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lunes, 13 de diciembre de 2010

EL MUNDO VENIDERO ACERCA DEL CUAL HABLARÉ


“Porque no sujetó a los ángeles el MUNDO VENIDERO, ACERCA DEL CUAL ESTAMOS HABLANDO” (Hebreos 2:5)

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)


Introducción

Los periódicos y noticieros generalmente se centran en los asuntos que vienen aconteciendo en nuestro presente mundo, y eventualmente hacen proyecciones de lo que será nuestro planeta dentro de algunos años o décadas. Sin embargo, ninguno de estos medios nos hablan del mundo venidero, de aquel siglo o edad maravilloso que la Biblia llama “la era venidera”, o la era del reino de Dios, y esto es así porque los periodistas y analistas del mundo simplemente lo desconocen por completo. Generalmente los pronósticos de los científicos y de los así llamados “visionarios” y “profetas” giran en torno de dos posiciones bien definidas: Una, que este mundo terminará algún día, y que la tierra desaparecerá; y la otra que vislumbra una era nueva de renovación o renacimiento pero sin darnos mayores de la misma, es decir, cómo será, quiénes participarán y quién la efectuará o iniciará.

Las Escrituras nos hablan del mundo venidero de justicia y paz

Sí, mis amigos, las Santas Escrituras nos hablan de un mundo venidero, de un tiempo o siglo que para muchos sigue siendo utópico para y que significará la paz y la justicia para todos los hombres de buena voluntad. Es el llamado “nuevos cielos y nueva tierra” en donde mora la justicia, y en donde enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron, pues todas las cosas serán hechas nuevas, pues también la Escritura dice “Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo HAGO NUEVAS todas las cosas Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas” (Apo. 21:4,5). Así que definitivamente este siglo futuro maravilloso sólo será alcanzado por los que son dignos, ya que así lo dice Jesús en Lucas 20:35: “Mas los que fueren tenidos por DIGNOS de alcanzar aquel SIGLO y la resurrección de entre los muertos…”.

El mundo venidero es la Era de la vida eterna

Para Pablo, los dignos de los que hablamos arriba definitivamente obtendrán la vida eterna (Hechos 13:46). Antes, el Señor Jesús había dicho bien claro que el siglo venidero, o también llamado “el mundo venidero”, es la era de la vida eterna de los redimidos. Por lo tanto, si bien tenemos POR LA FE la vida eterna prometida, ésta no se obtendrá sino sólo cuando hayamos VENCIDO, y por supuesto, cuando se inaugure la era venidera, o el mundo venidero de la justicia y de la paz con la parusía del Rey. Cualquiera que diga que ya tiene la vida eterna inherentemente o por su conversión, debe recordar lo que Jesús dijo en Marcos 10:30: “Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna”.

En Hebreos el escritor escribe del “siglo venidero” como que tiene “poderes” (Hebreos 6:5). También él usa la locución “el mundo venidero” (Hebreos 2:5), y además, “los bienes venideros” (Hebreos 9:11; 10:1). Así que nuevamente la vida eterna es considerada como parte de esos “poderes” o bienes del mundo o siglo venidero.

La gloria: otro de los poderes del Siglo Venidero

Pablo le describe claramente a Timoteo de que hay dos vidas: la presente y la venidera. Estas son sus palabras: “porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la VENIDERA”.

El apóstol Pablo cuando les escribió a los creyentes de Roma, les dijo: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del TIEMPO PRESENTE no son comparables con LA GLORIA VENIDERA (DEL TIEMPO VENIDERO) que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18). Nótese que Pablo ubica nuestra futura gloria, no para ahora, sino para la VIDA VENIDERA, una gloria que el apóstol lo relaciona con el reino de Dios en 1 Tes. 2:12, verso que dice: “Y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su REINO Y GLORIA”.

La importancia del Evangelio del Reino

Sin duda el evangelio de Cristo nos ofrece poderes venideros que incluyen la vida eterna o la gloria en el reino de Dios. Esto es obtener Majestad, autoridad, naturaleza divina, e inmortalidad. Esto significa reflejar la misma imagen y semejanza de Dios que tuvo la primera pareja humana en el principio, antes de su caída, cuando se Dios les otorgó dominio y poder, y una vida sin fin (aunque condicional) sobre todo lo creado en el Edén.

El mensaje del reino es el mensaje de la restauración de todas las cosas que se estropearon por el pecado o la caída, y volver a la tierra a su estado inicial para el cual fue creada. Esto es reconstruir lo que el diablo y sus huestes estropearon al rebelarse contra Dios y querer ser los nuevos amos del mundo, viviendo a espaldas de Dios y de Sus santas leyes. El diablo finalmente resultará ser el perdedor, y el Señor saldrá victorioso, y será servido y alabado por todos aquellos que pertenecen al lado de la luz y no de las tinieblas.

El evangelio del reino promueve un mensaje de esperanza y salvación para el mundo entero, pues es una muy buena noticia de que no todo está perdido en nuestra tierra, ni que todo será destruido finalmente por la mano del hombre. Hay, pues, esperanza aún para sobrevivir a un “cosmocidio”, a una devastación nuclear o climática que cada día pende sobre nosotros como una eterna espada de Damocles. Predicar otra esperanza diferente que promueve escapar de esta tierra a otro sitio, planeta o dimensión, es como reconocer implícitamente que el diablo venció y que el mundo finalmente no pudo ser habitado por los humanos tal como Dios se lo propuso desde que creó la tierra y sus habitantes. Recordemos que Dios no creó la tierra en vano, sino para ser habitada la formó, y este plan de Dios aún no ha sido cambiado, pues dice Proverbios 2:21: “Porque los rectos habitarán la tierra, Y los perfectos PERMANECERÁN en ella”.

El Reino de Dios es el gobierno de Dios a través de Su Hijo, el Mesías, el Rey prometido, Su Majestad real, el Hijo del Hombre. Y no es un reino “en el corazón de los creyentes”, ni un “reino eclesiástico” que es gobernando por un clero corrupto. Es, en realidad, un reino restaurado como existía en un comienzo cuando Dios levantó al rey David para ser su representante para su pueblo elegido, a quien les dio sus pactos, leyes, y promesas.

¿Qué espera el Señor de los hombres?

Lo que Dios pretende hacer saber a través de su verdadero mensajero o enviado, el Señor Jesucristo, es que el mundo tiene esperanza, y que esa esperanza está precisamente y finalmente en la restauración de todas las cosas, especialmente, el Reino de Dios en la tierra. El mismo Señor Jesucristo fue del todo claro al revelarnos una verdad que muchos cristianos increíblemente aún ignoran, y esa verdad es que el fue enviado al mundo para que seamos salvos creyendo en y a Jesucristo (Juan 3:16). ¿y qué cosa hay que creerle a Jesucristo?¿Acaso que él es Dios y que nos quiere llevar al cielo si somos “buenos”? ¡¡¡No!!! El dijo que fue enviado por su Padre para revelar al mundo un mensaje que nos puede salvar si es que lo creemos por fe. Este mensaje él lo llamó de manera muy clara como “el evangelio del reino de Dios”. Dice Lucas 4:43, así: “Y él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios, PORQUE PARA ESTO HE SIDO ENVIADO”

Desafortunadamente, una gran mayoría de cristianos han ignorado este texto bíblico de Lucas 4:43, o no le han prestado la debida atención cuando por casualidad lo han leído. Sólo vaya usted a cualquier iglesia y haga su propia encuesta, preguntando a los feligreses algo así como: ¿Para qué fue enviado Dios al mundo?, y la mayoría, sino todos, le responderán cualquier cosa menos que Jesús fue enviado a predicar el Reino de Dios. ¡Simplemente es asombrosa esta ignorancia generalizada entre católicos y protestantes por igual!

Algunos me podrán decir, ¿pero apologista, por qué te la pasas hablando casi siempre del reino de Dios habiendo otros temas más importantes e interesantes que discutir. Y yo les respondo: “Porque sencillamente el evangelio del reino es el único evangelio salvador que Cristo presentó a sus contemporáneos, y es el único mensaje que quiere que sus seguidores prediquen a tiempo y fuera de tiempo”…en realidad en todo momento hasta el fin del siglo (Mateo 24:14). El desea que insistamos en esta Buena Nueva que tiene poder para salvar al potencial creyente si es que llega a entenderlo, aceptarlo y predicarlo de corazón hasta el fin (Romanos 1:16; Gál. 1:6-9).

Imitando a Cristo tal como lo hacía Pablo

Por eso yo me siento muy preocupado cuando descubro que los diferentes “ministerios cristianos” presentan un evangelio que no hace mención del reino de Dios ni por casualidad. Y es preocupante porque esos ministerios que dicen difundir el evangelio predican un mensaje facilista y del agrado del oyente. Son evangelios que promueven la avaricia, el conformismo y la desidia. En realidad los más de los cristianos creen que con sólo ir a la iglesia y ser buenos individuos es suficiente para ganar el cielo, y no saben que todo cristiano debe ser un imitador de Cristo, así como lo era Pablo. Este apóstol estaba tan consciente de que imitaba fielmente a Jesús que pudo decir con plena confianza y seguridad: “Sed imitadores de mi, así como yo de Cristo” (1 Cor. 11:1). Pero Cristo no sólo era un hombre perfecto y bueno, cumplidor de las leyes divinas, SINO QUE TAMBIÉN ERA UN PREDICADOR VEHEMENTE Y TENAZ DEL REINO DE DIOS. Desde el comienzo de su ministerio hasta el final él se la pasó predicando y anunciando el reino de Dios con sus discípulos (Mr. 1:1.14,15-Hechos 1:3, Lucas 8:1,2; Lucas 9:1,2).

Y puesto que Pablo era un fiel imitador de Cristo, es de esperarse que él también predicaba insistentemente el reino de Dios a sus paisanos y a los gentiles en los distintos lugares, pueblos y países que visitaba. Y no nos equivocamos cuando leemos Los Hechos de los Apóstoles y sus epístolas, y verificamos que efectivamente él también predicaba el REINO DE DIOS, el mismo evangelio de Su Maestro…¡no otro! He aquí algunos pasajes:

Hechos 14:22: confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el REINO DE DIOS.

Hechos 19:8: Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del REINO DE DIOS.

Hechos 20:25: Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el REINO DE DIOS, verá más mi rostro.

Hechos 28:23: Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el REINO DE DIOS desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas.

Hechos 28:31: predicando el REINO DE DIOS y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.

1 Corintios 6:9: ¿No sabéis que los injustos no heredarán el REINO DE DIOS? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,

1 Corintios 6:10: ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el REINO DE DIOS.

1 Corintios 15:50: Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el REINO DE DIOS, ni la corrupción hereda la incorrupción.

Gálatas 5:21: envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el REINO DE DIOS.

2 Tesalonicenses 1:5: Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del REINO DE DIOS, por el cual asimismo padecéis.

El Reino de Dios es el fin del Reino del Diablo

Para cuando se inaugure el Reino restaurado de David en la tierra, el Dios del presente mundo o siglo será removido de su cargo, al ser depuesto por el Rey Mesías vencedor que lo tomará preso, lo encadenará, y lo pondrá en prisión, junto con todos sus secuaces angélicos que han estado gobernado este mundo malo o impío desde hace miles de años. La rebelión y el gobierno del mal serán finalmente erradicados de la tierra. Mientras tanto, este mundo seguirá yaciendo bajo el poder del maligno (1 Juan 5:19), y el diablo se pondrá cada vez más furioso al ver que sus días van llegando a su fin (1 Pedro 5:8). Esto explica el aumento de la maldad en todas sus formas estos postreros tiempos y el aumento de las doctrinas y filosofías demoníacas que tratan de distraer a los hombres hacia esperanzas ilusas como que seremos salvados por entidades o seres cósmicos o de otras dimensiones que son más avanzados que nosotros y que nos quieren ayudar a salir del marasmo en que se encuentra la humanidad. Sin duda el diablo sigue engañando al mundo entero con falsas expectativas y esperanzas que sólo conducirán a la decepción y a la perdición. Ya hace tiempo el apóstol Pablo nos advirtió de la macabra influencia de las fuerzas ocultas cuando escribió: “Porque no tenemos LUCHA contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Esto tiene sabor a extraterrestres que dejan ver en nuestras regiones celestes, o como dijera él también “el príncipe de la potestad DEL AIRE” (Efesios 2:2).

