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viernes, 9 de abril de 2010

LA PORCIÓN QUE DIOS PREPARA PARA EL HOMBRE IMPÍO QUE GOZA DE SU VENTURA


Esto dice la palabra del Señor:

Job 20:4-29
4. ¿No sabes esto, que así fue siempre, Desde el tiempo que fue puesto el hombre sobre la tierra,
5. Que la alegría de los malos es breve, Y el gozo del impío por un momento?
6. Aunque subiere su altivez hasta el cielo, Y su cabeza tocare en las nubes,
7. Como su estiércol, perecerá para siempre; Los que le hubieren visto dirán: ¿Qué hay de él?
8. Como sueño volará, y no será hallado, Y se disipará como visión nocturna.
9. El ojo que le veía, nunca más le verá, Ni su lugar le conocerá más.
10. Sus hijos solicitarán el favor de los pobres, Y sus manos devolverán lo que él robó.
11. Sus huesos están llenos de su juventud, Mas con él en el polvo yacerán.
12. Si el mal se endulzó en su boca, Si lo ocultaba debajo de su lengua,
13. Si le parecía bien, y no lo dejaba, Sino que lo detenía en su paladar;
14. Su comida se mudará en sus entrañas; Hiel de áspides será dentro de él.
15. Devoró riquezas, pero las vomitará; De su vientre las sacará Dios.
16. Veneno de áspides chupará; Lo matará lengua de víbora.
17. No verá los arroyos, los ríos,Los torrentes de miel y de leche.
18. Restituirá el trabajo conforme a los bienes que tomó, Y no los tragará ni gozará.
19. Por cuanto quebrantó y desamparó a los pobres, Robó casas, y no las edificó;
20. Por tanto, no tendrá sosiego en su vientre, Ni salvará nada de lo que codiciaba.
21. No quedó nada que no comiese; Por tanto, su bienestar no será duradero.
22. En el colmo de su abundancia padecerá estrechez; La mano de todos los malvados
vendrá sobre él.
23. Cuando se pusiere a llenar su vientre, Dios enviará sobre él el ardor de su ira, Y la hará llover sobre él y sobre su comida.
24. Huirá de las armas de hierro, Y el arco de bronce le atravesará.
25. La saeta le traspasará y saldrá de su cuerpo, Y la punta relumbrante saldrá por su hiel; Sobre él vendrán terrores.
26. Todas las tinieblas están reservadas para sus tesoros; Fuego no atizado los consumirá; Devorará lo que quede en su tienda.
27. Los cielos descubrirán su iniquidad, Y la tierra se levantará contra él.
28. Los renuevos de su casa serán transportados; Serán esparcidos en el día de su furor.
29. Esta es la porción que Dios prepara al hombre impío, Y la heredad que Dios le señala por su palabra.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

JESUCRISTO: ¿DIOS, HOMBRE, O AMBOS?


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Jesús, ¿hombre o Dios? Teología básica del judeocristianismo (VI)

Por Antonio Piñero

Al tratar la teología básica del judeocristianismo (VI), basada –creemos- en los recuerdos más inmediatos posibles de Jesús, nos preguntamos hoy si estos cristianos mesianistas de Jerusalén y Galilea consideraban a Jesús un mero hombre o, por el contrario, pensaban que también er Dios.

Una primera respuesta nos la proporciona Lucas en su tan mencionado capítulo 24 de su Evangelio. Ocultando su personalidad, pregunta el Resucitado, a sus propios discípulos camino de Emaús:

“17 El les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido. 18 Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?» 19 El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo”.

El pasaje me parece nítido: sus discípulos veían en Jesús a un profeta, un mero hombre, aunque en contacto con Dios y heraldo suyo. Según Licas, el que lo consideraran así, no era dificultad alguna para que luego los discípulos, reflexionando un poco tras la enseñanza de Jesús a partir de las Escrituras, admitieran con gozo el hecho de la resurrección, porque quien lo resucitaba era Dios.

Esta concepción es expresada por Pedro, en su segundo gran discurso ante el pueblo de Jerusalén. El primero había sido en Pentecostés; el segundo cuando se dirigía al Templo pero se vio rodeado por las muchedumbres agolpadas junto a él, porque en nombre de Jesús había curado a un tullido (capítulo 3). Según Lucas, les habló así:

[… ] 15 Dios lo resucitó (a Jesús) de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello […] 17 «Ya sé yo, hermanos, que obrasteis por ignorancia, lo mismo que vuestros jefes. 18 Pero Dios dio cumplimiento de este modo a lo que había anunciado por boca de todos los profetas: que su Cristo padecería.

19 Arrepentíos, pues, y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados, 20 a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado, a Jesús, 21 a quien debe retener el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de que Dios habló por boca de sus santos profetas. 22 Moisés efectivamente dijo: El Señor Dios os suscitará un profeta como yo de entre vuestros hermanos; escuchadle todo cuanto os diga. 23 Todo el que no escuche a ese profeta, sea exterminado del pueblo.

Jesús, pues, era un profeta de Dios, según Pedro, no Dios mismo. Y que un profeta fuera resucitado por Dios de entre los muertos para cumplir su misión de orden escatológico era una idea –al parecer- normal entre los judíos de la época. Los Evangelios mismos nos ofrecen la prueba de que podía ser así.

En efecto, Herodes Antipas, tras degollar al Bautista, pensó que Jesús no era más que Juan vuelto a la vida y que le seguía molestando (Mc 6,14). Muchos judíos pensaban que Elías había vuelto a la vida reencarnándose, por así decirlo, en Juan Bautista (Mc 9,11-12).

Que Jesús era un mero hombre lo había puesto ya de relieve el mismo Pedro en su primer discurso, en Pentecostés, según Lucas, Hechos 2, donde explica la efusión extraordinaria del Espíritu porque “estaban en los últimos tiempos”, es decir, poco antes del fin del mundo (v. 17):

“22 «Israelitas, escuchad estas palabras: A Jesús, el Nazoreo, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por su medio entre vosotros, como vosotros mismos sabéis […] 24 a éste, pues, Dios le resucitó librándole de los dolores del Hades, pues no era posible que quedase bajo su dominio […] 29 «Hermanos, permitidme que os diga con toda libertad cómo el patriarca David murió y fue sepultado y su tumba permanece entre nosotros hasta el presente.

