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jueves, 10 de diciembre de 2009

SOBRE LA POLÉMICA RESURRECCIÓN DE CRISTO



La fe cristiana se fundamenta en un hecho sobrenatural que es la resurrección de Jesucristo. Pablo afirma que "si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados" (1 Corintios 15, 17; La Biblia). Ante un planteamiento tan contundente no se pueden mantener posiciones tibias, pues tal y como argumenta el escritor C.S. Lewis: "Jesús, o bien fue un mentiroso, un loco o era quien decía ser: el Hijo de Dios; no existe una cuarta opción". Esta autoproclamación de Jesús sacude la endeble consistencia de la manida idea de considerarse "creyente, pero no practicante". Eso no es ser cristiano, pues Jesús se presenta a sí mismo como quien viene a cambiar el interior de las vidas de forma radical, sin medias tintas. Nada que ver con las inercias religiosas, sociales o transitorias que no terminan de llenarnos. Además, la propia Escritura afirma que "también los demonios creen, y tiemblan" (Santiago 2, 19). Por lo tanto, aceptarle como lo que Jesús decía ser y el enviado para pagar nuestra culpa que conlleva una conversión definitiva de nuestro estilo de vida, un cambio completo de los motores que hasta ese momento nos hacían movernos por la vida.
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No son pocos quienes se han acercado a la investigación histórica para tratar de desmontar los posibles indicios de la resurrección corporal de Jesucristo. La ciencia como tal no tiene aquí ninguna respuesta, pues la resurrección es un suceso único e irrepetible que se origina en la decisión unilateral del propio Creador de las leyes físicas. Por decirlo así, afirmar que Jesús resucitó hace dos mil años o que no lo hizo, no es algo a lo que pueda respondernos la ciencia. Muchos son quienes tratan de argumentar los porqués de su escepticismo respecto a la resurrección de Jesús. Pero hay quienes sólo han escuchado algunos de estos supuestos argumentos en contra de la resurrección de Cristo, por lo que no está de más que recordemos que existen personas que han decidido realizar estudios históricos para exponer los argumentos "contra la resurrección" y que han acabado ¡convirtiéndose a Cristo y reconociendo su resurrección!
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Por tanto, para buscar un equilibrio necesario es interesante anotar someramente algunos datos favorables al hecho de la resurrección de Jesucristo. En este caso, apuntamos algunas pinceladas al respecto extraídas de los escritos del Nuevo Testamento, recordando que estos libros de la segunda parte de la Biblia son cartas que los primeros cristianos se enviaban entre ellos, pues, en contra de la imagen de "tratado universal" que algunas instituciones han dado al Nuevo Testamento, no podemos ignorar que hablamos de correspondencia remitida entre miembros de un movimiento clandestino y perseguido por el Imperio Romano. Considerando que es importante hacer esta aclaración, exponemos ahora algún punto de reflexión acerca de la realidad de la resurrección de Cristo como hecho histórico:
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¿Jesús no terminó de morir en la cruz? Una tumba sellada no favorece demasiado que un moribundo pueda escapar de ella. Si la tumba no hubiese estado vacía (pensando en que nadie salió de ella), a las autoridades romanas y judías sólo les hubiese bastado con enseñar el cuerpo de Cristo a la multitud para acallar a quienes decían que le había visto resucitado. Pero los romanos no lo hicieron. Y si los discípulos robaron el cuerpo de Cristo, ¿cómo se explica que éstos estuviesen dispuestos a ser torturados y morir por un cuento sin sentido que ellos, supuestamente, se habían inventado? Si nadie hubiese visto a Cristo resucitado ni ascender a los cielos, ¿por qué vemos en el Nuevo Testamento que entre los primeros cristianos no trataban de convencerse fervorosamente de la resurrección? Lo curioso es que en lugar de esto, más bien se intercambian expresiones del tipo "a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado" (Gálatas 3, 1). Fijémonos en que si varios de los receptores de las cartas no hubieran sido testigos oculares de la resurrección, estas referencias no tendrían sentido y hubieran perdido todo su crédito.
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Cuando Jesús es apresado y crucificado, casi todos sus seguidores huyen y se esconden, abandonándolo en una reacción cobarde aunque comprensible. Sólo un encuentro con una sorprendente resurrección de Cristo parece alimentar con fuerza a unas personas a quienes la experiencia vivida les hace impregnarse de nuevas energías ¿Morirían éstos mártires por una mentira creada por ellos? Tratándose de un movimiento pacifista y sin pretensiones políticas, ¿qué beneficio obtenían con todo esto en el caso de que su experiencia no fuese real?, Si Cristo no resucitó, ¿qué hizo que los discípulos pasaran de un estado de cobardía a ser leales a Cristo frente a los leones del circo romano? ¿Qué les hizo cambiar su miedo en lucha, fe y entusiasmo?
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Los criterios psicológicos son también interesantes. Si Cristo no fuese el Hijo de Dios, la coherencia de su mensaje, la revolución de la justicia que el predicada, el perdón que trajo, el poder del amor desprendido de sus hechos y palabras, y todo el influjo tan sanador que su persona ha tenido a lo largo de la historia no encajaría muy bien con la posibilidad de que Él fuera un tarado mental o un engañador. Aunque hemos citado sólo algunas píldoras muy pequeñas de un asunto amplio, no olvidemos que, en el fondo, creer o no creer en la resurrección (aunque esta creencia tenga base histórica) es, a fin de cuentas, un acto de fe y de decisión firme ante el reto que nos presenta a cada uno de nosotros el Jesús en los evangelios. Te invitamos a que confrontes la posibilidad de la resurrección de Jesús con preguntas como las siguientes: ¿Lo que dice Jesús tiene fundamento para mi vida vida? ¿Es Cristo el camino y la fuente de vida eterna? ¿Ha venido para pagar mis deudas? ¿Puedo verme como liberado si decido seguirle y entregarle mi vida? ¿Es la fe cristiana una relación personal con el Jesús resucitado de los evangelios y no lo que, a veces, tanto se dice de él en el ámbito religioso y represor? Millones de personas pueden esgrimir argumentos para no creer en la resurrección, pero muchos otros hemos decidido aceptarla como un hecho válido para nuestras vidas, confirmando y dando testimonio en el día a día acerca de aquella resurrección que hoy es transformación real, radical y pragmática. Vidas rehechas, llenas de esperanza y amor que dan cuenta hoy de los poderosos efectos actuales de esa resurrección.
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© Por Delirante.org