Hoy en día se habla de una serie de conspiraciones, muchas de las cuales parecen verosímiles, ya que todo parece indicar que esos complots giran en torno a fuerzas oscuras que operan en las esferas del poder mundial de manera subrepticia, solapada, y hasta malvada. En realidad no me sorprende nada, ya que sabemos que San Juan fue claro al decir que “todo el mundo yace bajo el poder del maligno” (1 Juan 5:19) y este maligno, según Jesús, es homicida desde el principio y el padre de la mentira (Juan 8:44). Este ser cósmico angélico puede incluso hacer portentos y maravillas para confundir, y lo hará aún más patente cuando se presente el Hombre de Pecado, el impostor, el anticristo, el mimo del Mesías… ¡y muchas caerán en el engaño porque ignoran las Escrituras!

Dice Pablo de este impostor venidero: “Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia” (2 Tes. 2:8-12).

¿Caerá usted en el engaño de este sátrapa que aparecerá en el mundo y no a la verdad que presenta la Biblia? Recuerde, el verdadero Libertador es el Señor Jesucristo, el cual gobernará el mundo con paz y seguridad por mil años. El no hará pacto con ningún líder religioso de la tierra, ni vendrá de algún lugar recóndito de la tierra o de otro planeta. El será el mismo hombre inmortal que ascendió al cielo desde el Monte de los Olivos, y que vendrá DESPUÉS de que este falso Mesías aparezca en el mundo, y descenderá del cielo mismo y con los ángeles de su poder, y vendrá a hacer juicio y justicia, y luego de haber limpiado la tierra de la mayoría de los impíos, inaugurará su reinado con los sobrevivientes, desde Jerusalén, con poder y gran gloria.

sábado, 26 de junio de 2010

TEXTOS BÍBLICOS “GEOCÉNTRICOS”



Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

“Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del MUNDO, sino por la justicia de la fe” (Romanos 4:13).

Nos llama mucho la atención que las iglesias estén aún predicando que los salvos partirán al cielo para morar con Dios y Su Hijo por toda una eternidad, cuando en realidad hay una infinidad de pasajes bíblicos donde Dios promete a los salvos la herencia de una tierra renovada y restaurada como al inicio de la creación.

Ya es hora que corrijamos este error extendido dentro de las iglesias que se han dejado influenciar por las ideas de los gnósticos en cuanto al destino de los elegidos.

He aquí los pasajes que nos hablan de nuestro futuro en la tierra:

Génesis 12:7: Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta TIERRA. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido.

Génesis 13:15: Porque toda la TIERRA que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre.

Génesis 15:18: En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta TIERRA, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates

Génesis 17:8: Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la TIERRA en que moras, toda la TIERRA de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos.

Génesis 28:13: Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la TIERRA en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.

Génesis 35:12: La TIERRA que he dado a Abraham y a Isaac, la daré a ti, y a tu descendencia después de ti daré la TIERRA.

Génesis 48:4: y me dijo: He aquí yo te haré crecer, y te multiplicaré, y te pondré por estirpe de naciones; y daré esta TIERRA a tu descendencia después de ti por heredad perpetua.

Levítico 20:24: Pero a vosotros os he dicho: Vosotros poseeréis la TIERRA de ellos, y yo os la daré para que la poseáis por heredad, TIERRA que fluye leche y miel. Yo Jehová vuestro Dios, que os he apartado de los pueblos.

Levítico 25:18: Ejecutad, pues, mis estatutos y guardad mis ordenanzas, y ponedlos por obra, y habitaréis en la TIERRA seguros;

Salmos 25:13: Gozará él de bienestar,Y su descendencia heredará la TIERRA.

Salmos 34:16: La ira de Jehová contra los que hacen mal, Para cortar de la TIERRA la memoria de ellos.

Salmos 37:3: Confía en Jehová, y haz el bien; Y habitarás en la TIERRA, y te apacentarás de la verdad.

Salmos 37:9: Porque los malignos serán destruidos, Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la TIERRA.

Salmos 37:11: Pero los mansos heredarán la TIERRA, Y se recrearán con abundancia de paz.

Salmos 37:22: Porque los benditos de él heredarán la TIERRA; Y los malditos de él serán destruidos.

Salmos 37:29: Los justos heredarán la TIERRA, Y vivirán para siempre sobre ella.

Salmos 37:34: Espera en Jehová, y guarda su camino, Y él te exaltará para heredar la TIERRA; Cuando sean destruidos los pecadores, lo verás.

Salmos 46:10: Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la TIERRA.

Salmos 67:4: Alégrense y gócense las naciones, Porque juzgarás los pueblos con equidad,
Y pastorearás las naciones en la TIERRA. Selah

Salmos 72:8: Dominará de mar a mar, Y desde el río hasta los confines de la TIERRA.

Salmos 85:9: Ciertamente cercana está su salvación a los que le temen, Para que habite la gloria en nuestra TIERRA.

Salmos 102:15: Entonces las naciones temerán el nombre de Jehová, Y todos los reyes de la TIERRA tu gloria;

Salmos 104:5: El fundó la TIERRA sobre sus cimientos; No será jamás removida.

Proverbios 2:21: Porque los rectos habitarán la TIERRA, Y los perfectos permanecerán en ella,

Proverbios 2:22: Mas los impíos serán cortados de la TIERRA, Y los prevaricadores serán de ella desarraigados.

Proverbios 10:30: El justo no será removido jamás; Pero los impíos no habitarán la TIERRA.

Proverbios 11:31: Ciertamente el justo será recompensado en la TIERRA; ¡Cuánto más el impío y el pecador!

Isaías 45:18: Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la TIERRA, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro.

Isaías 57:13: Cuando clames, que te libren tus ídolos; pero a todos ellos llevará el viento, un soplo los arrebatará; mas el que en mí confía tendrá la TIERRA por heredad, y poseerá mi santo monte.

Isaías 60:21: Y tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la TIERRA; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme.

Jeremías 7:7: os haré morar en este lugar, en la TIERRA que di a vuestros padres para siempre.

Jeremías 23:5: He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la TIERRA.

Jeremías 30:3: Porque he aquí que vienen días, dice Jehová, en que haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Jehová, y los traeré a la TIERRA que di a sus padres, y la disfrutarán.

Jeremías 33:2: Así ha dicho Jehová, que hizo la TIERRA, Jehová que la formó para afirmarla; Jehová es su nombre

Jeremías 33:15: En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un Renuevo de justicia, y hará juicio y justicia en la TIERRA.

Ezequiel 36:28: Habitaréis en la TIERRA que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios.

Ezequiel 37:22: y los haré una nación en la TIERRA, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos.

Ezequiel 37:25: Habitarán en la TIERRA que di a mi siervo Jacob, en la cual habitaron vuestros padres; en ella habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre; y mi siervo David será príncipe de ellos para siempre.

Joel 2:21: TIERRA, no temas; alégrate y gózate, porque Jehová hará grandes cosas.

Amós 9:15: Pues los plantaré sobre su TIERRA, y nunca más serán arrancados de su TIERRA que yo les di, ha dicho Jehová Dios tuyo.

Habacuc 2:14: Porque la TIERRA será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar.

Zacarías 2:12: Y Jehová poseerá a Judá su heredad en la TIERRA santa, y escogerá aún a Jerusalén.

Zacarías 9:10: Y de Efraín destruiré los carros, y los caballos de Jerusalén, y los arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la TIERRA.

Zacarías 14:9: Y Jehová será rey sobre toda la TIERRA. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre.

Zacarías 14:17: Y acontecerá que los de las familias de la TIERRA que no subieren a Jerusalén para adorar al Rey, Jehová de los ejércitos, no vendrá sobre ellos lluvia.

Mateo 5:5: Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la TIERRA por heredad.

Efesios 6:3: para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la TIERRA.

2 Pedro 3:13: Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y TIERRA nueva, en los cuales mora la justicia.

Apocalipsis 5:10: y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la TIERRA.

Apocalipsis 21:24: Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la TIERRA traerán su gloria y honor a ella.

miércoles, 24 de junio de 2009

¿QUÉ SIGNIFICA LA FRASE: “EL FIN DEL MUNDO”?


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)


La frase “fin del mundo” suele producir cierto pánico entre los hombres, y en particular, entre los inconversos. Pero sólo se teme a lo desconocido. Y es justamente el desconocimiento de lo que Cristo quiso decir por esa frase lo que produce temor angustiante. Pero, ¿deberían sentir temor los buenos cristianos al oír la frase: “fin del mundo”? Pues, no hay porqué.


Preguntémonos: ¿Es cierto que el planeta tierra y sus habitantes desaparecerán de la faz de la tierra algún día? ¿Es el propósito de Dios destruir la tierra la cual expresamente creó para que fuera habitada por sus criaturas humanas? Si la respuesta es “SI” entonces habría una contradicción, ya que nuestro mismo Señor Jesucristo nos promete: “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.” (Mateo 5:5).

Ahora bien, siendo que el Nuevo Testamento fue escrito casi exclusivamente en griego koiné, es menester averiguar cuál fue la palabra griega que se ha traducido por “mundo” en Mateo 24:3. Pues bien, para conocimiento nuestro, la palabra griega es “aión” y no “cosmos”. Veremos a continuación la diferencia entre la palabras griegas “aión” y “cosmos” que igualmente se vierten por “mundo” en la Biblia (Véase el Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español de Francisco Lacueva, Ed. CLIE, España, pág.105).

La palabra griega “Kosmos” tiene el significado de planeta tierra. En cambio “aión” nunca tiene ese significado en la Biblia. El significado de “aión” es “edad” o “era”. Puede significar un período de tiempo indefinido (no necesariamente eterno), o un tiempo contemplado en relación con lo que tiene lugar en el período. “El sentido que tiene la palabra no es tanto el de la longitud misma de un período, sino el del período marcado por características espirituales o morales.” (Ver el diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento, de W.E. Vine, Ed. CLIE).

El apóstol Pablo nos menciona dos “siglos” o “edades”: El presente, y el venidero. La presente edad finalizará para dar paso a la siguiente (Ver Efesios 1:21, donde Pablo dice: “…no sólo en este siglo, sino también en el venidero”).

El apóstol San Pablo nos dice, además, del presente “aión” lo siguiente: “el cual (Jesús) se dio a si mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo (”aión”) malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre.” (Gálatas 1:4).

Cristo pondrá Fin a este “aión” Malo vigenteEntendamos de una vez y por todas que “el fin del mundo” que hablan los apóstoles en Mateo 24:3 no es el fin del “Kosmos” (planeta) sino de la presente edad maligna y decadente. Es el fin del reino de Satanás, para dar paso a la ERA o “AIÓN” venidero; la de Cristo, nuestro Señor. Por eso Jesús dijo: “De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo (aión). Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a todos los que hacen iniquidad.” (Mateo 13:40,41).

Nótese que Jesús habla del “fin del presente aión malo” cuando él vuelva con sus ángeles a este planeta. Entonces él inaugurará un nuevo “aión” (el venidero) de justicia. Entonces, el fin del mundo es el fin de la Edad o Era presente con todos sus males. En Marcos 10:30 el Señor Jesús nos dice que “en el siglo venidero” obtendremos la vida eterna. “…Y en el siglo (aión) venidero la VIDA ETERNA.”
La Versión Biblia de Jerusalén

También el Señor Jesucristo nos habla de “los hijos de este mundo (aión)”, y “los hijos de aquel siglo (aión)”. Estos no se casan, pero los otros sí. He aquí otra diferencia. Dice Jesús así: “…los hijos de este siglo (aión) se casan, y se dan en casamiento; mas los que fueran tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo (aión) y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni se dan en casamiento. Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.”(Lucas 20:34-36).

Además de no casarse, los hijos de “aquel siglo” venidero resucitarán de entre los muertos. Entonces podemos afirmar que la resurrección se dará cuando comience el aión venidero, cuando el presente aión malo haya finalizado. El llamado “fin del mundo” será el fin del presente siglo, edad o era que está marcado por las malas y deplorables características morales y espirituales.

Es interesante lo que nos dice Pablo en 2 Corintios 4:4. Veamos textualmente lo que dice el pasaje: “En los cuales el dios de este siglo (aión) cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo…”
Pablo nos dice muchas cosas del presente “aión” (siglo, mundo o era). Nos dice que es un aión malo (Gálatas 1:4), y ahora nos dice que Satanás es el dios de ese aión malo. Sin duda, este “aión” está destinado a desaparecer para dar paso al “aión” venidero de justicia. A los Efesios Pablo les dice que Satanás está por ser retirado de este presente “aión” malo. Sus palabras son como siguen: “Porque no tenemos lucha contra carne y sangre, sino contra los principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo (aión), contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Efesios 6:12).

