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lunes, 11 de enero de 2010

¿FUE EL DIABLO CREADO POR DIOS COMO UN ÁNGEL MALVADO Y ADVERSARIO DE LOS SANTOS?


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)
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La Biblia nos dice que cuando Dios creó todo lo existente, Él vio que todo lo que hizo era bueno en gran manera. Es decir, el Creador no vio imperfección alguna en nada de lo que hizo, sino que todo pasó su “control de calidad” con éxito (Gén.1:31).
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Dios igualmente había creado antes a todos sus ángeles perfectos y buenos en gran manera. Sin embargo, estos seres no fueron programados para ser Sus siervos incondicionales e infalibles. Dios, definitivamente, no crea robots para que lo sirvan a ciegas, sin voluntad y sin corazón. El pone delante de sus criaturas pensantes la libre elección de obrar bien o mal. El espera que nosotros escojamos, por voluntad propia, hacer lo justo y lo correcto delante Sus santos ojos. Dice Deuteronomio 30:15,19: “Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal. A los cielos y la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición: escoge pues la vida, porque vivas tú y tu simiente”.
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Todo parece indicar que el diablo, habiendo sido creado bueno y perfecto por Dios, en un momento dado de su existencia le entró en su mente malos sentimientos y quiso ser como Dios para tomar su lugar. Por esta infausta actitud le sobrevino su desgracia, convirtiéndose así en un obstinado y cruel adversario de Dios y de los hombres. Para probar esa creencia se ha especulado que El rey de Babilonia de Isaías 14 describe a Lucifer en su caída, movido por su deseo de ser como Dios. Dice Isaías 14:15, así: “…sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo”. Y aunque no hay evidencia de que Isaías esté hablando de Satanás en este capítulo 14, sino del rey de Babilonia, no obstante es curioso ver que Satanás, la serpiente antigua, tienta a Adán y Eva, diciéndoles justamente eso mismo: “Mas sabe Dios que el día que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como dioses sabiendo el bien y el mal.” (Génesis 3:5). Es decir, el diablo sembró la misma idea que él había tenido antes, de que ellos podían ser como Dios, conociendo el bien y el mal, si comían del fruto prohibido. ¿Será ésta una mera coincidencia?
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Pero aquellos que se cierran y enseñan que el diablo fue creado malo desde el principio, nos dicen que Dios lo hizo así desde el comienzo de su existencia para que cumpliera un plan o propósito divino. Pero si esto es verdad, ¿por qué tendría el Creador que lanzarlo al lago de fuego y azufre junto con todos sus demonios si él no tiene la culpa de ser malvado, puesto que Dios lo hizo así? He aquí una pregunta que tendrán que responder con precisión y con la Biblia los que enseñan esa patraña que ofende a Dios y que lo presenta como alguien sádico y cruel.
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El diablo peca desde el principio
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Dice 1 Juan 4:8, así:
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“El que hace pecado, es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para que deshaga las obras del diablo”.
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Juan 8:44
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“Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”.
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¿Pero a qué principio se refería San Juan?
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Los que sostienen que el diablo peca desde el principio dicen que el vocablo “principio” se refiere al inicio o principio de un ser o cosa. Es decir, dicen que el diablo peca desde el principio de su creación o existencia, lo cual nos parece una aberración total. En pocas palabras: Dios creó malos y pecadores a los ángeles malvados.
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Pues bien, si el vocablo “principio” significa el inicio de la existencia de algo o alguien, pregunto: ¿a quién mató el diablo (el homicida desde el principio de su existencia) si aún no existían animales ni humanos cuando él fue creado? ¡Recuérdese que los ángeles existieron antes que los humanos y animales!
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Ahora nótese que el apóstol Juan es el que habla del diablo como alguien que es “homicida desde el principio” en Juan 8:44 y como “pecador desde el principio” en 1 Juan 3:8. Pero en 1 Juan 1:1 Juan hace una introducción a su epístola rememorando lo que él mismo escribió en su evangelio (Juan 1:1) sobre la creación del mundo. Esto coincide con lo dicho por el profeta Isaías: “¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿Nunca os lo han dicho desde el principio? ¿No habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó?” (Isa. 40:21) Aquí es evidente que el profeta Isaías relaciona el vocablo ‘principio’ con el tiempo en que fue fundada la tierra. Esto concuerda con lo que dice Génesis 1:1: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”
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Tanto en Mateo 24:21; Marcos 10:6; Marcos 13:19 se habla del “principio de la creación”, y en Hebreos 1:10 se lee: “Y Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra; Y los cielos son obras de tus manos”. En Hebreos 4:3 se habla del “principio del mundo”, y en Hebreos 9:26 se vuelve a repetir la locución “el principio del mundo”. En 2 Pedro 3:4 se habla del “principio de la creación”. En Apocalipsis 3:14 se habla del “principio de la creación de Dios” y en el mismo Apocalipsis 13:8 se habla del “principio del mundo”. Así que muy bien Juan pudo haber dicho que el diablo peca desde la misma creación del mundo y de la tierra, y no desde el mismo momento en que fue él fue creado como ángel. Además, el diablo, como ángel (aunque caído), no estaba incluido dentro de la creación de los cielos y tierra, pues él y todos los ángeles fueron creados antes que el mundo existiese. ¿Cómo lo sabemos? Porque la Biblia nos dice claramente, y sin rodeos, que ellos estaban alabando a Dios mientras Dios llevaba a cabo Su creación del mundo (Job. 38:4).
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Es triste que algunos maestros nos vengan con enseñanzas que no tienen ningún fundamento en las Escrituras como si fueran verdades absolutas. Hay que escudriñar bien las Escrituras antes de aventurarse a enseñar una doctrina que puede desviar a la gente de la verdad y la razón.
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sábado, 2 de enero de 2010

