Mostrando entradas con la etiqueta NACIONES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta NACIONES. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de junio de 2009

VENCEDOR: A TI TE DARÉ AUTORIDAD SOBRE LAS NACIONES


“Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones” (Apo. 3:21).

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Una promesa pasada por alto

Una de las promesas que muchos cristianos parecen ignorar es que Jesús prometió que los vencedores, los que guardan sus obras (=los que lo imitan fielmente) hasta el fin, tendrán autoridad sobre las naciones. ¿Se imagina usted eso? ¡Autoridad sobre las naciones! Sí, mis amigos, autoridad, dominio y poder sobre naciones enteras. Pero esto se logrará solamente si el cristiano persevera hasta el fin. No es un dominio para el presente, sino para el futuro, cuando Jesús vuelva y le diga al buen siervo: “… está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades (Lucas 19:17).

Qué maravilloso es saber que Jesús nos ha llamado para ser parte de su gabinete gubernamental, por decirlo de alguna manera. El está llamando a hombres probos, de rectitud absoluta, para que demuestren durante su ausencia, aptitud e idoneidad para los más altos cargos de su gobierno, y así se conviertan en sus co-restauradores de la nueva sociedad que él va a implantar en el mundo cuando regrese por segunda vez.

La Iglesia como partido teocráctico

Estamos llamados a tomar parte del futuro gobierno de Cristo, un gobierno que estará conformado por su cuerpo ejecutivo o iglesia. Es el partido de Cristo, el partido de los príncipes del reino mesiánico, los que se han separado del mundo para integrarse al cuerpo gobernante del reino de Cristo, los que han optado por la santidad de vida, haciendo así la voluntad de Dios. Estos ejecutivos del reino han nacido de nuevo por el bautismo, y han recibido el Espíritu Santo de Dios para convertirse en Hijos de Dios y hermanos de Jesús. Son los que han recibido el ungimiento por el Espíritu, los que viven siguiendo las pisadas y mandamientos del Señor. Estos son los que se sentarán con el Señor en su reino, aquellos que recibirán el reino por heredad (Mateo 25:31,34). Estos príncipes se sentarán en la mesa del banquete mesiánico para celebrar la restauración del reino de Dios en la tierra, y beberán y comerán con Cristo en su reino.

La Esperanza pospuesta para el Reino mesiánico

Los primeros cristianos esperaban que el mismo Jesús implantara inmediatamente en la tierra su gobierno mesiánico. Esta expectativa se deja notar cuando los apóstoles le preguntaron instantes antes de partir al cielo, lo siguiente: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y Jesús simplemente les dijo: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones que Dios puso en su sola potestad…” (Hechos 1:6,7). Evidentemente el tiempo para tal anhelada restauración sólo lo sabía el Padre, y ninguno más.

Algunos cristianos de Corinto, vehementes por ver el reino en acción creían equivocadamente que ya eran reyes coronados en plena función autoritativa en el mundo. Esto lo leemos en 1 Corintios 4:8, donde Pablo irónicamente les dice: “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!”. Básicamente Pablo rechazó cualquier posibilidad de reinar sin Cristo y sin los apóstoles en este mundo impío, por más que se viva hoy saciado, libre, y en riqueza material. El Reino de Cristo no es para esta era en decadencia sino para la venidera de justicia.

Por otro lado, los zelotes, que no eran seguidores de Jesús, y que eran Judíos radicales y revoltosos, buscaron restaurar el reino antiguo de David por las armas pero sin lograrlo. La última revuelta de los zelotes en Masada resultó ser el paradigma del fracaso Judío por restaurar el reino mesiánico por la fuerza y por la voluntad humana.