30 Pero como él era profeta y sabía que Dios le había asegurado con juramento que se sentaría en su trono un descendiente de su sangre, 31 vio a lo lejos y habló de la resurrección de Cristo, que ni fue abandonado en el Hades ni su carne experimentó la corrupción. 32 A este Jesús Dios le resucitó; de lo cual todos nosotros somos testigos.

33 Y exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y ha derramado lo que vosotros veis y oís.34 Pues David no subió a los cielos y sin embargo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra 35 hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies. 36 «Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado»”.

Este pasaje es diáfano a mi entender.

1. El texto llama a Jesús “nazoreo” (en éste y en otros pasajes se fundamenta la discusión si Jesús era un nazir…, o si la opinión de que no había nacido en Nazaret es secundaria, temas en los que no vamos a entrar ahora).

2. Jesús es un mero hombre. Es Dios quien lo acredita. Es Dios quien milagros a través de él. Es Dios quien lo resucita (también en Hch 3,15, como hemos visto)

3. Jesús era un profeta.

4. David profetizó que resucitaría.

5. Es Dios quien lo que exalta al cielo y lo sienta a su derecha.

6. Jesús recibe de Dios el Espíritu Santo; esto es un don, que él no posee por sí mismo.

7. Es Dios quien allanará su vuelta a la tierra para concluir su misión, acabando con sus enemigos.

8. El crucificado ha sido constituido “Señor y Mesías (“Christós)” por Dios mismo.

9. La mención especial del mesianismo indica en Pedro su creencia de que Jesús acabará, muy pronto, cumpliendo la misión que le había encargado el Padre.

He comentado este texto del modo siguiente en la Guía para entender el Nuevo Testamento (Trotta, Madrid, 3ª ed. 2008) p. 232:

El tenor de las expresiones de Pedro en los Hechos que acabamos de citar da a entender que, para la comunidad de los primeros momentos, Jesús durante su vida terrena había sido al fin y al cabo un mero hombre, excepcional y taumaturgo, sí, profeta y proclamador de la venida del Reino, sí, pero un ser humano como los demás.

Gracias, sin embargo, a su resurrección por la acción divina, ese hombre había sido exaltado al rango de “señor y mesías”, que por fin iba a terminar su misión. Pertenecía ya de algún modo al ámbito de Dios, era su ayudante, como podían serlo en el imaginario judío Elías, el profeta Henoc o Melquisedec (Epístola a los hebreos).

Transcurrido el tiempo que la divinidad estimara oportuno, este mesías vendría como ungido de Dios y juez mesiánico a juzgar a las doce tribus de Israel, es decir, a instaurar el Reino. Entonces comenzaría el gobierno de Dios sobre Israel.

A pesar de contener elementos novedosos como la muerte del mesías, esta perspectiva podía ser aceptable para cualquier judío de aquellos años ya que era evidente que la divinidad, tan lejana, no actuaría por sí mismo para instaurar su reinado, sino a través de ayudantes especiales.

El recuerdo de este de “mesías que ha de venir” junto al de “señor” como apelativos de Jesús se conservó en la invocación escatológica “Ven señor (Jesús)”, que se pronunciaba en arameo, Maranathá, como testimonia el mismo Pablo, aunque escribe siempre en griego (1 Cor 16,22).

Pero ¿qué significaba “Señor” para los judeocristianos? Al parecer, no todo quedaba en la consideración de Jesús como mero hombre. El judeocristianismo pensó enseguida –a tenor de ciertas ideas judías sobre personajes semi celestiales que había en la época- que Jesús era uno de ellos. Es decir, algo más que un hombre, sin dejar de serlo. ¿En qué sentido podía ser Jesús un ente celestial?

Saludos cordiales de Antonio Piñero.

www.antoniopinero.com

miércoles, 19 de agosto de 2009

EL REINO DE DIOS EN EL EJEMPLO DEL HOMBRE FUERTE


El Hombre Fuerte (Mateo 12:29; Marcos 3:27; Lucas 11:21-22)

Mateo 12:29
29 o cómo puede alguien entrar en la casa del hombre fuerte y llevarse su propiedad, a menos que él primero ate al hombre fuerte? Y luego él pillará su casa.

Marcos 3:27

Pero nadie puede entrar en la casa del hombre fuerte y pillar su propiedad a menos que él primero ate al hombre fuerte, y luego él pillará su casa.

Lucas 11:21-22

21 Cuando un hombre fuerte, totalmente armado, guarda su propia casa, sus posesiones están tranquilas. 22 Pero cuando alguien más fuerte que él lo ataca y lo domina, él se lleva de él toda su armadura en la cual él había confiado y distribuye su pillaje.

En el contexto de la autodefensa de Jesús contra la acusación de que él expulsa a demonios por el poder de Beelzebub, uno encuentra un refrán sobre el saqueo del hombre fuerte. Hay dos versiones diferentes de la misma tradición, completamente distinta el uno al otro: Marcos 3:27 = Mateo 12:29; Lucas 11:21-22. (Mateo parece dar la preferencia a la versión Marcana, es decir, asumiendo que él tenía acceso a la versión representada por Lucas.) Ambas versiones, sin embargo, hacen el mismo punto: a fin de pillar la casa de un hombre fuerte hay que ser más fuerte que lo que él es; sólo entonces puede uno llevarse sus bienes. Jesús, por supuesto, habla metafóricamente: el hombre fuerte es Satanás y la casa es su reino o esfera de influencia. Jesús afirma que aquí ha venido el que es más fuerte que Satanás y está en proceso de pillar su reino; esta es una referencia oblicua a sí mismo. El reino o el reinado del Satanás, en otras palabras, está en proceso de ser sustituido por el Reino de Dios. La prueba de esto es el poder de Jesús sobre demonios.

viernes, 24 de julio de 2009

CRISTO: EL HIJO DEL HOMBRE



Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

«Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre» (Jn. 5:26-27).