lunes, 19 de octubre de 2009

EL PRETERISMO Y LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS



Es curioso que la escatología realizada de Corinto haya re-emergido en preterismo. La negación antigua de la resurrección del cuerpo puede haber sido fundamentada en la filosofía griega, pero fue una negación de la esencia del evangelio (1Cor.15). En 1Cor.15 Pablo explica algo del cuerpo de la resurrección, que será a la vez diferente y todavía semejante con este cuerpo (vv.35-50). Y lo que sean esas diferencias, el cuerpo enterrado es el cuerpo resucitado (vv.42-44). Tan importante es esto que Pablo sostiene la verdad del Evangelio en este asunto (vv.12ff). Si Jesús no experimentó la resurrección del cuerpo, entonces no queda nada para predicar, y no tenemos ninguna esperanza. Pero, por supuesto, “Cristo ha resucitado de los muertos, y se ha convertido en las primicias de los que se han dormido” (v. 20). No permaneció en la tumba, ni tampoco nosotros permaneceremos en ella.
Esto, por supuesto, era un punto de controversia entre los fariseos y los saduceos. Los fariseos afirmaron la resurrección, los saduceos la negaban. Pablo a veces se posicionó con los fariseos en esta materia (Hechos 23:6-8), demostrando así su propia creencia en la resurrección física. Pero más que aceptar que una resurrección física del cuerpo estaba por venir, audazmente anunció que en Jesús ya había tenido lugar (Hechos 4:1-2). Jesús resucitó, y no en un sentido meramente espiritual; Su tumba quedó vacía. Y por esta predicación se burlaron de él los griegos de su época (Hechos 17:32), pero no se amilanó, continuó, tanto enseñando y esforzándose por ser parte de esa clase de “resurrección de los muertos” (ten exanastasin diez ek nekron, Fil.3: 11). Su esperanza era ser parte de esa resurrección de los justos “del polvo de la tierra” (Dan.12: 2).
Denegaciones Preteristas de la resurrección corporal son tan antiguas como el error de Corinto, pero no son más válidos hoy que entonces. Afirmar que vivimos en la resurrección hoy es, de nuevo, tomar una simple parte por el todo. En la resurrección, no hay matrimonio (Luc.20:35). Las relaciones familiares como las que conocemos hoy será entonces algo muy distinto, verdaderamente difícil de conciliar con la idea de la resurrección del preterismo presente. Hacer que la esperanza de Pablo de la resurrección sea puramente espiritual hace que sus palabras y gran parte de sus persecuciones (por ejemplo, Hechos 4:1-2, 23:6) carezcan de sentido. Peor aún, hace de él un mentiroso (1Cor.15: 15).
“Pero rechazar profanas pláticas sobre cosas vanas, ya que aumentarán a más impiedad. Y su mensaje se extenderá como un cáncer. Himeneo y Fileto son de este tipo, que se han desviado de la verdad, diciendo que la resurrección ya ha pasado, y ellos derrumban la fe de algunos” (2Tim. 2:16-18). En opinión de Pablo, esta doctrina preterista es particularmente peligrosa.

