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lunes, 4 de julio de 2011

Apologista Ingº Mario Olcese S explica lo que significa la palabra salva...

APOLOGISTA EXPLICA LO QUE SIGNIFICA LA PALABRA “SALVACIÓN” EN LA BIBLIA
julio 4, 2011 Written by apologista
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Apologista explica que salvación es básicamente entrar en el reino de Dios con vida eterna. Para demostralo, Apologista nos presenta Juan 3:16 y 17 y Lucas 4:43, pasajes donde Jesús dice que fue enviado al mundo para anunciar salvación a los que creen en él y darles vida eterna en su reino.

Así pues, Apologista concluye que básicamente Cristo fue enviado a ofrecer vida eterna, salvación, y el reino de Dios. Además, apologista nos recuerda la conversación que tuvo Jesús con el joven rico, y en donde el joven le pregunta a Jesús qué debe hacer para ganar la vida eterna, y Jesús le dice que guarde los mandamientos, y aunque el joven los guardaba, no estuvo dispuesto a renunciar a sus riquezas, tal como Cristo le exigió que hiciera. Esta negativa del joven rico hizo que Jesús dijera que dificilmente un rico entrará en su reino…y luego los discípulos sosprendidos se preguntan: ¿Quién podrá ser salvo? Aquí nuevamente vemos los mismos tres cosas que Cristo vino a anunciar: Vida eterna, reino de Dios, y salvación. Es decir, apologista concluye que para Jesús la salvación no es otra cosa que entrar en el reino de Dios con vida eterna.

Apologista luego sostiene que la salvación es un proceso que comienza con la conversión, y que debe trabjarse hasta el fin. El sostiene que hay una salvación aún pendiente que es escatológica y que se cumplirá sólo en la parusía de Cristo. En Hebreos 9:28 Pablo dice que Jesús volverá por segunda vez para salvar a los que le esperan, y en Mateo 25:31,34 Jesús mismo dice que volverá para darnos herencia en su reino milenial. Esto confirma nuevamente que la salvación futura es ingresar al reino de Cristo con vida eterna. Esto queda demostrado también leyendo Apocalipsis 12:10.



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sábado, 1 de enero de 2011

LA GRACIA QUE NOS TRAERÁ JESUCRISTO EN SU PARUSÍA: ¿QUÉ SIGNIFICA ESO?


“Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado”.
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Por Mario A Olcese (Apologista)
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Los más de los predicadores cristianos de hoy suponen que ya no estamos bajo la ley de Moisés sino bajo la gracia de Dios, lo cual no deja de ser verdad, pues lo dice la Biblia. Sin embargo, ellos enseñan que la gracia de Dios es la salvación que se recibe por la bondad inmerecida de Dios a través de la fe en la expiación realizada por Cristo en la cruz para el perdón de nuestros pecados, y que nos lleva finalmente al cielo para vivir eternalmente con la Deidad. Es decir, suponen que el evangelio de la gracia es la buena nueva de que Dios nos salva, no por nuestros méritos, o por las obras de la ley que hemos “obedecido”, sino por los méritos del Señor Jesús, haciendo definitivamente nula la ley de Dios escrita en piedras y que nos condenaba. Ahora nadie debe depender de la ley dada por Moisés para ser salvo, sino en la fe puesta en Cristo, su sacrificio por nuestros pecados, y su gloriosa resurrección al tercer día.
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La ley no salva a nadie, sino nuestra fe que obra por amor
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Es verdad que aquellos que quieren justificarse por medio de guardar le ley “mosaica” están en maldición, porque nadie sin Cristo puede cumplirlas (Gál. 3.10). Pero también es verdad que todo aquel que ha puesto su fe en Jesucristo y en su sacrificio expiatorio no puede ignorar la necesidad de la ley de Dios en la sociedad humana para el orden. La gracia de Dios no hace a la ley inoperante u obsoleta, ya que si no hay ley, entonces tampoco hay pecado…y obviamente el pecado está aún presente en el mundo. Esto, por sí sólo, hace patente la vigencia de la ley de Dios. Y esta ley divina se puede resumir en dos mandamientos: El amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo (1 Juan 3:4). Es decir, por AMOR (los mandamientos ya escritos en nuestros corazones), el hombre puede cumplir con los preceptos de Dios, aunado con el Espíritu del Señor que mora en cada creyente que le fortalece para vencer.
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En realidad, amando a Dios con todo nuestro ser, podemos muy bien guardar los primeros mandamientos, y amando al prójimo como a uno mismo uno puede guardar los mandamientos restantes sin mayor problema. Es sólo cuando no amamos a Dios sobre todas las cosas, o cuando nos amamos más a nosotros mismos que a cualquiera de nuestros semejantes, que violamos la leyes de Dios. Necesitamos, pues, desarrollar el amor, y el amor viene como fruto del Espíritu de Dios.
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La Gracia y la salvación
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La gracia divina es el favor inmerecido que recibimos del Creador para que se restablezca una relación positiva y óptima con Él. Es llegar a ser un olor grato para Dios y participar de su familia, y recibir de Sus bendiciones y grandes promesas preparadas desde antes de la fundación del mundo. La salvación que trae esta gracia viene por la fe, y no por las obras de la ley, ya que por las obras de la ley nadie será justificado. El apóstol Pedro relacionó la gracia de Dios con nuestra salvación, diciendo: “Los profetas que profetizaron de la GRACIA destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta SALVACIÓN. escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos”. 1 Pedro 1:10,11.
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Sí, mi amigos, la gracia que no viene por la ley, sino por la fe en Cristo (y sus sufrimientos en la cruz) nos traería la salvación, que no es otra cosa que las GLORIAS que vendrían tras los sufrimientos de Cristo, es decir, Su resurrección, su glorificación, y su anhelada herencia del reino mesiánico para luego compartirlo con sus otros “cristos” o “ungidos” en su parusía.
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La gracia salvadora aún espera su manifestación
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El mismo apóstol Pedro pasa a decirnos algo que millones de evangelistas ignoran. Me refiero a la gracia, la cual aún no está consumada, sino sólo cuando sea manifestada en la parusía de Cristo. Es decir, el proceso de la salvación por gracia aún no termina hasta la parusía del Señor Jesucristo. En 1 Pedro 1:13, el apóstol Pedro pasa enseguida a decir: “Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado”. ¿Se dan cuenta, estimados amigos, que la salvación por gracia aún no ha sido completada? Aquí Pedro es claro al afirmar que debemos esperar por la gracia que se nos traerá cuando Jesucristo sea manifestado… ¡no antes! Así que Jesús volverá para COMPLETAR el proceso de salvación por la GRACIA. Es un regalo ofrecido por Dios a los vencedores, a los perseverantes, a los perfectos, a los santos, a los elegidos, a los hijos de Dios.
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Pues bien, Jesús viene para entregarnos esa gracia, ese don inmerecido que proviene de Su Padre, y que él mismo obtuvo después de ser glorificado. Sí, Jesús lo traerá personalmente para que los suyos sean los coherederos de ese regalo inmerecido de Dios que es la salvación final y definitiva, y que nunca se perderá en el reino de Su Majestad, el Rey Mashiaj Yahshúa.
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Pablo asocia el reino de Dios con la Gracia
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Debemos señalar que los más de los predicadores de hoy están ciegos, caminado a tientas, y buscando la luz que no les resplandece porque Satanás los ha enceguecido (2 Cor. 4:4). Tienen la luz de la Palabra, pero sus mentes están embotadas por la tradición o por las doctrinas de hombres. Mientras no se quiten el velo que cubre sus ojos, permanecerán en ignorancia y caminando por precipicios mortales.
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En Hechos 20:24,25, el apóstol Pablo predica un evangelio de la gracia que NO difiere en absoluto del evangelio del reino de Jesucristo. En realidad Pablo ve la gracia y el reino como el mismo evangelio salvador, ¡y sorprendentemente millones de cristianos no se dan cuenta de ello por su estupidez y terquedad. ¿Es que acaso este humilde servidor es una especie de elegido para revelarlo? No!, Soy simplemente alguien que escudriña las Escrituras con seriedad y mente abierta, sin prejuicios y sin conceptos paganos. Esta verdad que vengo a anunciarles, ya hace tiempo que ha tenido sus pregoneros que han cumplido su cometido en sus respectivos tiempos. Y hoy, en este siglo XXI, el Señor sigue teniendo sus voceros y mensajeros que se ciñen a Su palabra para decir lo que la Escritura quiere enseñarnos. Aquí hay revelación, no de doctos destacados, los cuales han demostrado muchas veces ser más ignorantes que los menos instruidos, sino de hombres que con sinceridad de corazón han pedido sabiduría de lo alto. Si a alguien le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él la dará en abundancia. Por tanto, la verdad de la gracia y el reino no es producto de la sabiduría humana, o de los grandes doctos de los seminarios teológicos, sino de Dios, de lo alto.
Pues habiendo aclarado esto, quiero examinar con ustedes Hechos 20:24,25 para que de una vez, y por todas, la gente se dé cuenta de que no hay dos evangelios: el del reino y el de la gracia. Pero el que me quiera contradecir, que lo haga, pero no a mí, sino a Pablo, quien dijo claramente que sólo había UN solo evangelio salvador y no dos o más. Dice él en Gálatas 1:6-9, así: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema”. ¿Podría existir algún otro pasaje más claro que éste? ¡No lo creo!
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Veamos, ahora sí, Hechos 20:24, 25:
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“Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del EVANGELIO DE LA GRACIA DE DIOS. 25 Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado PREDICANDO EL REINO DE DIOS, verá más mi rostro”.
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Nótese cuán claro es Pablo hay relacionar su predicación del reino de Dios con el evangelio de la gracia de Dios. Por tanto, sería una necedad que nuestros detractores furibundos insistan en sostener un imposible, es decir, que el reino de Dios nada tiene que ver con la gracia de Dios. Esta estrecha relación reino/gracia es del todo contundente e irrefutable, y no admite discusión alguna. Así que si hay por allí algún predicador que diga que estoy enseñando una falsedad, debería refutarme con claridad en qué punto me estoy desviando de la verdad prístina revelada por el Señor.
Pues bien, antes habíamos dicho que Pedro había escrito (en 1 Pedro 1:13) que los fieles esperaban la gracia que traerá nuestro propio Rey, Su Majestad, el Señor Jesucristo. Esto quiere decir que Jesús nos traerá esa gracia/reino en su segunda venida en gloria. Y efectivamente, si leemos con cuidado Mateo 25:31,34, encontraremos que Jesús se manifestará para introducirnos en su reino como los co-herederos legítimos de éste. Dice Jesús muy claramente, así:
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“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria… Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, HEREDAD EL REINO preparado para vosotros desde la fundación del mundo.
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Gracia/reino/salvación
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Siendo que la salvación se obtiene únicamente por gracia, nosotros, los que buscamos su reino y su justicia primero, obtendremos la salvación definitiva que nunca se perderá en la parusía del Rey. Sí, mis amigos, esta salvación por gracia se hará realidad sólo cuando Jesucristo, nuestro rey majestuoso, regrese del cielo y nos introduzca en su reino milenial en la era venidera, la era del reino. Dice Hebreos 9:28: “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para SALVAR a los que le esperan”. Así que los que dicen que ya son salvos ahora, simplemente son unos MENTIROSOS… ¡y son aún más mentirosos cuando nos dicen que su salvación nunca la perderán. ¿Cómo pueden ellos decir eso si Jesús aún no ha vuelto para salvarlos? En 1 Pedro 1:5, Pedro dice: “Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para ALCANZAR la SALVACIÓN que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. Y por supuesto, para alcanzar esa salvación es necesario PERSEVERAR hasta el fin (Mt. 24:13). Y Pablo dice también: ocupaos en vuestra SALVACIÓN con temor y temblor” (Fil. 2:12).
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Conclusión
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Definitivamente esta preciosa verdad que usted acaba de leer no es predicada o anunciada en las iglesias organizadas de hoy. Y lo más trágico es que los más de los que se dicen ser “cristianos” no tienen ni la más mínima idea de lo que es el evangelio del reino o llamado también “el evangelio de la gracia”, y que tiene que ver con nuestra futura salvación, glorificación, y coronación en el gobierno mundial de Cristo que se implantará en la tierra en la era venidera, la era del reino, la era de la justicia y de la paz.
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Miles de afamados predicadores en las “tarimas evangélicas” dicen presentar el evangelio verdadero y salvador, pero prácticamente ninguno de ellos anuncian este reino glorioso y salvador (la gracia) a los potenciales creyentes. Simplemente no es parte de su agenda evangelizadora, y no es un lenguaje que consideren apropiado para nuestro siglo XXI.
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Decenas de miles de cristianos en el primer siglo fueron bautizados creyendo en el mensaje del reino de Dios y en el nombre de Jesucristo (Hechos 8:12), pero hoy ciento de miles de nuevos “cristianos” se bautizan si haber entendido y creído en el reino de Dios que es el evangelio de la gracia, el evangelio salvador que trajo Jesús por encargo de Su Padre (Lc. 4:43; Rom 1:16).
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Es hora de retomar el evangelio prístino de Cristo, el único y verdadero que salva al creyente. Cualquier otro evangelio sencillamente es inoperante, falso, y por tanto, demoníaco.