Cristo Jesús, como el «Verbo de Dios» (Ap. 19:13), mejor dicho, como el representante o embajador de su «Palabra» (ho logos tou theou, gr.), es la revelación perfecta de lo Alto para la salvación de los hombres de todos los linajes, etnias, pueblos y naciones que «estaban sin Dios y sin esperanza» (Ef. 2:12), «destituidos de su gloria, por cuantos todos pecaron» (Ro.3:23).

Solamente el engendramiento sobrenatural de Cristo (Mt. 1:20; 1 Jn. 5:18), que lo define como un Hombre perfecto y santo, de naturaleza pura e intachable, pudo capacitarlo para redimir al mundo pecador, para este efecto, a los que han creído en su nombre (Jn. 1:12; 3:36; Ro. 10:9), por medio de su sacrificio vicario en la devastadora cruz romana, a manera de la sombra extinta del rito levítico sacrifical (Lev. cap. 9) para la expiación de los pecados del pueblo de Israel, manifestando con dolor, sangre, muerte y perdón, el sublime e infinito amor de Dios en la nueva dispensación, vigente hasta el día de hoy, y que culminará con el retorno del Hijo del Hombre a la tierra, porque «el juez está delante de la puerta» (Stg. 5:9).

Cristo anunció el Reino de Dios, Uno venidero, terrenal y teocrático, que es la culminación objetiva de la promesa de Dios hecha a Abraham en el pasado, promesa establecida, primeramente, a la nación escogida por Dios, Israel (Gn. 12:1-2; 15: 17-21; 17:8), y que trasciende además a las naciones del mundo, porque: «en ti serán benditas todas las naciones de la tierra». Así que, de judíos y gentiles, Dios ha hecho por medio de Jesucristo «un solo pueblo», la Iglesia (Ef. 2:14).

Cristo resucitó por el poder de Dios cuando fue desatado de los lazos incontenibles de la muerte. Cristo pudo morir en la cruz debido a su naturaleza Humana, aunque perfecta. Por lo tanto, Cristo como Hombre es «el primogénito de los muertos» (Ap.1:15), «el que vive y estuvo muerto» (Ap. 1:18). Dios no pudo antes, ni puede morir ahora ni mañana, porque «es el único que tiene inmortalidad»; de él emana toda vida (1Tim. 6:16).

Cristo descenderá como el Ser Humano que siempre ha sido, ya que es apreciado viniendo en las nubes del cielo como «Uno semejante al Hijo del Hombre» (Ap. 14:14; Dn. 7:13).

Cristo es un Individuo Humano especial dentro del raza humana, porque «Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo» (Mt. 1:16). Por esta razón, tuvo una relación muy íntima con la humanidad terrena por lo que fue posible en su sacrificio sangriento liberarla del Lago de Fuego a la que estaba sin remedio alguno condenada, de la «Gehenna» (Ap. 19:20; 20:10, 14, 15).

Cristo, como el «Segundo Hombre», y se infiere con certeza segura, el «Segundo Adán» (1 Co. 15:47), recobrará la naturaleza de todas las cosas tridimensionales como era en el principio de la creación y que fue imposible para el «primer hombre» sostenerla por su desobediencia y arrogancia en el Edén primitivo (Gn.3:17-19; Ro.8:19-21). Por este motivo, el cristiano fiel y elegido dejará de padecer enfermedades. El llanto, la muerte, el dolor y la tristeza nunca más serán en los que han creído en el Hijo del Hombre, «porque las primeras cosas pasaron» (Ap. 21:4).

Cristo, es un Agente Humano porque es el «León de la Tribu de Judá» (Ap.5:5), la «Raíz y el Linaje de David» (Ap. 22:16). Cristo retornará en Cuerpo Humano a la faz terrestre en gloria y en poder para juzgar como Hombre, con oficio judicial expedido por su Padre, a las naciones del mundo (Mt. 24:30; 25:31; Lc. 21:36), para concluir arrasadoramente con los tiempos del poder gentil que alzó por larguísimo tiempo su estandarte autosuficiente y presuntuoso contra el Dios el cielo (Dan. caps. 2 y 7; Lc. 21.24). Cuando Cristo destruya el postrer gobierno del mundo inicuo, «los reinos del mundo vendrán a ser del Señor Dios y de su Hijo» (Ap. 11:15).

Cristo «reinará por los siglos de los siglos» (kaì basileùsei eis toùs aiônas tôn aiónôn, gr. Véase Ap. 11:15) el mundo restituido, en un tiempo limitado pero de plazo largo, de acuerdo a la palabra griega «aionios» (eterno), que no siempre significa «infinito» con respecto al «Crono» o «Cronos» (en griego antiguo Κρόνος Krónos, transliterado también Cronus y Kronos, «tiempo»), es decir, por «Mil Años» literales, dentro del marco histórico terrenal (Ap. 20: 4, 6). Al terminar su reinado mundial y milenario, «cuando haya suprimido toda autoridad y potencia», Cristo entregará entonces el cetro de poder al Dios Padre (1Co. 15:24).

Cristo reinará la tierra renovada como el «Rey Davídico» prometido, pero antes aplastará sin misericordia a sus enemigos con la rapidez del rayo. No le será difícil hacerlo con el «resplandor de su venida que será en llama de fuego, con el espíritu destructor de su boca, con la espada letal que emergerá de ella». Herirá mortalmente a sus enemigos que pelearán contra él en el sitio del Armagédon (2 Ts. 1:8; 2:8; Ap. 16:16; 17:14; 19:15). «Los reyes de la tierra», comandados por su jefe «el Anticristo», no podrán detenerlo en su intento para evitar que gobierne universalmente (Sal. 2:2).
Dios estableció con el rey David un pacto incondicional en el que le promete una descendencia física o «casa», un reino o gobierno político, de carácter teocrático, un trono en el cual se habrá de reinar con poder y dignidad, por largura de días. Cristo, como el Hijo de David y de su linaje, que evidencia su exclusiva Humanidad, restaurará, conforme la promesa antiguo testamentaria (2 S. 7:12-16), el reino de David su padre en el futuro. «El Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre…» (Lc. 1: 32:33).

Cristo, el Hijo de Dios, arribará al mundo como «Guerrero Invencible, como «Rey de reyes y Señor de Señores» (Ap. 19:16) para tomar posesión de su glorioso trono y para juzgar el mundo con autoridad delegada por el Padre, como una Persona Humana, «por cuanto es el Hijo del Hombre» (Jn. 5:27).