EL PRETERISMO Y LA SEGUNDA VENIDA


El Preterismo falla en este asunto de la Segunda Venida de Cristo ya que sostiene que la esperanza del retorno de Cristo también fue cumplido en el año 70. Para demostrarlo, los preteristas afirman que la destrucción de Jerusalén era esa ”venida” de Cristo en un juicio previsto. Pero suponer que esa venida era el fiel cumplimiento de la predicción:”este mismo Jesús vendrá otra vez de la misma manera como le habéis visto ir al cielo” es extremadamente difícil de concebir (Hechos 1:11). De hecho, si lo fuera, las palabras parecerían haber perdido todo sentido. Las promesas “lo veremos tal como él es” y seremos “como él es” (1Jn.3: 2) parecen inducir a error si en el año 70 dC se cumplieron. También las promesas: “Todo ojo le verá” (Rev.1: 7)en su próximo retorno “en gran gloria sobre las nubes del cielo” (Mat.24:30) en compañía de todos sus santos ángeles (1Tes.4:16f; Apo.19:11 ss) y anunciado por los ángeles (1Tes.4:16) en un evento tan espectacular que no puede perderse (Mat.24 :26-27) y “venir otra vez para tomarlos conmigo, para que donde yo estoy allí estéis también vosotros (Jn 14, 3) muy naturalmente nos llevan a esperar un regreso personal y visible, ya que, tradicionalmente, fue entendido así unánimemente por los santos en toda la era de la iglesia. De hecho, escuchar el argumento preterista de que “Cristo realmente ha venido en el año 70″, nos recuerda a uno de aquellos a quienes Jesús advirtió (Mat.24:26-27) (parafraseando) “si tienen que decirte que yo he venido, estén seguros de que no es así. Al igual que el relámpago, ustedes no serán capaces de perdérselo”. “Aquellos que tratan de convencernos de que Cristo ha venido, anuncian por esa misma acción de que son falsos maestros.

Hay mucho lo que hace que la posición preterista sea difícil de creer. Decir que la venida en juicio en el 70 DC agota la esperanza bienaventurada, destruye la analogía de la primera venida, se echa a perder el patrón general del cumplimiento profético, que convierte las palabras sencillas de Jesús y sus apóstoles en misteriosas y etéreas, y que claramente entran dentro de la negación de nuestro Señor en Mat.24 :26-27.

viernes, 29 de mayo de 2009

LA RESURRECCIÓN DE CRISTO Y LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ


La Resurreción de Jesucristo

Las citas de publicaciones de la Atalaya, e incluso de su Traducción del Nuevo Mundo.

