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miércoles, 1 de septiembre de 2010

EL EVANGELIO PREDICADO A ABRAHAM DE ANTEMANO: “EN TI SERÁN BENDITAS TODAS LAS NACIONES” (Gálatas 3:8)



Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)
Una increíble Ignorancia generalizada

Es sorprendente, pero millones de cristianos aún desconocen el contenido exacto del verdadero evangelio (o ‘buenas noticias’) de Jesucristo. Estos “creyentes” suponen que el evangelio es Cristo mismo, o bien el perdón de Dios, o el llamado al arrepentimiento, o el llamado a la salvación de nuestras almas, e incluso la torá, la Palabra de Dios, la prosperidad, etc. Y aunque cada uno de estos conceptos tiene que ver con el evangelio de Cristo, no son, individualmente, el evangelio de Cristo.

El evangelio anunciado de antemano a Abraham

Jesús es el primero que viene a anunciar el evangelio a los hombres, aunque ya antes Dios lo había anunciado al patriarca Abraham, según Gálatas 3:8. Este texto paulino nos dice lo siguiente: “Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, DIO DE ANTEMANO LA BUENA NUEVA A ABRAHAM, DICIENDO: EN TI SERÁN BENDITAS TODAS LAS NACIONES”. Nótese que el mismísimo Abraham conoció el evangelio de Dios, ¡y muchos cristianos aún no saben esto!

Creo que nosotros podemos decir que evangelio de Dios puede ser resumido como el anuncio o buena noticia de que a través de Abraham, “serán benditas todas las naciones de la tierra.” –¿Pero cómo?

Esta promesa Abrahámica se remonta desde el mismo llamado de Dios a Abraham para que salga de su tierra, Ur de Caldea, a una tierra que Él le mostraría y que le daría como herencia perpetua a él y a su descendencia después de él. Recordemos que en Génesis 12:1, Gén 13:15 y Gén 15:18, Dios le dice a Abraham que lo bendeciría y que haría de él una gran nación. Le dice que le daría una tierra para él y su descendencia para siempre. Dicha tierra sería desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates. Esta tierra, obviamente, no se localiza en otro planeta, o en el cielo, sino en el actual Oriente Medio de nuestro planeta, donde está ubicado Israel, y por supuesto, sus vecinos musulmanes. Más adelante Pablo explicará que Cristo, y todos los que por la fe son de Cristo, son también la simiente de Abraham, y por tanto, los beneficiarios del pacto Abrahamico. Estas son sus palabras: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a SU SIMIENTE. No dice: Y a tus simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es CRISTO. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y HEREDEROS SEGÚN LA PROMESA” (Gál. 3:16.29).

Hasta aquí podemos resumir que el evangelio o buena noticia anunciado a Abraham es la promesa divina de que a través de él (Abraham) serían benditas todas las naciones de la tierra. Esta promesa vendría a ser conocida como el Pacto Abrahámico.

El pacto que Dios hizo con el rey David

Más adelante, cuando el pueblo de Israel se convirtió en una monarquía a pedido del pueblo mismo, el Eterno hizo otro pacto importante, pero esta vez con el rey David. En este pacto, resumido en 2 Samuel 7:11-17, Dios le promete a David que “tu casa y tu reino será afirmada para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente” a través de un descendiente suyo. No obstante, y para sorpresa de muchos, la monarquía del rey David dejó de existir en Israel con la caída del rey impío Sedequías, quien en 586 AC fue depuesto de su trono por Nabucondonosor, y siendo el pueblo fue llevado cautivo a Babilonia para servir al rey invasor como esclavos. Entonces nos preguntamos, ¿incumplirá Dios su promesa porque Él interrumpió la monarquía davídica en 586 AC por la impiedad del rey Sedequías y su pueblo? La respuesta está en Ezequiel 21:25-27, que dice: ”Y tú, profano e impío príncipe de Israel, cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad, así ha dicho Jehová, el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto no será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto. A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, HASTA QUE VENGA AQUEL CUYO ES EL DERECHO, Y YO SE LO ENTREGARÉ”. Pues bien, la decisión de Dios de terminar con la monarquía de David no sería para siempre o definitiva, sino sólo hasta que viniera aquel cuyo es el derecho de heredarlo, y a él Dios mismo se lo entregará.

De modo que habría una persona de la descendencia de David que recibirá la tiara, la corona y el trono para restaurar el reino y la casa de David, que por ahora están caídos. Esta persona sería justa, recta, perfecta, y devota a Dios; impecable en todo aspecto de su carácter.

Un hombre singular e ideal que es descendiente de Abraham y David

El evangelista Mateo nos introduce a su evangelio diciéndonos de Jesucristo, lo siguiente: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham” (Mateo 1:1). Con esta sugerente introducción a su evangelio sinóptico, Mateo nos presenta a un interesante candidato para ser el heredero de Abraham y de David, tanto para heredar la tierra prometida, como para heredar el reino de David, sentándose en su trono, que por el momento está vacante.

Interesantemente, el evangelista Mateo empieza la biografía de Jesucristo destacando algo trascendental e importante para todos aquellos que ya conocen los pactos de Dios con los padres. El nos quiere convencer de que Jesucristo es aquel VARÓN designado por Dios para heredar las promesas hechas a los padres. Y nosotros sabemos que Jesucristo es el candidato ideal para heredar la tierra prometida y el trono de David porque él es un hombre recto, perfecto y temeroso de Dios. El es realmente un Hijo de Dios ejemplar, el ungido ideal y perfecto para hacerse cargo del dominio mundial y traer las bendiciones prometidas por el Padre celestial a todas naciones de la tierra. Aquí no hay ninguna promesa de heredar el cielo y vivir para siempre con Jesús como angelitos alados, tocando un arpa o una lira dorada frente al trono celestial. Aquí hay un promesa de bendición que se focaliza en esta misma tierra, pero renovada y purificada. Este es el verdadero mensaje que Cristo vino a predicar, y que llamó: “El Evangelio del Reino”.

El Evangelio del Reino

Jesús fue del todo claro cuando dijo que fue enviado por Su Padre para predicar el evangelio del reino de Dios. Estas son sus palabras: “Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios, PORQUE PARA ESTO FUI ENVIADO” (Lc. 4:43). El apóstol Pablo luego dirá: “Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para CONFIRMAR las promesas hechas a los padres” (Romanos 15:8). Sí, mis amigos, Jesús fue enviado exclusivamente para anunciar el evangelio del reino de Dios, y a confirmar las promesas hechas a los padres. El llamó a la gente al arrepentimiento, para que por la fe en él, y en su mensaje del reino, viniesen a ser verdaderos hijos de Abraham, y hermanos suyos. Esto no sólo los convertiría en coherederos con él de la tierra prometida a Abraham, sino también en coherederos del reino eterno prometido a David para un descendiente suyo (“aquel varón”), ejerciendo como príncipes co-gobernantes. Si entendemos bien estos dos pactos importantes, podremos comprender cuál es la razón por la cual nacimos en este mundo, si somos verdaderamente los predestinados por Dios.

La ignorancia no acaba…¡más bien empeora!

Pero esta ignorancia del verdadero evangelio de Cristo que ya dura 17 siglos, se vio “coronada” cuando los teólogos Alejandrinos lo sustituyeron por un “reino espiritual” o como la iglesia militante. Uno de esos grandes teólogos responsables del cambio fue Agustín de Hipona, quien interpretó el reino como la iglesia. Es decir, el reino ha sido reinterpretado como un asunto que tiene que ver con un reinado presente de la iglesia en la supuesta presente era milenial. También los llamados “evangélicos” han apostatado de la esperanza original cuando comenzaron a enseñar que los cristianos están llamados para el “reino ahora”, que es un llamado a conquistar el mundo entero para Cristo antes de su regreso. Estos suponen que una vez que se haya convertido el mundo entero al cristianismo, el reino de Cristo habrá llegado, y con él, las bendiciones prometidas. Todo esto resulta inverosímil para quienes conocen a fondo los pactos y promesas de Dios, y además, las precisas enseñanzas de Jesús con respecto a su reino y reinado venideros. Realmente es sorprendente ver cómo muchos evangélicos han apostatado de la fe original tratando de construir el reino ahora en la tierra sin la misma presencia personal del rey del reino. Estos creen que están ayudando a Jesús a establecer su reino, cuando lo que en realidad están haciendo es engañar a la gente y conducirlas a su perdición, al hacerles creer en otro Jesús y otro evangelio que no se parece al original. Sin duda alguna, Satanás está haciendo un trabajo muy sutil para confundir a los potenciales creyentes, y también a los que dudan, o no creen, para que no se salven. Es por eso que Dios me llamó para corregir este error de las iglesias, tanto de la católica, de la evangélica, de la protestante, de los llamados cultos, especialmente los Testigos de Jehová, los Adventistas del Séptimo Día, y los Mormones, a través de mis blogs que muchos de ustedes ya conocen bien. Y esto lo digo con humildad, porque sé que mi mensaje no es humano, sino que emerge de las mismas Escrituras. Todo lo que he venido predicando del reino en los más de 200 artículos que he escrito no son de mi inspiración, sino que son fruto de años de estudio y escudriñamiento de las Santas Escrituras, la Biblia. Yo no soy ningún profeta, ni iluminado; soy simplemente un bereano que habla donde la Biblia habla, y calla donde la Biblia calla. Es decir, no voy más allá de lo que está escrito. Esta es la “fórmula” para no desviarse de lo que Dios quiere revelarnos. Pero muchos han olvidado estos principios para impregnar en la Biblia sus prejuicios, doctrinas y conceptos heredados del paganismo, a través de Roma y Grecia (Platonismo).