LOS SANTOS RECIBIRÁN EL REINO


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)
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En Daniel 7, el profeta de Dios (Daniel) tiene una visión celestial en donde el Hijo de Dios es llevado ante el Padre (el Anciano de Días) para recibir de Él un reino, poder y autoridad. Más adelante, este mismo reino es compartido por todos los santos, quienes, a su debido tiempo, reciben igualmente el Reino de Dios. Dice así dicha visión: “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con la nubes del cielo venía uno como un Hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio (shaltan), gloria (yegar) y reino (malku), para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido…Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre…y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino…y que el reino, y el dominio y la majestad de los reino debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno (malkut ’alam), y todos los dominios le servirán y obedecerán” (Daniel 7:13,14,18,22,27).
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Notemos que mientras al Señor Jesucristo se le da un reino, gloria y dominio en el mismo cielo, ante la misma presencia del Anciano de días (El Padre), no se dice lo mismo de los santos. Es decir, Daniel no ve que también los santos reciben el reino, el poder, y la gloria en el cielo mismo como ocurrió con Jesús (el Hijo del hombre). Esto nos lleva automáticamente a descartar una supuesta partida al cielo de los santos para que puedan compartir o coheredar con Cristo el reino.
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¿Entonces dónde reciben el reino los santos?
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En Mateo 25:31,34 encontramos la respuesta puntual y precisa que no admite confusión alguna. Dice así: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria…Entonces el rey dirá a los de su derecha (los santos): Venid, benditos de mi Padre, HEREDAD EL REINO preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Este pasaje enseña tres cosas básicas:
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1.- Los santos aún no han recibido el reino porque Jesús no ha regresado.
2.- Los santos no recibirán o coheredarán el reino en el cielo.
3.- Jesús se sentará en su trono de gloria sólo al volver.
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“Y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino” nos dice que habrá un tiempo para el establecimiento del reino.
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¿Qué tiempo es ése?
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La Biblia no nos deja sin respuesta! En Hechos 3:19-21 leemos qué tiempo es ése al que se refiere Daniel. Dicen esos versículos: “Así que arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan del Señor TIEMPOS DE REFRIGERIO, y el envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS, de que habló Dios por boca de sus santos profetas (incluyendo Daniel) que han sido desde tiempo antiguo…y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, TAMBIÉN HAN ANUNCIADO ESTOS DÍAS” (v.24).
Así que los santos recibirán el reino sólo cuando lleguen los tiempos para la restauración de todas las cosas predichas por los profetas de Dios. Si los santos recibieron el reino restaurado en el siglo I, ¿por qué no han sido restauradas todas las otras cosas?
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¿Un reino de mil años o eterno?
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El profeta Daniel nos dice que el reino del Mesías es un reino eterno (malkut’olam), pero a San Juan se le dice que el reino dura mil años. ¿Cómo entender o explicar esta aparente contradicción? Sin duda la Biblia no se contradice, pues es la misma Palabra de Dios revelada a los hombres. Las veces que los detractores han creído encontrar contradicciones en las Escrituras, ellos han salido avergonzados cuando se les demostró que ellos estaban errados.
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Pues bien, “eterno” viene de la palabra Hebrea ‘olam” (esconder), y significa el tiempo escondido o era, como el sustantivo aión, y por ella la palabra o su adjetivo aionios. Hay 448 pasajes en donde aparece la palabra olam. Su equivalente en Griego ‘aión’ significa “era”, y se encuentra 128 veces en 105 pasajes. La palabra griega AION (sustantivo) y su derivado AIONIOS (adjetivo) son las que en la septuaginta (traducción del hebreo al griego del antiguo testamento elaborada en el siglo 3 A.C.) equivalen a la hebrea OLAM.
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La palabra olam es usada para el tiempo, ya sea para el pasado distante o el futuro distante, o como un tiempo que es difícil de saber o percibir. Esta palabra es con frecuencia traducida como eternidad o para siempre, pero en la lengua española es entendida mal como que significa una envergadura continua de tiempo que nunca se termina. En la mente Hebrea es simplemente lo que está en o más allá del horizonte, un tiempo muy distante. Una frase común en el Hebreo es “l’olam va’ed” y es por lo general traducida como “por siempre y para siempre” pero en el hebreo no significa esto.
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En Mateo 12:32 Jesús se refiere al equivalente del Hebreo ‘Olam’ (i.e “aión”) con estas palabras: “A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo (‘aión’) ni en el venidero”. Es decir, hay un aión presente y otro venidero. Cuando hablamos de la vida eterna, Jesús dice que es “para la era venidera”. De allí que “vida eterna” es la vida de en la era venidera, la era del reino. Es la vida para el futuro, un futuro que es desconocido o imposible de fechar. Del mismo modo, el “reino eterno” es el reino de la era venidera, la era del futuro distante, un futuro imposible de fechar. Así, pues, cuando Daniel habló del reino, él lo vio como un reino aún muy distante, para la era futura, la era mesiánica.
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lunes, 6 de julio de 2009

¿QUIÉNES SON LOS SANTOS?