La edición de Julio 1, 1998 de la Atalaya dice, “la creencia en la resurrección (no) es opcional.” Muy cierto. Pablo dice en 1 Coríntios 15 que si Cristo no fue levantado nuestra fe es inútil y todavía estamos en nuestros pecados (v 17).

En la página 20 la Atalaya dice, “Jesucristo…murió y fue resucitado como un espíritu.” Y en la página 14 ellos dicen, “Jesucristo no fue levantado como humano.”
Hasta los niños en la organización La Atalaya son enseñados esta doctrina. Mi libro de Historias Bíblicas, p. 103, dice, “Sabes lo que le sucedió al cuerpo de Jesús? Dios causó que se desapareciera. Dios no lo levantó a vida en el cuerpo carnal en el cual murió. Él le dió a Jesús un nuevo cuerpo espiritual, como tienen los ángeles en el cielo. Pero para demonstrarles a sus discípulos que el está vivo Jesús puede tomar un cuerpo que las personas puedan ver…”

Muchos “estudiantes”(gente siendo indoctrinadas por los Testigos antes de su bautizo) no toman en cuenta cuan diferente sus enseñanzas son al Cristianismo histórico, o porque ellos no están familiarizados con el tema o porque es tratado muy brevemente. Qué es lo que enseña la Biblia?

Juan 2:18-22 “Y los Judíos respondieron y le dijeron: Qué señal nos muestras, ya que haces esto? (El había acabado de echar fuera del templo a los cambistas de monedas y los Judíos están desafiando su autoridad.) Respondió Jesús y les dijo: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.” Dijeron luego los Judíos: “En cuarenta y seis años fue edificado este templo, Y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho ésto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.”

Ellos creyeron que él había levantado su cuerpo tal como había profetizado! La palabra Griega para “cuerpo” es “soma” y aquí significa un cuerpo de carne y hueso. Este pasaje, Juan 2:18-22 es claro, y es indescutible. No fue la muerte y resurrección de Jesús que predicaban los apóstoles a través del libro de los Hechos?

Jesús tomó grandes medidas después de su resurrección para demostrarle a sus discípulos sorprendidos que él tenía un cuerpo humano y que fue su propio cuerpo Escucha cuidadosamente:

Lucas 24:36-43 “Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: “Paz a vosotros.” Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu (la Nueva Traducción de la Atalaya dice “espíritu,”exactamente lo que la Atalaya dice que de la misma manera Jesús fue levantado!) Él les dijo, “Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.” Y entonces él comió un pedazo de pescado asado en su presencia, para demostrar que había sido levantado en su cuerpo.

Juan 20:27-29 “Luego dijo a Tomás: ‘Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.’ Entonces Tomás respondió y le dijo: ‘Señor mío, y Dios mío!’ Jesús le dijo: ‘Porque me has visto Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.’”
Crees tú? Si crees, eres “bendecido”, dijo Jesús.

La organizació Atalaya discute que éste no pudo haber sido el cuerpo de Jesús ya que los dos que iban camino a Emaús en Lucas 24 no podían reconocer el cuerpo. Pero el versículo 16 dice específicamente, “Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen.”; (ésta explicación es referida 3 veces en el texto). Crees que la organización Atalaya no lo sabe? La organización Atalaya rehusa creer en la resurrección corporal de Jesucristo y debido a eso su fe es inútil y todavía están en sus pecados.

La organización Atalaya también discute que no podía ser el mismo cuerpo porque María no lo reconoció (Juan 20). Pero una cuidadoso lectura revela que fue oscuro, ella estaba llorando, estaba volteada del otro lado, y, más importante, encontrar vivo a Jesús era lo más remoto en la mente de María. Ella no esperaba que él se levantaría. Ninguno de los discípulos esperaban que él se levantaría.

Vamos a cesar algunos de los otros argumentos que la organización Atalaya usa para apoyar su doctrina de re-creación que está opuesto a la resurrección.

1 Pedro 3:18 dice Jesús fue levantado “en espíritu” o “por el espíritu” No dice ‘como un espíritu’. Su cuerpo fue idóneo para el reino espiritual. La organización dice en la página 20 de éste artículo que Jesús fue levantado “como un espíritu”. Ningun texto dice eso.