El cuerpo de Cristo es su iglesia

Hoy, la mayoría de las iglesias, cualquiera sea su denominación, concuerdan que para ser miembros del cuerpo de Cristo es necesario “nacer de nuevo” por el bautismo. No se puede ser parte del cuerpo de Cristo sin este llamado “sacramento”. En Hechos 2:38-47, leemos que los que se bautizaron fueron añadidos a la iglesia de Cristo de manera automática. Ellos eran los nuevos hijos de Dios (adoptivos) que junto con Cristo heredarían las promesas. Los primeros discípulos de Cristo (los apóstoles) esperaban recibir el reino al igual que los demás Judíos que se convirtieron por la predicación de Jesús y sus apóstoles, especialmente de Pedro y Pablo. Jesús les dijo a estos Judíos (apóstoles y demás Judíos creyentes) que “a vuestro Padre os ha placido daros el reino” (Lucas 12:32). Estos, los que recibieron a Cristo, se convirtieron en hijos de Dios, pero aquellos paisanos suyos que lo rechazaron, dejaron de ser los “hijos del reino” y entonces sus puestos vendrían a ser ocupados por los gentiles fieles de las naciones (Juan 1:11,12). Esta primera manada es comparativamente más pequeña que la gran manada o grande muchedumbre compuesta de millones de salvos que vendrían de las naciones para unirse al primer rebaño y ser así UN solo rebaño con UN solo Pastor. Todos estos salvos que son miembros del cuerpo de Cristo, e hijos adoptivos de Dios, e hijos de Abraham por la fe, serán los ejecutivos del reino, gozando de autoridad, poder y gloria con Cristo sobre las naciones aún no conversas, pero en proceso de reeducación e re instrucción durante el milenio.

El profeta Daniel ve este panorama milenario en Daniel 7:13,14, 18 y 27, y dice: “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido. Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre. Y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán”.

Sin duda estos “santos del Altísimo” son los miembros de la iglesia de Cristo, su cuerpo místico de salvos, pues dice la Escritura de la Iglesia, así: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua (bautismo) por la palabra (el evangelio), a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:25-27)

La Tarea de la iglesia hasta la venida del Rey

Mientras tanto, la iglesia deberá seguir reclutando nuevos miembros para el reino de Cristo, el cual se establecerá en su segunda venida en gloria (Mateo 25:31,349. El evangelio que deberá ser predicado es el Reino de Dios, como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin (Mateo 24:14). Y todos los creyentes deberán pedir y buscar el reino de Dios con insistencia o perseverancia (Mateo 6:10,33). Ninguno que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el reino. Es decir, debemos enfocarnos en el tema del reino, predicarlo, sentirlo y vivirlo, sin mirar atrás, sin retroceder, sin vacilar (Lucas 9:60,62).

El premio: nuestra corona de gloria

Después de haber cumplido con la gran comisión de manera leal y perseverante, el Señor procederá a darnos nuestras coronas de gloria cuando regrese en toda su majestad. Dice la Escritura, así: “Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria” (1 Pedro 5:4).

Hermanos míos, aquí hay una promesa muy clara, y esa es nuestra coronación para tener vida eterna en el reino de Cristo. Es la corona que corresponde a un victorioso, a uno que será rey del reino de Cristo. Y entonces se cumplirá lo dicho por Jesús: “… está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades (Lucas 19:17).

jueves, 12 de marzo de 2009

“Y ESTE EVANGELIO—¿DE QUÉ?— SERÁ PREDICADO A TODAS LAS NACIONES COMO TESTIMONIO” (Mat. 24:14)


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)


Millones de llamados cristianos dicen creer en el evangelio de Jesucristo, y no obstante, cuando uno les pregunta qué es eso que la Biblia llama “evangelio”, no saben qué responder. Esto resulta sorprendente, inaudito, y trágico. Sí, en la Biblia aparece la palabra “evangelio” como algo de uso común entre los cristianos del primer siglo. Los apóstoles se encargaron de hacerlo conocer a los judíos, y más adelante, los no judíos oirían de él también. Ellos se esmeraron en cumplir con la gran comisión dejada por Jesucristo antes de partir al cielo, la cual decía: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16:15,16).

El verdadero Evangelio perdido de Jesús

Si mi amigo, millones de cristianos dicen haber creído en el evangelio de Cristo sin saber en qué consiste. Me permito preguntarle: ¿Qué es para usted el evangelio de Jesucristo? ¿Lo puede probar con la Biblia? Las opiniones personales en cuestiones de fe no son seguras si no están basadas en la Biblia. Esto debe entenderlo usted muy bien, pues puede terminar desviándose de la verdad que salva (Romanos 1:16). Pero Jesús fue muy claro cuando habló del evangelio y lo llamó claramente: “Este evangelio DEL REINO” (Mateo 14:14).

Un Evangelio Mutilado:

Otro grupo de cristianos, un poco más entendido, sostiene que el evangelio está definido claramente en 1 Corintios 15:1-6, donde San Pablo dice: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis... porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día según las Escrituras ; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a quinientos hermanos... después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mi”.