La Biblia es un libro escrito por Hebreos, y debe ser entendida bajo la mentalidad y el contexto Hebreos, no Griegos. Este es otro secreto del éxito de una exégesis sana.

Dios los bendiga!

lunes, 7 de diciembre de 2009

¿ESTARÁN GOBERNANDO CON CRISTO LOS HÉROES DE LA FE DEL ANTIGUO TESTAMENTO?


Estimado Mario:

Mencionas en uno de tus artículos de la existencia de dos grupos en el Reino de Dios: El de los gobernantes, que serán inmortales y el de los gobernados, que serán mortales y en consecuencia sujetos a muerte, hasta ahí todo bien. El error y según mi opinión, se produce cuando afirmas que en ese primer grupo, formarán parte, Abraham, David y otros grandes notables, que por estar mencionados antes que los apóstoles, debo entender que te referirás a los grandes personajes del AT. Y eso querido Mario, no es lo que dijo Jesús, por lo cual podrías estar incurriendo en el error de estar predicando un evangelio distinto al que predicó, o sea, estar enseñando una cosa que Él no enseñó. Si eso fuera realmente así y yo no estuviera equivocado, según Pablo, tú estarías en un grave peligro (Gál.1:8-9). Veamos, si te parece bien, las razones por las cuales los notables del AT no pueden formar parte de ese primer grupo y en consecuencia, del gobierno del Reino.