viernes, 3 de diciembre de 2010

¡LA SALVACIÓN NO LA PODEMOS PERDER PORQUE SENCILLAMENTE AÚN NO LA TENEMOS!

Por Ingº Mario A OlcColor del textoese (Apologista)

Mucho se discute hoy en los círculos cristianos si la salvación la podemos perder por algún pecado o error cometido en nuestro andar cristiano. Hay quienes dicen que “una vez salvos, siempre salvos”, como queriéndonos decir que una vez obtenida la salvación, nada ni nadie nos la podrá arrebatar. ¿Pero cuál es la verdad de la salvación? ¿Es acaso un don o regalo inmerecido que ya hemos obtenido en el mismo momento de nuestra conversión a Cristo, es decir, en el preciso instante en que hemos “recibido a Cristo en nuestros corazones”?

En primer término, todos los creyentes deben estar en condiciones de poder explicar con precisión lo que es la salvación. Por ejemplo, para muchos creyentes la salvación es poder recibir el perdón de todos sus delitos y pecados cometidos en el pasado, aceptando, por la fe, la expiación de Jesucristo a favor de ellos en la cruz. De este modo, creen ellos, que se restauraría su relación con Dios como Padre para llegar a ser un heredero seguro de la gloria y la vida eterna en el cielo. ¿Pero es del todo cierto esta idea?

La Salvación tiene que ver con el mensaje del Reino de Dios

Si uno se detiene con cuidado a escudriñar las Escrituras, encontrará que la salvación gira siempre alrededor de algo que la Biblia llama “el Reino de Dios”. En Hechos 28:23-31, leemos lo siguiente sobre el ministerio de Pablo:

“Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. Y algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían. Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo: Ve a este pueblo, y diles: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis; Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyeron pesadamente, Y sus ojos han cerrado, Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y entiendan de corazón, Y se conviertan, Y yo los sane. Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán. Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí. Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento”.

Tomen nota que aquí el apóstol Pablo les predicaba y anunciaba a los Judíos el reino de Dios, pero muchos de ellos se resistían a creer, razón por la cual Pablo se vuelve a los gentiles para darles este mismo mensaje del reino que él mismo llama “esta salvación de Dios”. Sí, mis amigos, Pablo consideró el mensaje del reino de Dios como “la salvación de Dios” para los que creen. De modo que si hablamos de salvación, no podemos omitir el mensaje central del reino, que es precisamente el evangelio salvador (Marcos 1:1,14,15; Lucas 4:43; Romanos 1:16). Pero muchos que se llaman hoy “cristianos” creen que la salvación es cualquier cosa menos el reino de Dios. Este es un grave error que me veo forzado a corregir con el auxilio de la Palabra de Dios.

El Joven rico y Jesucristo

Otro suceso registrado en las Escrituras que nos relaciona la salvación con el Reino de Dios está en la entrevista entre el joven rico y Jesucristo. Veamos lo que dice el el “evangelio” de Mateo 19:16-25:

“Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?”

Aquí, en este encuentro entre el joven rico y Jesús, vemos que el reino de Dios está íntimamente relacionado con la salvación y viceversa. Observen las locuciones en negritas. El joven rico difícilmente entraría al reino porque más importancia tenía para él sus riquezas que la vida eterna que quería ganar. Esto provocó la pregunta oportuna de los discípulos: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?”. Es decir, en la mente de los primeros cristianos, entrar en el reino de Dios equivalía a la misma salvación.

Es imposible, por tanto, pretender conducir a alguno a la salvación sin antes aleccionarle al potencial converso sobre todo lo relacionado con el reino de Dios. Desconocer el reino de Dios es desconocer la salvación misma; es, en buena cuenta, ignorar todo el plan de salvación de Dios para el género humano.

Lo indiscutible de la misión de Cristo es que él se la pasó durante todo su ministerio predicando y enseñando el evangelio del reino de Dios y llamando a la gente a creerlo (Mr.1:14), a pedirlo (Mat.6:10), a buscarlo (Mateo 6:33), y hasta anunciarlo (Lc. 9:6) por todo el mundo (Mateo 24:14).

Siguiendo las pisadas de Cristo

El cristiano está llamado a seguir las mismas pisadas de Jesucristo, ya que Pedro dijo: “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus PISADAS” (1 Pedro 2:21). Sin duda estas “pisadas” incluyen la predicación del mismo mensaje que él predicó a sus paisanos, es decir, el evangelio acerca del reino de Dios. Sin embargo, es muy sorprendente que los más de los predicadores que aparecen en las tarimas evangélicas, poco o nada hablan sobre el reino de Dios, y cuando lo hacen, lo explican de una forma tan tergiversada, que si Cristo estuviera entre nosotros, simplemente los reprendería con ira.

La profecía de Isaías 52:7

Es interesante leer Isaías 52:7, donde dice: “¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina! Aquí hay una proclama de buenas nuevas de la paz, que se relaciona con la salvación, con Sión, y con el reinado de Dios.

Comentario bíblico del Antiguo Testamento de Keil y Delitzsch de Isaías 52:7-10 es como sigue:

Se regocija en la salvación que se está llevando a cabo. El profeta ve en el espíritu, cómo la noticia de la redención, por la caída de Babilonia, que es equivalente a la dimisión de los prisioneros, da el golpe de gracia, son llevados a las montañas de Judá a Jerusalén. “¡Qué hermoso son sobre los montes los pies de los que traen buenas nuevas, que anuncia la paz, que traen buenas nuevas del bien, que pregona la salvación, que dice a Sión: Tu Dios reina!”