Y entonces el argumento favorito de la organización Atalaya, como aparece en la página 14, de esta edición de Julio 1, 1998 de la revista La Atalaya, “tomando su cuerpo de nuevo invalidaría el sacrificio”(o como suelen a veces decir, el rescate). Aquí nuevamente el argumento completo de la organización Atalaya descansa sobre suposiciones filosóficos y no en la Escritura. Basta con una escritura para tratar con éste argumento directamente; citaré la Nueva Traducción Mundial:

Juan 10:17-18 (NTM) “Por eso es que el Padre me ama, porque entrego mi alma, a fin de que la reciba de nuevo. Nadie me la ha quitado, sino que la entrego por mi propia iniciativa. Tengo autoridad de entregarla, y tengo autoridad para recibirla de Nuevo El mandamiento acerca de esto lo recibí de mi Padre”. La palabra Griega Traducida “alma” aquí es “psuche”, lo cual Discernimiento sobre las Escrituras dice que es “material, tangible, visible, y mortal”(Vol. 2, p 1004).

La traducción de Juan 10:17, 18 lee, “Por eso el Padre me ama, porque entrego mi alma, a fin de que la reciba de nuevo. Nadie me la ha quitado, sino que la entrego por mi propia iniciativa. Tengo autoridad para entregarla, y tengo autoridad para recibirla de nuevo. El mandamiento acerca de ésto lo recibí de mi Padre”.

Jesucristo fue levantado de entre los muertos corporalmente. Él pagó el precio por completo y su resurrección demuestra que su Padre estaba satisfecho con que nuestra deuda de pecado había sido pagada. Él fue levantado corporalmente y aquellos que creen también serán levantados y serán como él:

Filipenses 3:21, “el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la Gloria suya.”

Escrito por
Greta Olsoe
Traducido por Arcángel Ocasio
www.soundwitness.org

martes, 10 de marzo de 2009

LA RESURRECCIÓN CORPORAL: ¿ALMA INMORTAL? ¡NO!


Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD).


«He aquí, os digo un misterio: no todos dormiremos; pero todos seremos trasformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, al final de la trompeta, porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos trasformados» (1Co.15: 51-52).

La doctrina platónica que habla y sostiene la idea de un alma inmortal ha pervertido con constante hazaña a millares de personas débiles en la fe con arraigo notable desde la antigüedad hasta la fecha regularmente en un cristianismo fusionado con extraños e impuros fundamentos, dejando mucho que desear por su falta de veracidad, pervirtiendo a los individuos espiritualmente del mismo modo que lo ha hecho las confusas y desatinadas doctrinas de la “trinidad” y de la supuesta “deidad” de Cristo, doctrinas que fueron gestionadas por el “invento” católico romano en el lejano antaño y que se infiltró con sagacidad para afectar al que es llamado protestantismo, hasta la fecha.

El capítulo 5 de 2 a los Corintios ha sido utilizado de mala forma por ciertos “eruditos” para justificar el dogmatismo no inconcuso de la inmortalidad del alma, pasando por alto y con extraordinaria indiferencia su origen greco pagano. A continuación veremos que esta parte de la Biblia no aprueba por ningún lado tal y redundante mentira:

«Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos» (2 Co.5:1).

Para empezar, cuando Pablo habla de «nuestra morada terrestre», de «este tabernáculo», lo hace refiriéndose al cuerpo humano de los creyentes («el templo del espíritu santo»: 1 Co.3:16-17), porque a éstos va dirigida su hermosa y magna carta. «Nuestra morada terrestre», «este tabernáculo» (hë epigeios hëmon oika tou skënous). En otras palabras: «si nuestra terrena casa de la tienda (1 Co.15:40: «Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales»), «Si se deshace» (ean-kataluthëi, gr.), situación que indica: «el cuerpo corrompido», «uno desecho», «echado a perder», el que se encuentra o está biológicamente «descompuesto» por estragos de la muerte, pero vale decir que será «vivificado» en la primera resurrección (Rev. 20:5-6), en un acto de Dios exclusivo para los santos y de eterna repercusión:

«Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes» (1 Co.15:36).

«Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción» (1 Co.15:42).

«Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero».
Seguimos, así:

«Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos» (2 Co. 5:2-3).
Ahora, en 2 Co. 5: 2, dice: «Ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial» (to oikëtërion hëmön to ex ouranou ependusasthai, gr.). Significa, «poner sobre uno» (ependutës, gr.), como un traje de lino fino, una prenda de alta calidad, «Por cuanto no queremos ser desnudados» (epĥ höi ou thelomen ekdusasthai, gr.), «Por cuanto no deseamos quitarnos el vestido, sino encimárnoslo, echárnoslo encima». Esta es una alegoría de la trasformación del cuerpo mortal a uno incorruptible que denota el estreno de «una nueva vestimenta» espiritual o celestial, por su carácter, en la futura glorificación, en la resurrección de los muertos en Cristo, en la transformación de los cristianos que vivan cuando el Señor descienda del cielo para «arrebatarlos» en su segunda venida gloriosa, visible y en poder.

«Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor (1 Ts.4:17).

«E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro» (Mt.24:29-31).

Hasta este instante de nuestro estudio, nada se alude acerca de un alma inmortal.
Continuemos:

«He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados…» (1 Co. 15:51).

«… en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados (1 Co.15:52).

«Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad (1 Co.15:53).

«Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria» (1 Co.15:54).

Es importante decir que la palabra griega «Oikëtërion» en 2 Co. 5:2 designa un cuerpo celestial no relacionado con espíritus incorpóreo ni tampoco con almas etéreas e inmortales como lo han creído no tan pocos en el “perímetro católico-protestante”. Cristo en su resurrección poseía un «cuerpo espiritual» muy diferente al mortal y terreno que cada hombre posee y que el Mesías de Dios una vez tuvo antes de ser levantado de entre los muertos por el Espíritu de Dios. Aunque fue trasformado físicamente por el poder de Dios, Cristo seguía siendo un ser humano en toda la extensión de la palabra, un hombre de «carne y huesos» pero bajo el influjo de la glorificación sobrenatural (mírese como prueba: Ef. 5:30; 1 Tim 2:5):

«Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos» (Lc. 24:36-43).

El capítulo 15 de 1 a los Corintios, hace énfasis en la resurrección de los muertos. Si la inmortalidad del alma fuese una doctrina veraz, es bien seguro que el apóstol Pablo la hubiese incluido ni más ni menos en este capítulo porque tendría un valor importante para los creyentes, pero vemos que no hay nada de ella en su contenido. La inmortalidad del creyente está relacionada en su gloriosa transformación física en el día postrero, como Marta lo pronunció ante el Señor antes de desatar a su hermano Lázaro de las cuerdas de la muerte y que tenía ya cuatro días de muerto (Jn. 11:7, 24). Marta en ningún tiempo tiene en cuenta en su expresión verbal algo que denote o visualice un alma inmortal:

«Porque es necesario (indispensable) que esto corruptible (el cuerpo humano y mortal del creyente) se vista de incorrupción (el cuepor humano del creyente glorificado), y esto mortal (el cuepor natural y mortal otra vez) se vista de inmortalidad (el cuerpo humano regenerado por el espíritu santo en la resurrección de los muertos en Cristo y en la transformación de los cristianos vivos cuando el Señor venga al mundo por segunda vez. Ver: 1 Co. 15: 53).

La Biblia afirma que en la manifestación de Jesucristo (Tit. 2:13) seremos «semejantes» a él. Tendremos carne y huesos como el Señor, estaremos en su misma condición corporal milagrosa, y hasta podremos comer alimentos como él lo hizo (Lc.24:43):

«Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es» (1 Jn. 3:2).

Y por su fuera muy poco, lea lo siguiente amable lector:

«Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria» (Col. 3:4).

Pregunto: ¿Dónde quedó “la dichosa e inmortal alma” en lo qué hasta entonces hemos estudiado?

Seguimos adelante con el tema:

«Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor» (2 Co.5:6-8).

