige la ley Mosaica, y no las obras que exige la fe en Jesucristo, como estamos viendo. El mismo Jesucristo dijo a sus seguidores una vez:

No temáis, manada pequeña; porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en el cielo que no se agote; donde ladrón no llega, ni polilla corrompe. Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.
(Lucas 12:32-34)

Jesús les dice que den limosna y que no tengan tesoros en este mundo malo, sino que su tesoro esté reservado en el cielo, para cuando el Mesías vuelva de allí y le de a cada uno lo que merece, y establezca el reino en esta tierra. Por eso les continúa diciendo:

Vosotros, pues, también, estad apercibidos; porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá. (Lucas 12:40)

En todo este pasaje de Lucas, Jesús el Mesías nos invita a vivir una vida conscientes de la aparición gloriosa en su parousía y del consecuente reino de Dios. Y les insta a sus seguidores a estar atentos ante la incertidumbre del momento exacto en que esto se revelará.

La vasta profundidad de la regla de oro

Y llegándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el principal mandamiento de todos? Y Jesús le respondió: El principal mandamiento de todos es : Oye Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todo tu pensamiento, y de todas tus fuerzas: este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. (Marcos 12:28-31)

No basta con creer que hay un solo Dios y que es nuestro Padre, también hay que amarlo con todo, y amarlo mas que a todo. Él debe ser nuestra prioridad, pero el amor a nuestro Padre Celestial se demuestra con el amor hacia el prójimo, así como Jesús demostró su amor a Dios, dando su vida por los demás. Éste amor al prójimo podría resumirse así: Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti, y has a otros lo que quisieras que otros hicieran por ti. Esta es la ley de Dios y los profetas. Ésta es la profundidad de la regla de oro.


Conclusión

Hemos visto que la fe bíblica es un concepto que realmente abarca un significado muy amplio. Éste estudio nos sirve para reflexionar acerca de qué tipo de mensaje estamos creyendo y practicando actualmente en nuestra vida cristiana. ¿Estamos viviendo una vida que muestre obras y frutos de arrepentimiento y de fe? Todas las cartas apostólicas centran su discurso en la segunda venida de Jesucristo y advierten de muchas formas que debemos tomar consciencia y hacer obras dignas de los que dicen conocer a Dios y creer en su Cristo. El libro de Apocalipsis también nos sorprende con la advertencia profética que da a las iglesias de Asia. Las iglesias de hoy en día están llenas de falsos profetas que enseñan a los hombres a despreciar los mandamientos de Dios que nos fueron dados a través de Jesucristo y los apóstoles. Éstos falsos maestros viven de ofrendas y diezmos que los ingenuos les regalan, mientras muchos otros creyentes no tienen muchas veces ni una comida al día, ni techo, ni vestido. Los apóstoles en la iglesia primitiva nunca pidieron ni una sola moneda de los creyentes, sino que todo lo conseguían trabajando con sus propias manos en los oficios que sabían hacer. Ellos quisieron dejar éste ejemplo para que cada creyente viva de su propio trabajo. La única vez que pidieron una ofrenda fue para ayudar otras iglesias mucho mas necesitadas. Los supuestos pastores, apóstoles, maestros y presbíteros de hoy deberían seguir el ejemplo que nos dejaron los apóstoles en la antigüedad y enseñar la verdadera doctrina, dedicándose a hacer buenas obras de fe y caridad como enseña la Biblia.

Después de leer hasta este punto del presente estudio el lector podrá entender muy bien las palabras de Jesucristo y los apóstoles; sobretodo éste duro pasaje que casi nadie predica hoy en día:

Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria. Y serán reunidas delante de él todas las naciones; y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los que estarán a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, poseed el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me recogisteis; desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿O sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿O desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis. Entonces dirá también a los que estarán a la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles; porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui huésped, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o huésped, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá, diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos pequeñitos, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al tormento eterno, y los justos a la vida eterna.
(Mateo 25:31-46)

Para terminar, quiero dejarles una cita de el libro de gálatas, espero que le sirva al lector para que se arrepienta y cambie su forma de pensar y de vivir, ya que el reino de los cielos, o reino de Dios está cerca, muy cerca.

y cuando Jacobo, Cefas, y Juan, que parecían ser columnas, percibieron la gracia que me fue dada, nos dieron a mí y a Bernabé las diestras de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión. Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres, lo cual también fui solícito en hacer. (Galatas 2:9-10)

¡Bendiciones para todos!

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martes, 4 de noviembre de 2008

¡EL EVANGELIO PRÍSTINO HA SIDO OCULTADO DE LOS POTENCIALES CREYENTES!