Una de las características de los coherederos del Reino, los únicos participantes en la primera resurrección (Rev.20:4) y por lo que se les concede la inmortalidad, es una muerte de martirio. No olvides lo que Pablo citó en Rom.6:5: “Si nos hemos unido a Cristo en una muerte como la suya, también nos uniremos a él en su resurrección.” Y por lo que Pablo escribe a los filipenses, tenía perfectamente claro y asumido, que tipo de muerte era la que tenía que experimentar. Esto es lo que él nos dice: “Lo que quiero es conocer a Cristo, sentir en mí el poder de su resurrección y la solidaridad en sus sufrimientos; haciéndome semejante a él en su muerte, 11 espero llegar a la resurrección de los muertos.” (Fil.3:10-11). Ello queda probado, por ejemplo en Rev.6: 9-11: “Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados a causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron. 10 Se pusieron a gritar con fuerte voz: “¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin tomar venganza por nuestra sangre de los habitantes de la tierra?” 11 Entonces se le dio a cada uno un vestido blanco y se les dijo que esperasen todavía un poco, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que iban a ser muertos como ellos.” El hecho de que pidan venganza, solo puede deberse a la circunstancia de haber sufrido una injusta muerte de martirio, ya que si hubieran muerto de vejez o de enfermedad, no tendría sentido el que pidieran venganza. Y el hecho de que aquellos a los que tenían que esperar, tenían que ser muertos como ellos, denota esta característica o exigencia para todos aquellos, que aspiren a gobernar con Cristo. Entiendo que añade fuerza a este argumento, lo que nos cuenta Juan que vio en Rev.20: 4: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.” Luego, los que Juan vio sentarse en el trono, eran aquellos que por causa del testimonio de Jesús murieron decapitados, o sea, una muerte de martirio o sacrificio. Pero resulta que los notables del AT, en primer lugar, no pudieron dar testimonio de Jesús a nadie, dado que en sus tiempos este aún no existía, es más, tardo unos cuatrocientos y pico de años en aparecer, contando a partir del último libro de las escrituras hebreas (Malaquías). Y en segundo lugar, no hay constancia en ninguna escritura de que los Abraham, Noé, Lot, Moisés, Isaac, Daniel y todos los etcéteras que quieras añadirle (salvo alguna excepciones), experimentaran una muerte de martirio, más bien todo lo contrario. Por ejemplo, Abraham (Gén.25:8), o Isaac (Gén.35:29), o Jacob (Gén.49:33), o David (1 Rey. 1:1-3), o Daniel (Dan.12:13) y otros muchos (la mayoría) acabaron su vida de muerte natural. Luego, no califican para ese puesto.
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También según Jesús, para entrar en el Reino y eso tú lo has escrito infinidad de veces, es requisito indispensable el nacer de nuevo: “Respondió Jesús: “En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios” (Juan 3:5). Creo que no hay ninguna duda de lo que quiso decir Jesús y si eso es así, tendrás que concordar conmigo que absolutamente ninguno de los notables del AT reunía estos dos requisitos. Para tenerlo claro, ninguno de ellos fue bautizado en el nombre de Jesús, ni recibió el bautismo (ungimiento) del Espíritu Santo, circunstancia esta última que empezó en el Pentecostés de 33 EC. Luego ninguno de ellos puede entrar en el Reino como cogobernante con Cristo. Y es que la posibilidad de ser parte de esa élite de personas, unas pocas (Lucas 12:32), tuvo una fecha de inicio según palabras de Jesús. Leamos Lucas 16:16: “La Ley y los Profetas eran hasta Juan. Desde entonces se declara el reino de Dios como buenas nuevas, y toda clase de persona se adelanta con ardor hacia él.” O sea, que si lo entendemos bien, no fue sino hasta después de Juan el Bautista, cuando se abrió la posibilidad de acceso a ese privilegio de entrar en el Reino, con inmortalidad y en calidad de cogobernante con Cristo, no antes.
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Esta circunstancia tú mismo la reconoces en el párrafo tres de tú artículo titulado; “¿Qué debemos hacer para entrar en el Reino de Dios?”. Te lo paso a transcribir tal cual lo redactaste: “Jesús dijo: “La ley y los profetas fueron hasta Juan: desde entonces el reino de Dios se predica, y todos se esfuerzan por entrar en él” (Lucas 16:16). ¿Qué es lo que se predica desde Juan el Bautista? El reino de Dios! ¿Qué debe hacer cada hijo de Dios hacer para entrar a este pedazo de cielo en la tierra? “Todos se esfuerzan por entrar en él.” La palabra “esforzar” significa la actividad vital, la concentración y trabajo duro. El cuerpo, alma, mente y el corazón de todos debe estar centrado en el objetivo: presionar en el reino de Dios por superar todos los obstáculos y las tentaciones que Satanás nos pone en nuestro camino”. Estarás de acuerdo conmigo, que los notables del AT no pudieron esforzarse por conseguir algo que no existía en su tiempo, máxime teniendo en cuenta que ni siquiera el mismísimo Juan, tendría acceso al mismo (el Reino) según dejó claro el propio Jesús: “Os digo que entre los nacidos de mujer, no hay ninguno mayor que Juan. Sin embargo, el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él” (Lucas 7:28). Luego, si el más pequeño en el Reino, o sea el último, era mayor que Juan, habría que entender que Juan no estará en el, ya que de no ser así, las palabras de Jesús no tendrían sentido. Y puesto que los Abraham y compañía, según este texto, no pueden ser mayores que Juan, les aplican las mismas palabras y tampoco pueden estar en el.
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Pero es que hay otra cuestión que deberíamos resolver: ¿con quienes se comprometió Jesús para gobernar con Él? Porque lógicamente, al responder a esa pregunta, averiguaremos quienes conformarán ese grupo de inmortales que han de gobernar con Él en el Reino. Veamos una interesante conversación que Jesús mantuvo con sus discípulos, registrada en Mateo 19:27-29: “Entonces Pedro le dijo en respuesta: “¡Mira! Nosotros hemos dejado todas las cosas y te hemos seguido; ¿qué habrá para nosotros, realmente?”. 28 Jesús les dijo: “En verdad les digo: En la re-creación, cuando el Hijo del hombre se siente sobre su trono glorioso, ustedes, los que me han seguido, también se sentarán sobre doce tronos y juzgarán a las doce tribus de Israel. 29 Y todo el que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos, o tierras, por causa de mi nombre, recibirá muchas veces más, y heredará la vida eterna.” Luego vemos que Jesús comprometió el gobernar con Él en el Reino, a sus discípulos y, según se deduce del v.29, con todos aquellos escogidos, que después de ellos, abandonaran todo por causa de su nombre.” Podríamos leer también Lucas 22:28-30: “Sin embargo, ustedes son los que con constancia han continuado conmigo en mis pruebas; 29 y yo hago un pacto con ustedes, así como mi Padre ha hecho un pacto conmigo, para un reino, 30 para que coman y beban a mi mesa en mi reino, y se sienten sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.” Luego por el contenido de estos textos, deberíamos de razonar, que los notables del AT, quedan fuera de este arreglo dado que ellos ni pudieron seguir a Jesús, ni tuvieron que abandonar nada a causa de su nombre, sencillamente y como antes hemos dicho, porque este aún no existía en sus tiempos y por otra parte, al no existir ellos en los días de Jesús (habían muerto mucho antes), no pudieron estar presentes en la ocasión en la que tomó forma el arreglo del pacto y por tanto, no pudieron ser partícipes de el. Y Jesús fue muy claro en identificar a aquellos con los que establecía el pacto: “ustedes, los que me han seguido”.
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Creo honestamente Mario, que he aportado suficiente evidencia que nos dice que algo está mal en tu planteamiento. Es cierto y soy consciente de ello, que de aceptar mi información como correcta, deberías de reflexionar acerca de algunos de tus puntos de vista acerca de la configuración del Reino y de los textos que usas para mantener los tales.
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Un abrazo.
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Armando
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Respuesta de apologista:
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Querido Armando, muchas gracias por tu carta y por las aclaraciones que me haces con relación a un artículo que publiqué en mi blog no hace mucho.
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Por lo que veo, tú crees que sólo aquellos que han sufrido el martirio podrán obtener la inmortalidad y así reinar con Cristo durante el milenio. Pero esta postura tuya tiene algunos problemitas que hay que solucionar. El primero de ellos es Juan, uno de los doce apóstoles, quien, como tú sabes bien, no murió en el martirio, es decir, no fue decapitado, quemado, atravesado por lanzas o flechas, o crucificado.
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La enciclopedia Wikepedia dice de los mártires, lo siguiente: En el mundo occidental de tradición cristiana, la palabra (mártir) tiene históricamente connotaciones religiosas, pues se ha considerado que un mártir era una persona que moría por su fe religiosa, y en muchos casos era torturada hasta la muerte. Los mártires cristianos de los tres primeros siglos después de Cristo eran asesinados por sus convicciones religiosas (a veces eran crucificados como Cristo) de la misma manera que los prisioneros políticos romanos o arrojados a los leones en un espectáculo circense.
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Así pues, los mártires cristianos fueron asesinados cruelmente por su fe. ¿Pero fue San Juan asesinado por su fe? NO!!! San Juan el apóstol murió pacíficamente en Efeso hacia el tercer año del reinado de Trajano, es decir hacia el año cien de la era cristiana, cuando tenía la edad de noventa y cuatro años, de acuerdo con San Epifanio. ¿Dirás, Armando, que el apóstol Juan, el bien amado, no tiene derecho de reinar con Cristo porque murió pacíficamente sin ser martirizado? ¿Acaso no prometió Jesús doce tronos y no once para sus apóstoles? Si Juan quedó excluido porque no murió mártir, Jesús debió haber hablado de once tronos para sus apóstoles, y no doce (Mateo 19:27-29).
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El otro punto que debemos considerar lo encontramos en Apocalipsis 20:4, dónde Juan describe que los degollados o decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. ¿Es que acaso sólo los decapitados por el testimonio de Jesús y por la palabra de Dios durante la tiranía del anticristo reinarán con Cristo? ¿Qué hay de aquellos mártires de la Edad Media que murieron en la hoguera, pero no fueron decapitados ni marcados con la marca de la bestia? ¿Acaso no serán inmortales y reyes? ¿Y qué hay de aquellos que murieron y mueren en estos momentos en los países comunistas o islámicos? ¿Dejarán estos mártires de reinar porque murieron por causa del testimonio de Jesús y por la palabra, más no porque rehusaron recibir la marca de la bestia y adorar su imagen? ¿Qué hay de aquellos que murieron por su fe, ya sean lapidados, crucificados, quemados vivos, encarcelados, pero no decapitados?…¿y qué hay de aquellos que sufrieron mucho por Cristo y murieron de buena vejez en sus casas?
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¿Me estoy realmente desviando de la verdad cuando incluyo entre los futuros inmortales a aquellos que murieron de buena vejez como Abraham, Isaac, Jacob, David, Salomón, los profetas, San Juan, y muchos otros hombres de fe de renombre? ¡Pues no me estoy desviando en absoluto!… Y he aquí la razón. Fíjate lo que Jesús mismo dijo en Lucas 13:28 “Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. El verso 29, dice: “Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se SENTARÁN a la mesa en el reino de Dios”. Pues bien, en el Verso 28 de Lucas 13 vemos que los patriarcas y profetas estarán en el reino de Dios, aunque tú podrías alegar que ellos estarán en el reino sólo como súbditos, mas no como reyes inmortales, pues no se les ve en la mesa mesiánica. También tú podrías decir que en el verso 29 se habla de otro grupo que viene de oriente, occidente, norte y sur, los cuales sí se sientan con Cristo en su mesa, y que son de la clase de los inmortales, es decir, los que reinan con Cristo. Pero fíjate ahora lo que dice Mateo 8:11 sobre este mismo grupo internacional que viene del norte, sur, este, y oeste: “Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se SENTARÁN (¿con quiénes?) con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos”. Es decir, el grupo internacional y los patriarcas y profetas estarán juntos en el reino como personas inmortales, compartiendo la mesa mesiánica con Cristo.
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Resumiendo:
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Lucas 19:28 nos habla de los patriarcas y profetas en el reino de Dios.
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Lucas 19:29: nos habla de un grupo internacional que se sienta en la mesa con Cristo.
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Mateo 8:11: nos dice que el grupo internacional se sienta con Abraham, Isaac y Jacob en el reino.
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Por tanto, Abraham, Isaac, Jacob y todos los profetas estarán también en la mesa mesiánica junto con Cristo y el grupo internacional. Es decir, que todos estos fieles serán co-gobernantes con Cristo en su reino, y serán todos inmortales.
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¿Y qué hay del bautismo como pre-requisito para entrar en el reino?
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Es cierto que Jesús le dijo a Nicodemo que él debía nacer de nuevo de agua y del Espíritu para entrar en el reino. ¿Pero fueron bautizados los notables del AT para entrar en el reino? Pues, sí. Según Pablo, en Moisés todo el pueblo fue bautizado en la nube y en el mar: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo”. Y aunque la Biblia no lo dice, podría yo suponer que el mismo Noé y su familia recibieron el bautismo en la lluvia y en el mar, cuando Dios destruía a los impíos. Así que el pueblo que formaría la monarquía davídica fue bautizado en la nube y en el mar…y el pueblo bebió de esa bebida espiritual que representaba al Cristo, el salvador y rey. Quisiera, sin embargo, agregar un comentario sobre el bautismo en el periodo del AT que encontré en otro sitio web: “Los Profetas del antiguo pacto también hablaron de lavamientos y purificaciones, si bien este llamado más que nada era un llamado simbólico a la purificación espiritual, podemos rescatar el hecho de que para esta purificación se mencione el agua, el cual es elemento principal en el bautismo practicado por la congregación de Jesús.
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Veamos lo que dice Isaías 1:16:
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“Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo”.
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También en la profecía del Antiguo Pacto se habla acerca de los lavamientos y de las purificaciones de pecados, aquí también el agua es elemento principal para estas purificaciones. Por lo tanto encontramos desde ya en esos tiempos un origen para el bautismo practicado por Juan el bautista primitivamente y luego por el Mesías Jesús y la congregación. Veamos algunos pasajes:
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Ezequiel 36:25: Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré.
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Zacarías 13:1: En aquel tiempo habrá un manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y de la inmundicia.
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Como podemos ver en estos pasajes proféticos, se explica el uso del agua para el lavamiento de pecados, esto representa un simbolismo el cual Dios considera de gran importancia, pues desde estas profecías nace el origen del bautismo. Es decir el bautismo nació en la mente y en el corazón de YaHWeH representativamente en los lavamientos y las purificaciones en el antiguo pacto, para que luego en el futuro tomara su real cuerpo con la llegada del Mesías a la tierra. La tradición enseña además que incluso los judíos tenían por costumbre bautizar a los gentiles para ser limpiados de pecados y luego los sometían a la circuncisión para guardar la Ley. El bautismo se prescribió a los prosélitos (quizás a.C.) para incorporar a los gentiles en la comunidad judaica. También lo practicaron los Esenios.
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Por último, hablando del origen del bautismo me gustaría comentar acerca de un texto maravilloso que nos habla de un bautismo divino que se originó en el tiempo de Moisés. Es impresionante observar como Dios se preocupó de todos los detalles del viaje de su amado pueblo durante ellos estuvieron en el desierto, pero bueno, sin más preámbulo vea este maravilloso ejemplo de bautismo.
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“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era el Mesías” (1Corintios 10:2-4)
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¿Por qué debería estar Abraham en el reino como un rey?
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Pues las Escrituras nos dicen que Abraham creyó en el evangelio, cuando se le dio las buenas nuevas de antemano. Dice Gálatas 3:8 “Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio DE ANTEMANO LA BUENA NUEVA a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones”. Por eso Jesús dijo de Abraham: Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó (Juan 8:56). Y como dijo Jesús en Juan 1:12, todos los que lo reciben a él y creen en su nombre, Dios los ha hecho hijos de Dios…y si hijos, luego herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo, con tal que suframos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. (Romanos 8:14-17).
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Si Abraham, el paradigma y padre y de la fe, no obtendrá la inmortalidad para ser un coheredero y cogobernante con Cristo en su reinado milenial, entonces él no hizo méritos suficientes para ser un hijo de Dios, y eso es una blasfemia. En Romanos 14:13-25 Pablo habla de la fe y la justificación de Abraham y de todos los que son de la fe, así:
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“Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa. Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión. Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros (como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia. Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación”.
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Si examinas estos versos paulinos, verás que el apóstol de los gentiles comienza diciendo que a Abraham o a su descendencia (es decir, Cristo y los que son de Cristo) se le dio la promesa de que sería HEREDERO DEL MUNDO. Así pues, Abraham y su descendencia tenían LA MISMA PROMESA DE HEREDAR EL MUNDO. Por tanto, afirmar que Abraham tiene una esperanza distinta que su descendencia (que es Cristo y su iglesia), es un error garrafal.
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También descubrimos que la fe de Abraham fue contada por justicia, es decir, que Abraham fue justificado por su fe, y Pablo es claro cuando nos dice qué es lo que consiguen los justificados como Abraham: “Y a los que predestinó, a éstos también llamó (Abraham fue llamado por Dios); y a los que llamó, a éstos también JUSTIFICÓ (por la fe); y a los que justificó, a éstos también GLORIFICÓ” (Romanos 8:30). Así que Abraham fue GLORIFICADO de antemano por Dios debido a su fe. Un poquito antes, en el versículo 17 de Romanos 8, Pablo ya había escrito que los glorificados son necesariamente sus hijos y herederos, y además, los coherederos con Cristo. Estas son sus palabras: “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos GLORIFICADOS”. Así que Abraham fue de antemano GLORIFICADO y esto lo convierte en hijo y heredero de Dios.
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Insistir tercamente que al patriarca Abraham nunca se le prometió un puesto de honor al lado de Cristo como cogobernante de su reino, es una necedad de marca mayor. Y si Abraham heredará lo mismo que Cristo, ¿por qué no también los otros patriarcas y hombres de fe del AT?
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Y con relación a David, sería absurdo que después de haber sido él el más grande rey de Israel, en el milenio pase a ser un simple súbdito de su reino.
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domingo, 29 de noviembre de 2009

¿QUIÉN ES LA SIMIENTE DE ABRAHAM? ¡UNA VERDAD CENTRAL DE LA BIBLIA PASADA POR ALTO POR MUCHOS CRISTIANOS!




Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)
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.Yahweh llama a Abraham para darle una tierra

Es interesante escuchar la promesa que Yahweh le hizo a Abraham en Génesis 12:1-3, porque ésta traería en el futuro muchas bendiciones para a TODA la humanidad. Estos tres versos dicen:
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“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”.
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Aquí vemos que Yahweh llama a Abraham para que salga de su tierra (Ur de Caldea) y de su parentela para dirigirse a una tierra que Él le mostraría, porque Yahweh se propuso hacer del patriarca una gran nación. Este tendría un nombre sobresaliente y sería bendito y de bendición para todas las naciones. Pues bien, enseguida veremos qué tierra le mostró Yahweh a Abraham. En Génesis 13:14-17 encontraremos la respuesta puntual de cuál tierra se le mostró al Patriarca:
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“Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada. Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré”.
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Hasta este punto nos damos cuenta de que la tierra que Yahweh le mostró a Abraham no era territorio fuera de este mundo, o en el cielo, sino un territorio que él puede ver de frente, un horizonte con cuadro coordenadas claras: Norte, Sur, Este y Oeste en este mismo planeta. Recuerde siempre esto: A Abraham no se le llevó al cielo para que mirará un “territorio celestial” como muchos suponen, sino un territorio desde el mismo lugar donde él está parado, hacia el norte, sur, este, y oeste. Pues bien, Dios mismo dará a Abraham los límites del territorio prometido, y veremos que no es un lugar fuera de este mundo. Dice así Génesis 15:18:
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“En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates”.
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Ahora sí ya tenemos los límites del territorio prometido a Abraham por Dios, es decir, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates. Si alguno cree que estos ríos no están en este mundo, mejor que vaya al psiquiatra.
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La Tierra prometida es también para la simiente de Abraham
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Como hemos leído en Génesis 15:18, la tierra prometida sería también para la descendencia de Abraham. Esto es muy interesante, porque Abraham tuvo hijos que le dieron una gran familia, tanto por la línea de Isaac, como por Ismael, cumpliendo lo dicho por Yahweh en Génesis 17:4-7. Sin embargo, veremos más adelante quién es verdaderamente la simiente o descendencia de Abraham que recibirá la tierra de la promesa.
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En Génesis 22:15-17 vemos que Dios confirmó su pacto con Abraham al probar éste su fidelidad y obediencia hasta el punto de asentir o acceder ofrecer a su propio hijo Isaac en holocausto. Los versos dicen:
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“Y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz”.
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En los siguientes capítulos de Génesis veremos que efectivamente Yahweh confirmará su pacto con Isaac, y luego con Jacob, tal como lo hizo con el primer patriarca Abraham.
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Jesús es la simiente o descendencia de Abraham
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El apóstol Pablo nos aclara que la descendencia de Abraham es nuestro Señor y salvador Jesucristo. En Gálatas 3:16 Pablo dice:
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“Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo”.
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Así que ya sabemos que Jesucristo es la simiente a la cual hizo referencia el eterno Yahweh, el único Dios verdadero. Es por eso que Pablo pudo decir que la simiente de Abraham sería heredero del mundo:
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“Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe” (Rom. 4:13).
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Además dijo:
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“Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres” (Romanos 15:8).
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Así que Jesús vino a confirmar las promesas hechas a los padres, y no ha anularlas o abrogarlas. El sabía que era esa simiente prometida, y sabía igualmente que las promesas estaban vigentes aún. El estaba muy consciente de que sería el heredero de la tierra prometida, y que a través de él todas las naciones serían benditas.
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¿Quién es la otra simiente de Abraham?
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El apóstol Pablo responde esta pregunta con mucha claridad, así:
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“Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje (simiente) de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:29).
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“Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos (simiente) de Abraham Luego los de la fe son benditos con el creyente Abraham”—Gál. 3:7,9).
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¿Tomó usted nota de lo que dijo Pablo en cuanto a quiénes son también “la simiente” de Abraham? Pues todos los que somos de Cristo, los hombres y mujeres que compartimos la misma fe de Abraham. La fe de Jesús era la misma fe de Abraham. Y esa fe su centraba en la herencia de una tierra de una simiente bendita que traería grandes bienaventuranzas al mundo entero, es decir, a todas las naciones de la tierra.
¿Tiene usted esa misma esperanza de heredar la tierra para que participe en su renovación y hacerla un mundo justo y recto (un paraíso restaurado)?.
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En otro estudio veremos la promesa que Dios le hizo al rey David en cuanto a la herencia y a la perpetuidad de su reino a través de uno de sus descendientes más nobles…el Señor Jesucristo. Éste futuro rey, junto con sus seguidores (la iglesia), heredarían la tierra prometida (pacto Abrahámico) y el dominio del mundo entero (pacto davídico) a través de la restauración del reino para cuando volviera el heredero legítimo de David, el Señor Jesucristo.
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Bendiciones os sean multiplicadas.
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sábado, 11 de abril de 2009

JESUCRISTO ES HIJO DEL PATRIARCA ABRAHAM---¿QUÉ IMPORTANCIA TIENE ESTO?



Abraham: ¿Quién Fue Él?

Especialmente en el Nuevo Testamento encontramos que a Jesucristo se le llama “el hijo de Abraham”. Por ejemplo, en Mateo 1:1 leemos esto: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”. Nótese que Mateo afirma que Jesucristo es hijo de Abraham, pero al mismo tiempo se nos dice que es igualmente hijo del rey David. Por ahora nos interesa desarrollar todo lo que implica la frase “hijo de Abraham” que se le da a Jesucristo, pues este título, como el de “hijo de David”, implica un vínculo familiar muy especial e importante que le puede involucrar a usted y las gentes de todas las naciones.

Abraham había nacido en Ur de Caldea y fue escogido por Dios para bendecir a la humanidad toda a través de él y su descendencia (singular). Sí, con el pasar de los siglos, Jesucristo nació de María, y así vino a ser hijo de Abraham, pues vino a ser su descendiente según la carne. Con el patriarca Abraham Dios hizo un pacto solemne de bendición futura para toda la humanidad.

El Pacto de Dios con Abraham

Todo se inició con el llamado que le hizo Dios a Abraham para que dejara su tierra con el propósito de que heredara una “nueva tierra” que Él había elegido para Su posesión exclusiva. Nótese lo que dice Génesis 12:1-3: “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”.

Nótese que Dios hace un arreglo con Abraham el cual incluía las siguientes cláusulas importantes:

1.- Dios haría de Abraham una nación grande.
2.- Abraham sería bendecido y su nombre engrandecido.
3.- Abraham sería de bendición para todas las familias de la tierra.

En Génesis 13:14,15 leemos que Dios le vuelve a decir a Abraham, lo siguiente: “Y Jehová dijo Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre”. Es claro que Dios le estaba ofreciendo a Abraham una tierra para que la pudiese heredar perpetuamente, y que podía conocerla con sólo dirigir su vista al norte, sur, este, y oeste.

También es significativo de que a Abraham no se le dijo que mirara hacia el cielo, o hacia arriba, más allá de las estrellas, para imaginarse una herencia en el “tercer cielo”. Definitivamente Abraham nunca creyó que él tendría una herencia permanente en el cielo, ni tampoco para su descendencia después de él. Él comprendió muy bien que su mirada debía estar puesta en la tierra prometida, la tierra de promisión que fluye “leche y miel”.

Ahora bien, en Génesis 15:18 Dios le da más detalles de la herencia prometida a Abraham con estas palabras interesantes: “En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto, hasta el río grande, el río Eufrates”. Pues bien, si uno mira los límites demarcados por el río Nilo y el río Éufrates en un mapamundi, verá que éstos se ubican en el oriente medio, en lo que es ahora parte de Siria, Líbano, e Israel. Es importante este detalle, pues a Abraham y a su simiente Dios le daría la tierra prometida de la cual hicimos mención hace unos instantes.

¿Quién es la Simiente de Abraham?

Ahora viene el punto crucial en cuanto a quién es la descendencia prometida de Abraham. Pues bien, según el registro bíblico, Abraham tuvo como hijo a Ismael, el hijo de la esclava egipcia Agar; luego Abraham engendró a Isaac, el hijo que procreó con su esposa Sara. Después, al quedar Abraham viudo, se vuelve a casar con otra mujer llamada Cetura, la cual le dio seis hijos más.