Las palabras son dirigidas a Jerusalén, por consiguiente, las montañas son las de la Tierra Santa, y especialmente los del norte de Jerusalén. Mebhassēr es colectivo (como en el pasaje principal, Nahum 2:1; cf, Isaías 41:27; Salmo 68:12), “el que trae la buena nueva a Jerusalén.” La exclamación “qué hermoso” no se refiere al encantador sonido de sus pasos, sino a la apariencia encantadora presentada por sus pies, que brotan de las montañas con toda la rapidez de las gacelas (Sol 2:17; Sol 8:14). Sus pies se ven como si tuvieran alas, porque son los mensajeros de buenas nuevas de alegría.

Las gozosas noticias que se dejan indefinidamente en mebhassēr, son después más concretamente descritas como una proclamación de paz, salvación, bien, y también contiene el anuncio de “tu Dios reina”, es decir, se ha levantado a un dominio real justo, o se ha apoderado del gobierno (מלך en un sentido histórico incoativos, como en los salmos teocráticos que comienzan con la misma consigna, o como ἐβασιλευσε en Apocalipsis 19:6, cf., Apocalipsis 11:17). Hasta ese momento, cuando su pueblo se encontraban en cautiverio, él parecía haber perdido su dominio (Isaías 63:19), pero ahora ha ascendido al trono como un Redentor con mayor gloria que nunca antes (Isaías 24:23).

El evangelio de los mensajeros veloces, por lo tanto, es el evangelio del reino de Dios que está a la mano, y la aplicación con la que el apóstol hace de este pasaje de Isaías en Romanos 10:15, se justifica por el hecho de que el profeta vio la redención final y universal, como si estuviera en combinación con el cierre de la cautividad.

Así que aquí tenemos un ejemplo de un anuncio del evangelio o buenas noticias del reino de Dios, el cual no sólo anuncia la liberación, el bien y la paz, sino la salvación de los que son su pueblo. Definitivamente anunciar el reino de Dios es anunciar la salvación de Dios.

En el Salmo 85:4,9, hablando de la restauración de Israel, y por ende, del reino, el salmista dice: “Restáuranos, oh Dios de nuestra salvación, Y haz cesar tu ira de sobre nosotros. Ciertamente cercana está su salvación a los que le temen, Para que habite la gloria en nuestra tierra”.

La salvación viene de los Judíos

En Juan 4:22, Jesús dice: “…la salvación viene de los Judíos Εκ των Ιουδαιων εστιν”. Con esto él no sólo afirmaba que de los Judíos nacería el salvador de los hombres, sino también el Mesías de Israel que restauraría y reinaría en el reino de David (Hechos 1:3,6,7). Por eso para Pablo, la predicación del reino mesiánico era equivalente a la salvación de Dios (ver Hechos 28:28-31).

Pablo, el Reino, y los Judíos

En Hechos 13:26-33 Pablo predica sobre esta salvación vinculada con el reinado del Mesías, así: “Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros teméis a Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta salvación. Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle. Y sin hallar en él causa digna de muerte, pidieron a Pilato que se le matase. Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas, quitándolo del madero, lo pusieron en el sepulcro. Mas Dios le levantó de los muertos. Y él se apareció durante muchos días a los que habían subido juntamente con él de Galilea a Jerusalén, los cuales ahora son sus testigos ante el pueblo. Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy”.

En estos versos Pablo aparece predicando la palabra de “esta salvación” a sus paisanos, la cual él equipara con el anuncio de “aquella promesa hecha a los padres”, la cual se cumplió en la resurrección de Cristo, al ser “engendrado como Hijo de Dios”, el Señor y Cristo, el heredero del trono del reino de David. Es decir, la victoriosa resurrección de Cristo sería su exaltación hasta lo Sumo para ser el rey del reino de Dios, y siendo sentado a la diestra del Padre, espera volver y restaurar el reino a Israel (Hechos 2:29—36).

Así que estamos viendo que el asunto de nuestra la salvación está estrechamente relacionado con nuestra participación en el reino del Mesías, el engendrado Hijo de Dios que a su debido momento tomará el trono de David en Jerusalén y procederá a restaurar todas las cosas (Hechos 3:19-21). El que no logre entrar en este reino no podrá ser salvo eternamente.

No hay salvación sin gloria eterna

El apóstol Pablo relaciona la salvación con la obtención de la gloria eterna, con estas palabras: “Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la SALVACIÓN que es en Cristo Jesús con GLORIA ETERNA” (2 Tim 2:10). Pero el hecho de que la gloria eterna será sólo obtenida en la segunda venida de Cristo, cuando el Señor proceda a resucitarnos o a transformarnos para entrar en su reino, es prueba suficiente de que la salvación eterna es aún futura (ver Rom. 8:18, Col. 3:4; 1 Tes. 2:12; Heb. 2:10; 1 Pedro 5:4).

Empecemos a creer en este mensaje o evangelio del reino para poder tener la oportunidad de participar de él con vida inmortal.

Y para aquellos que creen que ya son salvos, les recuerdo ver los siguientes pasajes del Nuevo Testamento:

Hebreos 9:28:

“Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan“.

1 Pedro 1:5:

“Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero“.

Para una mayor información de lo que es el reino de Dios, vayan a mi blog siguiente:

http://www.eladaliddelaverdad.over-blog.es/

miércoles, 22 de septiembre de 2010

UN COMPENDIO SOBRE EL PLAN DE SALVACIÓN DE DIOS PARA LA HUMANIDAD


¡Un interesante estudio de nuestra hermana y correligionaria, Erika Justiniano Zárraga!


He decidido escribir este corto artículo, con el objeto de reflexionar a los lectores a que verifiquen si lo que están creyendo, como doctrina enseñada por sus iglesias, es lo que verdaderamente Jesús, los Apóstoles, entre otros santos israelitas que conocemos por medio de las Escrituras, creyeron sobre la muerte; y lo conectaré directamente con la esperanza que todo cristiano tiene por cuanto ha creído en el verdadero Evangelio del Reino predicado por Jesús: ganar la inmortalidad.

Empiezo por el principio. Remontémonos al momento de la Creación cuando Dios creó al primer hombre Adán: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre en alma viviente”. (Gen. 2:7).
De este corto pasaje de las Escrituras se puede observar que el concepto de “alma” difiere en mucho con el concepto que actualmente muchos cristianos –y no cristianos- tienen sobre ella.
Para comprender el significado que Jesús, y de hecho todo israelita desde la Antigüedad creía, debemos recurrir al significado hebreo de la palabra “alma”.
La palabra nefesh hayyah, (hebreo) , significa la “criatura viviente”. Es decir, que alma también es el equivalente de “persona”.
Este es el significado básico que todo cristiano debe conocer, al momento de leer las Escrituras, para que la lectura de la misma, no esté viciada de conceptos erróneos que las religiones actuales -principalmente las que se dicen cristianas- han heredado de la cultura griega; principalmente de pensadores como Platón y Aristóteles.

Ahora, para Jesús, así como para todos los apóstoles, la muerte significaba lo que las Escrituras señalan como caer en un “sueño inconsciente”. Por ende, existen a lo largo del Antiguo como Nuevo Testamento pasajes que claramente enseñan sobre el estado del hombre cuando muere:
“…porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres y al polvo volverás”. (Gen. 3:19)

“Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol”. (Ecle. 9:5-6)

“Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría”. (Ecle. 9:9-10)

“Porque en la muerte no hay memoria de ti; En el Seol, ¿quién te alabará?” (Sal. 6:5)

Aquí Seol, o Sheol, es el equivalente a la palabra griega Hades; este no es un lugar de castigo y recompensas, asignados en la muerte, sino un lugar de inacción completa.

“Y al Señor suplicaré. ¿Qué provecho hay en mi muerte cuando descienda a la sepultura? ¿Te alabará el polvo?” (Sal. 30:9)

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero”. (1Tes. 4:13-15).

De estos pasajes, así como de muchos otros que aparecen en todo el contenido de las Escrituras, se deduce que la inmortalidad no es algo que poseamos. Debe ser adquirida; y puede ser ganada únicamente a través de la aceptación del Mensaje de Salvación, que Jesús enseñó durante su ministerio en la tierra.

Pero por qué empecé explicando el concepto del alma en hebreo, por la sencilla razón de que el Mensaje Salvador de Nuestro Señor Jesucristo, sería malentendido sin este concepto fundamental bien comprendido; la pérdida o desconocimiento del punto de vista hebreo de la muerte es el mayor desastre doctrinal que pudo acontecer a la Iglesia de Dios. Satanás, ha trabajado perfectamente para que este mensaje salvador del Reino de Dios en manos del Mesías sea totalmente tergiversado. He aquí un extracto de un libro de Sir Anthony Buzzard: “El proceso fue uno sutil, y el diseño detrás de él fue la promoción de la mismísima mentira que Satanás había impuesto sobre la incauta Eva. La Serpiente rotundamente había contradicho la advertencia divina de que la desobediencia resultaría en la muerte (Gen. 3:4). Ahora él aparece como un predicador del "Cristianismo" para anunciar que el hombre es por naturaleza inmortal, ¡y que él no puede morir! En la muerte, según esta teoría ingeniosa, un hombre debe sobrevivir en el cielo o en el infierno como un alma incorpórea. No será difícil ver que esta idea debilita el Mensaje divino de que el hombre ha caído bajo la pena de muerte, y de que no hay absolutamente ninguna perspectiva de que gane la inmortalidad fuera de la incorporación dentro del plan divino a través de Cristo”.