¿Notó estimado amigo? Este “aión” malo está gobernado por Satanás y sus demonios, y contra ellos nosotros debemos batallar. Pero será Cristo quien ponga fin a este llamado “mundo malo”, cuando destituya al Diablo y sus seguidores.

Ahora aquí viene una paradoja. Usted y yo debemos de sentir alegría de conocer la verdad de la finalización de este mundo (aión) malo, pues significará el inicio de un “nuevo mundo” (aión) de paz y justicia nunca antes vista o soñada por hombre alguno.

Mientras tanto, la iglesia de Dios deberá de vivir ejemplarmente en este siglo malo, pues nos dice el propio apóstol Pablo: “Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo (aión) sobria, justa y piadosamente.” (Tito 2:12).

Sólo aquellos hombres que vivan sobria, justa y piadosamente podrán disfrutar de aquella edad o Era (aión) maravillosa, cuando por fin haya finalizado el presente mundo (aión) malo.

No tema, pues, por la expresión “fin del mundo”, sino más bien alégrese de que este final producirá una edad gloriosa para usted, los suyos, y las demás familias de la tierra. Por eso Jesús dijo: “Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas (los males en aumento), erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.” (Lucas 21:28).

El fin del aión malo presente se traducirá en su redención, es decir, en la adquisición de toda la herencia prometida. Y en el “aión venidero”, la humanidad disfrutará de grandes bendiciones. El profeta Isaías nos habla del “mundo venidero” o de la “nueva tierra”, así: “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, y sus crías se echarán juntas; y el león como le buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren la mar.” (Isaías 11: 6-9).

La Nueva TierraEs cierto que la Biblia habla de la “nueva tierra”, pero en el sentido de una nueva edad o era. También se nos dice que nosotros, los creyentes, somos “nuevas criaturas”, “nuevos hombres”, pero en el sentido espiritual y moral aunque seamos aún imperfectos. Veamos lo que nos dice el apóstol Pedro sobre la “nueva tierra”: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia.” (2 Pedro 3:13).

La “nueva tierra” significará una tierra donde morará la justicia. En esta vieja tierra, en este “aión” malo, la injusticia impera por doquier.¡Esto finalizará pronto! El apóstol Juan nos dice algo más de aquella era maravillosa, con estas palabras: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” (Apocalipsis 21:4).
Las primeras cosas del aión malo habrán pasado al olvido. La muerte, el llanto, el clamor y el dolor son las características más saltantes del presente “aión” malo. Pero en el “aión” venidero, esos males habrán dejado de existir. Por fin los cristianos tendrán la herencia concreta de la vida eterna, y sobre la cual, la muerte, el dolor, y el clamor no pueden funcionar.

El profeta Isaías, hablando de la “nueva tierra” nos dice lo siguiente: “Porque he aquí que yo (Dios) crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento… porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo.” (65:17,18).

Si en la “nueva tierra” aún existirá la ciudad de Jerusalén, eso quiere decir que la expresión “nueva tierra” es puramente simbólica. Si esta “vieja tierra” será literalmente destruida, ¿no se destruiría también a la ciudad de Jerusalén? Pero el caso es que en la “nueva tierra” Jerusalén permanecerá en pie, lo que quiere decir que NO habrá una destrucción literal de la tierra. Además, no sólo Israel permanecerá, sino también Egipto, Asiria, y muchísimas otras naciones de todo el mundo (Isaías 19:24; Miqueas 4:1-4).

(Católica) vierte Mateo 24:3 y su palabra “aión” como “mundo”. En cambio, la Versión Reina Valera (1960) vierte la palabra “aión” de Mateo 24:3 como “siglo”, lo que nos parece más apropiado.Un día los discípulos se le acercaron secretamente a Jesús y le preguntaron: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y que señal habrá de tu venida, y del FIN DEL MUNDO”? (Mateo 24:3). Sí, la esperanza del “fin del mundo” estuvo presente en la mente y conciencia de los apóstoles de Jesús hace dos milenios— ¡Y la sigue estando aun hoy día!

domingo, 3 de mayo de 2009

HEBREOS 1:2-3 & HEBREOS 1:10-12: ¿ES CRISTO EL CREADOR DEL PRESENTE MUNDO?



“A través de un Hijo, a quien él hizo heredero de todas las cosas y a través de quién él creó el mundo”. (Algunas veces es traducido como universo).

La palabra que es traducida como “mundo” es de la palabra Griega aion. Quiere decir edades, como en la presente edad malvada y la era Mesiánica por venir.

Aión: Esta palabra ha sido traducida como eterno, mundo, y universo. Cuando esta palabra es traducida como “eterno, tal como “tendrá vida eterna,” quiere decir “que usted tendrá vida en la edad venidera”. Lo siguiente es la definición de esta palabra del Diccionario Griego de Strong (que está en la Concordancia de Strong). Es el número 165 de la concordancia de Strong, por favor búsquelo.

Edad (aion) - 1. Una edad continua, perpetuidad de tiempo, eternidad. 2. Esta palabra se usa también para describir esta edad, o sea, este lapso de tiempo que estamos ahora, y el lapso de tiempo por venir, o sea, la edad Mesiánica.

Hebreos 1:2 habla del mundo (la edad) venidero, el mundo Mesiánico. Los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra. Sando la definición de Strong, sería mejor comprendido como:

“A través de un Hijo, a quien él hizo heredero de todas las cosas y a través de quién él creó la edad Mesiánica por venir”.

Hebreos 1:2-3 no quiere decir que Jesús sea el creador, o que el Padre a través de Jesús creó el universo. Quiere decir que Dios a través del sacrificio de Jesús en la cruz ha marcado nuevos rumbos en una forma para que nosotros entremos en la Nueva Tierra y en los Nuevos Cielos del reino Mesiánico cuando venga en el futuro. Esto es cómo la edad por venir es creada a través de Jesús. Observe también que la edad por venir es creada a través de él (su muerte) no por él.

Hebreos 1:10 es una continuación de este pensamiento. Es un pasaje de creación que fue atribuida a Dios en el Antiguo Testamento. Aquí es usada para el Hijo de Dios porque a través del sacrificio del Hijo de Dios la Tierra Nueva y los Cielos Nuevos serán creados en el futuro. Algunas personas podrían decir, “Bueno, ¿cómo sé por seguro que está hablando del mundo por venir y no de este mundo presente?”
Si volvemos la página para Hebreos 2:5 éste aclarará cualquier duda que usted podría tener acerca de qué mundo estamos hablando.

Hebreos 2:5: “Pues no fue a los ángeles que él sujetó EL MUNDO VENIDERO, DE CUÁL HABLAMOS.

No puedo pensar acerca de una forma mejor o más evidente para expresar de qué mundo el autor ha estado hablando. Es tan simple cuando usted mantiene los versículos en su contexto. Esto está ahora en conformidad con Hebreos 1:2. Si no tenemos una contradicción maciza.

Jesús a través de su muerte es responsable de que la creación de la edad Mesiánica (el mundo) por venir. El universo y todo lo que hay en él fue creado sólo por YHWH.
Isaías 44:24: Así dice YHWH, tu redentor, quien te formó del vientre: Soy YHWH, quien hizo todas las cosas, que A SOLAS extiendo los cielos; que extiendo la tierra por mi mismo”.

Juan Baixeras, Miami, Fl.

USA

viernes, 10 de abril de 2009

¿QUÉ EVANGELIO DEBE SER PREDICADO AL MUNDO?




“Y ESTE EVANGELIO—¿DE QUÉ?— SERÁ PREDICADO A TODAS LAS NACIONES COMO TESTIMONIO” (Mat. 24:14)



Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Millones de llamados cristianos dicen creer en el evangelio de Jesucristo, y no obstante, cuando uno les pregunta qué es eso que la Biblia llama “evangelio”, no saben qué responder. Esto resulta sorprendente, inaudito, y trágico. Sí, en la Biblia aparece la palabra “evangelio” como algo de uso común entre los cristianos del primer siglo. Los apóstoles se encargaron de hacerlo conocer a los judíos, y más adelante, los no judíos oirían de él también. Ellos se esmeraron en cumplir con la gran comisión dejada por Jesucristo antes de partir al cielo, la cual decía: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16:15,16).

El verdadero Evangelio perdido de Jesús

Si mi amigo, millones de cristianos dicen haber creído en el evangelio de Cristo sin saber en qué consiste. Me permito preguntarle: ¿Qué es para usted el evangelio de Jesucristo? ¿Lo puede probar con la Biblia? Las opiniones personales en cuestiones de fe no son seguras si no están basadas en la Biblia. Esto debe entenderlo usted muy bien, pues puede terminar desviándose de la verdad que salva (Romanos 1:16). Pero Jesús fue muy claro cuando habló del evangelio y lo llamó claramente: “Este evangelio DEL REINO” (Mateo 14:14).

Un Evangelio Mutilado:

Otro grupo de cristianos, un poco más entendido, sostiene que el evangelio está definido claramente en 1 Corintios 15:1-6, donde San Pablo dice: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis... porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día según las Escrituras ; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a quinientos hermanos... después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mi”.

Aquí hay una interesante definición paulina de lo que es el evangelio de Jesucristo: Este es que Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado, y resucitó glorioso al tercer día, siendo visto por muchos testigos. Si, este es parte del evangelio de Jesucristo, pues no sólo Jesús anunció su muerte para la redención de los pecadores, y su resurrección gloriosa, sino también algo más antes que eso. En este punto muchos cristianos se pierden en lo etéreo.

El Evangelio Completo:

He aquí ahora la clara definición del verdadero evangelio de Jesucristo que millones aún ignoran, pero que usted ahora tiene el privilegio de conocer por primera vez en su vida. El que tiene oídos para oír, que oiga. En primer lugar, debemos comenzar diciendo que Jesús no inició su predicación anunciando su muerte, sepultura y resurrección al tercer día. Veamos el Evangelio de San Marcos capítulo 1 y versos 1, 14 y 15. Aquí se lee lo siguiente: “Principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios...Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”.

Nótese que el principio del evangelio de Jesucristo no era su muerte, sepultura, y resurrección al tercer día, sino: ‘el Reino de Dios’. Sí, Jesús trajo su evangelio, el cual comenzaba con el anuncio del reino de Dios. De modo que el reino de Dios es parte del evangelio de Jesucristo. Ahora bien, si leemos nuevamente el Evangelio de Marcos capítulo 8 y verso 31, veremos que Jesús completa su evangelio anunciando su muerte, sepultura y resurrección al tercer día. El verso dice: “Y comenzó (Jesús) a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días”.

Entonces el evangelio completo de Jesucristo---sin mutilaciones--- es este: El anuncio del reino de Dios en la tierra; y la muerte, sepultura y resurrección de Cristo al tercer día para asegurarnos el ingreso a dicho reino por la fe. En buena cuenta, Jesús vino a ofrecernos algo maravilloso llamado “el reino de Dios”. Pero para participar de él, uno tiene que ser redimido por la muerte de Cristo en la cruz. Y la seguridad que se tiene de que todo lo prometido por Cristo será una realidad se confirmó con su propia resurrección de entre los muertos (1 Corintios 15:12-20). Si él resucitó para recibir un reino de su Padre (Lucas 19:12), entonces también nosotros resucitaremos para recibir dicho reino de Dios cuando Cristo vuelva nuevamente a este mundo en persona (Mateo 25:31,34). En resumen: Jesús trajo el “Qué” (la herencia del Reino de Dios) y el “Cómo” (por la fe en su muerte y resurrección al tercer día, y de lo que esto significa para todo pecador arrepentido). Entonces, el “QUÉ y el “CÓMO” constituyen el evangelio de Jesucristo. El “FIN” y el “MEDIO”.

La Definición Original del Evangelio del Reino de Dios:

En primer término, debemos de definir lo que quiere decir “evangelio”. Esta palabra viene del Griego “evangelon” que quiere decir: “Buenas Nuevas” o “Buenas Noticias”. De modo que Cristo fue el Portador de buenas noticias para un mundo sin esperanza y sin rumbo. Él predicó las buenas noticias del reino de Dios y también su muerte y resurrección al tercer día para nuestra redención, para hacer posible nuestra herencia de dicho reino.