De modo que Abraham tuvo hijos, pero sólo uno de ellos fue el verdadero primogénito de Abraham. Recordemos que el primogénito tenía el derecho de heredar el doble que sus hermanos de lo que el padre poseía. Así era la costumbre Hebrea. También tenía la jefatura de la casa del padre, y recibía una especial bendición de Dios. De modo que es importante saber quién de los ocho hijos era el verdadero primogénito.

Algunos podrían decir que el primogénito era el primer hijo que tuvo Abraham. En su caso se supondría que era Ismael. ¡Pero así no piensa Dios! Ismael no fue el primer hijo de Sara, con quien Dios consumaría su pacto. Dios considera primogénito al hijo que le nacería de Sara, al hijo mayor de la esposa. Así lo leemos en Génesis 21:12 donde dice: “Entonces dijo Dios a Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia”. En otras palabras, Dios escogió a Isaac como primogénito de Abraham, y por tanto se constituyó en el jefe de su casa, y el que recibía el doble de bendición que los otros hijos.

La otra evidencia que tenemos de que Isaac fue el verdadero primogénito es que su hijo Jacob heredó la primogenitura a la muerte de su padre. Dice Éxodo 4:22 así: “Y dirás así a faraón: Jehová ha dicho así: Israel (=Jacob) es mi hijo, mi primogénito”. Pero nótese que Esaú fue mayor que Jacob (=Israel), pero no obstante, Dios llama a Jacob “mi primogénito”— ¿Por qué? Porque Esaú vendió su primogenitura por un plato de lentejas. Lo cierto es que la primogenitura continuó por la línea de Isaac, hijo de Sara, esposa de Abraham. Los hijos de Agar y Cetura no estaban incluidos en el pacto abrahámico. Sus otros siete hijos no estaban incluidos como “la descendencia de Abraham”.

De Jacob nacieron doce hijos, de los cuales Judá era uno de ellos. Este hijo de Jacob recibió de Dios la siguiente bendición: “Judá, te alabarán tus hermanos; tu mano en la cerviz de tus enemigos; los hijos de tu padre se inclinarán a ti...no será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a él se congregarán los pueblos” (Génesis 49:18,10). Nótese que Judá sería reverenciado por los demás hermanos como el más importante de los hermanos. De él saldrían los reyes que gobernarían a Israel, incluyendo al futuro Mesías, el hijo de David, el Cristo, la descendencia de Abraham.

Tenemos entonces que de Isaac vendría la descendencia prometida a Abraham. Leemos en Gálatas 3:22,23 lo siguiente: “Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos: uno de la esclava, el otro de la libre. Pero el de la esclava nació según la carne; mas el de la libre, por la promesa”. Entonces de Isaac, Jacob, y de Judá, vendría aquella singular descendencia de Abraham que bendeciría al mundo entero y regiría los destinos de la tierra prometida y del mundo entero, pues la profecía bíblica señalaba al Mesías esperado (O sea la descendencia de Abraham—Isaías 9:6,7; 32:1) cuyo gobierno (reino) sería mundial (Salmos 72:8-11).

¿Quién es la simiente o descendencia de Abraham que heredaría la tierra al final de los tiempos, y que bendeciría al mundo entero? Esta pregunta la contesta el apóstol Pablo, cuando al escribirles a los gálatas, les revela lo siguiente: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a sus simientes como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo” (Gálatas 3:16). Ahora bien, observe que Pablo dice que la simiente o descendencia de Abraham es UNA sola: ¡El Señor Jesucristo! Entonces Jesucristo y Abraham son los que bendecirían al mundo por medio de un cetro o reino en el Medio Oriente y en la tierra de Canaán (=Palestina). Jesucristo es la descendencia prometida que heredará el mundo y regirá el planeta tierra con justicia y paz verdaderas. Dice Pablo a los romanos, lo siguiente: “Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia (Cristo) la promesa de que sería el heredero del mundo, sino por la justicia de la fe” (Romanos 4:13). Nótese la frase: “el heredero del mundo”—¿Para qué? Para regirla o gobernarla con justicia, pues dice Isaías 32:1: “He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio”.

Otros Hijos de Abraham

La Biblia enseña que UNA es la descendencia de Abraham. Pero enseguida veremos que esa única descendencia de Abraham se compone de muchos fieles. Es decir, la simiente se convierte en una UNIDAD COMPUESTA. Veamos lo que dice Pablo nuevamente a los Gálatas: “Y si vosotros sois de Cristo, linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:29). “Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham”(Gálatas 3:7,9). Es claro que los creyentes se constituyen en “judíos espirituales” al identificarse con Abraham en su fe y esperanza en la descendencia prometida.

La iglesia, compuesta por judíos y gentiles creyentes en la descendencia prometida, constituye o compone también ahora la verdadera simiente o descendencia de Abraham. Esta simiente o descendencia compuesta por Cristo y los fieles de todos los tiempos, incluidos los padres, heredarán las promesas que Dios le hizo al patriarca cuando vivía en Ur, unos 3,50o años atrás. Por lo tanto, nos parece insólito que las iglesias de hoy, llamadas “cristianas”, hayan olvidado las verdaderas promesas que Dios pronunció al padre Abraham. Extrañamente, en los últimos quince siglos o más, una iglesia de renombre, supuestamente cristiana, “espiritualizó” esa misma promesa de la herencia de la tierra prometida ubicada en el Medio Oriente y la trasladó al cielo. Ahora las iglesias predican que viviremos para siempre con Dios y Su Hijo Jesucristo como angelitos alados y tocando arpas o liras en las “moradas celestiales”. Esto es desatinado, pues recordemos que Dios nunca le dijo a Abraham que mirara hacia el cielo para encontrar su destino final y el de su descendencia.

Herederos de una “Nueva Tierra”

Jesucristo, como el hijo de Abraham y de David, es el heredero legítimo de las promesas de un reino o gobierno en la tierra donde todas las cosas que Dios se propuso hacer, y que fueran estropeadas por Satanás, serán restauradas por el Mesías (Hechos 3:19-21). A los romanos creyentes Pablo les dice: “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:17).

Nótese que dice textualmente: herederos de Dios y coherederos con Cristo, de las promesas. Esto también lo vislumbró el apóstol Pedro cuando dijo: “pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:13). Pues bien, nótese también que las promesas de Dios se resumen en “nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia”. Obviamente acá Pedro no está hablando de un nuevo planeta (cosmos), sino de un nuevo orden mundial (aión) donde imperarán la justicia y la paz verdaderas y duraderas. Esta es la cristalización final del utópico mundo de amor, justicia, y paz perfectos. No obstante, le diré que el pacto con Abraham se circunscribe a la herencia de una tierra, en tanto que el pacto que hace Dios con David se circunscribe a la “permanencia eterna” de su reino, cuando sea restaurado por su hijo Jesucristo en su segunda venida en gloria. Por eso, es muy importante saber porqué a Jesús se le llama también “el Hijo de David”. ¿Se lo ha preguntado usted mismo alguna vez?

Abraham, Isaac, y Jacob, en el Reino de Dios

Parte de las promesas de Dios es el restablecimiento del reino de Dios (pacto davídico) en la tierra, cuando Cristo, el hijo de Abraham y de David, tome el control del mundo junto con sus padres (Abraham, Isaac, y Jacob) y todos los profetas. Dice Jesús así: “...cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios” (Lucas 13:28,29). Sí, el padre de la fe (Abraham), y su prole leal (carnal y espiritual), estarán en la “nueva tierra” de justicia, administrando el nuevo gobierno mundial de Cristo. Entonces las naciones de la tierra serán benditas con su gobierno perfecto de rectitud y justicia, pues por este único medio se cumplirán las promesas de Dios a Abraham sobre bendiciones increíbles nunca antes vistas para una humanidad ansiosa por un cambio radical, por un mundo ideal de justicia y paz duraderas.

Jesucristo, como un judío, y descendiente directo del rey David, tiene el derecho de tomar el cetro y el trono de su reino. De modo que los verdaderos judíos (por la fe) juegan y jugarán un rol especial en el reinado de la justicia. Sus príncipes serán judíos en la carne como por adopción. Nosotros, los que no somos judíos, nos convertimos en judíos espirituales o adoptivos porque somos de la fe del padre Abraham y también porque somos de Cristo (su descendencia), y en como resultado heredaremos las promesas y riquezas otorgadas al padre Abraham. Los que enseñan que los judíos tienen una esperanza terrenal, y la iglesia una celestial o supra mundana, están errados. Ya lo dijo Pablo en Efesios 4:4: “Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación”.

Y además, en Efesios 2:11-17 Pablo explica que para los que son de Cristo (cristianos) ya no existe una pared divisoria entre judíos y no judíos. Todos son uno en Cristo Jesús. Todos son Judíos para Dios por la fe en el judío Jesucristo (Romanos 2:28,29; Gálatas 3:28).

El Renacimiento del Estado Judío

Es cierto que los hebreos entraron en la tierra prometida con Josué una vez muerto Moisés, el libertador. Pero su posesión sólo fue temporal y no permanente, ya que Dios los castigaba por su corazón duro y rebelde. En 586 A.C el rey Nabuconodosor terminó llevándose cautivos al rey judío Sedequías y a su pueblo a Babilonia, en donde estuvieron 70 años como servidores y esclavos del rey pagano. En ese momento el reino o gobierno de David terminó “temporalmente” hasta el día de hoy. Luego de los 70 años de cautiverio, Ciro, el rey Persa, dio un decreto de liberación de los judíos. Regresaron con Zorobabel una minoría de ellos a su tierra para reconstruir lo que estaba destruido, como es el caso del templo judío en Jerusalén.