Tomando un extracto más de este excelente libro –que cito al final del artículo- destaco lo siguiente: “La Biblia es la más práctica en su análisis del problema humano. Reconoce que la muerte es el enemigo universal de la cual somos completamente impotentes de rescatarnos a nosotros mismos. En la misericordia de Dios se ha proporcionado un plan divino para ocuparse del problema de la muerte inevitable. El plan de salvación no le hace exigencias irrazonables al hombre. Lo invita primero a creer en un Dios como Creador de todas las cosas, y en segundo lugar, en Su agente, el Mesías Jesús, porque es El quien ha sido escogido para forjar la manera de escapar de la muerte (Heb. 2:10). Habiendo él mismo ganado la inmortalidad (Col. 1:18), es su tarea ahora asistir a otros que luchan para la misma meta (Heb. 2:17, 18).”

Sí estimados lectores, el mensaje de que el alma sobrevive a un cuerpo muerto, y que va a otra dimensión: llámense cielo, purgatorio o infierno; o que el alma se reencarna tantas veces como sea necesario en varios cuerpos para “purgar” sus pecados, es pura filosofía griega o pagana, infiltrada en el mensaje de la Iglesia Cristiana.

Una vez comprendido este nuevo significado de alma, y revelada la mentira satánica de un alma inmortal, tomamos de la Biblia el texto siguiente, donde pueden surgir algunas confusiones de interpretación de lo que el apóstol Pablo trató de decir: «Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo» (1 Ts. 5:23). Al parecer se enseñara que el hombre tiene tres dimensiones, una separada de la otra, cuando el realidad lo que está señalando es que el ser humano tiene espíritu: por cuanto razona y tiene conciencia de sí mismo; alma, entendida como la totalidad del ser con su personalidad: sentimientos, emociones, memoria; y cuerpo: que es la materia orgánica, que al momento de la muerte se descompone. Es un ser único e indivisible, y una vez muerto, muere completamente: su cuerpo, sus pensamientos, sus emociones, TODO.
Espero hasta aquí haber clarificado un poco el asunto del alma y lo que significa a la luz de las Escrituras, lo más difícil que tendrán que asimilar ahora es lo que voy a trasmitirles. A la vez que será el mensaje más aterrador que tendrán, será aquel que posiblemente los lleve a buscar a Dios, para su salvación:

«Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno» (Mt. 10:28).

“Porque los malignos serán talados, Mas los que esperan en YHWH, ellos heredarán la tierra. Pues de aquí a poco no será el malo: Y contemplarás sobre su lugar, y no aparecerá. Pero los mansos heredarán la tierra, Y se recrearán con abundancia de paz”. (Salmos 37:9-11)

Del primer pasaje, lo que resalta a la vista y comprensión es el hecho de que alguien tiene potestad de destruir el cuerpo y alma; ese alguien en palabras de Jesús, es su Padre Yhwh; pues somos creación suya, y dependemos totalmente de El, queramos aceptarlo o no. En el segundo, se habla de que los malos serán talados –cortados, eliminados-, no aparecerán en el lugar donde estaban antes; es decir, en la tierra, sino más bien dice que los mansos heredarán la tierra… Sí, así tal cual se lee: los malos serán eliminados, no se irán al purgatorio o al infierno; y, los mansos o buenos heredarán la tierra, no partirán al cielo, como siempre se nos ha enseñado en las iglesias.

Pero entonces, se preguntan cómo se conecta esto con el evangelio de Jesús, o con su misión en la tierra… déjenme clarificarles el asunto con un pasaje del evangelio de Juan:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: que todo aquel que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna; y yo lo resucitaré en el día final” (Juan 6:40).

Esta es la parte en que se une el asunto del alma que no es inmortal, con el Evangelio del Reino de Dios y el sacrificio de Jesucristo: comprender que la voluntad de Dios no es que todos perezcamos, sino que El envió a su Hijo para que creamos en él y de esta forma ganar la vida eterna.
Aquí cito unos pasajes más que confirman el mensaje salvador de Jesús:


«Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua» (Dan. 12:2).

El libro de Daniel, que es un libro por excelencia profético que habla justamente del futuro Reino glorioso de Dios de mano del Señor Jesucristo, señala que unos serán despertados –resucitados- para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.

De la misma forma el Señor Jesucristo señala:

«No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación» (Jn. 5:28-29).

En Apocalipsis también tenemos pasajes que nos explican sobre la conclusión de este plan divino montado por Dios para salvarnos:

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de
Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Ésta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”. (Apo. 20: 4-6)

Y luego continúa así: “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Ésta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”. (Apo. 20: 11-15)

Aunque muchos pueden considerar este libro de Apocalipsis como alegórico o que nunca va a suceder lo que los pasajes antes mencionados describen, debo decirles que son las mismas Escrituras inspiradas por Dios, que nos adelantan qué es lo que sucederá en un futuro no muy lejano.

Si todavía no han captado el mensaje de estos textos, les doy una pequeña ayuda: habrá dos resurrecciones. De la primera gozarán aquellos santos –creyentes y seguidores de Jesús y su Evangelio- que esperaron el cumplimiento de las promesas de inmortalidad hechas por Dios a través de Jesucristo. Disfrutarán de una tierra renovada donde el gobernante de toda la tierra será el Rey Jesús; y la capital de su gobierno será Jerusalén. Y, en la segunda resurrección, luego de pasados los mil años del reinado de Jesucristo, despertarán todos los demás muertos, grandes y pequeños para ser juzgados según sus obras mientras estuvieron vivos, y si sus nombres no estaban inscritos en el libro de la vida, serían lanzados al lago de fuego, donde también la muerte y el Hades –o Sheol que vimos anteriormente- serían lanzados para ser exterminados para siempre. Y esta es la muerte segunda.

Todo esto quiere decir entonces que el ser humano puede morir dos veces.

En la primera muerte, que es el sueño inconsciente del que he estado hablando, se aguarda ser resucitado para vivir reinando con Jesucristo mil años; y la segunda, que sería luego de estos mil años, donde todo ser humano sin importar raza, sexo, nación, religión, etc. comparecerá ante el trono de Dios y será juzgado por El, y si no merece recibir la inmortalidad será echado al lago de fuego donde se extinguirá para siempre, y nunca más habrá memoria de él.

Todo esto que les explico hace parte de la fe de los primeros cristianos, que recibieron el mensaje de mano de los Apóstoles, los cuales al tener contacto con el Señor Jesucristo resucitado, no hicieron más que afianzar sus creencias en lo que señalaba ya el Antiguo Testamento, y trasmitirnos a través del Nuevo Testamento todas estas enseñanzas o sanas doctrinas, para que las guardemos y las creamos porque fue el mensaje que el Señor Jesucristo les enseñó, y que El recibió de Aquel que lo envió, Yhwh su Padre.

Estimados lectores, no pierdan más tiempo en su vida, creyendo filosofías paganas que no tienen nada que ver con el verdadero Evangelio que predicó Jesús; tomen sus Biblias y comprueben por Uds. mismos que el mensaje que les trasmito está basado en las Escrituras inspiradas por Dios, y extendidas a todos aquellos que quieren llegar a la verdad y obtener la salvación.

Busque conocer el verdadero Mensaje Salvador de Dios. Yhwh les bendiga y les alcance su Misericordia para que lleguen al conocimiento de la verdad, y la verdad los hará libres. (Jn. 8:32)

lunes, 13 de septiembre de 2010

¿QUÉ SIGNIFICA CONOCER A DIOS Y A SU HIJO? ¡LO QUE LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ TERGIVERSAN!

Jesús fue muy claro en Juan 17:3, cuando dijo que para ganar la vida eterna hay que CONOCER a dos personas: A Su Padre y a su enviado, es decir, a Su Hijo Jesucristo (él mismo).

¿Pero qué quiere decir el verbo ”CONOCER” en este verso? Para los Testigos de Jehová, la frase “CONOCER a Dios y a Su Hijo” implica SABER todo lo que Dios y su Hijo han revelado en la Biblia (la “verdad”), y que aún nos siguen revelando, a través de la Sociedad Watchtower. Es decir, el conocimiento tiene que ver con el INTELECTO, o con cuánto sabes de Dios y Su Hijo. Es por eso que ellos vierten Juan 17:3 de manera muy distinta a cómo lo hacen las demás versiones. Así, en la TNM, ellos vierten el verso como “adquiriendo conocimiento” en vez de simplemente “que te conozcan”. Es decir, para los T.J, el potencial creyente debe entrar en un proceso continuo de aprendizaje de Dios y Su Hijo a través de “su canal”, el “esclavo fiel y discreto”. ¿Pero es posible semejante traducción (“adquiriendo cononimiento”) de la TNM en Juan 17:3?

He aquí una respuesta bíblica interesante en el video que le presentamos a continuación:

viernes, 20 de agosto de 2010

LA SALVACIÓN FUTURA QUE POCOS CRISTIANOS CONOCEN


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Estimados amigos, el apóstol Pedro escribió lo siguiente a los creyentes del Señor: “que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la SALVACIÓN que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero! (1 Pedro 1:5). Sí, mis correligionarios, aquí hay una salvación que alcanzaremos cuando sea manifestada en el día postrero. Con esto queremos decirle que nadie puede gritar a voz en cuello que ya es salvo y que sólo espera irse al cielo al momento de morir. Aquí Pedro nos habla de una salvación escatológica, futura, aún no consumada en nosotros, y que podremos recibir si mantenemos la fe incólume.