Aquí hay una interesante definición paulina de lo que es el evangelio de Jesucristo: Este es que Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado, y resucitó glorioso al tercer día, siendo visto por muchos testigos. Si, este es parte del evangelio de Jesucristo, pues no sólo Jesús anunció su muerte para la redención de los pecadores, y su resurrección gloriosa, sino también algo más antes que eso. En este punto muchos cristianos se pierden en lo etéreo.

El Evangelio Completo:

He aquí ahora la clara definición del verdadero evangelio de Jesucristo que millones aún ignoran, pero que usted ahora tiene el privilegio de conocer por primera vez en su vida. El que tiene oídos para oír, que oiga. En primer lugar, debemos comenzar diciendo que Jesús no inició su predicación anunciando su muerte, sepultura y resurrección al tercer día. Veamos el Evangelio de San Marcos capítulo 1 y versos 1, 14 y 15. Aquí se lee lo siguiente: “Principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios...Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”.

Nótese que el principio del evangelio de Jesucristo no era su muerte, sepultura, y resurrección al tercer día, sino: ‘el Reino de Dios’. Sí, Jesús trajo su evangelio, el cual comenzaba con el anuncio del reino de Dios. De modo que el reino de Dios es parte del evangelio de Jesucristo. Ahora bien, si leemos nuevamente el Evangelio de Marcos capítulo 8 y verso 31, veremos que Jesús completa su evangelio anunciando su muerte, sepultura y resurrección al tercer día. El verso dice: “Y comenzó (Jesús) a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días”.

Entonces el evangelio completo de Jesucristo---sin mutilaciones--- es este: El anuncio del reino de Dios en la tierra; y la muerte, sepultura y resurrección de Cristo al tercer día para asegurarnos el ingreso a dicho reino por la fe. En buena cuenta, Jesús vino a ofrecernos algo maravilloso llamado “el reino de Dios”. Pero para participar de él, uno tiene que ser redimido por la muerte de Cristo en la cruz. Y la seguridad que se tiene de que todo lo prometido por Cristo será una realidad se confirmó con su propia resurrección de entre los muertos (1 Corintios 15:12-20). Si él resucitó para recibir un reino de su Padre (Lucas 19:12), entonces también nosotros resucitaremos para recibir dicho reino de Dios cuando Cristo vuelva nuevamente a este mundo en persona (Mateo 25:31,34). En resumen: Jesús trajo el “Qué” (la herencia del Reino de Dios) y el “Cómo” (por la fe en su muerte y resurrección al tercer día, y de lo que esto significa para todo pecador arrepentido). Entonces, el “QUÉ y el “CÓMO” constituyen el evangelio de Jesucristo. El “FIN” y el “MEDIO”.

La Definición Original del Evangelio del Reino de Dios:

En primer término, debemos de definir lo que quiere decir “evangelio”. Esta palabra viene del Griego “evangelon” que quiere decir: “Buenas Nuevas” o “Buenas Noticias”. De modo que Cristo fue el Portador de buenas noticias para un mundo sin esperanza y sin rumbo. Él predicó las buenas noticias del reino de Dios y también su muerte y resurrección al tercer día para nuestra redención, para hacer posible nuestra herencia de dicho reino.

Algunas religiones “cristianas” sostienen que el reino de Dios no es otra cosa que “Cristo reinando en nuestros corazones”. Otras conocidas iglesias o denominaciones cristianas sostienen que “el reino de Dios es la iglesia que Cristo fundó hace dos milenios”. No obstante, el reino de Dios no es ninguna de esas dos definiciones que se están propagando en el mundo cristiano. La Biblia enseña que un reino es un forma de gobierno como lo es el reino de Inglaterra, de España, de Jordania, etc. Este implica un rey o una monarquía, súbditos, leyes, y territorio. De modo que el reino de Dios es la monarquía de Dios, con un rey soberano, súbditos, leyes, y territorio.