Algunas religiones “cristianas” sostienen que el reino de Dios no es otra cosa que “Cristo reinando en nuestros corazones”. Otras conocidas iglesias o denominaciones cristianas sostienen que “el reino de Dios es la iglesia que Cristo fundó hace dos milenios”. No obstante, el reino de Dios no es ninguna de esas dos definiciones que se están propagando en el mundo cristiano. La Biblia enseña que un reino es un forma de gobierno como lo es el reino de Inglaterra, de España, de Jordania, etc. Este implica un rey o una monarquía, súbditos, leyes, y territorio. De modo que el reino de Dios es la monarquía de Dios, con un rey soberano, súbditos, leyes, y territorio.

En el Antiguo Testamento encontramos reyes y reinos. El reino de Babilonia, con su rey Nabuconodosor; el reino de Grecia, con su rey Alejandro el Grande; el reino de Persia, con su rey Ciro; el reino de Israel, con su rey David, sólo por citar los más importantes. Ahora bien, Israel tenía una monarquía real que formalmente comenzó con David. Este reino de David y de sus descendientes fue llamado: “el Reino de Dios” (1 Crónicas 28:5). Cuando David murió, su hijo Salomón lo reemplazó, y así sucesivamente, hasta que en el año 587 A.C, el rey de turno de Israel---Sedequías---fue derrocado por Nabuconodosor. Desde esa fecha, Israel no ha tenido más reyes. Pero el reino de Dios significará que Dios restaurará nuevamente la línea real de los reyes judíos en la persona de otro judío noble, descendiente de David (Ezequiel 21:25-27).

Sí, el reino de Yahweh (Jehová) será restaurado nuevamente en Israel a través de un descendiente de David, el rey (Hechos 1:6). ¿Quién podría ser ese personaje? La respuesta está en Mateo 1:1 que dice: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”. Aquí tenemos un hecho irrefutable, y es que Jesucristo desciende de un rey famosísimo de Israel. En buena cuenta, Jesús es de “sangre azul” y con el derecho legítimo de tomar nuevamente el territorio israelita, y el trono de su ancestro David. En efecto, en Lucas 1:31-33 leemos: “Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. Esto es clarísimo. Cristo reinará en el trono de su padre en la carne, David. Su territorio y sus súbditos serán Israel y los israelitas. Recuerde que Dios le cambió a Jacob de nombre. Ese nuevo nombre fue: Israel. Entonces Cristo reinará sobre la casa de Israel, y Jerusalén será la ciudad capital del reino de Cristo o también llamado: El Reino de Dios (Jeremías 3:17; Mateo 5:33-35). Los discípulos de Cristo sabían que su Maestro era aquel que restauraría el reino caído o suspendido del rey David. En Hechos 1:6 los discípulos le preguntaron a Jesús si ya era inminente la restauración del reino de Dios en Israel, a lo cual Jesús sólo se limitó a decirles que únicamente Dios sabía la fecha de esa crucial restauración del reino de David en Israel.
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Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Millones de llamados cristianos dicen creer en el evangelio de Jesucristo, y no obstante, cuando uno les pregunta qué es eso que la Biblia llama “evangelio”, no saben qué responder. Esto resulta sorprendente, inaudito, y trágico. Sí, en la Biblia aparece la palabra “evangelio” como algo de uso común entre los cristianos del primer siglo. Los apóstoles se encargaron de hacerlo conocer a los judíos, y más adelante, los no judíos oirían de él también. Ellos se esmeraron en cumplir con la gran comisión dejada por Jesucristo antes de partir al cielo, la cual decía: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16:15,16).

El verdadero Evangelio perdido de Jesús

Si mi amigo, millones de cristianos dicen haber creído en el evangelio de Cristo sin saber en qué consiste. Me permito preguntarle: ¿Qué es para usted el evangelio de Jesucristo? ¿Lo puede probar con la Biblia? Las opiniones personales en cuestiones de fe no son seguras si no están basadas en la Biblia. Esto debe entenderlo usted muy bien, pues puede terminar desviándose de la verdad que salva (Romanos 1:16). Pero Jesús fue muy claro cuando habló del evangelio y lo llamó claramente: “Este evangelio DEL REINO” (Mateo 14:14).

Un Evangelio Mutilado:

Otro grupo de cristianos, un poco más entendido, sostiene que el evangelio está definido claramente en 1 Corintios 15:1-6, donde San Pablo dice: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis... porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día según las Escrituras ; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a quinientos hermanos... después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mi”.

Aquí hay una interesante definición paulina de lo que es el evangelio de Jesucristo: Este es que Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado, y resucitó glorioso al tercer día, siendo visto por muchos testigos. Si, este es parte del evangelio de Jesucristo, pues no sólo Jesús anunció su muerte para la redención de los pecadores, y su resurrección gloriosa, sino también algo más antes que eso. En este punto muchos cristianos se pierden en lo etéreo.

El Evangelio Completo:

He aquí ahora la clara definición del verdadero evangelio de Jesucristo que millones aún ignoran, pero que usted ahora tiene el privilegio de conocer por primera vez en su vida. El que tiene oídos para oír, que oiga. En primer lugar, debemos comenzar diciendo que Jesús no inició su predicación anunciando su muerte, sepultura y resurrección al tercer día. Veamos el Evangelio de San Marcos capítulo 1 y versos 1, 14 y 15. Aquí se lee lo siguiente: “Principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios...Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”.

Nótese que el principio del evangelio de Jesucristo no era su muerte, sepultura, y resurrección al tercer día, sino: ‘el Reino de Dios’. Sí, Jesús trajo su evangelio, el cual comenzaba con el anuncio del reino de Dios. De modo que el reino de Dios es parte del evangelio de Jesucristo. Ahora bien, si leemos nuevamente el Evangelio de Marcos capítulo 8 y verso 31, veremos que Jesús completa su evangelio anunciando su muerte, sepultura y resurrección al tercer día. El verso dice: “Y comenzó (Jesús) a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días”.

Entonces el evangelio completo de Jesucristo---sin mutilaciones--- es este: El anuncio del reino de Dios en la tierra; y la muerte, sepultura y resurrección de Cristo al tercer día para asegurarnos el ingreso a dicho reino por la fe. En buena cuenta, Jesús vino a ofrecernos algo maravilloso llamado “el reino de Dios”. Pero para participar de él, uno tiene que ser redimido por la muerte de Cristo en la cruz. Y la seguridad que se tiene de que todo lo prometido por Cristo será una realidad se confirmó con su propia resurrección de entre los muertos (1 Corintios 15:12-20). Si él resucitó para recibir un reino de su Padre (Lucas 19:12), entonces también nosotros resucitaremos para recibir dicho reino de Dios cuando Cristo vuelva nuevamente a este mundo en persona (Mateo 25:31,34). En resumen: Jesús trajo el “Qué” (la herencia del Reino de Dios) y el “Cómo” (por la fe en su muerte y resurrección al tercer día, y de lo que esto significa para todo pecador arrepentido). Entonces, el “QUÉ y el “CÓMO” constituyen el evangelio de Jesucristo. El “FIN” y el “MEDIO”.

La Definición Original del Evangelio del Reino de Dios:

En primer término, debemos de definir lo que quiere decir “evangelio”. Esta palabra viene del Griego “evangelon” que quiere decir: “Buenas Nuevas” o “Buenas Noticias”. De modo que Cristo fue el Portador de buenas noticias para un mundo sin esperanza y sin rumbo. Él predicó las buenas noticias del reino de Dios y también su muerte y resurrección al tercer día para nuestra redención, para hacer posible nuestra herencia de dicho reino.

Algunas religiones “cristianas” sostienen que el reino de Dios no es otra cosa que “Cristo reinando en nuestros corazones”. Otras conocidas iglesias o denominaciones cristianas sostienen que “el reino de Dios es la iglesia que Cristo fundó hace dos milenios”. No obstante, el reino de Dios no es ninguna de esas dos definiciones que se están propagando en el mundo cristiano. La Biblia enseña que un reino es un forma de gobierno como lo es el reino de Inglaterra, de España, de Jordania, etc. Este implica un rey o una monarquía, súbditos, leyes, y territorio. De modo que el reino de Dios es la monarquía de Dios, con un rey soberano, súbditos, leyes, y territorio.

En el Antiguo Testamento encontramos reyes y reinos. El reino de Babilonia, con su rey Nabuconodosor; el reino de Grecia, con su rey Alejandro el Grande; el reino de Persia, con su rey Ciro; el reino de Israel, con su rey David, sólo por citar los más importantes. Ahora bien, Israel tenía una monarquía real que formalmente comenzó con David. Este reino de David y de sus descendientes fue llamado: “el Reino de Dios” (1 Crónicas 28:5). Cuando David murió, su hijo Salomón lo reemplazó, y así sucesivamente, hasta que en el año 587 A.C, el rey de turno de Israel---Sedequías---fue derrocado por Nabuconodosor. Desde esa fecha, Israel no ha tenido más reyes. Pero el reino de Dios significará que Dios restaurará nuevamente la línea real de los reyes judíos en la persona de otro judío noble, descendiente de David (Ezequiel 21:25-27).

Sí, el reino de Yahweh (Jehová) será restaurado nuevamente en Israel a través de un descendiente de David, el rey (Hechos 1:6). ¿Quién podría ser ese personaje? La respuesta está en Mateo 1:1 que dice: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”. Aquí tenemos un hecho irrefutable, y es que Jesucristo desciende de un rey famosísimo de Israel. En buena cuenta, Jesús es de “sangre azul” y con el derecho legítimo de tomar nuevamente el territorio israelita, y el trono de su ancestro David. En efecto, en Lucas 1:31-33 leemos: “Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. Esto es clarísimo. Cristo reinará en el trono de su padre en la carne, David. Su territorio y sus súbditos serán Israel y los israelitas. Recuerde que Dios le cambió a Jacob de nombre. Ese nuevo nombre fue: Israel. Entonces Cristo reinará sobre la casa de Israel, y Jerusalén será la ciudad capital del reino de Cristo o también llamado: El Reino de Dios (Jeremías 3:17; Mateo 5:33-35). Los discípulos de Cristo sabían que su Maestro era aquel que restauraría el reino caído o suspendido del rey David. En Hechos 1:6 los discípulos le preguntaron a Jesús si ya era inminente la restauración del reino de Dios en Israel, a lo cual Jesús sólo se limitó a decirles que únicamente Dios sabía la fecha de esa crucial restauración del reino de David en Israel.

lunes, 6 de abril de 2009

TODO EL MUNDO YACE BAJO EL PODER DEL MALIGNO




“Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5:19)

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)


Hace dos milenios el apóstol Juan advertía a la iglesia de sus tiempos que el mundo entero estaba (…¡y está!) bajo el dominio del maligno. Para algunos exégetas el maligno era el poder romano imperante encabezado por el emperador que dominaba la región con mano férrea y que perseguía con severidad a la iglesia cristiana. Pero creo que esta interpretación resulta ridícula cuando consideramos que para nadie en aquel entonces era una novedad que Roma ejercía un poder absoluto y totalitario sobre ciudades enteras y que no tenía enemigos lo suficientemente capaces como para poner en peligro su poder imperial. Además, el maligno de Juan no tenía dominio sobre los que eran de Dios, es decir, sobre los cristianos. Por lo tanto Juan tuvo que haberse referido a un maligno distinto que se opone a Dios y a los hombres, un ser supra mundano que nada tenía que ver con algún tirano mortal.

El diablo incógnito

El diablo de la Biblia es un campeón del disfraz. El puede aparecer como una serpiente (Apo. 20:2), como un difunto, como cuando Sául creyó ver al difunto Samuel en la sesión con la pitonisa de Endor (1 Sam. 28:14), o como un ángel del Señor, lleno de luz y brillantez (2 Cor 11:14), o de acuerdo a nuestros tiempos como un ser extraterrestre. Mayormente el enemigo usa a terceros para seducirnos y hacernos caer. Difícilmente él se presenta tal como él es. Como engañador él quiere aparentar ser alguien bueno y lleno de verdad y confunde a los ingenuos con sus mentiras, o en el mejor de los casos, con sus medias verdades. De allí que hay que probar a los espíritus para ver si efectivamente son de Dios o del maligno.