San José, San Luís, Santa María, Santo Domingo, San Martín de Porres, San Pablo, Santa Rosa, San Fernando, San Miguel, San Juan, San Lucas, San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola. Nos acostumbramos hablar de éstos como los santos. ¿Lo son en verdad?

¿Cuántos santos habrá?

Al mirar un almanaque me doy cuenta que hay por lo menos 366 santos. Pero realmente no sé cuántos santos hay que han recibido tal título de la Iglesia Católica. Tampoco sé cuántos santos ha nombrado Dios. No obstante, yo sí sé que Dios ha nombrado a más santos que la Iglesia Católica y que su lista no incluye a muchos (como Ignacio de Loyola) que aparecen en la lista católica.

¿Están muertos o vivos?

Aunque la Iglesia Católica no tiene ni un santo vivo, millares de los santos de Dios viven en nuestro planeta. (Posiblemente usted se encontró con uno de ellos hoy mismo.) Además, Dios tiene millones y millones de sus santos que moran con él en el cielo.

¿Cómo son?

La Biblia dice lo siguiente acerca de los santos vivos —los santos de Dios que habitan la tierra: Ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados [hechos santos], ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios (1 Corintios 6.11). Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias (Efesios 5.3–4). Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir (1 Pedro 1.14–15). Según estos versículos, Cristo ha lavado a los santos de sus pecados y los ha santificado (hecho santos). Ellos se han apartado de la inmoralidad, de la inmundicia, de la avaricia y de la mentira. En cambio, ellos son personas de paz, agradecidas y obedientes a la palabra de Dios. Sus vidas han cambiado. Ahora son santos.

¿Por qué fueron hechos santos?

Consideremos primero los santos de Dios, los verdaderos santos. Estos santos recibieron su santificación y su justificación en el momento en que recibieron a Cristo como su Salvador personal. Su santidad es el resultado de la obra continua del Espíritu Santo en sus vidas. A causa de esto, los santos pueden vivir una vida agradable a Dios y llena de buenas obras. Es de suma importancia recordar que sus obras son el resultado de la santidad de su corazón. Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo (Hebreos 13.20–21).
Por el contrario, los santos de la Iglesia Católica son llamados santos a causa de sus obras. Con sólo ciertas excepciones (como algunos personajes bíblicos), la Iglesia Católica canoniza a esos individuos que vivieron una vida ejemplar o que en alguna manera han avanzado grandemente la causa del catolicismo. Algunas de estas personas mancharon sus manos con sangre inocente —por ejemplo, Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús (los jesuitas). ¿Con qué propósito fundó Loyola este grupo? Para avanzar el catolicismo a toda costa y de cualquier manera. Muchas veces se utiliza la educación con el propósito de llevar a cabo su meta. Pero al principio, Loyola y sus jesuitas usaron la burla, el soborno, el engaño, la tortura y aun la muerte. A ellos y a otros les debemos tiempos infames como la Santa Inquisición. ¿Y ahora nos dicen que Ignacio de Loyola fue un santo?

¿Cómo debemos tratarlos?
Nunca debemos olvidar que ellos, sean católicos o de Dios, son sólo humanos. Nosotros sólo debemos orar a Dios. Y sólo Dios merece nuestra veneración, adoración y reverencia. Los santos de Dios se tratan los unos a los otros de igual manera que tratan a cualquier otra persona —con amor y respeto. En vida o después de la muerte, los santos verdaderos ni buscan ni reciben un tratamiento especial. ¡Y así debe ser! ¿Por qué? Sencillamente porque no son divinos; son humanos. Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre (Hechos 10. 25–26). No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás (Éxodo 20.4–5).

¿Qué pueden hacer?
Muchas personas creen firmemente que los santos pueden traer sanidad y hacer otros milagros. Otras personas piensan que al faltarles a los santos poder para hacer algo, entonces ellos pueden pedirle a Dios un favor por alguien que aún está en la tierra. Lo cierto es que ellos piensan que Dios estará más dispuesto a conceder la petición de tal persona. Amigo mío, ¡eso no es cierto! Analice bien los siguientes versículos bíblicos. Note quién es el que intercede con Dios por nosotros. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros (Romanos 8.34). Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre (1 Timoteo 2.5). Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro (Apocalipsis 19.1). ¿Qué pueden hacer los santos? En esta vida ellos no tienen ningún poder especial en sí mismos. Después que ellos mueren no pueden hacer nada por uno. Absolutamente nada. Estimado amigo, ponga su confianza en Cristo.

¿Qué quiere decir “ser santo”?