Por Ing°. Mario A Olcese

Un Craso Olvido:

Millones de llamados cristianos dicen creer en el evangelio de Jesucristo, y no obstante, cuando uno les pregunta qué es eso que la Biblia llama “evangelio”, no saben qué responder. Esto resulta sorprendente, inaudito, y trágico. Sí, en la Biblia aparece la palabra “evangelio” como algo de uso común entre los cristianos del primer siglo. Los apóstoles se encargaron de hacerlo conocer a los judíos, y más adelante los gentíles oirían de él también. Ellos se esmeraron en cumplir con la gran comisión dejada por Jesucristo antes de partir al cielo, la cual decía: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16:15,16).

Si señor, millones de cristianos dicen haber creído en el evangelio de Cristo sin saber en qué consiste éste exactamente. Me permito preguntarle: ¿Qué es para usted el evangelio de Jesucristo? ¿Lo puede probar con la Biblia? Las opiniones personales en cuestiones de fe no son seguras si no están basadas en la Biblia. Esto debe entenderlo usted muy bien, pues puede terminar desviándose de la verdad que salva (Romanos 1:16).

Un Evangelio Mutilado:

Otro grupo de cristianos, un poco más entendido, sostiene que el evangelio está definido claramente en 1 Corintios 15:1-6, donde San Pablo dice: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis... porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día según las Escrituras ; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a quinientos hermanos... después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mi”.

Aquí hay una interesante definición paulina de lo que es el evangelio de Jesucristo: Que Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado, y resucitó glorioso al tercer día, siendo visto por muchos testigos. Si, este es parte del evangelio de Jesucristo, pues no sólo Jesús anunció su muerte para la redención de los pecadores, y su resurrección gloriosa, sino también algo más antes que eso. En este punto muchos cristianos se pierden en lo etéreo.

El Evangelio Completo:

He aquí ahora la clara definición del verdadero evangelio de Jesucristo que millones aún ignoran, pero que usted ahora tiene el privilegio de conocer por primera vez en su vida. El que tiene oídos para oír, que oiga. En primer lugar, debemos comenzar diciendo que Jesús no inició su predicación anunciando su muerte, sepultura y resurrección al tercer día. Veamos el Evangelio de San Marcos capítulo 1 y versos 1, 14 y 15. Aquí se lee lo siguiente: “Principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios...Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentios, y creed en el evangelio”.

Nótese que el principio del evangelio de Jesucristo no era su muerte, sepultura, y resurrección al tercer día, sino: ‘el Reino de Dios’. Sí, Jesús trajo su evangelio, el cual comenzaba con el anuncio del reino de Dios. De modo que el reino de Dios es parte del evangelio de Jesucristo. Ahora bien, si leemos nuevamente el Evangelio de Marcos, capítulo 8 y verso 31, veremos que Jesús completa su evangelio anunciando su muerte, sepultura y resurrección al tercer día. El verso dice: “Y comenzó (Jesús) a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días”.

Entonces el evangelio completo de Jesucristo---sin mutilaciones--- es este: El anuncio del reino de Dios en la tierra, y la muerte, sepultura y resurrección de Cristo al tercer día para asegurarnos el ingreso a dicho reino por la fe. En buena cuenta, Jesús vino a ofrecernos algo maravilloso llamado “el reino de Dios”. Pero para participar de él, uno tiene que ser redimido por la muerte de Cristo en la cruz. Y la seguridad que se tiene de que todo lo prometido por Cristo será una realidad se confirmó con su propia resurrección de entre los muertos (1 Corintios 15:12-20). Si él resucitó para recibir un reino de su Padre (Lucas 19:12), entonces también nosotros resucitaremos para recibir dicho reino de Dios cuando Cristo vuelva nuevamente a este mundo en persona (Mateo 25:31,34). En resumen: Jesús trajo el “Qué” (la herencia del Reino de Dios) y el “Cómo” (por la fe en su muerte y resurrección al tercer día, y de lo que esto significa para todo pecador arrepentido). Entonces, el “QUÉ y el “CÓMO” constituyen el evangelio de Jesucristo. El “FIN” y el “MEDIO”.

La Definición Original del Evangelio del Reino de Dios:

En primer término, debemos de definir lo que quiere decir “evangelio”. Esta palabra viene del Griego “evangelon” que quiere decir: “Buenas Nuevas” o “Buenas Noticias”. De modo que Cristo fue el Portador de buenas noticias para un mundo sin esperanza y sin rumbo. Él predicó las buenas noticias del reino de Dios y también su muerte y resurrección al tercer día para nuestra redención, para hacer posible nuestra herencia de dicho reino.