Pues bien, ¿qué cosas se manifestarán en el día postrero, según las Escrituras? Sin duda el Señor Jesucristo es quien se manifestará para salvar a los que le esperan. Esto está revelado en Hebreos 9:28, donde leemos: “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para SALVAR a los que le esperan”. ¿Notó usted lo que dice aquí? Aquí dice que Cristo volverá para salvar a los que le esperan. Pero cómo, ¿acaso no fuimos salvos al momento de “recibirlo” a él por fe o cuando creímos en su evangelio? ¿Cómo es que Jesús volverá nuevamente para salvar a los que le esperan?

Algunos han interpretado estas palabras como que Jesús vendrá a salvarnos del anticristo y de la gran tribulación que éste provocará, raptándonos “secretamente” de la tierra y llevándonos al cielo mientras el anticristo hace de las suyas durante su gobierno satánico de siete años. ¿Pero es esta idea demostrable con las Escrituras? ¿Realmente Jesús nos salvará de la gran tribulación y del anticristo a través de un traslado secreto al cielo? Veamos los hechos!

En Mateo 24:29,30 Jesús fue diáfanamente claro cuando reveló que él vendría personalmente al mundo (su parusía) DESPUÉS de la gran tribulación de aquellos días finales. He aquí lo que dice el pasaje en cuestión: “E inmediatamente DESPUÉS de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”. Así que ateniéndonos a lo que Jesús dice, él viene DESPUÉS de la tribulación de aquellos días, y no antes, como muchos aún creen.

Crecer para ganar la salvación es Crecer para ganar el Reino

Pedro dice: “desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para SALVACIÓN” (1 Pedro 2:2). Aquí Pedro habla de CRECER para salvación. Esta es una salvación para gente que ha llegado a ser “grande” y “madura”, espiritualmente hablando, es decir, para creyentes que han CRECIDO, y que han logrado la perfección y la estatura de Cristo. El mismo apóstol Pedro hablará un poco después de este mismo crecimiento o desarrollo que será necesario alcanzar— ¿para qué? ¡Para entrar en el REINO! ¿Cómo lo sabemos? Pues he aquí la sorprendente evidencia que los dejará asombrados. Dice Pedro a estos mismos hermanos: “vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 1:5-11). Observe que Pedro dice que el creyente debe crecer para obtener LA SALVACIÓN, o lo que es lo mismo decir, para que se le otorgue amplia y generosa entrada en EL REINO eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Así que la SALVACIÓN escatológica NO tiene que ver con escapar de este mundo hacia el cielo para evitar la gran tribulación del anticristo, sino con la ENTRADA AMPLIA Y GENEROSA EN EL REINO DE JESUCRISTO que se manifestará en su venida en gloria, después de la gran tribulación.

Salvación es vida eterna en el Reino

Esa SALVACIÓN escatológica es la salvación del reino, es decir, la que trae el reino prometido. En primer lugar, en Mateo 25:31,34, Jesús dice: “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, ENTONCES SE SENTARÁ EN SU TRONO DE GLORIA…Entonces dirá a los de su derecha: Venida, benditos de mi Padre, HEREDAD EL REINO preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. ¡Esta es la salvación que Cristo trae—¡el poder entrar en su reino prometido con vida eterna! Esto concuerda con Hebreos 9:28, perfectamente. También concuerda con la petición del joven rico, cuando éste le pregunta a Jesús qué debía hacer para ganar LAVIDA ETERNA, y en donde también Jesús dice que difícilmente entrará un rico en el REINO DE DIOS, y en respuesta los discípulos exclaman: ¿Quién, entonces podrá ser SALVO”? (Mateo 19:16-25). Aquí, en estos versos 16-25 de Mateo 19, se conjugan LA VIDA ETERNA, EL REINO DE DIOS, y LA SALVACIÓN.

Entonces LA SALVACIÓN ESCATOLÓGICA se resume muy claramente con esta locución muy simple: Es ‘entrar en el reino de Dios con vida, poder y gloria eternas’.

También es interesante leer cómo Juan vislumbra la venida de la SALVACIÓN con la misma venida del REINO de Cristo a la tierra. Estas son sus palabras: “Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: AHORA ha venido la SALVACIÓN, el PODER, y el REINO de nuestro Dios, y la AUTORIDAD de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche” (Apocalipsis 12:10). Los creyentes deben comprender que aún no son íntegramente salvos. Y aunque es cierto que Cristo nos salvó de nuestros pecados pasados al morir en la cruz por nuestros pecados, hay aún una SALVACIÓN FUTURA POR LA CUAL DEBEMOS TODOS ESTAR TRABAJANDO. Dice Pablo: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12).

La Salvación, la gloria eterna, y el Reino

El apóstol Pablo igualmente asocia la SALVACIÓN con la GLORIA eterna. Así, pues, para Pablo, hablar de la obtención de la GLORIA es hablar acerca de la obtención la SALVACIÓN y viceversa. Dice Pablo, así: “Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la SALVACIÓN que es en Cristo Jesús CON GLORIA ETERNA” (2 Timoteo 2:10). Y también hablar de la GLORIA es hablar del REINO (Véase 1 Tes. 2:12, y comparar Mateo 20:21,22 y Marcos 10:35-27). Por tanto, podemos decir que hablar de ganar la SALVACIÓN es hablar de ganar el REINO DE DIOS. Y entrar o heredar el reino es entrar y heredar la salvación.

La Salvación, el Reino, y la vida eterna son llamados “HERENCIAS”

Ahora bien, tomen nota del siguiente punto que quiero declararles: La Biblia habla de HEREDAR LA VIDA ETERNA, LA SALVACIÓN Y EL REINO…y esto es correcto porque ESTOS VOCABLOS SIGNIFICAN LO MISMO. A continuación verán la siguiente evidencia de la herencia prometida:

A).- Herencia de la salvación:

Hebreos 1:14: “¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán HEREDEROS DE LA SALVACIÓN?”

B).- Herencia del Reino:

Santiago 2:5: “Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y HEREDEROS DEL REINO que ha prometido a los que le aman?”

Mateo 25:34: “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, HEREDAD EL REINO preparado para vosotros desde la fundación del mundo”.

C).- Herencia de la vida eterna:

Marcos 10:17: Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para HEREDAR la vida eterna?

Resumen:

En buena cuenta, cuando Pablo dice a los Hebreos (9:28) que “Jesús volverá por segunda vez para SALVAR a los que le esperan”, o cuando Pedro dice en 1 Pedro 1:5 que hay una “SALVACIÓN que está preparada para ser manifestada en el día postrero”, lo que están diciendo es que a los creyentes les espera UNA AMPLIA Y GENEROSA ENTRADA EN EL REINO DE DIOS CON VIDA ETERNA, PODER Y GLORIA, cuando Su Señoría, Jesucristo, el Rey de los reyes, regrese por Segunda vez en toda su Majestad y poder desde los cielos a la tierra para restaurar el reino davídico prometido.

El apóstol Pablo dice, además: “Que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús POR MEDIO DEL EVANGELIO“ (Efesios 3:6). Es decir, la fe en el evangelio (buenas noticias) del Reino y en la obra vicaria de Cristo, hacen posible que los creyentes puedan coparticipar con Cristo de su trono, de su gloria, de su poder, y de la inmortalidad. Por eso Pablo a los Romanos les dice que el evangelio de Cristo (Su reino y su obra vicaria) es poder de Dios para SALVACIÓN a todo aquel que lo cree, al Judío primeramente, y también al Griego.” (Romanos 1:16).

Desgraciadamente, una infinidad de “creyentes” no logran aún entender lo que es la SALVACIÓN escatológica, y suponen que ya están completamente salvos y que nunca podrán perder su redención. Estas personas no tienen ni la menor idea de que aún hay que ocuparse de una SALVACIÓN en ciernes, y trabajar duro para obtenerla de manera definitiva y completa (Apo.2:3; Fil. 2:16; Juan 6:27).

Además, debo confesarles que es sorprendente que muchos que se enorgullecen de ser Cristianos no tienen una idea cabal de lo que es el reino de Dios, y no le dan la importancia que merece este tema central de la Biblia. No logran convencerse de que deben buscar, no “el reino EN los cielos”, sino “el reino DE los cielos”.

Sin el mensaje del reino se haría imposible entender el programa de Dios para la salvación de la raza humana. Sin este mensaje la tierra no tendría ningún futuro, y menos aún, sus habitantes. Definitivamente el reino de Dios es la esperanza de la congregación Yahweh, o de Sus hijos adoptivos. Estos hijos son también llamados herederos y coherederos con Cristo de las promesas que fueron decretadas a los padres de la fe del Antiguo Testamento. Pero para sorpresa nuestra, las iglesias de hoy parecen darle más importancia a lo que dice el NT y relegan el AT a un segundo plano como si fuera una colección de libros cuasi obsoletos, o simplemente una colección de libros históricos de un pueblo rebelde y repudiado por sus continuas infidelidades. Nada más equivocado, pues no podríamos entender el reino de Dios sin la ayuda de lo que se ha venido a llamar el “Antiguo Testamento”. Ambos, el Antiguo y el Nuevo Testamentos, se complementan perfectamente.