En la respuesta que aparece a continuación, por favor, note la parte nuestra y la parte de Dios. En la Biblia, algo santo es algo apartado del uso común para un uso sagrado. Una persona santa es separada de todo pecado para servir a Dios en santidad. Entonces nuestra parte incluye la decisión que nos hace separarnos exclusivamente para Dios. Eso quiere decir que ahora es Dios el que nos guía. Ahora él es nuestro Señor. Nosotros vivimos con el propósito de agradar y obedecer a Dios en todo. La parte de Dios es purificarnos y limpiarnos del pecado. Dios nos santifica en el momento en que recibimos a Cristo como nuestro Salvador personal. Y esta santificación continúa mientras permitimos que Cristo sea el Señor de nuestras vidas. Sólo por medio de esta obra de Dios podemos ser santos. Y sólo de esta manera podemos agradar a Dios. Los santos de hoy en día han consagrado y dedicado sus vidas a Dios. No viven para sí; viven para Dios. Ellos se han apartado de lo malo y siguen lo bueno. Y si acaso pecan, entonces ellos se arrepienten pronto y buscan la limpieza que Dios ofrece gratuitamente a todos. El que es santo es íntegro, honrado y justo.

Entonces, ¿quiénes son los santos?

Ellos son hombres y mujeres comunes con un propósito más alto que lo común. Los santos verdaderos buscan agradar a Dios en todas las áreas de sus vidas. Estas personas viven una vida santa ante Dios a causa del poder de Cristo que actúa en sus vidas. Día tras día sus vidas reflejan la justicia, la piedad y la pureza de Dios —y todo esto por medio de la obra redentora y santificadora de la sangre de Cristo. Los santos viven una vida apartada del pecado y consagrada al servicio de Dios. Por supuesto, ellos no viven apartados del mundo corporalmente. El propio Cristo oró: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Juan 17.15). Así que sus metas, sus placeres, su manera de comportarse, sus vidas —todo es para Dios. Dios ha transformado sus vidas. Ahora ellos viven separados del mundo de forma espiritual y moralmente. ¡Son nuevas criaturas! ¡Son cristianos! ¡Son santos! Cristo derramó su sangre y murió para pagar el precio de nuestro rescate. Cualquier persona que recibe a Cristo como su Salvador y su Señor está apartada de lo común y consagrada a lo santo. Ese individuo pertenece sólo a Cristo. Eso quiere decir que no vive para sí, no vive para el mundo, no vive para el pecado, no vive para el diablo. ¡Vive para Dios! De esta manera es una persona apartada. Ahora pertenece a Dios y a la compañía de los santos.

Amigo mío, tal vez usted ha tenido mucha confianza en los santos de la Iglesia Católica. Esa confianza no puede tener un fundamento seguro... porque es un fundamento falso. Ponga su fe y su confianza en Cristo. Recuerde que usted mismo puede ser uno de los verdaderos santos. Someta su vida al señorío de Cristo. Apártese para Dios. Permita que él le cambie y le santifique. Dios está dispuesto a perdonarle sus pecados y limpiarle de toda maldad.

Aquí aparece lo que usted debe hacer:

• Reconozca que la fe y la confianza en los santos no le traerán la salvación ni la paz con Dios.
• Acepte la verdad que usted es un pecador condenado a una eternidad en el infierno.
• Reciba a Cristo como su Señor y Salvador, apartándose exclusivamente para él. Esto incluye el arrepentimiento y la confesión de sus pecados, pidiendo de Dios su perdón divino.
• Únase y sométase a una iglesia bíblica, obedeciendo de forma conciente los mandamientos de Dios dados en el Nuevo Testamento. Haga su compromiso con Dios por medio de la oración. Si acaso no sabe orar, no olvide que orar es simplemente platicar con Dios. Dígale a él lo que siente y lo que desea.

Otra vez, ¿quiénes son los santos?

Son personas como usted que han hecho la decisión de seguir a Cristo. Lea los siguientes versículos y acérquese a Dios de todo corazón: Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3.23). Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4.12). A todos los que le recibieron [a Cristo], a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1.12). Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo (Hechos 2.38). Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo (Romanos 10.9). Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando (Juan 15.14).
—Marcos Roth
44178/2-08

Publicadora Lámpara y Luz
26 Road 5577
Farmington, NM 87401, EE.UU.


martes, 14 de abril de 2009

LOS SANTOS CATÓLICOS VERSUS LOS SANTOS DE LA BIBLIA



Por Ing° Mario A Olcese

Una creencia Mal Fundada

La creencia generalizada que se tiene en el catolicismo sobre los santos de la iglesia es que éstos son beatos que el Papa canoniza o beatifica después de muertos. Para ello el candidato para “santo” deberá reunir varios prerrequisitos, entre los cuales está el haber realizado milagros u otros hechos sobrenaturales. En realidad, los candidatos para la santificación son escrupulosamente investigados o examinados por la curia romana, los cuales reportan sus resultados al Papa de turno para que éste los eleve a la categoría de santos. Muchas veces los candidatos, ya fallecidos todos, deben esperar años para ser consagrados como santos por el Papa de turno. Nunca se santifica a ningún católico vivo. Esto significa que los “santos católicos” son un pequeño grupo de católicos fallecidos---una minoría privilegiada--- que gozan del honor y la honra de la feligresía en general, y que son tenidos como intermediarios en las plegarias.