Algunas religiones “cristianas” sostienen que el reino de Dios no es otra cosa que “Cristo reinando en nuestros corazones”. Otras conocidas iglesias o denominaciones cristianas sostienen que “el reino de Dios es la iglesia que Cristo fundó hace dos milenios”. No obstante, el reino de Dios no es ninguna de esas dos definiciones que se están propagando en el mundo cristiano. La Biblia enseña que un reino es un forma de gobierno como lo es el reino de Inglaterra, de España, de Jordania, etc. Este implica un rey o una monarquía, súbditos, leyes, y territorio. De modo que el reino de Dios es la monarquía de Dios, con un rey soberano, súbditos, leyes, y territorio.

En el Antiguo Testamento encontramos reyes y reinos. El reino de Babilonia, con su rey Nabuconodosor; el reino de Grecia, con su rey Alejandro el Grande; el reino de Persia, con su rey Ciro; el reino de Israel, con su rey David, sólo por citar los más importantes. Ahora bien, Israel tenía una monarquía real que formalmente comenzó con David. Este reino de David y de sus descendientes fue llamado: “el Reino de Dios” (1 Crónicas 28:5). Cuando David murió, su hijo Salomón lo reemplazó, y así sucesivamente, hasta que en el año 587 A.C, el rey de turno de Israel---Sedequías---fue derrocado por Nabuconodosor. Desde esa fecha, Israel no ha tenido más reyes. Pero el reino de Dios significará que Dios restaurará nuevamente la línea real de los reyes judíos en la persona de otro judío noble, descendiente de David (Ezequiel 21:25-27).

Sí, el reino de Yahweh (Jehová) será restaurado nuevamente en Israel a través de un descendiente de David, el rey (Hechos 1:6). ¿Quién podría ser ese personaje? La respuesta está en Mateo 1:1 que dice: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”. Aquí tenemos un hecho irrefutable, y es que Jesucristo desciende de un rey famosísimo de Israel. En buena cuenta, Jesús es de “sangre azul” y con el derecho legítimo de tomar nuevamente el territorio israelita, y el trono de su ancestro David. En efecto, en Lucas 1:31-33 leemos: “Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. Esto es clarísimo. Cristo reinará en el trono de su padre en la carne, David. Su territorio y sus súbditos serán las naciones. Recuerde que Dios le cambió a Jacob de nombre. Ese nuevo nombre fue: Israel. Entonces Cristo reinará sobre la casa de Israel, y Jerusalén será la ciudad capital del reino de Cristo o también llamado: El Reino de Dios (Jeremías 3:17; Mateo 5:33-35). Los discípulos de Cristo sabían que su Maestro era aquel que restauraría el reino caído o suspendido del rey David. En Hechos 1:6 los discípulos le preguntaron a Jesús si ya era inminente la restauración del reino de Dios en Israel, a lo cual Jesús sólo se limitó a decirles que únicamente Dios sabía la fecha de esa crucial restauración del reino de David en Israel.

El Cielo no es el Destino Final de los Salvos:

Siendo que la promesa de Dios es la restauración del reino de Dios en la tierra en la persona del Mesías Jesús, ¿por qué los católicos y protestantes enseñan que iremos a vivir eternamente en el cielo, y que la tierra desaparecerá por completo?¿De dónde salió esa idea con respecto al cielo? Lo cierto es que en muchos pasajes de la vida de Jesús encontramos a nuestro amado Señor prometiendo la tierra y su reino a sus seguidores (Mateo 5:3,5; 6:33). Además, será en la segunda venida de Cristo cuando la iglesia heredará las promesas del reino, y no en la hora de nuestra muerte.

La Tierra será como un Paraíso:

Es sorprendente escuchar, muy a menudo, de que el “fin del mundo” está cerca en estos días. Millones viven asustados pensando en que este planeta volará en pedazos, y la sociedad humana desaparecerá por completo. Pero: ¿Es acaso ese sentir de muchos, el de Dios? ¿Creó Dios la tierra y a los hombres para que más tarde los destruya por completo?¿Tiene esto sentido? ¡Por supuesto que no lo tiene! Sin embargo, desde el mismo comienzo de la vida humana, el diablo ha pretendido estropear la creación de Dios, sembrando la mentira, el odio, la confusión, la discordia, el temor, la desconfianza, la duda, la rebelión, la contradicción, la desesperanza, etc. Sólo Satanás ha querido destruir la Creación---¡No Dios!