Por supuesto que el diablo también busca que la gente no crea en su existencia, es decir, que él convence permanentemente a cierto número de “sabios” o “entendidos” de que él es simplemente un mito más proveniente de pueblos primitivos, una mera superstición de gente ignorante y arcaica. Hoy, muchos llamados cristianos ya no creen en el diablo cósmico, el mismo diablo angélico tal como se lo presenta en los evangelios. Un verdadero y peligroso opositor de Cristo y de su iglesia, un enemigo de la humanidad que cuenta con el apoyo de miles de seres angélicos llamados demonios que conforman legiones. De este modo el diablo ha logrado que muchos cristianos bajen la guardia y no velen ante las artimañas del enemigo y sus secuaces. Prácticamente este oscuro enemigo del hombre y de Dios ha hecho creer a muchos que no existe tentador externo alguno y que el pecado es simplemente un “errorcillo inofensivo”, y que la moral es relativa y Dios una ilusión. El es, sin duda, el inventor de muchas filosofías diabólicas que son presentadas como verdadera sabiduría de grupos selectos e “iluminados” de la sociedad. Allí tenemos el humanismo, el hedonismo, el Nihilismo, el existencialismo, el neo-gnosticismo, y muchos otros “ismos” más por allí.

Definitivamente el mundo es el campo de acción del diablo, y él es padre de miles de millones de personas que viven de espaldas a Dios y de Cristo. Jesús dijo a sus detractores que ellos eran hijos del diablo porque hacían los deseos de su padre (Juan 8:44). Así que aquellos que no están de lado de Cristo, contra él están, y son hijos del diablo (Mateo 12:30). Para Jesús no hay sino blanco o negro, frío o caliente, fiel o infiel, de Dios o del diablo.

Nosotros nos encontramos a gente que se encuentra atada al pecado y a los deseos de este mundo, y no aceptan para nada el evangelio de Cristo. Ellos simplemente no entienden a los cristianos renacidos, pues lo consideran unos fanáticos y hasta locos de remate. Y no es de extrañar esta reacción de los infieles, porque como dijo Pablo: “El dios de este siglo (el diablo) ha cegado el entendimiento de los incrédulos para que no les amanezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo” (2 Cor. 4:4). Así que cuando nos acusan de fanáticos, locos, ignorantes, y hasta estúpidos, debemos sentir compasión por tales detractores, porque simplemente “no saben lo que dicen”. Simplemente el diablo los ha cegado (y claro, ellos ni cuenta se dan!) y creen que están en la verdad y en la razón. Incluso hay gente que cree que matando a los cristianos hacen una cosa buena para su dios, de allí la cruel persecución contra los cristianos en países donde el fanatismo religioso, la superstición y el satanismo están a la orden del día.

Muchos no entienden la razón de ser de la maldad en este mundo cruel y violento, y no saben que detrás de los asesinos, ladrones, malvivientes, renegados, ateos etc, está el primer homicida que es el diablo. Algunos creen que el hombre es una bestia evolucionada y que es lógico esperar que en algún momento éste mate a un congénere en un momento de irracionalidad. Pero la Biblia enseña que detrás de los homicidas está también el que instiga a matar, el primer homicida del mundo que es el diablo (Juan 8:44). De igual forma, los que caen en el alcoholismo, drogadicción, sexo adicción, homosexualidad y muchos otros vicios y desvíos, son de alguna manera presas del diablo y sus demonios. Se habla del demonio de la lujuria, el demonio de la homosexualidad, el demonio de la adivinación, el demonio de la herejía, y muchos otros demonios “especializados”. Y aunque esto está aún por probarse, lo cierto es que muchos de estos hombres terminan siendo liberados de su estado calamitoso cuando se rinden a Jesús y aceptan su salvación que viene por la fe en su evangelio del reino (Romanos 1:16).

Escapando del poder del maligno

Como dice Juan en el texto bíblico de arriba, los que son de Dios han logrado zafarse de las garras de alguien que él llama “el maligno” (ver también. 2 Tim. 2:26). El Apóstol Pablo es claro cuando escribió: “El cual (el Padre celestial) nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo”. Aquí Pablo no dudaba que los creyentes ya no estaban atrapados y dominados por el poder de las tinieblas (Satanás y sus demonios), sino que ya estaban por su fe “trasladados” al reino venidero de Justicia de su Hijo. Se puede decir que los creyentes ya están bajo la protección del rey del reino, y viviendo por fe en un reino de justicia y paz sin la influencia del diablo y sus siervos malvados, angélicos y humanos.

La Biblia nos dice que “Dios ungió a Su Hijo de Espíritu Santo y de potencia; el cual anduvo haciendo bienes, y sanando á todos los oprimidos del diablo; porque Dios era con él” (no dice: ‘Dios era él’---Hechos 10:38). Nótese que Jesús sanaba y liberaba a todos los oprimidos del diablo porque él no estaba bajo el dominio del diablo sino bajo la autoridad de Dios, porque Jesús era de Dios. Así que todo aquel que es de Dios no sólo NO está bajo el diablo sino que puede liberar a otros que sí están bajo el diablo. Algunos cristianos no logran liberar a otros hombres del enemigo invisible, puesto que ellos mismos aún no han sido completamente liberados de Satanás debido a su tibieza espiritual.

¿Quién es de Dios?

El apóstol Juan escribió: “En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo: cualquiera que no hace justicia, y que no ama á su hermano, no es de Dios” (1 Juan 3:10). Tome nota que los que son de Dios hacen la justicia (no la injusticia) y aman a sus hermanos. Hacer la justicia (lo contrario a la injusticia) no es otra cosa que no practicar el pecado, pues Juan dice: “Toda injusticia es pecado…” (1 Juan 5:17). Así que lo que Juan está diciendo es que para ser de Dios uno debe dejar de pecar, o dejar de violar sus leyes, pues el pecado es la transgresión a sus santas leyes (1 Juan 3:4). Cualquier individuo que esté practicando el pecado (adulterio, fornicación, robos, mentiras, calumnias, idolatría, herejías, abominaciones, etc) es del diablo y no de Dios, y aún permanece en las tinieblas, es decir, bajo el dominio del diablo. Dice sobre esto el apóstol Juan, como sigue: “El que hace pecado, es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo”. Es decir, el que no hace (o practica) pecado ya no es del diablo sino de Dios”.

Dando lugar al diablo

Todo hombre que da lugar al diablo terminando pecando y se vuelve su hijo o corre el riesgo de volverse su hijo de manera permanente. El diablo y muchos más de sus demonios se meten en el cristiano tibio para recapturarlo para que nunca más escape de su control. No podemos darnos el lujo de que eso suceda por nuestra desidia— ¡Pues nuestra eternidad está en juego! Recordemos que el que recae en el pecado le entran más demonios que cuando no era un cristiano, haciéndosele así más difícil ser restaurado nuevamente (Ver Lucas 11:24-26).

Pablo es enfático en advertir: “Ni deis lugar al diablo” (Efesios 4:27). Es decir, cualquier cristiano “renacido” no está libre de caer nuevamente en sus andanzas pasadas, al permitir que el diablo lo seduzca (por la carne y el mundo) y lo haga tropezar y caer. Es un error pensar que el cristiano tiene una armadura impenetrable la cual nunca le fallará. La armadura completa del cristiano funcionará en tanto la lleve puesta. El Apóstol Pablo dice de esta armadura, así: “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo”. Luego Pablo describirá la función de cada parte de la armadura para que todos sepamos qué hacer para protegernos de las artimañas del diablo (Ver Efesios 6:11-17). Por ejemplo, uno no puede llevar el yelmo (La Palabra de Dios) y olvidarse del escudo (la fe), o llevar el escudo y olvidarse del yelmo, por citar las dos partes más importantes de la armadura. Sí amigos, el adversario siempre buscará herirlo por algún punto vulnerable de su cuerpo que no haya protegido bien. Recuerde al rey David cuando era joven. Él mató al temido filisteo Goliat al ver un punto vulnerable en su cabeza supuestamente protegida por un yelmo donde arremetió acertadamente con su honda de pastor. Igual puede hacer Satanás con usted si descuida en ponerse la armadura completa para resguardar sus partes más vulnerables.

Haciendo huir al Diablo

Por su parte Santiago dice: “Someteos pues a Dios; resistid al diablo, y de vosotros huirá” (Santiago 4:7). Esto quiere decir que el diablo no es todopoderoso sino que su poder está limitado por nuestras decisiones, por nuestro sometimiento completo a Dios para hacer Su voluntad de manera fiel y constante. Definitivamente nadie podrá hacer huir al diablo si está viviendo en pecado o en desobediencia a los mandamientos de Dios. Se requiere tener el Espíritu del Señor en uno, el Espíritu del poder de Dios que nos ayuda a vencer las tentaciones que nos presenta el diablo a través de los deseos insanos de la carne y de los ojos. Y el apóstol Pedro dice: “Sed templados, y velad; porque vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). Es decir, si uno es templado (sobrio, discreto) y vigilante, no puede ser sorprendido por el diablo. Recuerde que un guardián despierto y atento no será fácilmente sorprendido por el ladrón y evitará así perder su vida o su trabajo.

Tácticas del diablo para hacerlo caer

El diablo tiene algunas tácticas favoritas que se recogen de las Escrituras:

1.- Ofrece las riquezas y el poder mundano (Mateo 4:8,9)

En el pasaje de Mateo 4:8,9 que citamos arriba, el diablo le ofreció a Jesús todos los reinos de este mundo si lo adoraba. Muchos hombres se sienten seducidos para ganar poder y fama en el mundo, y buscan todos los medios para lograrlo. Aun algunos hasta venden sus almas al diablo, o se vuelven satanistas para conseguir prosperidad, fama y poder en este mundo. Sé de muchos que son ricos y famosos y que son adoradores de Satanás o que pertenecen a sociedades secretas donde se practican ritos satánicos. Estos han accedido a la sugestión satánica y han sucumbido a la tentación que una vez el diablo le puso a Jesús la cual él rechazó tajantemente.

2.- El diablo pone dudas en la mente de los hombres (Génesis 3:1-4)

En el texto de arriba (Génesis 3:1-4) el diablo sembró la duda de la veracidad de de la advertencia de Dios a Adán y Eva de una muerte segura si desobedecían su mandato de no comer del fruto prohibido.

Ahora bien, la duda es natural en el ser humano. Por ejemplo: Yo puedo dudar si determinada casa es segura debido a su antigüedad, o si determinado auto usado tiene el kilometraje que dice. Todo esto es natural en cualquier hombre pensante. Sin embargo, cuando de la fe se trata, el diablo pone dudas en nuestras mentes para que pongamos en tela de juicio la veracidad de lo que Dios nos dice o nos promete. De allí el deber de todo cristiano de ayudar a los que dudan para que se vuelvan a convencer (Judas 22).

En Lucas 8:12 Jesús explica su parábola del sembrador y dice que algunos que oyen la palabra son arremetidos por el diablo, el cual les quita de su corazón la palabra sembrada para que no crean y se salven. Así que cuando un individuo recibe la palabra en su corazón, pero por arte de magia deja de creerla, se puede deducir que fue de alguna manera embestido por el diablo para que no que ella continuara en él. Esto pudo haber ocurrido, ya sea por la duda, o por otros intereses prioritarios.

3.- El diablo estorba a los cristianos para que no cumplan su misión (1 Tes. 2:18).

El apóstol Pablo tuvo que sortear una serie de estorbos del diablo para cumplir con su misión evangelizadora. Aunque exactamente no sabemos en qué consistieron esos estorbos, es probable que hayan sido obstáculos por las autoridades o detractores, contratiempos o reveses inesperados como falta de transporte, caminos accidentados, etc. Lo cierto es que el diablo le pone trabas al creyente para que no cumpla su ministerio y se aparte temporal o definitivamente del Señor.