La existencia de Cristo empieza con su «engendramiento» y no antes. Su nacimiento virginal y humano le daría a conocer más tarde como el Hijo de Dios genuino que se autoproclamó como «el Hijo del Hombre» (Mr. 1:1; Mt. 26:63-64; Lc.1:32. «Hijo de Hombre» aparece 82 veces en el Nuevo Testamento), no por «adopción», como los creyentes en él (Ef. 1:5). Las frases como: «En el principio era el verbo» (Jn. 1:1, la palabra), «Antes que Abraham fuese, yo soy» (Jn. 8:58), «…con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese» (Jn.17:5), subjetivamente hace notar el «ideal», el «propósito», la «finalidad», la «razón» que estaba en la mente de Dios y que procedió a materializarse después en la Persona Humana de Cristo y en su obra terrenal. Si lo entendemos de este modo correcto, Cristo es «la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos» (Tit.1:2), es «el Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo» (Ap. 13:8), el que «fue destinado desde antes de la fundación del mundo…» (1 P. 1:20). La doctrina de la “encarnación de Cristo”, es un veneno religioso ajeno a las enseñanzas bíblicas que se conjugó a partir del gnosticismo (el Cristo aeónico) y de la filosofía platónica.

La conducta de Cristo fue Humana, pero a diferencia de la natural y caída, fue inmaculadamente perfecta. Sus necesidades fueron como la de cualquier hombre de esta tierra. Cristo, como usted hermano y amigo miío, tuvo cansancio (Jn. 4:6), tuvo hambre (Mt. 4:2; 21: 18), tuvo sed (Jn. 19:28), durmió a causa del sueño (Mt.8:24), fue tentado al igual que los hombres del mundo (Heb. 2:18; 4:15). Únicamente los seres vivos, como los hombres sin excepción, incluyendo al Hijo de Dios, han podido experimentar tales cosas. Dios, por su naturaleza, lógicamente, no. ¿No dice la Biblia qué «Dios no puede ser tentado por el mal, ni tienta a nadie»? (Stg. 1:13). Si Cristo es Dios, ¿cómo, pues, pudo ser «tentado» entonces? (Mt.4:1). ¿No contradeciría esto la Palabra Santa? ¿Si a Dios «nadie lo ha visto jamás» (1 Jn. 4:12), cómo es posible qué Cristo «haya sido visto y palpado por lo hombres»? (Jn. 1:14; 1 Jn. 1:1-3). Otra cosas es que Cristo «haya dado a conocer al Padre» (Jn. 1:18), y otra que sea la «imagen del Dios invisible» y no «Dios» (Col. 1:15).

“El dios-hombre” es sin lugar a duda el “otro Jesús” de quien Pablo nos advierte en 1 Co. 11:4. Es absurdo conciliar a Cristo como “un ser conformado por dos naturalezas: una humana y otra divina”, doctrina que nació en el seno del catolicismo romano (dogma teo -antrópico, la kenosis) que “iatrogenizó” luego al “cristianismo protestante”. Sería catastrófico pensar que “un ser que es dios y hombre a la vez sea una persona humana en lo absoluto, o dios por completo”. Por otro lado, es lo bastante sensato admitir que tal concepto es tan sólo una monstruosa contradicción, una confusa y retorcida ambigüedad.

«El dios-hombre», el de los concilios católicos, es el resultado de las teologías místicas y abstractas de los “Primeros Padres de la Iglesia”, influenciados por filosofía griega antigua y con la cual encubrieron la verdadera Humanidad de Cristo, destrozando la esencia real del «monoteísmo hebreo» al equiparar al Hijo del Hombre con la Deidad.


miércoles, 5 de noviembre de 2008

¿QUÉ ES EL HOMBRE Y CUÁL ES SU DESTINO?---¡SÉPALO HOY!

¿QUÉ ES EL HOMBRE Y CUÁL ES SU DESTINO?---¡SÉPALO HOY!

El Propósito de Nuestra Existencia:

Desde que el hombre ha tenido uso de razón se ha preguntado cuál es el sentido de su existencia en este mundo. También ha filosofado de diferentes modos a fin de darle propósito a su vida. No obstante, muchas de estas ideas han sido contradictorias unas con otras y diametralmente opuestas y desconcertantes.

Sin embargo, la Biblia, la Palabra de Dios, sí nos dice qué somos, y hacia dónde vamos finalmente en esta vida. Es decir, la Biblia revela un propósito divino para nuestra existencia, y explica porqué el hombre muere finalmente. Sépalo usted hoy leyendo con atención y meditación este estudio de las Santas Escrituras.

El Hombre Tiene el Deseo de la Inmortalidad:

Todos los seres humanos quisiéramos vivir para siempre con salud y felicidad sin tener que asistir a los entierros de amigos y parientes queridos. La muerte es, definitivamente, el enemigo número uno del ser humano. Tal vez para otros la muerte es una necesidad cuando se está sufriendo de una grave dolencia incurable, pero aún así, nadie quisiera la muerte, sino la salud y la vida plena. Es por eso que Cristo recogió esta necesidad del hombre por la eternidad (ver Eclesiastés 3:11 que dice: “...y ha puesto eternidad en el corazón de los hombres”) , y vino a proclamar que él es el camino, la verdad y la vida eterna (Juan 14:6). Jesús vino a ofrecerle al hombre una vida abundante, gozosa, y eterna, si éste se decidiera por él y su causa (Juan 11:25).