En el Antiguo Testamento encontramos reyes y reinos. El reino de Babilonia, con su rey Nabuconodosor; el reino de Grecia, con su rey Alejandro el Grande; el reino de Persia, con su rey Ciro; el reino de Israel, con su rey David, sólo por citar los más importantes. Ahora bien, Israel tenía una monarquía real que formalmente comenzó con David. Este reino de David y de sus descendientes fue llamado: “el Reino de Dios” (1 Crónicas 28:5). Cuando David murió, su hijo Salomón lo reemplazó, y así sucesivamente, hasta que en el año 587 A.C, el rey de turno de Israel---Sedequías---fue derrocado por Nabuconodosor. Desde esa fecha, Israel no ha tenido más reyes. Pero el reino de Dios significará que Dios restaurará nuevamente la línea real de los reyes judíos en la persona de otro judío noble, descendiente de David (Ezequiel 21:25-27).

Sí, el reino de Yahweh (Jehová) será restaurado nuevamente en Israel a través de un descendiente de David, el rey (Hechos 1:6). ¿Quién podría ser ese personaje? La respuesta está en Mateo 1:1 que dice: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”. Aquí tenemos un hecho irrefutable, y es que Jesucristo desciende de un rey famosísimo de Israel. En buena cuenta, Jesús es de “sangre azul” y con el derecho legítimo de tomar nuevamente el territorio israelita, y el trono de su ancestro David. En efecto, en Lucas 1:31-33 leemos: “Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. Esto es clarísimo. Cristo reinará en el trono de su padre en la carne, David. Su territorio y sus súbditos serán Israel y los israelitas. Recuerde que Dios le cambió a Jacob de nombre. Ese nuevo nombre fue: Israel. Entonces Cristo reinará sobre la casa de Israel, y Jerusalén será la ciudad capital del reino de Cristo o también llamado: El Reino de Dios (Jeremías 3:17; Mateo 5:33-35). Los discípulos de Cristo sabían que su Maestro era aquel que restauraría el reino caído o suspendido del rey David. En Hechos 1:6 los discípulos le preguntaron a Jesús si ya era inminente la restauración del reino de Dios en Israel, a lo cual Jesús sólo se limitó a decirles que únicamente Dios sabía la fecha de esa crucial restauración del reino de David en Israel.
…………..

lunes, 3 de noviembre de 2008

JESUCRISTO: EL REY DEL REINO DE LUZ QUE RIGIRÁ A TODAS LAS NACIONES

Por Dr. Javier Rivas Martínez.

Cristo Jesús, la vara del tronco de Isaí (Is.11:1), el Hijo de David (Lc.1:32), el Hijo del Dios Altísimo (Mr.1:1; Lc.1:32) que está sentado a la diestra del poder de Dios (Hech.7:55), el único mediador que existe entre Dios y los hombres (2 Tim.2:5), el Mesías Ungido que vendrá al mundo en gloria esplendorosa (Mr.13:26), en terrible ira para destruir a sus enemigos en la batalla de Armagedón (Ap.6:16; 16:16: cap.19), el que todo ojo terreno mirará majestuosamente, y los pueblos y naciones que le negaron harán lamentación por él (Ap.1:7), que habrá de sentarse en el trono de David para juzgar a las naciones del mundo (Mt.25:31-33), para condenar a los rebeldes al evangelio e incrédulos que no conocieron a Dios (2 Ts.1:7-8), y por otra parte, para dar vida eterna (Jn.3:16; 17:3) a quienes lo oyeron y se sujetaron a la voluntad del Padre (Mt.7:21) y que por tal causa recibirán el Reino de luz, de paz, de justicia, de misericordia, de bendición, y de amor incalculable (Is.1:26; 4:2; 9:7; 11:1-10; 16:5; 35:1, 7-10; 61:3-11; Zac.8:12-13; Mt.25:34; Ap.20:6).

Cristo Dijo que era el camino, y la verdad y la vida, nunca sostuvo ser una alternativa religiosa para llegar al Padre y Dios (Jn.14:6), porque las que existen no proporcionan salvación alguna (Hech.4:12). Quien cree en Cristo, verá la vida, pero quien lo rechace su condenación será indefectiblemente segura (Jn.3:36).

Amigos que nos visitan y no conocen al único y verdadero Redentor del mundo: Si creen en el Hijo de Dios como Señor y Salvador y creen además con sinceridad que Dios le levantó de los muertos, serán salvos. Sigan y amen a Dios y preparen sus vidas bajo los estatutos divinos de la Palabra Santa para que puedan ser merecedores del Reino venidero que se establecerá en la Tierra.

«Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad» (Mt.5:5).

«Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado» (Ro.10:8-11).

Amén.

LA VERDAD DE LA PANDEMIA