La Verdad Que Enseña la Biblia

La forma de beatificar a los santos del catolicismo no se encuentra en ninguna parte de la Biblia. En realidad, no encontraremos nunca en la Biblia a un Papa canonizando a algún santo o mártir difunto. Contrario a la creencia católica de una minoría santa, la Biblia enseña que los santos del Primer Siglo lo constituían la mayoría de los creyentes, por no decir todos. El uso de las palabras santo, santificar, santidad, y santificación, es muy común en el Nuevo Testamento. Los santos en NT se relaciona directamente con la feligresía en general: los bautizados y los consagrados a la causa de Cristo sin importar su género, edad, profesión, o clase social. Todos aquellos que eran miembros de la iglesia cristiana eran llamados "santos". No se les requería o exigía que hicieran milagros o cualquier otro acto sobrenatural como levitar, tener el don de la bilocación, o presentar estigmas en el cuerpo. Tampoco se les exigía vivir en monasterios o claustros en estricto voto de pobreza y celibato obligatorios. Estas exigencias católicas no pueden hallarse en ninguna parte de la Biblia, y en especial, en el Nuevo Testamento.

Santos Casados

En la Biblia encontramos que varios de los apóstoles eran casados y tenían una familia u hogar. San Pedro, por ejemplo, el supuesto primer Papa de Roma, era casado. La Biblia nos dice lo siguiente de San Pedro: “Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre” (Mateo 8:14). Y en 1 Corintios 9:5 San Pablo pregunta, como apóstol y siervo de Dios: “¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana como mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?”. Este Cefas era sin duda el apóstol Pedro (Juan 1:42) de quien se dice que tenía a su suegra enferma. Obviamente Cefas o San Pedro estaba casado con una hermana de la fe cristiana (una creyente fiel).

Referencias a Otros Santos en el Nuevo Testamento

Hemos visto que los santos apóstoles estaban casados con mujeres creyentes. Ahora veremos también que muchos de los demás creyentes, discípulos de los apóstoles, también eran santos en vida. Vamos a analizar una serie de pasajes interesantes que nos iluminarán sobre el asunto de la santidad cristiana:

En 2 Corintios 1:1 Leemos: “Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están en toda Acaya (no en el cielo)”. Nótese que Pablo saluda a la iglesia de Dios en Corinto, y a todos los santos que están en la ciudad de Acaya (no en el cielo). Aquí Pablo equipara a la iglesia de Dios de Corinto con los santos de Acaya. Para él, las expresiones ‘La Iglesia de Dios’ y ‘Los Santos’ significaban lo mismo. Además, es claro que aquellos santos no eran pocos y estaban todos con vida. También en el capítulo 2 y versos 5-11, vemos como Pablo y la iglesia perdonan a un santo que había sido un ofensor, lo cual indica que aquellos santos eran imperfectos, y algunos eran sujetos a reprensión, como lo había sido antes Pedro.

En Efesios 1:1, Pablo les dirige a los efesios el siguiente saludo: “Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles que están en Efeso (no en el cielo)”. Aquí vemos nuevamente que los creyentes vivos de la iglesia de Efeso eran santos y fieles. Estos no eran santos difuntos que habían sido canonizados por San Pedro, el supuesto primer Papa Romano. Tampoco eran monjes o monjas de alguna orden religiosa. Estos eran simplemente hermanos convertidos a la fe cristiana, y seguramente los había de ambos géneros, casados y solteros. Tome nota en especial del capítulo 5 y versos 21-33. Aquí verá a santos casados que debían mantener la santidad de su matrimonio, es decir, el amor y la fidelidad con sus conjugues, así como Cristo amó a su iglesia (su esposa) y se entregó por ella. Aquí hay una clara referencia a santos cristianos casados y vivos.

En Filipenses 1:1, Pablo saluda a los creyentes de la ciudad de Filipos, así: “Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos que están en Filipos (no en el cielo), con los obispos y diáconos”. Aquí igualmente Pablo se dirige a la hermandad en general como ‘a todos los santos’. Sin duda se refiere al rebaño de Dios, a los llamados “laicos” del catolicismo. Pero nótese que aquí también todos los creyentes son llamados santos en vida.

En Colosenses 1:1,2, Pablo se dirige a los hermanos de Colosas de esta manera: “Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas (no en el cielo): Gracia y paz sean a vosotros, de nuestro Dios Padre y del Señor Jesucristo”. De igual manera, nótese que Pablo se dirige a los santos y fieles hermanos que están en Colosas, una ciudad Griega. Estos hermanos santos eran miembros de la iglesia (la feligresía) de esa ciudad. Entre estos santos había algunos que eran sirvientes y esclavos de amos no creyentes. A éstos santos Pablo les dice, entre otras cosas: “Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales” (3:22). Nótese nuevamente que estos santos no pertenecían a ninguna orden religiosa, ni vivían en claustro alguno. Estos santos siervos trabajaban como sirvientes de hombres incrédulos, y de crédulos. ¡Estos eran domésticos que trabajaban para servir a sus amos terrenales! Algo así como una ama de llaves, o una empleada doméstica. También equivaldría a un obrero de una fábrica de este siglo. También esta carta está dirigida a los matrimonios creyentes (hogares santos), a las cuales el apóstol les dice: “Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene al Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor” (3:18-20). Como se puede ver, la concepción de la santidad en el Nuevo Testamento dista mucho de asemejarse con la del catolicismo romano.