Es por eso mi insistencia y perseverancia por anunciar el reino de Dios, porque sé que este mensaje es el evangelio o Buenas Nuevas de salvación que el Padre diseñó de antemano y que encargó a Jesús para que lo anunciara a su pueblo, y luego a los gentiles a través de Pablo (Lucas 4:43). Sin la fe en este anuncio salvador, nadie púede afirmar que ha creído a Cristo, es decir, en el plan divino de salvación para la humanidad (Mr. 1:1,14,15).

Termino diciendo que cuando hablamos de salvación, no sólo hablamos de que Dios nos salvó de la condenación eterna, sino que también hablamos de que hemos “sido trasladados (por la fe) al reino de Dios” (Col. 1:13), el cual se hará realidad en la parusía (Mt. 25:34), cuando el Mesías Jesús nos otorgue la vida eterna, la gloria, y el poder (por la resurrección o transformación), e instaure la justicia y paz perdurables en el mundo al destituir al diablo y su gobierno impío, y restaure el anhelado reino de Dios con Su autoridad y la de sus ungidos o elegidos.



miércoles, 24 de febrero de 2010

¿ES POSIBLE REALMENTE SABER SI UNO ES SALVO? ¡PUES, NO,… AÚN!


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Sí, y aunque usted se sorprenda, ningún cristiano puede decir que es salvo, porque sencillamente ningún cristiano ha sido del todo salvo. ¿Pero cómo puede ser eso posible?, se preguntará usted, y no le quitamos la razón, puesto que siempre se nos ha enseñado que Jesús vino a salvar a los pecadores.

La salvación como proceso

Lo que los cristianos deben entender es que la salvación es un proceso que empieza con nuestra conversión o arrepentimiento, y la aceptación por fe en Cristo y su evangelio del reino. Pero allí no acaba todo, pues ese converso es un niño en la fe que necesitará madurar hasta llegar a la “perfección” o a la “estatura de Cristo”. Sólo en esta condición de maduro o perfecto podrá ganar su salvación. Veamos algunos pasajes de la Escritura que demuestran que la salvación es un proceso, pues Pablo escribió a los Filipenses: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra SALVACIÓN con temor y temblor” (
Filipenses 2:12). ¿”Ocupaos en vuestra salvación”? Así es, hay que ocuparse día a día para ganar la salvación. Es necesario que el trabajador trabaje primero para que gane su retribución o pago. Dice Pablo: El LABRADOR, para participar de los frutos, debe trabajar primero” (2 Timoteo 2:6)

La perfección como requisito para la salvación

Las Escrituras nos mandan a llegar a ser perfectos para ser los poseedores de las herencias prometidas. Por ejemplo, el apóstol Pedro dice que para entrar en el reino uno debe madurar, crecer, y perfeccionarse. En 2 Pedro 1:5-11, él escribe: “vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Nótese que para entrar en el reino (que equivale a la salvación, véase Mateo 19:16-25) es necesario hacer firme nuestra elección y vocación por medio del crecimiento y la perfección espiritual. SE requiere añadir a la fe inicial, la virtud, el conocimiento, el domino propio, la paciencia, la piedad, el afecto fraternal, y a éste, el amor. ¿Pero cuántos pueden decir que lo están logrando? Por eso, cuando los creyentes afirman que son salvos, deberían considerar seriamente si realmente han logrado llegar a la “cúspide” de la fe como lo requiere Pedro. Pero pareciera que para muchos cristianos negar su completa salvación es negar su conversión, lo cual no es verdad. Uno puede ser un sincero converso, pero no un salvo todavía.

Si usted examina bien las Escrituras, verá que ellas nos hablan frecuentemente del perfeccionamiento. Y esto es importante, pues sólo los perfectos habitarán la nueva tierra del futuro. Dice Salomón: “Porque los rectos habitarán la tierra, Y los PERFECTOS permanecerán en ella” (
Proverbios 2:21). “El que hace errar a los rectos por el mal camino, El caerá en su misma fosa; Mas los PERFECTOS heredarán el bien” (Proverbios 28:10). Es obvio que es imposible que un recién convertido sea perfecto, así como es imposible que un niño recién nacido sea maduro. Necesitará crecer primero a la estatura de Cristo. Por eso el Señor “constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de PERFECCIONAR a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:11-13). ¿Se da usted cuenta ahora por qué usted no es salvo apenas se convierte, sino que más bien usted ha comenzado un proceso de salvación de por vida hasta para alcanzar la plena madurez, perfección y la estatura de Cristo? El apóstol Pablo era consciente de esto, por eso él habló de su vida cristiana como una carrera. El escribió: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida”(2 Timoteo 4:7,8).

¿Acaso no dice la Biblia que Cristo nos salvó?

Algunos podrán alegar que Cristo ya nos salvó y para probarlo nos muestran los pasajes siguientes:

“Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5) y “Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Timoteo 1:9). Sin embargo, el mismo Pablo dice cómo nos salvó el Señor: Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? (
Romanos 8:24). Es decir, tenemos esa esperanza de ser salvos, y esa esperanza nos ha salvado. A los Tesalonicenses Pablo confirma lo que decimos, cuando escribe: “Pero puesto que nosotros somos del día, seamos sobrios, habiéndonos puesto la coraza de la fe y del amor, y por yelmo la esperanza de la salvación” (1 Tesalonicenses 5:8). Y a Tito, Pablo iguala la esperanza de la salvación, con la esperanza de la vida eterna. “Para que justificados por su gracia fuésemos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna (Tito 3:7). Así que, tanto la salvación y la vida eterna son aún nuestras mayores esperanzas junto con la misma venida de Cristo (Tito 2:13).

La Parusía y la salvación definitiva

Pablo dice que Cristo volverá por segunda vez para salvarnos en: “así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (Hebreos 9:28). Y Pedro es de igual parecer, cuando dice: “Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” (1 Pedro 1:5). Así que nadie aún es salvo hasta que venga Cristo, nuestro Señor, y tome cuentas a sus siervos por lo que han hecho mientras estaba ausente. En Lucas 19:11-27 Jesús habló de la Parábola de las Diez Minas y en ella él habla del amo que regresa y recompensa a sus siervos por lo que han hecho con sus minas. Los que hicieron más tendrán más dominio sobre las naciones, y los que hicieron menos, menos domino sobre las naciones. Pero aquellos negligentes que guardaron sus minas y se dieron la gran vida, sufrirán la decapitación delante del amo y perecerán para siempre. Así que la vida cristiana es una vida de continuo trabajo para obtener la salvación, que no es otra cosa que ganar la vida eterna en el reino de Dios. Esta verdad muy pocas personas lo entienden, pero una vez que leen Mateo 19:16-25, quedan plenamente convencidos de lo que decimos.

Hermanos, no crean cuando los predicadores le dicen que usted ya ha sido salvado por haber “aceptado a Cristo”. Ese engaño puede resultarle peligroso, ya que le puede dar una falsa sensación de seguridad que no la tiene. El diablo ha levantado engañadores que ofrecen una salvación automática y fácil. Ellos dicen que con sólo “aceptar a Cristo y recibirlo en su vida” usted ya es salvo…¡mentira! Usted no ha sido salvo por aceptar a Cristo y su evangelio!…Usted ha aceptado a Cristo y su evangelio para entrar en el camino de la salvación. Usted ha aceptado correr la carrera cristiana para estar en forma para cuando Cristo regrese, y así él le pueda otorgar su corona de gloria por haber sido un buen “atleta cristiano”. Usted no entrará al reino si usted ha descuidado su ejercitación espiritual y moral, y se ha quedado plantado, pasmado, y fuera de forma. Esta es la verdad que nos presenta la Biblia.


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jueves, 3 de septiembre de 2009

¿SALVA EL BAUTISMO?–¡LA SIMPLE VERDAD QUE USTED DEBE SABER!


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

En primer lugar, la fe sin obras es fe muerta, así que, si uno acepta a Cristo por fe, es necesario decir, como el eunuco etíope a Felipe: “¿Qué impide que yo sea bautizado?” (Hechos 8:36)…y el eunuco fue bautizado inmediatamente y no esperó para hacerlo cuando fuera más viejito. Igual sucedió con el carcelero de Filipos. Esto dijo el carcelero: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos”. El creyó en la predicación de Pablo y fue bautizado con su familia esa misma noche. ¿Por qué tanta urgencia? (Hechos 16:33). He aquí el porqué!

Es importante analizar lo siguiente: El Señor Jesucristo salva a su cuerpo que es su iglesia. Dice Pablo en Efesios 5:23, así: “Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador”. Ahora observemos cómo nos convertimos en miembros de su iglesia o cuerpo para salvarnos. Recuerde que Cristo salvó a su cuerpo. Dice Hechos 2:41 “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (¿se añadieron a dónde?) En el verso 47 tenemos la clara respuesta: “Alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”.

Entonces está claro que para ser salvos hay que estar dentro de la iglesia o cuerpo de Cristo, y la única manera de ingresar al cuerpo de Cristo es creyendo en el Señor y ser bautizados en agua para perdón de pecados. El bautismo, definitivamente, nos hace miembros del cuerpo, y en ese sentido podemos decir que el bautismo cumple un rol salvador en el plan de Dios. No se puede uno salvar prescindiendo del bautismo, pues sin él no podemos ser parte del cuerpo redimido de Cristo.