Pero con el correr del tiempo, la mayoría de judíos volvieron a la incredulidad y no recibieron a su Mesías, el Hijo de Dios, Jesucristo (Juan 1:12). Como castigo, en el año 70 d.C., el general romano Tito invadió Jerusalén y destruyó el templo de los judíos, y el pueblo fue en parte asesinado, en parte desterrado, y en parte esclavizado por los invasores. Nuevamente en esa fecha el pueblo judío se quedó nuevamente privado de su país y de su templo. Esta fue una triste diáspora o dispersión que ha venido durando por casi dos mil años, hasta que, finalizando la primera mitad del siglo XX, nuevamente nace el estado judío el 12 de Mayo de 1948.

Sin embargo, la mayoría del pueblo judío están ciegos a las promesas de Dios, y sólo confían en su poder militar para confrontar cualquier eventualidad bélica. La mayoría de ellos parece que aún viven a espaldas de Dios, y no comprenden en su real dimensión de que es Dios quien les está devolviendo la tierra prometida a fin de bendecirlos a través de la simiente prometida a Abraham (el Mesías Jesús).

La tierra prácticamente ya está en manos de los judíos, sus legítimos dueños, aunque se opongan los ismaelitas o árabes. Estos deben reconocer que Dios hizo el pacto que estamos estudiando con Abraham y con su esposa Sara, y no con Agar e Ismael. Por eso, aunque los árabes protesten, y le hagan la guerra a Israel, siempre saldrán mal parados porque no luchan contra los judíos, sino contra Dios mismo. Ya en las guerras de 1948, 1953, 1967, y 1973 los judíos salieron victoriosos frente a un enemigo numeroso y poderoso, lo que demuestra que Dios está al frente de este minúsculo pueblo en el Medio Oriente para protegerlos. Y es que la Palabra de Dios tiene que cumplirse pese a la férrea oposición del mundo árabe y aun de muchas naciones de occidente. Hoy, las profecías bíblicas que señalan el retorno o alijah del pueblo judío de todas partes del mundo para reconstruir su antiguo país se están cumpliendo ante nuestros propios ojos (véase Deuteronomio 30:3-5; Isaías 11:12; Jeremías 30:3,8-11; 32:37-43).

Definitivamente el panorama del Medio Oriente apunta hacia el cumplimiento de las promesas de Dios al fiel Abraham, Su amigo personal. Lo que falta ahora es el retorno del heredero principal, el descendiente real, para tomar el control del país de Israel, y desde allí a todo el mundo. ¿Recuerda Ud. que Pablo dijo que Cristo sería el heredero del mundo en Romanos 4:13?

La Apostasía Predicha por Pablo

Es lamentable que millones de supuestos cristianos desconozcan este pacto o promesa de Dios hecha al padre Abraham hace más de tres milenios. Pero esto no es sorprendente para los que estudian las Escrituras libremente, y sin prejuicios, pues ya el apóstol Pablo previó que después de su partida entraría la apostasía en la iglesia con doctrinas que él llamó de demonios. Dice él así en 1 Timoteo 4:1,3: “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios...”.

Aquí Pablo está hablando que en los postreros tiempos algunos caerían en el error, creyendo en doctrinas de demonios, entre las cuales están la prohibición del matrimonio (el celibato obligatorio) y la ingestión de ciertos alimentos (como el comer carne el viernes santo). Aquí hay una clara indicación de una iglesia apóstata que propagaría las doctrinas del diablo y no las de Cristo. Una iglesia que ignoraría las promesas literales de Dios y predicaría otro evangelio. Por cierto que esta imponente iglesia caería en otras apostasías y desviaciones de la verdad. Y en Hechos 20:29,30, Pablo dice: “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos”.

Sí, Pablo previó la aparición o manifestación de malos líderes u obispos que seducirían al rebaño de Cristo, hablando doctrinas pervertidas para arrastrar a discípulos tras sí. Y es eso precisamente lo que el romanismo logró con su doctrina del alma inmortal que trasciende la muerte para morar con Dios en el cielo. Ahora resulta que la doctrina católica del cielo es más agradable y esperanzadora que la herencia de esta misma tierra, la cual ya nos parece muy difícil de soportar por tanta maldad, contaminación, y perversión.

Debemos de retener la prístina esperanza que fue una vez dada a los santos, pues así lo exhorta el apóstol Judas, cuando dice: “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3). ¡Esta debe ser nuestra responsabilidad como cristianos bíblicos!
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LA PROMESA DE DIOS A ABRAHAM




Por Juan Baixeras (Piloto Cristiano Unitario de la Cia. United)

Sitio de J. Baixeras:
www.geocities.com/athens/olympus/5257

El propósito de este estudio es el de aclarar en lo que se basa el reino de Dios. Hay personas que han dicho que el reino de Dios es la iglesia (¿Cuál de ellas?). O que el reino de Dios está en tu corazón. Estas ideas parecerán absurdas cuando usted entienda en lo que verdaderamente está basado el reino de Dios. Preste atención especial a las palabras claves como “promesa” y “herencia.” El concepto empieza con las promesas que Dios le hizo a Abraham en Génesis 12:3, Génesis 13:14-15 & Génesis 17:7-8. Estas promesas también fueron hechas a Isaac (Génesis 26:4) y a Jacob (Génesis 28:14) los cuales son el hijo y el nieto de Abraham. Estos tres también son conocidos como los patriarcas.

Génesis 12:3 “Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”

Esto es una referencia al Mesías (Jesús). Dios le prometió a Abraham que a través de su descendencia vendría alguien por el cual el mundo sería bendecido (salvo). Pablo lo confirma en Hechos 3:25-26:

“Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros primeramente, Dios habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese.”

La segunda promesa tiene que ver con la tierra. Las familias que serán bendecidas son las familias de la tierra. Y es en la tierra que las familias serán bendecidas. Dios específicamente le promete a Abraham la tierra (o nación, como se le refiere en algunos casos) como su herencia.

Génesis 13:14-15: “Y Jehová dijo a Abraham: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre.”

Génesis 17:7-8: “Y estableceré mi pacto entre mí y tu, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, en pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti la tierra que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos.”

El Mesías vino a confirmar y a proclamar las promesas hechas a Abraham, Isaac y a Jacob. Esta es la razón por la cual Jesús vino. Como consecuencia de su muerte nuestros pecados son perdonados (somos bendecidos), y a través de su gobierno como nuestro rey en la tierra (La segunda venida de Jesús), Abraham y sus descendientes (los resucitados en Cristo) heredarán la tierra como su heredad perpetua.

Romanos 15:8: “Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para CONFIRMAR las promesas hechas a los padres.”

¿Qué promesa? Que Abraham y sus descendientes serían herederos del mundo.

Romanos 4:13: “Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la PROMESA de que sería HEREDERO DEL MUNDO, sino por la justicia de la fe.”

¿Qué vino a proclamar Jesús? El reino de Dios.

Lucas 4:43: “Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado.”

Como pueden ver, Jesús vino a confirmar las promesas que Dios hizo a Abraham y a proclamar el reino de Dios, Jesús está proclamando lo que vino a confirmar.

1 Corintios 6:9: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios?”

A Abraham se le prometió que él heredaría el mundo. En el versículo arriba dice que los injustos no heredarán el reino de Dios. La palabra clave es “heredar.” Heredar el reino de Dios es heredar el mundo. El reino de Dios es el mundo bajo el gobierno de Dios a través de Su Mesías, Jesús.

El reino de Dios = Las promesas que Dios le hizo a los patriarcas.

Entrada al reino de Dios es la meta cristiana. Este es el galardón que Dios le ha prometido a los seguidores de Cristo. Gálatas 3:29:

“Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.”

¿Qué promesa? Que Abraham y su descendencia serían herederos del mundo.
Romanos 4:13: “Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.”

Se supone que nosotros heredemos el mundo junto a Abraham. Por nuestra fe en Cristo estamos considerados descendientes de Abraham y herederos de la misma promesa. Con Cristo como nuestro rey, reinaremos en la tierra. Apocalipsis 20:4 dice:

“Y vivieron y reinaron con Cristo por mil años.”

¿Dónde reinaremos con Cristo? Apocalipsis 5:10 nos dice la respuesta:

“Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.”

El reino de Dios es el tema de la Biblia entera. Empezó con las promesas que Dios le hizo a Abraham. Cada profeta ha tenido que decir algo de este tema. Dios a través de los profetas añadió mas detalles hasta que Jesús llegó para confirmar y proclamar el reino de Dios, no solamente a los judíos, sino al mundo entero (bendiciones, Génesis 12:3). Abraham y sus descendientes nunca han poseído el mundo. Ellos todos murieron en fe (Hebreos 11:13), por eso es que habrá una resurrección, para que las promesas de Dios sean cumplidas. ¿Cuándo sucederá la resurrección? En los últimos días de este siglo, en la venida de la nueva era (que se inaugurará en el regreso de Jesús). Es aquí cuando Abraham y sus descendientes serán herederos del mundo.

Lucas 20:35: “Mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos.”