4.- El Diablo engaña con filosofías diabólicas (Colosenses 2:8, 1 Tim. 4:1)

Una de las tácticas del diablo es difundir doctrinas y filosofías mentirosas que desvían a los creyentes del derrotero seguro que conduce a la vida eterna. Algunos, por ejemplo, enseñan que “una vez salvo, siempre salvo” o que el único Dios verdadero es Jesucristo. Otros enseñan que si alguno no cree en la doctrina de la Santísima Trinidad nunca se salvará. Otros enseñan que cualquier religión salva con tal que se la practique con fervor. Otros enseñan que Jesucristo es un ser extraterrestre, un alienígena de otro planeta que vino para enseñarnos a ser mejores y más solidarios. Otros dicen que reencarnaremos hasta llegar a ser perfectos, y otros dicen que todos los hombres serán finalmente salvos y por lo tanto nadie será castigado eternamente por sus pecados. Otros creen que no es necesario ser un creyente o religioso para ser mejores y ser salvos. Estos creen que sólo es suficiente ser un buen padre, un buen esposo, un buen amigo solidario, y un buen ciudadano que paga todos sus impuestos para ser salvos. Otros creen que si no tienen muchas esposas e hijos no serán salvos. Otros creen que existe un purgatorio donde ciertas almas no muy malas podrán ser salvas y conducidas al paraíso a través de nuestras plegarias y misas. Todos estos criterios sin duda parecen válidos, pero no son de Dios, sino del diablo, el padre de la mentira.

5.- El diablo atormenta a la gente (Mat. 15:22, Luc 6:18, Hechos 5:16; Mar. 5:15, 1 Sam. 16:14)

Al leer los textos de arriba, y en especial los 3 últimos, vemos que el diablo puede atormentar a las personas, ya sea poseyéndolas o obsesionándolas con ideas o sentimientos negativos y destructivos. Saúl, por ejemplo, fue atormentado por un espíritu malo que Dios permitió que le afectara y le hiciera sentirse desdichado. También se nos informa que el diablo atormenta a tal punto que vuelve locos o trastornados a los hombres. En Hechos 5:15 un hombre atormentado por una legión de demonios hasta el punto de volverlo demente, aparece en su sano juicio después de ser sanado por Jesús. Por cierto que no todos los hombres son poseídos por el diablo aunque sí son encandilados para que cometan suicidio, asesinato, o que practiquen un determinado pecado de manera permanente hasta que terminen destruidos. El diablo ataca primordialmente a la familia, a los esposos, a los hijos, a los parientes para dividir la casa, el hogar, que es el núcleo de la sociedad. El enemigo busca que los esposos se separen por causas distintas (el adulterio, orgullo, rebeldía de la esposa para aceptar la autoridad del marido, maltratos o abusos del esposo, el problema del dinero, del alcohol, etc). En los hijos el diablo pone sentimientos de rivalidad entre hermanos, actitudes de rebeldía ante la autoridad de los padres, discordias y enemistades por la herencia de los padres, y cosas como éstas que se ven todos los días. En Juan 10:1,10 Jesús habla del diablo (representado por un ladrón) que se mete a una casa o en un hogar para hurtar, matar y destruir a los que moran en ella. Y eso es exactamente lo que vemos en millones de hogares en todo el mundo que parecen verdaderos infiernos en la tierra.

Es necesario que la gente esté apercibida de las artimañas del diablo para no sucumbir a ellas. No olvide, una simple e inocente sugestión como la que Pedro le hizo al Señor puede ser una trampa del diablo (Lea Mateo 16:22,23).





miércoles, 5 de noviembre de 2008

LA ÚNICA ESPERANZA QUE TIENE LA HUMANIDAD PARA SOBREVIVIR: EL REINO DE DIOS

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)


Una Sociedad Moribunda

¿Qué nos depara el futuro? Esta pregunta es formulada por los adultos y jóvenes de hoy y de siempre. Querer saber qué y cómo será el mañana es algo natural, y más, cuando se vive en medio de incertidumbres, pobrezas, enfermedades, hambres, guerras, inmoralidades y delincuencias galopantes. Los padres quieren brindarles a sus hijos un futuro más prometedor y con menos carencias. En otras palabras, todos los seres humanos deseamos ver un mundo más justo y solidario, donde los hombres puedan vivir en armonía y en paz unos con otros. ¿Quién no sueña con una sociedad más justa en donde todos los hombres vivan contentos y sin temores? ¿Quién no anhela vivir en un mundo donde las enfermedades hayan sido vencidas, y la muerte haya sido conquistada por la inmortalidad? No creo que a nadie le plazca pensar en que la muerte algún día le alcanzará, y que lo separará de sus seres queridos. Todos los hombres tienen el deseo de vivir con salud y eternamente. Esto lo dice claramente la Biblia con estas palabras: “...y ha puesto (Dios) la eternidad en el corazón de ellos (los hijos de los hombres)” (Eclesiastés 3:11).

Ahora bien, ¿acaso Dios ha puesto en el corazón de los hombres el deseo por la eternidad, para luego hacerlos mortales? No lo creo. Dios ha puesto el deseo de la eternidad en el corazón de los hombres con el propósito de que ellos lo busquen a Él como la verdadera fuente de la eternidad. Sólo el Dios vivo y Eterno puede ofrecer la eternidad, no los mortales. Pero los hombres no comprenden que sin Dios ellos jamás podrán vivir para siempre, y que la ciencia jamás será un sustituto del único y sabio Dios, quien es la fuente de la vida. Dice la Biblia así: “Jehová mata, y él da vida; él hace descender al Seol (sepulcro), y hace subir. Jehová empobrece, y él enriquece; abate y enaltece. Él levanta del polvo al pobre, y del muladar exalta al menesteroso, para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de honor. Porque de Jehová son las columnas de la tierra” (1 Samuel 2:6-8).

La Fórmula Secreta Para Vivir Eternamente

Los alquimistas indagaban sobre los misterios de la vida y la materia. Y los científicos de hoy pretenden ser dioses manipulando la genética de los seres vivos para “crear” vida. También hay doctores, bioquímicos, patólogos, microbiólogos y farmacéuticos que crean nuevos y revolucionarios medicamentos para combatir mortales enfermedades y así prolongar la existencia animal y humana. Hoy, en los albores del siglo XXI, la esperanza de vida es mucho mayor que hace cien años atrás. Antes, la gente moría debido a simples infecciones que hoy son fácilmente combatibles con antibióticos específicos. También hoy se habla de los avances médicos contra el flagelo del cáncer, y ya hay esperanzas de eliminar las células cancerígenas que hace diez años atrás gracias a la genética. La ciencia verdaderamente ha traído un mayor bienestar a la humanidad. No obstante, la ciencia misma ha descubierto la desintegración del átomo, y como resultado, los científicos han podido fabricar las bombas atómicas que hoy pueden barrer del planeta a todo género de vida existente en pocos minutos. Las avances científicos tienen dos caras opuestas: la prolongación y la destrucción de la vida. En realidad, se puede confiar en los avances científicos, pero también se les puede temer. Ya vemos cómo los científicos están creando nuevas armas químicas y biológicas que podrían destruir a millones de seres humanos y animales, rápida y cruelmente. También la ciencia de las comunicaciones ha avanzado tremendamente en estos últimos años, que fácilmente podemos enteramos de las noticias mundiales con sólo apretar un botón. Sin embargo, este progreso increíble de la información a través de la radio, la televisión y la computadora tiene su lado oscuro, pues también sirven para propalar veneno, violencia, corrupción y mentiras. La ciencia tiene obviamente su lado oscuro que nos preocupa mucho, y ella, definitivamente, no es la respuesta para una vida de paz segura y duradera. Pero como dice la Biblia en Eclesiastés 1:18: “Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor”. ¡Cuán ciertas son estas palabras del rey Salomón en estos días!

Ahora bien, ¿cuál es la fórmula secreta para obtener la vida feliz y eterna? La Biblia tiene la respuesta concreta y directa a esta crucial interrogante. En primer término, la vida eterna es un regalo de Dios para los que creen en él. Jesús lo dijo claramente, cuando al orar al Padre dice: “Y esta es la vida eterna; que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien ha enviado” (Juan 17:3). Aquí Jesús habla de un conocimiento o ciencia verdadera que conduce a la vida eterna---¡el conocimiento de Dios y Su Hijo! Quien conoce a Dios puede obtener la vida eterna. No es el conocimiento de la ciencia mundana sino la ciencia o gnosis (conocimiento) de Dios. Pero, ¿cuántos conocen a Jesús y a Su Padre? ¡Muy pocos!

Conociendo al Padre y al Hijo

En colosenses 1:9 descubrimos que Pablo oraba con Timoteo para que la iglesia en Colosas fuese llena del conocimiento de la voluntad de Dios. Notoriamente para Pablo, conocer a Dios era conocer Su voluntad. No es una cuestión de conocer la apariencia de Dios, sino más bien, Su carácter y voluntad. Conocer a Dios es saber qué piensa y exige Él de sus criaturas humanas. Millones andan a ciegas porque no conocen a Dios, y no entienden el porqué de su existencia en esta tierra. Es por esta infausta situación que Cristo vino a dar a conocer a Su Padre a los hombres, a través de sus hechos y enseñanzas (Juan 1:18, Juan 14:6-10). Él vino a liberarnos del diablo y de sus mentiras, pues recordemos que Jesús y Pablo señalaron a Satanás como el Padre de la mentira, y el obstructor de la verdad (Juan 8:44; 2 Corintios 4:4).

Jesús, por tanto, dio mucha importancia al conocimiento o ciencia que lleva a la inmortalidad. Es una ciencia o conocimiento espiritual que debe ser aceptado con fe y humildad; sin objeciones ni burlas. Y en 1 Timoteo 2:4, Pablo le escribe a Timoteo lo siguiente: “el cual (Dios) quiere que todos los hombres vengan al conocimiento de la verdad”. Aquí Pablo habla del conocimiento de la verdad, verdad ésta que se encuentra en Jesucristo mismo (Juan 14:6). El conocimiento de Dios y de Cristo equivale al conocimiento de la verdad. Conocer a Dios y a Su Hijo es conocer la luz, la verdad, la salvación, y la vida eterna. Todos estos puntos se concentran en el Padre y Su Hijo. Jesús y el Padre son UNO (Juan 10:30), pues ambos están unidos en voluntad y propósito. Esto significa que ambos concuerdan perfectamente y no se contradicen. Si dos no estuvieran de acuerdo, no podrían andar juntos. Lo que Jesús enseñó era la doctrina de Su Padre, y él la enseñó con mucha fe y seguridad a mucha gente.

Si uno se pregunta cuál es la voluntad de Dios para con nosotros, diríamos dos cosas básicas: 1).- Nuestra santidad de vida (1 Tesalonicenses 4:3), y 2).- Que creamos en su Hijo (Juan 6:40, Juan 1:12). El primer aspecto se refiere a nuestra vida limpia y consagrada a Dios, y el segundo se refiere a nuestra creencia en el nombre del Hijo de Dios. Pero: ¿Qué significa exactamente creer en el Hijo de Dios? Este es un punto crucial que muchos no entienden. ¿Acaso es creer que él es la Segunda Persona de la Trinidad?¿O acaso que él fue un “buen hombre” o un “Abatar”?

Creyendo en Su Nombre---Jesucristo

La Biblia dice que debemos creer en el nombre del Hijo. Se lee en el evangelio de San Juan con respecto a Jesucristo, así: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron, mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. ( Juan 1:11,12 --Ver También; Hechos 3:15,16; 1 Juan 5:13). Creer en su nombre es creer en su persona mesiánica, pues su nombre es Jesús, el Cristo (o Jesucristo). Cristo significa en hebreo Mesías (=el rey de Israel), o sea; Jesús, el Mesías o Jesús el Rey. Algunos, no obstante, creen que Jesucristo es sólo un nombre personal, y punto. Pero la verdad es que Jesu-Cristo es un nombre + un cargo o rango. El punto es éste: ¿Creemos que Jesús es el Mesías o rey de Israel prometido? En Mateo 16:15,16 vamos a encontrar a Pedro reconociendo a Jesús como el Cristo ( ó Jesu-Cristo). Dicen así los versículos bíblicos: “El (Jesús) les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: TÚ (Jesús) ERES EL CRISTO, EL HIJO DEL DIOS VIVIENTE”. En otras palabras, Pedro creyó que Jesús era el Cristo ó Jesu-Cristo. Él había creído en el nombre de Jesús, es decir, que Jesús era el Mesías de Dios. En otra ocasión Jesús tuvo que soportar la deserción de muchos de sus seguidores porque dejaron de creer en él debido a sus duras declaraciones. Entonces Jesús les dice a sus apóstoles: “¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente” (Juan 6:66-69). Nuevamente nótese que los apóstoles habían creído que Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios. O sea, habían creído que Jesús era el Cristo, o Jesu-Cristo. Habían creído en su nombre completo: JESUCRISTO (o Jesús el Cristo), EL HIJO DE DIOS. Esto significa, en buena cuenta, que Cristo es el REY DE ISRAEL, el Mesías o Cristo esperado. Desgraciadamente, millones de cristianos nominales no saben realmente qué significa el nombre y título: Jesucristo--- ¡Pero Ud. ya lo está comprendiendo!