En Judas 1 leemos: “Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo, a los llamados, santificados en Dios Padre, y guardaos en Jesucristo”. Esta carta de Judas es para alentar a los santos a “contender ardientemente por la fe” (v.3) y a ”conservarse en el amor de Dios” (v.21). Les está escribiendo a creyentes santos para que no se dejen influenciar por los falsos maestros infiltrados dentro del rebaño de Dios. Sin duda, Judas estaba conciente del peligro que podían correr los santos de Dios con las falsas doctrinas que se introducían en el pueblo de Dios.

Ahora bien, notemos que Judas se dirige a “los llamados”, que son santificados en Dios Padre. Pues bien, estos santos fueron “llamados” por Dios, pero, ¿cómo? ¿Acaso éstos oyeron una voz celestial como Pablo la oyó una vez, personalmente y privadamente, en el camino a Damasco? No necesariamente así. El apóstol Pablo dice a los Tesalonicenses lo siguiente: “A lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 2:14). Nótese que los santos son llamados cuando oyen el mensaje del evangelio de Jesucristo y lo creen de todo corazón. Si usted oye el evangelio de Cristo, entonces usted está siendo llamado por Dios para ser un santo y así alcanzar la gloria de Jesucristo. El evangelio es capaz de transformar a los hombres y hacerlos santos. San Pablo lo dice claramente con estas solemnes palabras: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16). Y Jesús les dice a los suyos: ”Ya vosotros estáis limpios por la Palabra que os he hablado” (Juan 15:3). Vemos pues que la palabra de Cristo---su evangelio---es capaz de limpiar al pecador y hacerlo un santo. Trágicamente millones de católicos no comprenden esta verdad apostólica.

Sólo los Santos Podrán ver a Dios

La Biblia enseña muy claramente que sólo los santos podrán ver al Señor. En Hebreos 12:14 leemos: “Seguid la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”. Nótese que sin la santidad nadie verá al Señor---¡Ni uno sólo! Es decir, sin la santidad nadie será salvo. Lamentablemente la teología católica sobre el tema de la santidad sostiene que los santos son pocos en relación al total de sus feligreses. Esto se traduce indefectiblemente en que la gran mayoría de católicos, no santificados, no podrán ver a Dios o salvarse. Así de trágico es el asunto. Millones de católicos difuntos, que no han sido santificados por el Papado, estarán privados por la eternidad de ver a Dios. Esto significa que nuestros buenos amigos católicos devotos---ya fallecidos---que no “alcanzaron” la santidad, están descansando en cualquier lugar---menos en el cielo--- donde mora y reina Dios.

Ahora bien, la verdad del asunto es que sólo los santos se salvarán y podrán morar con el Señor para siempre. San Pablo es enfático al respecto cuando, al asociar la santidad, la salvación, y la gloria dice: “Pero nosotros debemos de dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 2:13,14). Aquellos que se dicen cristianos, pero que no se creen santos, están perdidos, pues si no son santos, ¿qué son? La respuesta es sólo una: ¡Inmundos! Véase lo que dice San Pablo al respecto: “Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación” (=santidad)(1 Tesalonicenses 4:7). Nótese que San Pablo es tajante. Si uno no es santo entonces es inmundo. ¿Y qué dice la Biblia de los inmundos? Dice Pablo: “Porque sabéis esto, que ningún inmundo...tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios” (San Pablo, Efesios 5:5). El problema reside en que el catolicismo ha idealizado la santidad, y la ha convertido en un don inalcanzable prácticamente para la mayoría de los seres humanos. En otras palabras, se cree en el catolicismo que un santo es un ser puro, perfecto, impecable, devoto, mojigato, casto, célibe, curandero, milagrero, con estigmas en el cuerpo, orante, pobre, ermitaño, y cosas como éstas. Pero, ¿de dónde sacaron esta idea la gran mayoría de católicos? ¿Acaso nos olvidamos de San Pedro? Él fue el supuesto primer Papa Romano, quien desde su conversión fue un santo. ¿Mostró acaso él--- y sus colegas---señales de estigmas, levitación, y bilocación? En la Biblia no encontramos semejantes extraordinarios reportes sobrenaturales antes mencionados, salvo los registrados en los evangelios, los cuales sí nos hablan de milagros de curaciones, resucitaciones, multiplicación de alimentos, dominio sobre las tempestades marítimas, caminatas sobre el mar, y exorcismos por parte de Cristo y sus apóstoles. Regresemos nuevamente a San Pedro: ¿no nos acordamos cómo Pedro titubeó y negó a su Maestro tres veces? (Juan 13:38) ¿Acaso no nos acordamos cómo Cristo le dijo a Pedro: “Apártate de mi Satanás?” (Marcos 8:33) ¿Acaso no nos acordamos cómo San Pablo tuvo que reprender a su colega San Pedro por pretender seguir judaizando y exigir a los judíos a que guarden la ley? (Gálatas 2:11-14). Pero a pesar de todos estos hechos, San Pedro siguió siendo un santo de Dios. Él no estuvo exento de errores. Se pudo pensar que en un momento Pedro renunciaría a su fe y que no regresaría al camino que había seguido con Jesús. Pero en Hechos de los Apóstoles encontramos a un Pedro valiente, transformado, y convencido de que Cristo era el Hijo de Dios, el Rey de Israel. Se le encuentra celebrando el primer concilio en Jerusalén, y haciendo una férrea apología de su Señor frente a muchos judíos incrédulos.