Juan 11:23-24: “Jesús le dijo: ‘Tu hermano resucitará.’ Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”

Resumen – La historia del hombre y la mujer empezó en la tierra con Adán y Eva. Ellos la corrompieron por su desobediencia a Dios. El mensaje del reino de Dios empieza en Génesis y termina en el Apocalipsis. Es el plan de Dios de salvación para la raza humana devolviendo al hombre y a la tierra a su condición original. En las páginas 15 y 24 de la Nueva Biblia Americana verán un resumen excelente:

“El plan de salvación pronosticado por los autores sagrados, detallado y explicado por ellos, es hallado como la verdadera palabra de Dios en los libros del Antiguo Testamento. El propósito principal en el cual el antiguo pacto fue dirigido fue para preparar para la venida de Cristo, el redentor de todos y el del reino mesiánico, para anunciar esta venida mediante la profecía.

Otro tema importante en predicación profética es el mesianismo. Dios castiga la infidelidad a Su pacto. Israel ha sido humillado por sus pecados. Pero en alguna fecha futura el reino de Dios en la tierra será restaurado. El vicegerente de Dios, el Mesías, ungido de una dignidad majestuosa, reinará en ese reino. Usted debe de prestar atención a esta expectación mesiánica en la literatura hebrea. Esto es necesario para entender la literatura del Nuevo Testamento, la cual ve el cumplimiento de esta profecía mesiánica en Jesús de Nazaret. En otras palabras, el movimiento del Nuevo Testamento es el cumplimiento de la Biblia hebrea. Jesús de Nazaret proclama que él es el Mesías prometido (ungido) rey venidero, para estabilizar el reino (reinar, gobernar) de Dios, por el cual el Antiguo Testamento predico.”

Así que ¿Por qué hay personas que piensan que nuestro premio es el cielo? Esta idea vino a través de la influencia de la filosofía griega sobre la iglesia primitiva del segundo, tercer y cuarto siglo. Existe un documento mencionado al final, que trata específicamente con la muerte.

Una vez que usted entienda en lo que está basado el reino de Dios (las promesas hechas a los patriarcas), entonces usted verá fácilmente el error en creer que el reino de Dios es la iglesia, o que está en su corazón. Este documento es el principio de la enseñanza más importante del mundo. Hay muchos versículos para estudiar y muchos más para aprender acerca de la enseñanza más importante de Jesús.

sábado, 24 de enero de 2009

¿DE QUIÉN ES LA TIERRA PROMETIDA?



¿Quiénes son los palestinos?¿Son ellos los antiguos Filisteos?¿Son semitas?¿A quién pertenece Gaza?

Es interesante que todo el mundo esté tan enganchado en el debate sobre quién tiene el derecho oficial para La Tierra conocida históricamente como “La Tierra de Canaán.” El término «cananeo» se aplica al pueblo que vivió en las tierras al extremo este del mar Mediterráneo a partir del año 2000 a.C. En la época de la invasión israelita bajo Josué, Kenaán (Canaán, en hebreo: כְּנַעַן‎) estaba habitada por un gran número de estados independientes. Cada uno de estos estados era una ciudad amurallada, con su propia familia real y su propio palacio.

Los cananeos eran descendientes de Canaán, el hijo de Cam (Gn. 10:6, 15-20). Como los cananeos vivieron en Palestina, puente entre semitas y camitas, parece que tuvieron estrechos contactos con los semitas en su historia temprana. Una tradición fenicia ofrece evidencia adicional que apoya el origen camítico de los cananeos, según la cual el antepasado original de ellos fue Jna o Jnas.

Si retrocedemos lo suficientemente en la historia, descubriremos que el Cercano Oriente Medio fue ocupado por descendientes de Canaán, por eso la región fue llamada “la Tierra de Canaán”. Abraham no fue de la línea de Canaán. ¿Cómo fue entonces que Abraham recibió el pacto eterno de la Tierra?

¿Quién fue Abraham? ¿Fue él un árabe, o fue él un judío? ¡Realmente, Ninguno! Abraham provino del contexto étnico de los Caldeos, que se levantó de la antigua Sumeria, los descendientes de Sem.

Las naciones árabes se levantaron a través de las líneas de
a).- Lot, el sobrino de Abraham.
b).- Ismael, el hijo de Abraham.
c).- Esaú, el hermano gemelo de Jacob.

Los judíos descendieron de Abraham, directamente de la línea de su hijo prometido, Isaac, quien engendró a Jacob. En otras palabras, ambos, los judíos y los árabes, pueden llegar a ubicar sus raíces étnicas a través de Abraham a los Caldeos Semitas, los descendientes de Sem.

Abraham, quien trajo consigo a su sobrino Lot, entró en la Tierra de Canaán, en obediencia al Señor que los sacó de Ur de los Caldeos, a la Tierra de Promisión. Sin embargo, Abraham no reclamó esta Tierra del pacto durante la duración de su vida. Ambos Lot y Abraham residieron temporalmente como extranjeros entre los cananeos. Lo mismo fue verdadero para Isaac e Ismael, ninguno de los cuales hizo reclamo directo por Canaán durante la duración de sus vidas. De hecho, ni lo hicieron Esaú o Jacob. Todos residieron temporalmente como extranjeros en La Tierra.

No fue sino hasta cuarenta años después del éxodo de Egipto, que bajo el liderazgo de Josué, la Tierra del pacto fue inicialmente conquistada y poblada por los descendientes de Jacob. Hasta esa coyuntura, las tribus cananeas ocuparon Canaán, y el Señor les dijo a ellos que desterraran a todos los habitantes de la Tierra.

Los filisteos no fueron descendientes directos de ambos, Abraham o Lot, ni de Ismael o Esaú, sino de las tribus que rodeaban el Mediterráneo. No fueron, por consiguiente, Semitas. De hecho, los filisteos eran de Caftor, una Isla en el Mediterráneo, así que estuvieron más estrechamente relacionados con los fenicios y Minoanos, y tuvieron conexiones con aquellos que poblaron Tiro y Sidón - el vínculo de Líbano. Los filisteos ocuparon mucho de la región de Gaza de la Tierra prometida, y en el tiempo de la conquista de la Tierra por los hijos de Israel, nunca fueron completamente desterrados, aun bajo el reinado de David, aunque él se las ingenió para incorporar a Gaza como parte de la región que es llamada Judá. Este fracaso para desterrar a los filisteos completamente de la Tierra estaba en violación de la Palabra del Señor a Israel. Por consiguiente, el Señor tuvo que tratar con los Filisteos por Sí Mismo. Jer 47:4. “A causa del día que viene para la destrucción de todos los filisteos, para destruir a Tiro y Sidón todo aliado que les queda todavía; porque Jehová destruirá a los filisteos, al resto de la costa de Caftor”. Esta Escritura es una profecía, y por consiguiente aún otra vez vendrá a fruición en el trato con los palestinos.

¿Pero, son los palestinos, los filisteos? ¡No!… Pero son considerados como los filisteos en lo referente a que utilizan a Gaza como su fortaleza terrorista, y usan métodos terroristas tipo guerrilla. Sin embargo, los palestinos tienen raíces étnicas árabes definidas, y ellos sostienen ser árabes, convirtiéndolos por esto en Semitas en el origen étnico. Arafat sostuvo ser un filisteo (en sus métodos,) pero él también reclamó la etnicidad árabe, aunque nació en Egipto.
Sin embargo, hay una conexión árabe cananea a través de Esaú, que los palestinos ahora reclaman que les da derecho a la tierra, porque los cananeos habitaron la Tierra antes de Abraham, Isaac, o Jacob llegaran. Génesis 26:34-35 dice “Y Esaú tuvo cuarenta años de edad cuando él tomó como esposa a Judith la hija de Beeri el hitita, y Basemat la hija de Elon el hitita: que fueron amargura de espíritu para Isaac y para Rebeca.” Entonces, es verdad que el trasfondo étnico Abrahámico de los descendientes de Esaú fue enturbiado a través del matrimonio de Esaú con dos esposas cananeas.

Mantenga en mente que Esaú se casó mixtamente con las esposas hititas antes de que Isaac dejase en herencia la bendición de la herencia Abrahámica. Este hecho produjo una gran tristeza a sus padres, y como era de esperarse, motivó que Jacob, con ayuda de su madre Rebeca, persuadiera engañosamente a su padre para que lo bendijera, en vez de Esaú. Sin embargo, Esaú, en los ojos del Señor, ya se había descalificado a sí mismo casándose fuera de la línea del pacto Abrahámico. Así es que si bien engañosas artimañas estuvieron involucradas en el pacto, Dios honró la bendición otorgada en Jacob, quien hasta esa coyuntura no estaba aún casado. Sin embargo, Isaac y Rebeca buscaron escrupulosamente que Jacob escogiera esposas de entre la línea correcta Semítica Abrahámica, para así conservar el derecho para que sus descendientes recibieran la herencia del pacto Abrahámico.

Tales restricciones de matrimonio permanecieron estrictas a través de las generaciones. Los judíos fueron exhortados por el Señor, a través de la ley mosaica, a no casarse mixtamente con las naciones que ocupaban Canaán, o con las naciones que las rodeaban. Ellos debían deshacerse de los cananeos en la Tierra; ¡no mezclarse o casarse con ellos! El matrimonio mixto con cualquier cananeo, u otro grupo étnico, aun si fuera de la línea Abrahámica pero que no era de la línea de Promesa, obviamente descalificaría a sus descendientes de participar de las bendiciones del pacto Abrahámico. En cualquier momento en que hubo judíos que se casaron mixtamente, el Señor les ordenaba a ellos que apartaran a sus esposas extranjeras y sus hijos de entre ellos. Sólo los descendientes de Abraham a través de Isaac y Jacob, calificarían.