Ningún Hombre posee la Inmortalidad:

La vida eterna abundante y feliz es un regalo muy tentador que nos impele a seguir a Cristo en todo momento de nuestras vidas. Sin esta oferta de Dios a través de Su Hijo, pocos estarían motivados a dejar los intereses mundanos y pasajeros. Dios es un Dios que remunera a sus siervos grandemente, y no que no escatima cuando se trata de premiar. Él quiso que el hombre viviera para siempre, y no que muriera por la enfermedad o la vejez. Él puso al hombre en la tierra para que viviera en ella para siempre. Los hizo del polvo de la tierra, y les sopló aliento de vida (‘Ruáj’ en Hebreo, ‘Pneuma’ en Griego) y Adán y Eva se convirtieron en (no dice que tuvieron) “almas(‘nephesh’) vivientes” (con la posibilidad de ser inmortales) (Génesis 2:7). Él hizo al hombre a Su imagen y semejanza... ¡y Dios no es mortal! Sí, Dios quiso que la primera pareja humana no muriera, pero Adán y Eva pecaron y su almas empezaron a morir (Génesis 2:17). Es claro que Adán y Eva, y su descendencia, no lograron su inmortalidad por la desobediencia. Su alma pudo ser inmortal, pero fracasaron---¡Trágicamente sus almas vinieron a ser mortales! (Ezequiel 18:4,20). Solicite gratis el artículo: “El Pecado---¿Qué es?”.

Sólo Dios tiene Inmortalidad Inherente:

Aunque muchos se sorprendan, sólo Dios el Padre tiene inmortalidad inherente. Todos los Cristianos, como Jesucristo, recibirán su inmortalidad en la resurrección del día postrero. Veamos lo que dice el apóstol Pablo al respecto:

1 Timoteo 6:16:

“El único que posee inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de
los hombres ha visto ni puede ver...”

Aquí Pablo está hablando de Dios el Padre, pues el Hijo sí fue visto. Pues bien, Pablo afirma que sólo Dios el Padre tiene inmortalidad, y nadie más. Ahora bien, ¿tiene Jesús inmortalidad? Sí, pero la ganó en su resurrección (Romanos 6:9). De modo que Jesús nunca tuvo una inmortalidad inherente y eterna, sólo Su Padre y Dios.

La Vida Eterna: El Futuro Regalo de Dios para los Justos:

Lo que la mayoría de cristianos no parece comprender es que la vida eterna es una promesa y una esperanza para el futuro (Romanos 6:23). Esta la recibirán sólo los que son hijos de Dios, los adoptados, los renacidos, los bautizados, los fieles, y santos. Veamos los pasajes que nos llevan a esta conclusión:

Mateo 25:46:

“E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”.

Marcos 10:30:

“...y en el siglo venidero la vida eterna”.

Romanos 2:6,7:

“El cual pagará a cada uno conforme a sus obras: Vida eterna a los que, perseverando
el bien hacer, buscan gloria, honra, e inmortalidad”.

1 Timoteo 6:12:

“Pelea la buena de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual fuiste llamado”.

Romanos 6:22:

“...y como fin , la vida eterna”.

Gálatas 6:8:

“...del Espíritu segará vida eterna”.

Tito 1:2:

“En la esperanza de la vida eterna”.

Judas 21:

“Conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro
Señor Jesucristo para vida eterna”.

1 Juan 2:25:

“Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna”.

Hechos 13:46:

“...y no os juzgáis dignos de la vida eterna”.

1 Corintios 15:53:

“...Es necesario que esto mortal se vista de inmortalidad”.

El Infierno como Sepulcro o Tumba:

¿Habla la Biblia del infierno? ¡Sí! Pero no en la misma forma como lo presentó Dante en su “Divina Comedia”. El infierno viene de la voz latina “Infer” (= ‘debajo de’), y del Griego “Hades” y del Hebreo “Seol”. En el Antiguo Testamento Hebreo, la palabra ‘Seol’ aparece como el lugar de los muertos, o el sitio donde descienden los que fallecen. Igual sentido tiene su equivalente “Hades” en el Nuevo Testamento Griego. Se sabe que Hades y Seol son equivalentes comparando Hechos 2:27,31 y el Salmo 16:10. Estos dos textos se relacionan con la muerte y sepultura de nuestro Señor Jesucristo, quien fue al Hades (sepulcro) después de morir por tres días. En Oseas 13:14 hay una definición de Seol relacionado con la muerte y el sepulcro. En el Salmo 31:17 el Seol tiene relación con el silencio de los muertos en sus sepulcros. En 1 Samuel 2:6 la muerte está relacionada con la bajada al seol, y la vida con la subida del seol.

Tanto justos como injustos van al infierno al morir. En Isaías 53:9 se dice que se dispuso la tumba de Jesús con los impíos, y también se dice que el fiel Jacob descendió al infierno (tumba, heb. seol), por causa de José, su hijo (Génesis 37:35).

La tradición cristiana dice que Cristo descendió al infierno (Hades), y de allí salió su alma (= ‘Psyché’) resucitada, la cual no vio corrupción. Pero la religión Católica empezó a propagar la doctrina de un infierno en donde sólo las almas impuras “desencarnadas” serían condenadas por la eternidad con tormentos interminables o eternos. No obstante, Jesús enseñó otra cosa muy diferente.

La Simbología del Gehenna:

Pero algunos dirán: ¿No habla Jesús de un “infierno(‘Gehenna’) de fuego” en Mateo 5:22 donde “el gusano de los pecadores no muere?”(¿gusanos mortales?) (Marcos 9:44)? La respuesta es Sí. Jesús usó la palabra ‘Gehenna’ en varias ocasiones como en Mateo 5:22. Este ‘Gehenna’ es otra palabra en arameo que se ha traducido por infierno en el Nuevo Testamento aparte de ‘Hades’. No obstante, esta palabra erradamente ha sido vertida por infierno. Se la debió dejar tal como está escrita (‘Gehenna’), sin traducirla caprichosamente. No obstante, son pocos los que entienden la figura simbólica del “Gehenna de fuego” que viene del hebreo Ge-ben-Hinom, lugar localizado a las afueras de Jerusalén (Josué 5:8). El “Gehenna de Fuego” era un lugar en donde se arrojaban los cadáveres de delincuentes y asesinos ejecutados o asesinados en Jerusalén. Estos eran consumidos por las llamas a fin de hacerlos desaparecer y como una medida profiláctica. Así, Jesús usó como ejemplo un hecho real o histórico para simbolizar la severidad (aspecto cualitativo) del castigo de los impíos incorregibles. No obstante, esto no quiere significar necesariamente que los pecadores van a ser atormentados eternamente, literalmente hablando.