Y en cuanto al mismo apóstol Pablo, ¿acaso no dijo él que “lo bueno que debía hacer no lo hacía, y lo malo que no debía hacer eso hacía” (Romanos-7:15-25)? ¿Entendemos los conflictos de San Pablo, y sus fallas humanas como hombre imperfecto?¿Acaso dejó él de ser un santo de Dios porque era imperfecto? No obstante, y a pesar de sus errores, él mismo nos exige a imitarle para que también nosotros seamos unos santos y poder ganar la salvación (1 Corintios 11:1). Para Pablo, no puede haber salvación sin santidad, como ya lo hemos demostrado arriba.

La Iglesia de Cristo es por Naturaleza Santa

Hay quienes aún ignoran que la iglesia está compuesta por todos los creyentes bautizados, según se desprende de Hechos 2:38-42. Es, pues, totalmente falso que la iglesia esté compuesta sólo por el llamado “clero” del catolicismo romano (“los religiosos”). La mayoría de católicos no parece comprender que también los llamados “laicos” son parte de la iglesia, pues para eso se bautizaron y participan de los sacramentos de su iglesia. Definitivamente todos los bautizados son miembros del cuerpo de Cristo, es decir, miembros de su iglesia. Ahora bien, se le manda a la iglesia en su conjunto a mantener su santidad con estas palabras: “...Cristo amó a su iglesia, y se entregó a si mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:25-27). Pues bien, si la iglesia está compuesta por todos los bautizados, y ella debe ser santa, entonces concluimos que todos los bautizados practicantes son santos. ¡Así de simple!

A los corintios Pablo les dice: “...porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Corintios 3:17). Y a los colosenses Pablo les dice: “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él...” (Colosenses 1:21,22). Nótese el contraste entre los santos que hacen buenas obras, versus los impíos que hacen malas obras. Si un creyente en Cristo ha renovado su mente para sujetarse a la voluntad de Dios, se convierte automáticamente en un santo. Este creyente se ha santificado porque ha puesto su fe en Cristo, y ha hecho suyo su sacrificio expiatorio en la cruz, y se ha bautizado para el perdón de sus pecados. A los santos, Pedro les dice: “Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:14-16). Nótese que Pedro no está diciendo algo así como: “Aspiren a ser santos, para que yo los beatifique, y los nombre santos”. No! Lo que exhorta Pedro es que todos los creyentes sean santos, optando por vivir piamente para que sean verdaderos hijos obedientes de Dios.

Cada uno nos hacemos santos cuando no nos conformamos a los deseos que teníamos en nuestra ignorancia. Así de sencillo. Además, Pedro no dice que hagamos milagros, o que seamos célibes, monjes, ermitaños, pobres, o que tengamos estigmas en el cuerpo, o que levitemos para merecer la santificación. Tampoco Pedro dice que primero deberemos de morir para luego ser canonizados por él o por sus supuestos sucesores. Lo que él dice es que los creyentes deben vivir ahora en santidad como verdaderos hijos de Dios. Esta no es una opción cristiana, sino más bien, una obligación o exigencia para la salvación. Pedro quiere que el pueblo de Dios sea santo o apartado del mundo a fin de cumplir con la misión evangelizadora y salvadora. Se predica con el ejemplo, sin duda.

Los Santos deben ser Perfeccionados

Muchos creen que primero el creyente debe perfeccionarse para ser nombrado “santo” de la iglesia. ¡Nada más falso! El apóstol Pablo escribe algo muy interesante a los creyentes de Efeso. Estas son sus palabras: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:11-13). Si uno escudriña bien estos tres versículos, se verá que los santos podían ser perfeccionados con la ayuda de los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros; o sea, por el mal llamado “clero”. Estos feligreses, o los mal llamados “laicos” por el catolicismo, conformaban los santos aludidos por Pablo en esta epístola a los efesios. También en 2 Corintios 7:1 Pablo dice: “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. Es claro que los santos estaban lejos de ser perfectos, pero que podían ser perfeccionados en la medida que se apartaran de la contaminación carnal y espiritual. Nótese que Pablo no dice que en la medida en que los santos hicieran milagros, levitaran, o estigmatizaran su cuerpo, se perfeccionarían. Por otro lado, en la Biblia no existe esa división extraña de “Clero” y “Laicos” del catolicismo. La verdad es que en las Escrituras (la Biblia) todos los creyentes bautizados conformaban lo que hoy se conoce como: El Clero (Griego Kleron) de la iglesia.

Conclusión

La Iglesia cristiana bíblica, conformada por todos los creyentes bautizados, es santa en su esencia. Es decir, los creyentes bautizados son santos porque han sido santificados por Jesucristo, la Cabeza santa. Son santos porque han renunciado a la vana manera de vivir que heredaron de sus padres para seguir por un nuevo camino de rectitud y verdad. No son hombres extraordinarios que han renunciado al matrimonio, a los negocios, o a los hijos, para vivir como ermitaños mojigatos. Son más bien hombres comunes y corrientes, con sus defectos y cualidades, que han decidido seguir los principios de Cristo y ponerlos en práctica. No existen otros requisitos o exigencias, como por ejemplo: hacer milagros o señales sobrenaturales, a saber: levitar o presentar estigmas en el cuerpo. Estos son más bien individuos casados o solteros: Agricultores, campesinos, Empresarios, comerciantes, obreros, sirvientes, amas de casa, estudiantes de colegios y universidades, etc, que viven en función de Cristo, y para Cristo.