¿Y qué pasa con aquellos como el ladrón de la cruz que no se bautizaron a pesar de su conversión? Bueno, en ese caso el Señor es el Juez. La Biblia dice que si confesamos con nuestros labios que Cristo es el Señor, seremos salvos (Rom. 10:9). ¿Pero qué sucede con los que nacieron mudos? ¿Acaso se quedarán fuera del reino eterno? Pues, no! Dios es justo y él sabe lo que hay en nuestros corazones y sabe de nuestras limitaciones. Lo importante es que si podemos proceder al bautismo, y no lo hacemos, quedaremos excluidos del cuerpo, y eso significa simplemente la condenación.

sábado, 11 de abril de 2009

EL EVANGELIO DE LA GRACIA Y NUESTRO REINADO FUTURO EN LA TIERRA


Por Ing° Mario A Olcese

Texto clave:
“Pues si por transgresión de un solo hombre reinó la muerte, con mayor razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia REINARÁN EN VIDA por medio de un solo hombre, Jesucristo” (Rom. 5:17--NVI).
Gracia y Reinado
En el texto de arriba Pablo escribe que todos aquellos que han recibido en abundancia la gracia y el don de la justicia, reinarán en vida. Nótese que Pablo no sólo dice que los justificados tendrán la vida, sino que reinarán en vida, ¡y esta vida será vida eterna! (“…y la gracia que nos trae justificación y vida eterna por medio de Jesucristo, nuestro Señor”---Rom. 5:21. También Tito 3:7). Desgraciadamente millones de cristianos no entienden que la gracia de Dios nos conducirá a un reinado con vida eterna. Y si hablamos de un reinado, estamos implicando un reino necesariamente. De allí que el evangelio de la gracia para Pablo se equipara con la predicación del Reino de Dios. Estas son sus palabras: “…que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro” (Hechos 20:24,25). Es imperioso entender que la gracia de Dios nos justifica para poder reinar en vida eterna. Pero este reinado no se produce inmediatamente después de nuestra conversión, ni mientras seamos mortales y corruptibles. Es imposible pensar en un actual reinado de mil años de los santos en nuestra condición de hombres mortales y corruptibles, y cuando sólo podemos vivir hasta los 70, 80 o 90 años de edad. Algunos cristianos del primer siglo parece que olvidaron esta verdad, y creyeron estar ya en una posición de reyes en ejercicio. En 1 Corintios 4:8 Pablo les dice irónicamente a los creyentes corintios que se creían reyes, lo siguiente: “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis, ¡Y ojalá reinaseis para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!” (1 Corintios 4:8). Sin duda alguna, muchos de los creyentes primitivos habían entendido mal la doctrina de la justificación por la gracia que Pablo había estado predicando. Creyeron que su acceso a la gracia los convertía inmediatamente en hombres ricos y con poder cuando en realidad no tenían ningún poder de gobernar el mundo de entonces. Ellos no entendieron que su reinado se produciría en la transformación, cuando recibieran el cuerpo incorruptible e inmortal en la parusía de Jesús.
Gracia y Salvación
Hasta ahora hemos visto que la gracia va estrechamente ligada al reinado futuro de los santos con cuerpos inmortales. Ahora veremos que el apóstol Pablo vincula la gracia con la salvación. Esto lo descubrimos cuando Pablo le escribió a Tito, lo siguiente: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11). Recapitulando, la gracia de Dios se traduce en nuestro reinado, y este reinado es el resultado de nuestra salvación que viene por la gracia de Dios. Esta verdad se deja ver en el diálogo del joven rico con Jesús y sus apóstoles en Mateo 19:11-25, y en donde justamente las tres frases: ‘vida eterna’, ‘el reino’ y ‘la salvación’ se hacen notorias. ¡Ustedes necesitan examinar cuidadosamente cada palabra de esos versículos de Mateo 19! Estamos viendo que la salvación por gracia y el reino de Cristo van de la mano, y ambos están estrechamente ligados como gemelos idénticos en una sola placenta. Los que sostienen que la gracia de Dios no tiene nada que ver con el reino de Dios están engañados. El evangelio del reino de Cristo es el mismo evangelio de la gracia de Pablo. Y Pablo enseñó que su evangelio era el evangelio de Cristo, el mismo inalterable evangelio del reino que él lo llamó “la gracia” (Romanos 15:19; Gál. 1:6-9, Hechos 20:24,25).
La gracia y la Gloria
El apóstol Pedro escribió lo siguiente:
“Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada… Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria… Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca… Por conducto de Silvano, a quien tengo por hermano fiel, os he escrito brevemente, amonestándoos, y testificando que ésta es la verdadera gracia de Dios, en la cual estáis” (1 Pedro 5:1,4,10,12). Estas palabras de Pedro han sido pasadas por alto, o bien, incomprendidas por millones de cristianos. Y es que Pedro mismo dice que la verdadera gracia de Dios es aquella que tiene que ver con la participación de la gloria que será revelada. Esto debe grabárselo bien en su mente, pues si no lo entiende, tampoco comprenderá el mensaje y el propósito de la venida de Cristo al mundo. Aquí está la verdadera gracia que no es predicada por los más populares evangelistas de hoy. La mayoría de ellos predican una gracia totalmente distinta y paganizada, como es la de “recibir a Cristo por la fe para obtener el perdón de los pecados y después partir a la morada final y eterna en el cielo como almas inmortales”. Aunque es verdad que unos pocos predicadores admiten que el reino será efectivamente establecido y otorgado a los santos, éstos yerran al decir que sólo será para los santos Judíos. Nuevamente regresemos a Pedro. El dice en 1 Pedro 5:12 que “ésta es la verdadera gracia”—¿cuál?— Según el contexto (versos 1,5,10) la gracia verdadera es la esperanza de ser parte de la gloria que será revelada en la parusía. Definitivamente también la gracia y la gloria van de la mano. ¡Esto está más claro que el agua cristalina! Y Pablo también coincide con Pedro al escribir a los Tesalonicenses: “a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio (de la gracia o del reino), para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo”. (2 Tes. 2:14)
La gloria y el Reino
Debe quedar en bien claro que la verdadera gracia es la participación de la gloria que será revelada en la parusía. La gloria, a su vez, está vinculada con el Reino. Siempre recuerde que el reino está envuelto en todos estos vocablos clave (salvación, vida eterna, gloria, gracia, etc). Por ejemplo, a los Tesalonicenses Pablo les escribe lo siguiente: “y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria” (1 Tes. 2:12). En los evangelios sinópticos vemos que un evangelista usa para narrar un mismo acontecimiento el vocablo ‘reino’, mientras que otro usa la palabra ‘gloria’. Por Ejemplo: Mateo 20:21: “El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”. Marcos 10:36: “El les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”. Así que el reino de Dios va siempre asociado a los términos gloria, salvación, gracia, evangelio, vida eterna.
En conclusión
Estamos, por la gracia de Dios, llamados a participar de la gloria venidera del reino de Dios con vida eterna. Este es el evangelio o buenas nuevas de la gracia de Dios. Es la Buena Nueva de salvación para la participación (por su gracia) en el reino venidero de Cristo con vida eterna. Esta es la salvación final o escatológica que nos traerá Cristo en su parusía (Heb. 9: 28). ¡Y éste es el verdadero evangelio de la gracia!

viernes, 10 de abril de 2009

LA SALVACIÓN, LA GRACIA, Y NUESTRO REINADO FUTURO EN LA TIERRA



Por Ing° Mario A Olcese (Apologista)

Texto clave:

“Pues si por transgresión de un solo hombre reinó la muerte, con mayor razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia REINARÁN EN VIDA por medio de un solo hombre, Jesucristo” (Rom. 5:17--NVI).

Gracia y Reinado

En el texto de arriba Pablo escribe que todos aquellos que han recibido en abundancia la gracia y el don de la justicia, reinarán en vida. Nótese que Pablo no sólo dice que los justificados tendrán la vida, sino que reinarán en vida, ¡y esta vida será vida eterna! (“…y la gracia que nos trae justificación y vida eterna por medio de Jesucristo, nuestro Señor”---Rom. 5:21. También Tito 3:7). Desgraciadamente millones de cristianos no entienden que la gracia de Dios nos conducirá a un reinado con vida eterna. Y si hablamos de un reinado, estamos implicando un reino necesariamente. De allí que el evangelio de la gracia para Pablo se equipara con la predicación del Reino de Dios. Estas son sus palabras: “…que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro” (Hechos 20:24,25).

Es imperioso entender que la gracia de Dios nos justifica para poder reinar en vida eterna. Pero este reinado no se produce inmediatamente después de nuestra conversión, ni mientras seamos mortales y corruptibles. Es imposible pensar en un actual reinado de mil años de los santos en nuestra condición de hombres mortales y corruptibles, y cuando sólo podemos vivir hasta los 70, 80 o 90 años de edad. Algunos cristianos del primer siglo parece que olvidaron esta verdad, y creyeron estar ya en una posición de reyes en ejercicio. En 1 Corintios 4:8 Pablo les dice irónicamente a los creyentes corintios que se creían reyes, lo siguiente: “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis, ¡Y ojalá reinaseis para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!” (1 Corintios 4:8). Sin duda alguna, muchos de los creyentes primitivos habían entendido mal la doctrina de la justificación por la gracia que Pablo había estado predicando. Creyeron que su acceso a la gracia los convertía inmediatamente en hombres ricos y con poder cuando en realidad no tenían ningún poder de gobernar el mundo de entonces. Ellos no entendieron que su reinado se produciría en la transformación, cuando recibieran el cuerpo incorruptible e inmortal en la parusía de Jesús.