Significado de la palabra “Eterno” en la Biblia:

Jesús usó las frase “castigo eterno” (no, ‘castigamiento eterno’), y también: “fuego eterno”, “juicio eterno” (no, ‘enjuiciamiento eterno’), “perdición eterna”. Y en Judas 7 se dice que Sodoma y Gomorra (dos ciudades impías cerca al mar muerto) están “sufriendo el castigo del fuego eterno”. Obviamente Sodoma y Gomorra fueron castigadas por fuego del cielo, pero ahora ya no existen, ni quedan rastros de ellas. Pero adviértase que ambas están sufriendo (un hecho que continúa) el castigo del “fuego eterno”. ¿Cómo se explica este “fuego eterno” si ya se apagó hace miles de años atrás?

Sí, el “fuego eterno” no significa necesariamente que será cuantitativamente sin fin, pues como vimos, Sodoma y Gomorra están sufriendo el “fuego eterno” de manera cualitativa, y no debe tomarse literalmente. Las ciudades fueron destruidas por el fuego y desaparecieron por completo. Nadie puede revertir ese castigo, ni volverán nuevamente a la existencia esas mismas en la tierra, aunque sí muchas semejantes a ellas en otras partes del mundo. Algo similar encontramos en Jeremías 17:27 donde Dios sentencia a Jerusalén “al fuego que no se apagará” debido al pecado de su pueblo. Pero Dios no estaba hablando literalmente, pues Jerusalén será la capital el futuro reino de Dios nuevamente (Isaías 2:2-4; Salmo 48:2). También leer el caso de Edom en Isaías 34:9-15. En el verso 10 que “su fuego no se apagará ni de día ni de noche”. No obstante, el hecho de que allí sólo habitarán animales y aves (versos 11y 13-15) en medio de sus ruinas, prueba que el lenguaje usado en el verso 10 es simbólico, indicando la severidad del castigo de Dios.

Regresemos al “castigo eterno” de Mateo 25:46. Aquí Jesús habla de un “castigo eterno” y no de un “castigamiento eterno”. El sentido de estas dos frases no son iguales. Jesús no dice que Dios estará castigando a los malos todos los días y por la eternidad. Lo que dice es que el castigo, el único castigo de Dios, será eterno, invariable, inmutable. Su sentencia no variará. El reo no saldrá libre, y no será perdonado. Su pena será eterna, y nadie la mudará. El reo será castigado con la pena capital, es decir, la pena de muerte---¡muerte eterna!. Estará muerto para siempre sin posibilidad de volver a existir.

Algo semejante ocurre con la frase “vida eterna” usada por Jesús en Juan 17:3. ¿Acaso Dios nos ofrece darnos todos los días la vida eterna y por toda la eternidad? Es decir, ¿cada día nos otorgará la vida eterna, y no parará nunca? O ¿es más bien que nos dará la inmortalidad una sola vez en la resurrección, para luego nunca más morir? (Ver 1 Corintios 15:53). La respuesta es que una vez que recibamos nuestra glorificación e inmortalización, los resultados de esa inmortalización serán eternos, inmutables, o invariables.

La Biblia habla también de la “redención eterna” en Hebreos 9:12. ¿Qué se entiende por “redención eterna”?¿Acaso que seremos redimidos por Cristo en la cruz todos los días y por la eternidad? ¡Ello implicaría que Cristo tendría que estar muriendo en la cruz todos los días y por la eternidad! ¿Será eso posible? No, pues Cristo murió una sola vez y para siempre (Hebreos 9:24-26). Concluimos entonces que la “redención eterna” implica que la única redención que hizo Jesús en el Gólgota tiene efectos eternos o para siempre. También existe la frase “salvación eterna” en Hebreos 5:9. Pero esta salvación no se hace todos los días y por la eternidad. Lo que en verdad significa es que los efectos o resultados de la salvación son eternos. Una vez que alcancemos la salvación en el reino, nadie nos la quitará o arrebatará. Una vez salvos dentro del reino, siempre seremos salvos, por la eternidad.

Está claro que la palabra “eterno” no siempre está relacionado con lo cuantitativo, sino también con lo cualitativo. Así, el “reino eterno” de Cristo en 2 Pedro 1:11, durará en verdad mil años, según Apocalipsis 20:5. Aquí hay un “reino eterno de mil años”---¿Extraño no?¿Cómo se explica esto? Creo que la idea es que el reino de Cristo será cualitativamente “eterno”, pues por ser tan bueno, justo, y pacífico, éste se prolongará por diez siglos como ningún otro reino o gobierno lo ha logrado.

Dios es Fuego Consumidor:

Contrario a lo que muchos cristianos creen, el fuego con que Dios castigará a los impíos o incorregibles, ¡consume!. Dice Hebreos 12:29: “Porque nuestro Dios es fuego consumidor”. Si esto es verdad, y no hay porqué dudarlo, los proponentes de un castigo por “fuego eterno” que no se apaga, y no consume, están en serios problemas. Si el infierno es un lugar literalmente de fuego que no se apaga, y que no destruye, sino que atormenta, ¿cómo explicar Hebreos 12:29? ¿Y cómo explicar Hebreos 10:27 que dice: “Sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios”? Aquí se habla que el fuego de Dios devorará (no atormentará eternamente) a los adversarios de Dios. Esto quiere decir que Dios consumirá y destruirá a sus enemigos para siempre, y dejarán de ser o existir. Por eso leemos en Isaías 33:14: “...¿Quién de nosotros morará con el fuego consumidor?¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas?”. Aquí Dios es fuego eterno consumidor. Es decir, el fuego de Dios es eterno, pero no lo que consume.

Los Impíos e Incorregibles serán Destruidos Para Siempre:

El cristianismo tradicional ha sostenido que los pecadores irán al castigo del infierno para ser atormentados en el fuego por la eternidad. Según esta hipótesis, los que no se arrepientan serán atormentados con sus almas inmortales en el infierno por los siglos de los siglos. Pero esta teoría tiene sus defectos y contradicciones. Uno de ellos es el siguiente: Si la inmortalidad es un regalo o dádiva de Dios sólo para los “buenos”, según Romanos 6:23, entonces los que no son fieles a Cristo y a Su Padre no recibirán la vida inmortal como premio, sino lo contrario, lo opuesto. ¿Cómo, entonces, podrían los malos ser atormentados por la eternidad si no van a recibir la vida inmortal? He aquí una encrucijada, y un callejón sin salida.