Después de la bendición de Isaac a su hijo Jacob, Esaú tomó a más esposas. En Génesis 36:2-3 dice. “Esaú tomó a sus esposas de las hijas de Canaán; Adah la hija de Elon el hitita, y Aolibama la hija de Anah la hija de Zibeón el Hivita; Y la hija del ismaelita Basemat, la hermana de Nebajot.” Él luego tomó a todas sus esposas y sus hijos y moró en Edom. Génesis 36:8 dice. “Así Esaú moró en monte Seir: Esaú es Edom.” ¿Entonces, dónde deberían ahora llamar como su hogar o patria todos los descendientes de Esaú, las doce tribus de Esaú? ¡Edom, es Jordania! ¡Alguien que dice ser un descendiente de uno de los hijos de Esaú debería estar deseando vivir en Jordania, no pretendiendo el control de cualquier porción de las tierras del pacto Abrahámico! ¡Es interesante notar que la mayor parte de la población de Jordania es palestina! ¡Entonces, un Estado Palestino efectivo ya existe! ¡Por consiguiente, no hay necesidad para otro Estado Palestino! ¡La doctrina islámica detrás del deseo musulmán para expulsar a los judíos de Israel y formar otro Estado Palestino, que saca a Israel del mapa, proviene de una variante de la comprensión de la herencia para los doce hijos de Esaú! ¡El Señor Mismo reprenderá a los musulmanes para este error!

Entonces, hay algunos palestinos que reclaman la descendencia de Esaú. Algunos de los filisteos. Algunos de los cananeos. Algunos de Ismael. ¿Quién sabe quiénes son ellos con toda seguridad? Los palestinos parecen definitivamente ser un grupo mixto de personas árabes, y algunos ciertamente pueden tener estas raíces. ¡Sin embargo, ninguno de estos hereda el pacto!
Ninguno de los cananeos recibió una bendición de la herencia de Dios por el Sagrado pacto. Entonces los palestinos que sostienen ser descendientes de ya sea los filisteos o los cananeos, definitivamente se excluyen a sí mismos de ser descendientes puros de Abraham, aun si tal descendencia podría ser probada, que ahora es muy difícil.

El Eterno Pacto Divino relacionado con la Tierra de Canaán fue prometido sólo para los descendientes de Abraham a través de Isaac y Jacob, no a través de Esaú o Ismael. Por consiguiente, los palestinos no tienen base sobre la cual reclamar la posesión de cualquier porción de la Tierra de Canaán.

¿Significa esto que no hay herencia para los descendientes árabes de Abraham? Realmente, los árabes de la línea de Esaú recibieron también una bendición por Isaac, la cual requiere mucha tierra con recursos y riquezas. Génesis 27:38-41. “Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró. Entonces Isaac su padre habló y le dijo: He aquí, será tu habitación en grosuras de la tierra, Y del rocío de los cielos de arriba; Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; Y sucederá cuando te fortalezcas, Que descargarás su yugo de tu cerviz. Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob.”

¿Y, qué de los descendientes de Lot? Lot por un corto tiempo tuvo su elección de residir temporalmente en la llanura, mientras Abraham moró en las montañas. ¿En dónde están las montañas donde Abraham moró? ¡Ellas están donde nosotros ahora llamamos el área del West Bank (cisjordania) de Judea y Samaria! Lot fue desterrado por el pecado abominable de la gente de las ciudades de la llanura. Lot y sus hijas se convirtieron en los progenitores de dos ramas de árabes. Estos árabes no pueden afirmar descendencia directa de Abraham, aunque son parientes. ¡Abraham no le fue dado la libertad para compartir el pacto, aun con su sobrino!
¿Entonces, qué de Ismael, el hijo de Abraham y Agar, la esclava? ¿Recibió Ismael una bendición? ¡Sí, él la recibió, si bien él fue el hijo de una mujer falto de fe! Génesis. “Y dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti. Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él. Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una gran nación. Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene.”

Las naciones árabes ahora ocupan multiplicadas veces más tierra que los israelís! Ellas no tienen necesidad para expulsar a Israel de ninguna parte de la antes Tierra de Canaán! De hecho, Dios no está satisfecho con el deseo de ellos de tomar posesión de la herencia del Pacto hecho con Israel. ¡Los palestinos, aun si podrían probar su descendencia, no pueden usurpar el Pacto de Dios con Jacob de la Tierra prometida!

La Tierra no debe ser poseída por quien “estuvo allí primero”. Aquellos que son descendientes del matrimonio de Esaú con esposas cananeas, que fueron los primeros en la Tierra, ya no pueden ser de verdad identificados, porque los cananeos fueron expulsados permanentemente en conformidad con el decreto de Dios cuándo los hijos de Israel entraron a Canaán. ¡Entonces, aun si los palestinos podrían demostrar realmente descender de los cananeos, todavía no habría disputa!

No importa cómo lo miramos, la Tierra de Canaán fue dada por Pacto Eterno a Abraham, Isaac, y Jacob. Creer y actuar de otra manera sólo conducirá a más animosidad, guerras, y más desasosiego. ¡Pero esto no necesita ser! ¡Los palestinos deben reconocer que sus celos contra Jacob son fútiles!

¡La herencia de Jacob es diminuta! Déjenle tener su herencia. La ocupación árabe incluye todas las tierras que rodean la Tierra de Canaán, pero no Canaán misma. ¿Entonces, es posible que la paz sea lograda en Oriente Medio? ¡Sólo si los árabes dejaran de altercar sobre Canaán, y si todos ellos renunciaran a su deseo de matar a Jacob! ¿Ocurrirá esto a cualquier hora pronto? ¡Desafortunadamente, ni por ensueños, si los palestinos persisten en su derrotero iluso, y las naciones insisten en aplacar a los enemigos declarados de Israel!

¿Quién tiene el control en la Tierra de Promisión? Dios lo tiene, y él ya ha proporcionado Canaán a los descendientes de Abraham a través de Isaac y Jacob. ¡Esaú, Ismael, y Lot tienen todo lo demás del Oriente Medio, lo cual es geográficamente mucho, mucho mayor! ¡Los palestinos necesitan dejar de intentar arrancar la herencia diminuta de Jacob, y, si tienen un indicio de cualquier conexión a Esaú o Ismael, que reclamen su propia bendición!

¡También Israel debe dejar de satisfacer las demandas a los palestinos! ¡Permanezcan en Gaza, Samaria, y toda Judea! ¡Éstas son las Tierras del Pacto de Israel! ¡Qué dejen de tratar con ellos!
Pero parece de la Profecía Bíblica, los palestinos van a tener que ser expulsados por el Mesías, debido a la división de la Tierra de pacto. ¡El Mesías está pronto para venir en combate victorioso! ¿Quiere él venir en combate? ¡Él no lo haría, pero lo hará si es que lo tiene que hacer! Entonces, y sólo entonces, habrá honesta y reposada paz asegurada en el Oriente Medio. Jacob entonces morará confiadamente en toda la Tierra del Pacto, y los descendientes de Esaú, quienes serán positivamente identificados por el Mesías, también se les quitará el yugo de Jacob según la bendición que Isaac le otorgó a Esaú.

Gén 27:26-29: “Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: Mira, el olor de mi hijo, Como el olor del campo que Jehová ha bendecido; Dios, pues, te dé del rocío del cielo, Y de las grosuras de la tierra, Y abundancia de trigo y de mosto. Sírvante pueblos, Y naciones se inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos, Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, Y benditos los que te bendijeren”.

Génesis 28:1-8 “Entonces Isaac llamó a Jacob, y lo bendijo, y le mandó diciendo: No tomes mujer de las hijas de Canaán. Levántate, ve a Padan-aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí mujer de las hijas de Labán, hermano de tu madre. Y el Dios omnipotente te bendiga, y te haga fructificar y te multiplique, hasta llegar a ser multitud de pueblos; y te dé la bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo, para que heredes la tierra en que moras, que Dios dio a Abraham. Así envió Isaac a Jacob, el cual fue a Padan-aram, a Labán hijo de Betuel arameo, hermano de Rebeca madre de Jacob y de Esaú”.

Salmo 105:7-15: “El es Jehová nuestro Dios; En toda la tierra están sus juicios. Se acordó para siempre de su pacto; De la palabra que mandó para mil generaciones, La cual concertó con Abraham, Y de su juramento a Isaac. La estableció a Jacob por decreto, A Israel por pacto sempiterno, Diciendo: A ti te daré la tierra de Canaán como porción de vuestra heredad. Cuando ellos eran pocos en número, Y forasteros en ella, Y andaban de nación en nación, De un reino a otro pueblo, No consintió que nadie los agraviase, Y por causa de ellos castigó a los reyes. No toquéis, dijo, a mis ungidos, Ni hagáis mal a mis profetas”.

¿De quién es la tierra? ¡La Tierra del Pacto le pertenece a los hijos escogidos y ungidos de Israel! No los toque. ¡No les cause adversidad, tenga miedo, o de lo contrario pague las consecuencias! ¡Escuche a sus profetas (Aquellos que hablaron la Palabra profética de la Sagrada Escritura! ¿Es esta mi evaluación? ¡No!! ¡ES LA PALABRA DEL SEÑOR!




LA VERDAD DE LA PANDEMIA