En muchísimos pasajes de la Biblia encontramos promesas muy concretas de un “mundo nuevo”, con “hombres nuevos” en armonía con Dios y Su creación. Dios ha prometido una “nueva tierra y nuevos cielos” donde morará la justicia (2 Pedro 3:13,14). Él no requiere destruir el planeta mismo para traer esa justicia añorada, sino más bien, a todos los impíos e impenitentes; a aquellos que se mofan de Dios y de Sus leyes. Esto está revelado en el Salmo 37. Allí el lector bíblico descubrirá que los justos permanecerán en la tierra, en tanto que los malvados serán erradicados de ella. Esta es la solución a todos los males de nuestra sociedad, cuando los malvados e incorregibles hayan sido exterminados por Dios mismo. Finalmente: ¿Qué culpa tiene el planeta por los pecados y maldades de los hombres? Al contrario, en Apocalipsis 11:18 se nos dice que Dios destruirá a aquellos que están destruyendo Su tierra o planeta. Para Dios, el planeta tierra es sagrado, y este es un motivo por el cual castigará a los que lo están destruyendo con su seudo ciencia. Si Dios va a castigar a los que destruyen su planeta tierra: ¿Cómo va a ser posible que Él Mismo lo destruya sin razón aparente? Quienes verdaderamente serán destruidos serán los perversos, los incorregibles, los rebeldes, los ateos, los que no se arrepintieron cuando hubo tiempo para hacerlo.

Cuando el diablo y sus seguidores angélicos y humanos hayan sido exterminados, entonces se hará realidad “la nueva tierra de justicia”. Habrá un ambiente de paz, seguridad, orden, obediencia y amor verdaderos. El paraíso edénico habrá vuelto a la tierra. No habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, pues las primeras cosas pasaron (Apocalipsis 21:3,4).

El Evangelio del Reino Será Predicado Mundialmente por Su Iglesia Leal:

En Mateo 24:14 Jesús revela que el verdadero evangelio que será predicado en todo el planeta tierra antes de su regreso personal, glorioso, y visible, es el Reino de Dios. Dice él así: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”. Este es el evangelio verdadero que también predicará la iglesia de Dios. Lamentablemente cuán poco se predica acerca del reino de Dios en las iglesias, que cuando se lo predica eventualmente, resulta en una extrañeza, y pocos entienden su significado. Otros creen que el reino de Dios es sinónimo del cielo mismo, o de un lugar hermoso en la gloria celestial. ¡Nada más inexacto!

Aun las iglesias evangélicas han olvidado este evangelio del reino, y lo han cambiado por un reino en el corazón de los creyentes, dándole así un significado etéreo o alegórico. Ni el predicador de moda guatemalteco Carlos "cash money" Luna lo predica en sus disertaciones, ni Palau, ni Benny Hinn, ni Billy Graham y familia, por mencionar algunos sujetos. Pero los verdaderos cristianos de hoy saben que los primeros cristianos de los tres primeros siglos de la Era Cristiana, creyeron en un reino en la tierra liderado por Jesucristo desde la ciudad amada de Jerusalén. Basta leer los escritos de Papías, San Justino Mártir, San Ireneo, San Policarpo, y otros cristianos de los primeros siglos, para descubrir lo que creyeron sobre la vida futura. En ninguno de ellos se encuentra alguna creencia de una partida al cielo para estar con Dios a través de sus supuestas almas inmortales. Al contrario, Justino Mártir, en su “Diálogo con el Judío Trypo” ataca a los que, llamándose cristianos, enseñaban que el alma inmortal partía al cielo después de la muerte.

La Creencia En el Evangelio Trae Salvación Eterna:

Alguno pensará que cualquier doctrina bien llevada o practicada salva. No obstante, eso no es lo que la Biblia enseña. El apóstol Pablo reconoció que el evangelio predicado por Jesucristo tenía (...y tiene) poder para salvar a todo aquel que lo cree de todo corazón. Él fue claro al decir: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree;al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16).

Muchos hoy se niegan a creer en nuestro evangelio, pues no lo pueden aceptar por la fe. Ellos creen que son cuentos o fábulas bíblicas que no tienen ninguna trascendencia o veracidad para el mundo occidental, sino sólo para los hebreos. Aun la Iglesia Católica lo ha rechazado, al inventar, vía Agustín de Hipona, un reino de corte eclesiástico. Es decir, el romanismo supone erradamente que el reino no es otra cosa que la jerarquía Católica o el Clero. ¿De dónde sacó eso “San Agustín”? No lo sabemos en realidad, pero todo parece apuntar que se originó de su imaginación. Y los evangélicos no se quedan atrás. Ellos mismos siguen predicando evangélios falsos como el de la prosperidad, o simplemente "el evangelio de Cristo" pero sin mencionar para nada el reino de Dios. Si usted es evangélico o católico pregúntese cuándo fue la última vez que escuchó un sermón u homilia sobre el Reino de Dios, y se sorprenderá que nunca casi nunca lo ha escuchado en labios de su pastor u obispo.

Para conocer más sobre el reino vea mi sitio web:

www.elevangeliodelreino.org

LA VERDAD DE LA PANDEMIA