La teoría del alma inmortal inherente en todos los hombres es de origen pagano. Platón, el filósofo Griego, sostenía que el hombre tenía un alma inmortal inherente que trascendía a la muerte física. Esta creencia, a su vez, la sostuvieron los egipcios, los aztecas, mayas, incas, etc. Todas éstas eran culturas paganas panteístas y politeístas.

Como hemos visto al inicio de este estudio, Dios hizo a la primera pareja humana “almas (‘nephesh’) vivientes”. No dice que Adán y Eva “vinieron a tener almas vivientes inmortales”, sino más bien, que “vinieron a ser almas vivientes” (Génesis 2:7 Versión Moderna---sin inmortalidad). Incluso los animales son “almas o seres (‘nephesh’) vivientes” (Génesis 1:20,21). No obstante, Adán y Eva desobedecieron, y como castigo fueron condenados o sentenciados con la muerte. Sus almas vivientes morirían---Serían mortales (Leer Ezequiel 18:4,20). De modo que no encontramos que Dios les haya dado inmortalidad inherente a los hombres, sino sólo el deseo y la posibilidad de tener inmortalidad (Eclesiastés 3:11).

Pero regresemos a los impíos nuevamente, ¿cómo serán castigados? ¡Con la aniquilación total!. ¡Ellos dejarán de existir! Veamos sólo tres textos bíblicos que prueban lo que decimos:

Salmos 37:9,20,22,34,38:

“Porque los malignos serán destruidos...perecerán...como la grasa de los carneros serán
consumidos; se disiparán como el humo...y los malditos de él serán destruidos...cuando
sean destruidos los pecadores, lo verás...mas los transgresores serán todos una destrui-
dos”.

Proverbios 12:7:

“Dios trastornará a los impíos, y no serán más”.

2 Pedro 2:1:

“...y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción
repentina”.

¿Qué Ocurre Cuando Morimos?:

¿Siguen vivos los muertos? Esta es una pregunta que deja perplejos a muchos. Sin embargo, ya hemos visto que el hombre no tiene inmortalidad inherente, por tanto los muertos no pueden estar vivos en otra dimensión. El espiritismo nos ha hecho creer esta falacia de la supervivencia de los muertos en una esfera espiritual. Y es que hay un hecho concreto en la Biblia: “Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio” (Eclesiastés 12:7). La materia o la carne regresa al polvo con la muerte, y el espíritu del hombre (justo o injusto) regresa a Dios quien lo dio. Esto es justamente lo inverso a lo ocurrido en Génesis 2:7. Así finaliza la existencia humana. No hay espíritus de difuntos vagando por allí y asustándonos con sus apariciones nocturnas. Todos los espíritus (Gr. Pneuma, Heb. Ruáj= vida) regresan a la fuente, que es Dios mismo. Pero estos espíritus no son el “yo” (‘Ego’ o la personalidad) de las personas muertas, pues si este fuere el caso, Dios estaría tolerando ante su santa presencia celestial a las personalidades más impías como Nimrod, Hitler, Calígula, Nerón, Herodes, etc., y esto no es posible en un Dios Santo. En Proverbios 15:29 leemos: “Jehová está lejos de los impíos...” lo cual refuerza lo que sostenemos, es decir, que los espíritus no son los “Egos” o las personalidades de los muertos. ¡Dios no tolera cerca de él a los pecadores! El espíritu, por tanto, es sinónimo de VIDA. Esta vida viene de Dios, pues él la sopló en el primer hombre hecho de barro de la tierra. Cuando el hombre pierde el espíritu, pierde su vida y muere. Su destino es en el polvo de la tierra.

Los Muertos están Inconscientes o Durmiendo:

No es de extrañarse de que Jesús hable de la muerte como un sueño profundísimo. Recordemos la historia del amigo de Jesús, Lázaro. Este hombre había muerto estando ausente Jesús. Al llegar a la casa de Lázaro, Marta, la hermana, le increpa a Jesús por haber estado ausente cuando Lázaro agonizaba, y no haber podido salvarlo de su destino fatal. En esa oportunidad Jesús había dicho que “Lázaro duerme”, y que iba a “despertarlo” (Juan 11:11), y además le dice a Marta que su hermano resucitará (Juan 11:23). ¡Y así lo hizo Jesús con Lázaro!

Es curioso que si en verdad los justos parten al cielo para estar con Dios en ocasión de la muerte, Jesús no la haya consolado a Marta diciéndole algo así como: “Mira Marta, no estés desconsolada, Lázaro está con Dios en el cielo gozando de todas las bienaventuranzas. Por fin ya no estará sufriendo en este mundo de lágrimas, de dolor y de pecado”.Pero no la consoló de este modo, pues bien sabía Jesús que nadie subía al cielo al morir (Juan 3:13; Hechos 2:34). Por otro lado, cuán alegre y cuán triste se habrá sentido Lázaro al volver a la tierra después de haber estado gozando---supuestamente--- de la gloria celestial con Dios, los ángeles, y los demás santos difuntos. Pero en la Biblia no hay ningún informe de que Lázaro haya revelado su “grata y hermosa experiencia post-mortem”, la cual hubiera sido digna de contar y de escribir para las sucesivas generaciones de creyentes. O, ¿Es que nunca la tuvo?

Veamos otros textos en donde se habla de la muerte como un sueño:

Lucas 8:52: “...no lloréis, no está muerta, sino que duerme”.

1 Corintios 11:30: “Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos
duermen”.

1 Corintios 15:20: “Primicias de los que durmieron es hecho...”

1 Corintios 15:51: “...no todos dormiremos”.

1 Tesalonicenses 4:13: “no ignoréis acerca de los que duermen...”

La Esperanza de la Resurrección:

Jesucristo vino a darnos esperanza de volver a la vida en la resurrección, pues el mismo dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mi, aunque esté muerto, vivirá”. (Juan 11:25). Y también él dijo: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros (no en el cielo) oirán su voz; y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida...” (Juan 5:28,29). Pues bien, aquí tenemos un hecho innegable: ¡Los muertos no están vivos! En realidad tendrán la vida cuando, y sólo cuando, resuciten de sus tumbas. Nótese que dice “resurrección de vida” y no: “resurrección para seguir viviendo”. Es claro que los muertos tendrán vida cuando el espíritu de Dios regrese a sus cuerpos polvorientos. Esta verdad se deja ver en Ezequiel 37:5 que dice: “Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis”. Nuevamente ese espíritu que regresó a Dios en ocasión de la muerte, nuevamente regresará al difunto y vivirá.