El Significado de “Hijo de Dios”

Vimos arriba que Jesús es el Cristo o Mesías. Esto equivale al nombre y al título: Jesu-Cristo. Los discípulos habían creído en el nombre y título ‘Jesucristo’ en todo su alcance o extensión. Ahora bien, el título Hijo de Dios equivale igualmente a su rango de Cristo o Mesías. Esto quiere decir que la frase “Hijo de Dios” corresponde al título de Rey de Israel. Veamos algunas citas bíblicas:

1.- En Mateo 16:15,16 leemos que Pedro admite que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Es decir que el título Hijo de Dios tiene correspondencia con el título Mesías o Cristo, el futuro rey de Israel. No olvidemos que Dios le promete a David, que su hijo Salomón será su sucesor en el trono, y que se convertirá, al mismo tiempo, en Su hijo (de Dios) (1 Crónicas 28:5,6). De modo que un hijo de Dios tenía el rango de rey de la dinastía de David. El Hecho de que Cristo sea el Hijo de Dios tiene ese mismo parentesco dinástico ciertamente. Es decir, que Cristo tendrá, como Hijo de Dios, y de David, el derecho de heredar su trono y reino (de David) en un futuro. En Mateo 1:1 encontramos la verdad inobjetable de que Jesucristo desciende del rey David, su padre ancestral.

2.- La relación Hijo de Dios y Rey de Israel se deja ver en las siguientes palabras de Natanael a Jesús: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel” (Juan 1:49). Creer, por tanto, en el Hijo de Dios, es creer en que él es el futuro Rey de Israel. Desafortunadamente, son pocos los cristianos hoy que creen realmente que Jesús será el futuro rey del reino de David, en Israel. Aquí hay definitivamente un asunto que los cristianos de hoy deben meditar seriamente. Y es que creer en el Hijo de Dios, llamado Jesucristo ( o Jesús el Cristo), es creer que él, como Mesías, volverá en persona a Israel para restaurar el reino de rey David, el cual está temporalmente suspendido todavía desde 586 a.C. (Leer Lucas 1:31-33). Esto significa que Israel será una monarquía como la Jordana (su vecina), pero además, será teocrática.

3.- En Marcos 15:32 encontramos nuevamente la relación Cristo/ Rey de Israel en las palabras de los escribas y sacerdotes. Dice así el versículo en cuestión: “El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos...”. Es claro, entonces, que cuando Pedro admitió primero que Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios, lo que estaba aceptando era que Cristo es el Rey de Israel, el prometido Mesías esperado. En buena cuenta, Pedro había mostrado su fe en el rey de Israel, Jesucristo, a pesar de que éste no vino con ejércitos o con un poder militar bien armado. Su fe fue grande en realidad, porque aceptar a Jesús como el Rey esperado, siendo pobre, y sin poder militar, sería muy difícil en circunstancias tan especiales. Pero hoy, los que niegan esta verdad de un Cristo que reinará en Jerusalén, no se dan cuenta que están torciendo el correcto sentido hebreo-cristiano de la palabra Mesías o Cristo, y no comprenden la confesión de fe de Pedro registrada en Mateo 16:16.

El Significado de “Señor”

Nosotros usamos frecuentemente el titulo “Señor” para los hombres. Decimos: “el Señor Juan”, “El Señor Pérez”, “el Señor Presidente”, “el Señor Alcalde”, “Su Señoría”, etc. Pero en el caso de Jesús, el título “Señor” tiene una connotación hebrea muy particular. San Pablo dice que hay efectivamente muchos señores, así como hay muchos dioses. No obstante, Pablo concluye que sólo hay UN SEÑOR y UN DIOS VERDADEROS (Véase 1 Corintios 8:5-6). Preguntémonos, ¿en que sentido Jesús es el único Señor?¿Qué significa “Señor” en su caso? Necesitamos saber de qué se trata su señorío en el sentido hebreo. Felizmente la Biblia nos da mucha luz al respecto. En Lucas 2:11 se nos habla del nacimiento de Cristo, de este modo: “que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”. Aquí hay un anuncio celestial del nacimiento de un bebé que es Salvador, Cristo y Señor. Acá el señorío de Jesús está relacionado con su mesianismo. Es decir, Cristo es el Señor porque es el príncipe que está llamado a ser el rey de Israel. Señor, en su caso, implica más que Amo, implica Majestad y Soberanía. Él es el Rey esperado para tomar el trono de David, su ancestro, en Jerusalén. Nótese que el profeta Zacarías, hablando sobre la futura gloria de Sión, dice: “Alégrate mucho, hija de Sión; da voces de jubilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna...y hablará paz a las naciones, y su SEÑORÍO será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra” (9:9,10). Observemos que el Señorío de Cristo tiene que ver con su poder y autoridad sobre el mundo entero. Acá se habla del futuro reino de Cristo, cuyo poder y dominio será mundial, y él será el Soberano sobre los reyes de la tierra ( Ver Apocalipsis 1:5).

Además, es interesante lo que dice el profeta Miqueas sobre el nacimiento de Cristo, y su posterior señorío sobre Israel, con estas interesantes palabras: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será SEÑOR EN ISRAEL, y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (5:2). Nótese que el profeta Miqueas habla de “UN SEÑOR EN ISRAEL”. Esta es una profecía que no sólo anuncia el nacimiento de Jesús en Belén, sino su futuro reinado sobre la nación de Israel. El evangelista y apóstol Mateo se refiere a la misma profecía de Miqueas de arriba, y la cita en su evangelio, así (compárelo por favor): “Y Tu Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un GUIADOR (ó REGIDOR) que apacentará a mi pueblo Israel” (Mateo 2:6). Entonces: ¡Señor es igual a Guiador o Regidor de Israel!

Evidentemente, Jesús no ejerció su función de regidor del pueblo de Israel, ya que los suyos (los judíos) no le recibieron cuando se presentó ante ellos personalmente hace dos milenios (Juan 1:12). Sin embargo, esta función la tendrá que cumplir cuando regrese nuevamente a la tierra, con sus ángeles de su poder (Mateo 25:31,34). Pablo dice que el reino de Jesucristo está indefectiblemente asociado con su manifestación en gloria ( Ver 2 Timoteo 4:1).

El Reinado de Jesucristo en Israel: Su Trascendencia

¿Qué importancia tiene el hecho de que Cristo será el regidor de Israel?¿Afectará este gobierno de Cristo sobre su pueblo, el mundo entero? La Respuesta la encontraremos en la misma Palabra de Dios, la Biblia. El profeta Daniel vislumbró una Era o Edad gloriosa en la cual un Rey y su reino cambiarían el mundo, y traerían la paz y la justicia a los pueblos. Es necesario leer todo el capítulo dos de Daniel, y en especial, el verso 44, que dice: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”. Sí, Dios levantará un gobierno monárquico y teocrático que dominará sobre los demás reinos o gobiernos de la tierra, y que se hará prominente y duradero por mil años. Está es la última escena del drama de la historia de la raza humana. Un solo gobierno mundial dominante en la persona del Hijo de Dios... ¡y la destrucción de los malvados e incorregibles! (Salmo 37).

Es indiscutible que el hombre es esencialmente político; pues éste ha buscado siempre el bienestar para él y los suyos. Sí, por milenios los hombres han luchado por su supervivencia, y han anhelado una justicia social para todos. Otros han buscado hacerse poderosos, y dominar sobre los débiles; erigiendo pueblos y naciones prósperas que dominan sobre otros pueblos más débiles para explotarlos. Los resultados han sido las revueltas, los descontentos, los derramamientos de sangre, y mil males más. Aún hoy, los pueblos más oprimidos buscan que no se les explote más, y desean el cambio radical del orden de cosas imperante, y una justicia social auténtica. Los bancos y grupos económicos poderosos se enriquecen más y más a costa de los más pobres de las naciones más endeudadas del planeta. Desgraciadamente, las deudas de los países más pobres se hacen impagables, y año a año se acrecientan más y más hasta oprimirlos demasiado. Los políticos ya no saben cómo salir de este problema, y los pueblos ya no pueden soportar las cargas fiscales que pesan sobre ellos. Los pobres exigen un cambio, y por eso el reino de Dios es para ellos (Santiago 2:5).

Sin una justicia real y global, jamás podremos esperar que haya una paz verdadera en la tierra. Parece que esta justicia social jamás se producirá, porque los ricos son cada vez más codiciosos de dinero y poder, y no les interesa para nada el sufrimiento de los desposeídos. Estos ya están de antemano condenados por Dios, a menos, claro, que se arrepientan a tiempo. Dice Santiago 5:1-6 de los ricos: “¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla, vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros. He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza. Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia”. Lo que se condenó hace dos milenios, se condena aún hoy. Además, el socialismo también fracasó en sus intentos de cambiar esta injusta situación social, porque el problema está en el hombre mismo, quien desgraciadamente se encuentra alejado de Dios y de Su voluntad, y además, está sumido en sus bajas pasiones. Así lo revela Santiago 4:1 con estas palabras: “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?¿No es de vuestras pasiones, los cuales combaten en vuestros miembros?”. Entonces, La tarea consiste en cambiar al hombre para que se rinda a Dios y le obedezca. La separación del hombre de su Dios lo ha llevado a la ruina y al fracaso. Jesús dijo que apartado de él el hombre nada podía hacer (Juan 15:5).

En la profecía de Isaías, el profeta nos anuncia una era maravillosa en donde todos los males e injusticias de la tierra desaparecerán, cuando Dios mismo tome las riendas del poder de este mundo a través de su Cristo. Dice así el profeta Isaías: “Lo que vio Isaías hijo de Amoz acerca de Judá y de Jerusalén. Acontecerá que en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (2:1-4).

Aquí el profeta nos habla de una era maravillosa en donde los conflictos bélicos desaparecerán por completo. Será una edad en donde Dios dominará sobre los pueblos a través de su Cristo, el futuro rey de Israel. Sobre este Cristo venidero, el profeta Hageo nos dice lo siguiente: “Y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos” (2:7). Efectivamente, vendrá el Deseado de todas las naciones, el hombre ideal para gobernar a los pueblos con equidad. Además, véase que Dios llenará de gloria su casa, o sea, el nuevo templo que habrá en la ciudad de Jerusalén.

Jesús Vino a Anunciar su Reinado Milenario

El propósito de la primera venida de Jesucristo fue precisamente el de anunciar la cercanía de su reinado milenario en Jerusalén. En Lucas 4:43 él reveló la razón por la cual Dios lo envió al mundo hace dos milenios: “Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado”. Esta verdad es trágicamente ignorada por millones de “cristianos”--- Imagínese amigo lector: ¡Millones de cristianos no saben para qué vino Cristo al mundo hace dos milenios! Pruébeselo usted mismo, preguntándoles sobre el motivo de su venida al mundo, a los que se enorgullecen de ser cristianos, ¡y usted se sorprenderá de escuchar diferentes respuestas! Ahora para usted, lector, queda claro que Jesucristo vino con un propósito definido---el de anunciar su reinado milenario en Israel. A este anuncio de su reino milenario judío, Jesús lo llamó: “El Evangelio del Reino”. Es por eso que Jesús comienza su ministerio predicando ese reino (Marcos 1:1,14,15) y también lo finaliza dando más detalles del mismo a sus discípulos más íntimos (Hechos 1:3).

El Reino de Dios es el mensaje que trajo Cristo al mundo, el cual se encuentra delineado en toda la Biblia, tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamentos. Es por eso que los eruditos en Biblia reconocen que el Reino de Dios es el tema central de la Biblia, y es el mensaje central de Cristo y sus apóstoles. En Lucas 8:1 leemos de la predicación apostólica, así: “Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él”. En el capítulo 9 de Lucas, y verso 2, leemos además: “Y los envió (Jesús) a predicar (a sus apóstoles) el reino de Dios, y a sanar a los enfermos”.