Gracia y Salvación

Hasta ahora hemos visto que la gracia va estrechamente ligada al reinado futuro de los santos con cuerpos inmortales. Ahora veremos que el apóstol Pablo vincula la gracia con la salvación. Esto lo descubrimos cuando Pablo le escribió a Tito, lo siguiente: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11).

Recapitulando, la gracia de Dios se traduce en nuestro reinado, y este reinado es el resultado de nuestra salvación que viene por la gracia de Dios. Esta verdad se deja ver en el diálogo del joven rico con Jesús y sus apóstoles en Mateo 19:11-25, y en donde justamente las tres frases: ‘vida eterna’, ‘el reino’ y ‘la salvación’ se hacen notorias. ¡Ustedes necesitan examinar cuidadosamente cada palabra de esos versículos de Mateo 19!

Estamos viendo que la salvación por gracia y el reino de Cristo van de la mano, y ambos están estrechamente ligados como gemelos idénticos en una sola placenta. Los que sostienen que la gracia de Dios no tiene nada que ver con el reino de Dios están engañados. El evangelio del reino de Cristo es el mismo evangelio de la gracia de Pablo. Y Pablo enseñó que su evangelio era el evangelio de Cristo, el mismo inalterable evangelio del reino que él lo llamó “la gracia” (Romanos 15:19; Gál. 1:6-9, Hechos 20:24,25).

La gracia y la Gloria

El apóstol Pedro escribió lo siguiente:

“Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada… Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria… Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca… Por conducto de Silvano, a quien tengo por hermano fiel, os he escrito brevemente, amonestándoos, y testificando que ésta es la verdadera gracia de Dios, en la cual estáis”.

Estas palabras de Pedro han sido pasadas por alto, o bien, incomprendidas por millones de cristianos. Y es que Pedro mismo dice que la verdadera gracia de Dios es aquella que tiene que ver con la participación de la gloria que será revelada. Esto debe grabárselo bien en su mente, pues si no lo entiende, tampoco comprenderá el mensaje y el propósito de la venida de Cristo al mundo.

Aquí está la verdadera gracia que no es predicada por los más populares evangelistas de hoy. La mayoría de ellos predican una gracia totalmente distinta y paganizada, como es la de “recibir a Cristo por la fe para obtener el perdón de los pecados y después partir a la morada final y eterna en el cielo como almas inmortales”. Aunque es verdad que unos pocos predicadores admiten que el reino será efectivamente establecido y otorgado a los santos, éstos yerran al decir que sólo será para los santos Judíos.

Nuevamente regresemos a Pedro. El dice en 1 Pedro 5:12 que “ésta es la verdadera gracia”—¿cuál?— Según el contexto (versos 1,5,10) la gracia verdadera es la esperanza de ser parte de la gloria que será revelada en la parusía. Definitivamente también la gracia y la gloria van de la mano. ¡Esto está más claro que el agua cristalina! Y Pablo también coincide con Pedro al escribir a los Tesalonicenses: “a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio (de la gracia o del reino), para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo”. (2 Tes. 2:14)

La gloria y el Reino

Debe quedar en bien claro que la verdadera gracia es la participación de la gloria que será revelada en la parusía. La gloria, a su vez, está vinculada con el Reino. Siempre recuerde que el reino está envuelto en todos estos vocablos clave (salvación, vida eterna, gloria, gracia, etc). Por ejemplo, a los Tesalonicenses Pablo les escribe lo siguiente: “y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria” (1 Tes. 2:12).

En los evangelios sinópticos vemos que un evangelista usa para narrar un mismo acontecimiento el vocablo ‘reino’, mientras que otro usa la palabra ‘gloria’. Por

Ejemplo:

Mateo 20:21: “El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.

Marcos 10:36: “El les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.

Así que el reino de Dios va siempre asociado a los términos gloria, salvación, gracia, evangelio, vida eterna.

Conclusión

Estamos, por la gracia de Dios, llamados a participar de la gloria venidera del reino de Dios con vida eterna. Este es el evangelio o buenas nuevas de la gracia de Dios. Es la Buena Nueva de salvación para la participación (por su gracia) en el reino venidero de Cristo con vida eterna. Esta es la salvación final o escatológica que nos traerá Cristo en su parusía (Heb. 9: 28). ¡Y éste es el verdadero evangelio de la gracia!

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LO QUE USTED DEBE SABER DE LA SALVACIÓN DE DIOS




Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)


LA SALVACIÓN BÍBLICA ORIGINAL ES INGRESAR AL REINO DE DIOS CON VIDA ETERNA


Lo que muchos estudiantes bíblicos no parecen entender es que hay una salvación presente referida al perdón de nuestros y a la sanidad (Luc. 23:35) y otra, futura, relacionada con nuestra eternidad (Ver Hebreos 9:28, 1 Pedro 1:5, Luc 18:30, Jud.21). No obstante, son pocos los que saben de qué se trata la salvación futura, y que es, a mi juicio, la más interesante.

Algunos suponen que ya estamos totalmente salvos y que no hay otra salvación que esperar. Éstos suponen que los que están en la gracia de Dios irán al cielo una vez que les sobrevenga la muerte física. Según estos creyentes, Jesús no habló de ninguna salvación futura, pero deliberadamente ignoran los textos de Hebreos 9:28, 1 Pedro 1:5, y el de Mateo 24:13, los cuales afirman que habrá una salvación futura con la segunda venida de Cristo.

La Biblia es clara respondiendo puntualmente lo que es la salvación futura. No obstante, casi nadie ha advertido esta salvación futura que está escondida en el diálogo de Jesús con el joven rico de Lucas 18:18-30. Los militantes evangélicos y los feligreses católicos ni siquiera se han percatado de esta información contenida en este interesante diálogo entre Jesús, el joven rico, y sus apóstoles. Sí amigos, en este diálogo está escondido el significado de la verdadera salvación futura. Sólo aquellos que ESCUDRIÑAN la Biblia con la ayuda del Espíritu Santo, pueden descubrirlo. Pero la mayoría de cristianos apáticos no podrán descubrirlo fácilmente, porque sencillamente no se toman la molestia de hacer un rápido y sencillo escudriñamiento de cada palabra contenida en este diálogo. Usted debe abrir su corazón y disponer su mente para meditar, sin prejuicios, todos los versículos donde aparece el diálogo del joven rico con Jesús. Los vamos a escribir a continuación tal como aparecen en la Biblia (VRV 60): En Lucas 18:18-30 leemos: “Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 19 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios. Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre.21 El dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. 22 Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.23 Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico. 24 Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 25 Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. 26 Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? 27 El les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.28 Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido. 29 Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, 30 que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna”.

Aquí hay cuatro frases ‘clave’ que nos ayudarán a definir claramente lo que es salvación. Esas son: “LA VIDA ETERNA”, “EL REINO DE DIOS”, “SALVO”, “SIGLO VENIDERO”. Estas cuatro frases han sido pasadas por alto por la mayoría de estudiantes de la Biblia, y seguramente por usted mismo, privándose así de comprender lo que es la salvación para Jesucristo y sus discípulos. Usted tiene ahora la oportunidad de entender lo que su Pastor u Obispo de su iglesia nunca le reveló porque está ciego.

El joven rico quería heredar la VIDA ETERNA, pero no estaba dispuesto a dejarlo todo por Cristo. Jesús se ve precisado a decir que difícilmente entrará un rico en el REINO DE DIOS. Los discípulos le preguntan entonces a Jesús: ¿Quién podrá SALVARSE? Y Jesús entonces reafirma lo que antes había dicho y añade que aquellos que hayan dejado todo lo acariciado por el Reino de Dios recibirán la vida eterna en el “SIGLO VENIDERO.

Reflexione ahora: ¿Qué es la salvación, según este diálogo? La respuesta es diáfana como el agua cristalina. Usted deberá disponer su corazón y mente para entender. La fórmula es ésta: ¡Sólo tiene que acomodar las CUATRO FRASES CLAVE! (‘Vida Eterna’, ‘Reino de Dios’, ‘Salvación’, Siglo Venidero). Salvación es entonces —y grábeselo bien porque esto no lo escuchará en ningún lado— “ganar la vida eterna en el reino de Dios del siglo venidero”. Esta sencilla explicación no es conocida por millones de cristianos. La mayoría de cristianos cree que salvación es estar con Dios en el cielo. Pero esto no es lo que dice Jesús. Aquí se habla de un reino y de una salvación futuros que vendrán con la segunda venida de Cristo (Mat.25:31,34; Luc 18:30, Hech. 9:28). Entonces se cumplirá lo dicho en Apocalipsis 12:10: “Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo.” Nótese que la salvación está asociada con el reino y la autoridad de Cristo— ¡Realmente salvación y reino van de la mano! Ah, y los difuntos de la fe tampoco han heredado el reino, pero serán resucitados para entrar en él.

Si uno compara Hebreos 9:28 y Mateo 25:31,34, descubrirá que en la segunda venida de Cristo se desencadenará la salvación de los fieles. Esto quiere decir que éstos “heredarán el reino y la consecuente vida eterna preparados por Dios desde la fundación del mundo.” Este es el verdadero evangelio de Jesucristo que no es predicado mayormente por las iglesias, salvo muy raras excepciones.

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LA VERDAD DE LA PANDEMIA