Pretender hacer de los santos unos individuos medio angélicos o sobrenaturales, además de puritanos y mojigatos, es torcer el verdadero concepto de la santidad bíblica. Lo que queda claro, según el Nuevo Testamento, es que sin la santidad nadie verá a Dios; es decir, nadie se salvará (ver Hebreos 12:14). El prerrequisito para vivir con Dios es la santidad de vida hoy. Pero como el catolicismo ha limitado la santidad a tan sólo una minoría insignificante de su feligresía, ello significaría que irremediablemente la gran mayoría de católicos, que no han “alcanzado” la santidad y la beatificación, estarán condenados a nunca ver a Dios por toda una eternidad. Y si no verán a Dios---¿a quién verán?
www.elevangeliodelreino.org

www.esnips.com/web/BibleTeachings (Estudios en español e inglés por Apologista)

¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE LA SANTIDAD?



¡Las 3 verdades de la santidad que el Catolicismo Romano no dice!


Por Ing° Mario A Olcese (Apologista)

Lo que la Biblia dice sobre la Santidad y que el catolicismo calla:

A).- La Santidad es un pre requisito para ver a Dios

Dice Hebreos 12:14, de este modo: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”. Acá Pablo dice que nadie verá a Dios sin ser santo. No obstante, los católicos romanos dicen que los santos son unos cuantos escogidos por Dios que sirven de mediadores entre nosotros y la Deidad. Esto significaría, según la teología católica, que por más devoto que usted haya sido, si usted no es canonizado “post-morten” por la jerarquía católica romana para convertirse en un santo, ¡usted no podrá ver a Dios!

Así que no se haga ilusiones, amigo católico, de creer que su mamita o su papito están con Dios en el cielo por más buenos que hayan sido, a menos, claro, que ellos hayan sido declarados santos por la jerarquía Católica Romana. Hablo según la doctrina Católica Romana... ¡no según la enseñanza bíblica!

Y no crea tampoco que usted verá a Dios y a todos los santos del pasado a menos que usted busque y obtenga su propia santificación como lo indica Pablo en Hebreos 12:14.

B).- La iglesia es Santa

Parece haber una confusión entre los Católicos Romanos sobre la naturaleza de la iglesia cristiana, creyéndose que ésta sólo está compuesta por el clero o los religiosos que usan sotana. Yo sinceramente me asombro cuando escucho a los periodistas católicos preguntarle al cardenal de mi país: ¿Qué opina la iglesia del aborto?, como si la iglesia fuera sólo el clero católico sin la inclusión de la feligresía “laica”.

Pero a diferencia de los Católicos Romanos, la verdadera iglesia está compuesta de todos los creyentes bautizados, sin importar género, edad, clase social, profesión, y educación. En Hechos 2 tenemos el informe de la primera iglesia del siglo I, y de ella se dice que estaba compuesta de todos aquellos que se convertían al Señor y eran bautizados. Dice Hechos 2:41,47, así: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas…Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”.

Así que si usted es bautizado en la iglesia del Señor, usted se convierte automáticamente en miembro del cuerpo de Cristo, que es su iglesia. Pero como Cristo (La cabeza) es santa, su cuerpo (dentro del cual está usted incluido) es también santo. No puede haber cabeza santa y un cuerpo no santo. Es por eso que la Biblia dice que la iglesia (el cuerpo de Cristo) es santa. Lea Efesios 5:27, que dice: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

Por lo tanto, amigo católico, usted no necesita que ningún hombre mortal y pecador lo santifique, ya que Cristo santificó a su iglesia para presentarla a Dios sin macha ante Dios. Automáticamente al hacerse usted parte del cuerpo de Cristo, que es su iglesia, usted se santifica. Usted verá a Dios si sigue en esa santidad de vida dentro del cuerpo y teniendo a Jesús como su cabeza. ¡Esto no les dice la iglesia Católica a sus feligreses ingenuos y neófitos!

C).- Los Santos de la Biblia no estaban muertos

Es indiscutible que todos los santos católicos son difuntos, a pesar de que el Nuevo Testamento nos presenta a innumerables santos vivos que son mencionados en las epístolas paulinas (Ver sólo un ejemplo en Filipenses 4:21). Pues bien, siendo que en la iglesia Católica Romana no hay ningún santo vivo formalmente reconocido, ni siquiera el mismísimo "santo" Padre (recuérdese que a "su santidad" Juan Pablo II se le escogió para su beatificación y santificación recién cuando murió, y sin embargo lo llamaban "Santo Padre" cuando estaba vivo...¡una clara contradicción que no logro comprender!), esto significaría que difícilmente el catolicismo puede ser una iglesia santa. No hay feligreses vivos santos, no hay obispos vivos santos, no hay cardenales vivos santos, no hay monjas vivas santas, y no hay Papas vivos santos. Y si no son santos, ¿qué son? ¿proto santos?¿cuasi santos?¿medio santos? No lo sabemos!

LA VERDAD DE LA PANDEMIA