La enseñanza católica de que los muertos cristianos están vivos en el cielo con sus almas inmortales es totalmente ajena a la Biblia. Y es que si ya están ahora los difuntos cristianos en la “gloria celestial”, disfrutando de todas las bienaventuranzas divinas, ¿cuál sería la razón de su resurrección en la tierra? Además, si los justos ya están recompensados en el cielo, y los malos en el infierno, ¿para qué serían sus resurrecciones? Pues bien, la Biblia sí contesta para qué seremos resucitados. En 1 Tesalonicenses 4:16,17 Pablo enseña: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta d Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero...para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”. Y además dice Jesús a Juan: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”. (Apocalipsis 22:12). Entonces seremos resucitados para recibir a Jesús quien trae nuestras recompensas en función a nuestras obras. Nótese, además, que no es Jesús quien nos recibe a nosotros, sino nosotros a él. Claramente entonces los cristianos serán premiados sólo cuando Cristo regrese y no antes de ese magno evento. Los que dicen que los difuntos buenos serán recompensados en la hora de su muerte, y no en la hora de su resurrección, están muy errados y desconocen lo que Cristo enseñó.

Pero ¿qué pasará cuando resucitemos?¿Tendremos este mismo cuerpo envejecido, y con taras? Pues, no. La Biblia enseña que los muertos serán transformados en seres o almas inmortales. Tome nota lo dicho por Pablo en 1 Corintios 15:52,53: “En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros (los vivos) seremos transformados. Porque es necesario... que esto mortal se vista de inmortalidad”. Entonces es claro que nadie hoy tiene algo inmortal, salvo el espíritu de Dios en él. Pero ese espíritu inmortal es de Dios, y como vimos, no tiene conciencia, o personalidad. Sólo seremos realmente inmortales cuando nuestro cuerpo sea transformado en incorruptibilidad.

El fiel Job no pensó como piensan los teólogos católicos. Él creyó que volvería a ver a Dios en su carne, y no en su supuesta alma inmortal inherente. He aquí lo dicho por Job: “Yo se que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha mi piel, en mi carne (no en su supuesta alma inmortal inherente) he de ver a Dios, al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro...” (Job 19:25-27). Y a Daniel el profeta, Dios le dice: “Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad en el fin de los días”. (Daniel 12:13). Nótese que Daniel no sería recompensado “en el fin de sus días”, sino más bien, “en el fin de los días”--- que es muy diferente.

Conclusión:

La inmortalidad será un premio de Dios para los justos y fieles en Dios y en Su Hijo Jesucristo (Mateo 25:6). Los pecadores no tendrán dicha inmortalidad, y como consecuencia, no serán atormentados en un supuesto infierno de fuego por toda la eternidad. Si no reciben la inmortalidad, ¿cómo esperar que sean atormentados por la eternidad? Los católicos, y la gran mayoría de protestantes, siguen enseñando que los malos también recibirán la inmortalidad en el infierno, y esto es antiescritural.

El asunto es simple: Si los muertos en Cristo ya están en la gloria; y los malos, en el infierno, ¿para qué creer y enseñar la segunda venida de Cristo y la resurrección de todos los muertos? Y Si los justos serán recompensados cuando Cristo vuelva, pregunto: ¿qué están haciendo éstos en el cielo, suponiendo que estén ahora allá después de haber muerto? Y si están en el cielo, ¿para que Cristo los bajará a la tierra nuevamente?¿Qué harán acá? ¿O acaso los bajará del cielo para resucitarlos, y luego los volverá a llevar al cielo de donde vinieron?¿Tiene sentido eso?

¿Puede un Dios de amor atormentar para siempre a los pecadores en un infierno de fuego literal?¿Es ese Su sentir y voluntad?¿Podría Dios estar feliz Dios oyendo los lamentos, los crujidos, y los llantos de los pecadores en el infierno por una eternidad? Esto Dios no lo podría evitar por ser Él omnipresente y omnisapiente. Él mismo tendría que ver y oír eternamente los gritos desenfrenados de los atormentados en el infierno, los cuales, obviamente no serían nada gratos para un Dios de amor. Pero la verdad es otra, ya que leemos en Apocalipsis 21:3: “...y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron”.

La Biblia habla de que los pecadores incorregibles serán destruidos y dejarán de ser o existir. Y es que contrario a la teología tradicional de un tormento eterno, el fuego de Dios consume, como el fuego de la vela la consume hasta apagarse. Esta enseñanza tiene más fundamento bíblico, y es más razonable. Realmente se ajusta al carácter de Dios, pues un tormento eterno de los malos implica una ira eterna de Dios, lo cual nos parece ilógico en Él. La ira de Dios durará sólo hasta que la memoria de los pecadores sea cortada de la tierra (Salmos 34:16).

El “castigo eterno” no es “castigamiento eterno”. En realidad es un solo castigo que durará para siempre. Cualitativamente hablando, es un castigo severo, radical, irrevocable. Igual ocurre con el “fuego eterno”. No es cuantitativamente sino cualitativamente “eterno”. Por ejemplo: Sodoma y Gomorra ya no existen, han desaparecido por fuego. Pero siguen sufriendo el “fuego eterno”, cualitativamente hablando, indicando la severidad de Dios, la firmeza de su castigo, y su inmutabilidad.

La doctrina del Purgatorio es igualmente antibíblica, y por tanto, falsa. Es falsa porque implicaría que hay almas humanas inmortales atormentándose en un lugar intermedio de donde se puede salir por las misas católicas. Ya hemos visto que ningún hombre tiene inmortalidad, o un alma inmortal inherente.

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LA VERDAD DE LA PANDEMIA