«Entretanto que habitamos en el cuerpo»
(endëmountes en töi sömati, gr.). Nuevamente, otra referencia del cuerpo natural que tenemos todos los hombres, nuestra «morada», donde reside el «espíritu»: la mente, la psique, donde emergen nuestras emociones, nuestras conciencias, nuestras decisiones, nuestras tristezas y alegrías, donde se llevan a cabo luchas más terribles en nosotros (1 Co. 2:11; 1 Co. 6:17): «Uno entre su propio pueblo», que habita o está entre él (endëmëo, de endemos, gr.). «Habitar en la presencia del Señor» (endëmësai pros ton Kurion), y se comprende: alcanzar la meta de cualidades celestiales en el futuro mundo restituido, después de que sus sistemas en general hayan claudicado, en el día de la consumación de la salvación de los verdaderos creyentes, en el día de Señor Jesucristo cuando sea visto como el relámpago que resplandece al fulgurar (Lc.17: 24), en la Parusía, cuando glorifique a sus fervientes seguidores (Mr.13:26).
«Y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo» (ekëdemos, gr., uno alejado del hogar, o sea, del cuerpo natural). Los cristianos genuinos anhelan en su resurrección, si han muerto, o si están vivos en Cristo, el glorioso cambio que los libertará de la hasta ahora inexorable muerte, de las desesperantes y deprimentes enfermedades que los azotaron con grande enjundia y cruel dolor, de los innumerables males y pesares que han experimentado en esta lóbrega y maligna Tierra. La Biblia no argumenta a favor de un alma inmortal que abandona el cuerpo para habitar en aquella alta y gloriosa esfera que solamente le pertenece a Dios. La herencia de los creyentes en Cristo, los mansos, es sin duda, terrenal y milenaria, sin excusas (Rev. 20:4, 6). La Biblia no refiere, léalo bien amable lector, que los creyentes sean herederos del Tercer Cielo (2 Co. 12:2). Las promesas de Dios para sus hijos se encuentran en la futura Tierra regenerada, no en el Tercer Cielo en que Jehová el Padre junto a su Hijo Jesucristo y sus miríadas de angélicas criaturas habita reinante en resplandeciente luz y santidad.

Para que no le quede la menor confusión, querido y amable lector, los siguientes textos corroboran lo antes escrito:

«Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz» (Sal. 37:11).

«Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad» (Mt.5:5).
Para terminar:

«Estar ausentes del cuerpo», es, no estar en el mismo cuerpo de muerte y de pecado ya, de agobiantes y cansadas limitaciones que nos han llevado continuamente a fallar en muchos aspectos de nuestra vida, a realizar actos ofensivo contra Dios, contra el prójimo y contra uno mismo. «Estar ausentes del cuerpo», se comprende que: «Para que lo mortal sea –absorbido- por la vida (hina katapothëi to thnëton hupo tës zöës, gr.). Esto, no indica en lo absoluto, la vida –desprendida- del cuerpo humano, que se traduce en un alma consciente: para gloria eterna, o que le depara un sufrir constante e inextinguible. Esto, es una fabulosa y gran mentira.

Los cuerpos de los creyentes en Cristo sufrirán una maravillosa y bendita metamorfosis. Los que son de Cristo serán «vivificados» (véase 1 Co. 15:22) en un cuerpo inmortal. Únicamente así podrán tener acceso al Reino de Dios en la Tierra, serán aptos por este efecto o resultado portentoso.

Obviamente, un cuerpo natural no podría reinar nunca con Cristo un largo y literal milenio a causa de su perecedera y limitada condición biológica, por lo tanto, «es indispensable o necesario su total y gloriosa modificación».

En la Parusia, tanto los vivos como los que estén muertos en Cristo sufrirán el glorioso cambio corporal para vida eterna. Después, al terminar el milenio, los impíos serán «resucitados» para ser juzgados en el Juicio del Gran Trono Blanco. Al concluir este Juicio Judicial vendrá su lanzamiento en el Lago de Fuego que arde con Azufre, y así serán aniquilados por siempre jamás: No quedará de ellos «ni raíz ni rama» (Mal. 4:1; Rev. 20: 11-15).

Amén.




LA VERDAD DE LA PANDEMIA