El Reino de Dios significará la solución de todos los males de nuestra sociedad, pues Jesucristo regirá con equidad el mundo con su iglesia leal, desde la ciudad de Jerusalén. En la Parábola de la Diez Minas de Lucas 19:11-27, leemos que los discípulos creyeron, por un momento, que el reino de David era inminente cuando vieron a Cristo entrar en Jerusalén, la ciudad del Rey. Pero Jesús, en el verso 12, les explicó que él primero tenía que regresar al cielo para recibir un reino y luego volver para restaurarlo.

En otra oportunidad, cuando Cristo aparece ya resucitado, los discípulos siguen conversando con él sobre su reino por espacio de cuarenta días (Hechos 1:3). De ese “seminario intensivo” acerca de su reino milenario, surgió una pregunta de los discípulos: “¿Señor, restaurarás el reino a Israel en este tiempo”? (Hechos 1:6), y Jesús sólo se limita a responderles que el tiempo sólo lo sabe Dios (v.7).

Entonces el tiempo de la restauración del reino de David sólo lo sabe Dios, y esto significa que es imposible dar una fecha exacta o aproximada de este magno suceso que conmocionará el mundo. Lo cierto es que ese reino o gobierno de Cristo se inaugurará cuando, y sólo cuando, él regrese por segunda vez a la tierra desde los cielos. En Mateo 25:31,34 Jesús explica este asunto del reino, y revela lo siguiente: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria...entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”.

Buscando el Reino de Dios y Su Justicia

¿Qué debe estar buscando un verdadero cristiano?¿el cielo? o ¿qué? El Señor Jesucristo responde esta pregunta de la siguiente manera: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Y también dijo que pidiéramos, en la “oración modelo del Padre Nuestro”: “Venga tu reino”, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:10). En esta parte de la oración del “Padre Nuestro” Jesús enseña que pidamos por la venida del reino de Dios---¿para qué? ¡Para que se haga la voluntad de Dios en la tierra, así como se hace en el cielo! Pero definitivamente la voluntad de Dios no se está haciendo cabalmente en la tierra como se hace en el cielo. En el cielo no hay rebeliones, guerras, hambres, injusticias, pecados, contaminaciones, y cosas como éstas; de modo que vendrá el día en que la voluntad de Dios sí se hará completamente en la tierra como se hace en el cielo. La tierra será un pedacito de cielo. No obstante, millones que rezan el “Padre Nuestro”, no saben lo que están pidiendo cuando repiten aquella parte de la oración que habla de la venida del reino, y desafortunadamente se han convertido en repetidores autómatas. Insistimos nuevamente que tales orantes no saben qué es eso que Jesús nos mandó a pedir: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”.

En la Biblia siempre encontraremos un interés profundo por la venida del reino de Dios. Por ejemplo, José de Arimatea, un discípulo de Jesús, quien cedió un pedazo de su tierra para sepultar a Jesús, también esperaba el reino de Dios (Marcos 15:43). Y aquel joven que fue invitado por Jesús a seguirle, y que le pidiera permiso para sepultar primero a su difunto padre, Jesús le dijo: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tu vé, y anuncia el reino de Dios” (Lucas 9:59,60). Y otro le dijo: “Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia tras, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:61,62). Y a un joven rico, Jesús le exigió que repartiera sus riquezas a los pobres, y que una vez hecho eso, le siguiera para ganar la vida eterna (Mateo 19:16-25). Cuán evidente es el hecho de que la anunciación del reino de Dios era---y es--- algo de suma importancia que supera a todos los intereses temporales de esta vida.

Los judíos, contemporáneos de Jesús, estaban a la espera del reino de Dios, o de la restauración del reino de David, a través del Mesías esperado. En esos tiempos los romanos habían subyugado al pueblo judío, y los tenían oprimidos y explotados. Antes de la venida de Jesús, hubo cierto grupo de judíos llamados: “los zelotes”, que habían provocado revueltas con el propósito de liberarse del opresor extranjero, pero fueron aplastados. En Masada, cientos de revolucionarios judíos prefirieron suicidarse antes de caer en manos de sus enemigos. Pero el fracaso de los zelotes no desanimó a los judíos patriotas, pues siguieron esperando por la aparición del Mesías con su fuerza armada poderosa que le pudiera hacer frente al invasor europeo. Sin embargo, cuando apareció Jesús como el Mesías, sus paisanos judíos no podían aceptarlo, puesto que su manifestación como un hombre humilde, no podía ser la de un rey libertador. Les era imposible creer en ese pretendido Mesías que venía a su tierra sin un ejército poderoso y victorioso. Su rechazo fue automático, implacable, y sin meditación de las profecías de las Escrituras.

Jesús les había explicado a sus paisanos judíos que todo lo escrito en las Escrituras tendría que cumplirse en él(Lucas 24:44). En la sinagoga de Nazaret, Jesús hizo mención de la profecía de Isaías ---en el capítulo 61--- que hablaba de su misión para su primera venida. Pero Jesús sólo leyó el primer verso, y parte del segundo, y luego cerró el libro, a pesar de que éste contenía once versículos. ¿Por qué no leyó Jesús todo el capítulo 61 de Isaías? Es claro que Jesús sólo vino a cumplir una pequeña parte de esa profecía Mesiánica en su primera venida, la cual no decía nada de una revolución militar para derrocar al invasor de ese entonces. Su misión sería más bien la de ser ungido para proclamar el evangelio a los pobres; a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos (por el diablo, Col.1:13), y vista a los ciegos (físicos y espirituales), a poner en libertad a los oprimidos (por el diablo), y a predicar el año agradable del Señor. No obstante, los judíos entendieron que esto tenía que ver con su liberación del yugo romano, la cual, de hecho, no ocurrió en su primera venida. Entonces esa liberación fue una de carácter espiritual y moral, y no de una potencia extranjera dominante. Ya en su segunda venida, o segunda presentación personal, él cumplirá con el resto de las profecías concernientes a su misión en la tierra. Estas profecías por cumplirse incluirán la verdadera liberación del yugo opresor que tendrá Israel nuevamente en el fin de los tiempos de los gentiles, y el consiguiente reestablecimiento del antiguo reino monárquico-teocrático de David en ese país de Dios.

Jerusalén---la Ciudad del Gran Rey Davídico

Hoy en día los judíos ortodoxos están esperando aún la primera venida de Cristo---la cual es la Segunda para los cristianos. Cuando Jesús venga con todo su poder, entonces los judíos por fin creerán en él (Romanos 11:25-28). Para ese entonces, Jesús volverá a su país Israel para liberar a su pueblo de sus enemigos árabes, camitas (los asiáticos), y Jafetitas (los europeos) que se habrán reunido para combatir contra el Mesías que ha regresado. Jesús regresará justo a tiempo cuando, los poderes de occidente y del oriente se hayan congregado para luchar contra el pueblo hebreo, con la finalidad de borrarlos del mapa. Esto lo predijo David en el Salmo 83:1-18, Zacarías 14:11,12, Ezequiel 38, etc. Hoy vemos cómo la nueva nación de Israel está constantemente amenazada por sus vecinos enemigos, sufriendo intimidaciones y atentados terroristas por parte de los palestinos principalmente. La iglesia católica, encabezada por el Papa Juan Pablo II, está promoviendo la internacionalización de Jerusalén, en vez de que siga siendo una ciudad soberana de los judíos, desconociendo así flagrantemente lo profetizado por Dios, en el sentido de que Jerusalén es la ciudad de del Dios bíblico, y de su Cristo (Mateo 5:33-35). Jamás Dios la prometió para los iraquíes, griegos, iraníes, romanos, sirios, libios, turcos, palestinos o alemanes inconversos. Jerusalén es la ciudad de YHWH y él la prometió a Abraham y a su simiente (singular)(Génesis 13:15; 15:18, Gálatas 3:16,29).

También Jesús predijo que Jerusalén sería pisoteada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan (Leer en seguida Lucas 21:24). No es de extrañar lo que ha venido ocurriendo con Jerusalén en los últimos 2,500 años. Todo lo que le ocurre ahora estaba profetizado por los profetas y por Cristo mismo. Pero llegará el día en que “Los tiempos de los gentiles” se cumplan para dar paso a los tiempos de los judíos. En esta oportunidad, la bendición del mundo vendrá de los judíos (Juan 4:22), de aquellos verdaderos hijos de Abraham, los hijos de la fe. El Señor Jesús, el judío por excelencia, será el líder de la nueva Era Venidera de justicia, la cual él inaugurará con sus elegidos de todos los tiempos: los que esperaron en él y creyeron en su nombre.

Israel es el “reloj de Dios”, pues lo que ocurre en esa pequeña nación hoy nos orienta y nos da más luz de lo que está por acontecer en el mundo entero. Desde el renacimiento del estado judío el 12 de Mayo de 1948, los estudiantes de la Biblia están conscientes de que el regreso de Jesús en gloria no se tarda, pues Jesús explicó en Mateo 24 que la generación final que viera cumplirse todo lo profetizado por él en ese capítulo de Mateo, le vería venir también a él en gloria, y serían testigos del reestablecimiento de su reino en Jerusalén (Mateo 24:34).

Es Necesario Nacer de Nuevo para Ver y Entrar en el Reino

Jesús le dijo al Fariseo Nicodemo que era necesario que él “naciera de nuevo” para ver y entrar en su reino (Juan 3:3-5). Sin duda, Nicodemo se quedó perplejo con tal exigencia del Maestro, y le volvió a preguntar: ¿cómo podría nuevamente entrar en el vientre de su madre y nacer siendo viejo? A lo que Jesús le contestó que debía más bien nacer de otra forma: de agua y del Espíritu.

El agua, si bien se refiere muchas veces a la Palabra de Dios, pues ella lava como el agua (Juan 15:3, Efesios 5;26), no obstante, en este caso, Jesús se refería al bautismo por inmersión para recibir el Espíritu Santo (Véase Hechos 2:38). Vemos, por ejemplo, a Felipe, un discípulo prominente de Jesús, predicando el evangelio del Reino y el nombre de Jesucristo, y bautizando a sus creyentes (Hechos 8:12). El bautismo era una práctica común para ser parte de la iglesia de Cristo, y en consecuencia, para ingresar en el reino de Dios (Hechos 2:38-47). Y finalmente, la gran comisión de Cristo dada por él mismo, poco antes de su partida al cielo, fue: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15,16). ¡El bautismo sigue siendo una exigencia para ser salvo aun hoy! (Ver también 1 Pedro 3:21).

Reyes en el Reino de Cristo

Una vez que los creyentes se bautizan, son ungidos por el Espíritu Santo para ser reyes en el reino de Cristo. Así como Jesús fue ungido por el Espíritu Santo para ser el Rey del reino venidero de justicia, los creyentes son igualmente ungidos (=cristos) como Jesu-Cristo para también regir como reyes en el mundo de mañana (Véase 2 Corintios 1:21). Los creyentes de todas las épocas, en el reino milenario de Cristo, tendrán una responsabilidad importante en el gobierno de las naciones de esta tierra. Veamos algunos pasajes de la Biblia:

Apocalipsis 5:10: “Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”. Apocalipsis 2:26: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones”. Mateo 19:28: “Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel”. Isaías 32:1: “He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio”. Salmos 122:5: “Porque allá (en Jerusalén) están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David”.

Todos estos pasajes nos muestran que los cristianos están llamados a conformar un nuevo gobierno mundial divino que traerá la paz y la justicia verdaderas a la tierra. Nosotros, como Jesús, hemos nacido para tener la oportunidad de cambiar los destinos de este mundo malo, si creemos en Cristo y en su evangelio del reino de Dios. Jesús quiere que hoy los hombres se identifiquen con él y su causa, y se hagan miembros de su “partido” por llamarlo mundanamente. Este partido es su iglesia verdadera y mesiánica. El desea formar hombres probos y limpios que hayan vencidos las tentaciones mundanales, tal como lo hizo Jesús en su vida terrena para hacerlos reyes de su reino milenario (p.e Mateo 4). Él está llamando a los nuevos dirigentes de la nueva sociedad que inaugurará al volver con sus ángeles a la tierra. Hoy debemos mostrar si somos idóneos para el reino, por medio de “no mirar hacia atrás”. Recordemos a la mujer de Lot (Lucas 9:62; 17:32). Hoy es el día de la salvación (Ver 2 Corintios 6:2). Hoy es el día en que tu vida puede tener futuro. Hoy es el día en que puedes construir tu inmortalidad. Decídete por Cristo y su reino y serás dichoso para siempre.

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LA VERDAD DE LA PANDEMIA