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martes, 10 de marzo de 2009

EL VÁSTAGO DE ISAÍ EN ISAÍAS 11: ¿QUIÉN ES?




Isaías 11, Un Vástago de Isaí

Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová (Isaías 11:1-2).


Nosotros no entenderíamos esto si no nos remontamos al principio, porque Isaías estaba prediciendo que la descendencia real de David, de la cual provinieron todos los reyes de Israel, sería cortada como un árbol, permanecería inactiva, para luego ser restablecida. Este proceso daría comienzo cerca de 150 años después que Isaías escribió estos versículos, cuando el Señor pronunció una maldición de sangre sobre la descendencia de David, al decir que ninguno de los hijos de David volvería a reinar sobre Israel (Jeremías 22:28-30). La descendencia languidecería, como el tronco de un árbol que ha sido cortado. Durante todo el tiempo del cautiverio babilónico, y por 500 años más, no hubo ningún rey en Israel. Pero un día un vástago retoñará, un Vástago que dará fruto. Puesto que Isaí era el padre de David y David no era el vástago, esta es una referencia al Mesías, el Hijo último de David.

Esto comprende tanto que tenemos que tomar un tiempo para entenderlo. Primero, el uso de la palabra Vástago, o Renuevo. En la Biblia en Inglés (KJV), la palabra Vástago (Branch) aparece en mayúscula, lo que significa que se refiere a una persona. En la Biblia encontramos cuatro referencias al Mesías como Vástago, o Renuevo, y cada una lleva consigo un modificativo especial. Jeremías 23:5 dice de un renuevo justo, un Rey. Zacarías menciona a “mi siervo el Renuevo” (Zacarías 3:8) y “el varón cuyo nombre es el Renuevo” (Zacarías 6:12). Finalmente, en el artículo anterior (Parte 2), vimos “el renuevo de Jehová” en Isaías 4:2.

Yo creo que fue Clarence Larkin el que primero descubrió que estos modificadores fueron una descripción de los cuatro estandartes que identificaban los campamentos de Israel, los cuales formaban cuatro grupos de tres tribus cada uno, y estaban situados alrededor del tabernáculo en el desierto dispuestos en cada uno de los cuatro puntos cardinales. En esos estandartes se veían las figuras de un león, el cual representaba al Rey Justo, de un buey que representaba al siervo, siendo el buey una bestia de carga, el rostro de un hombre la cual se explica por sí sola, y la de un águila la cual representa a Dios.

Pero aun hay más. Las representaciones de estos modificadores también se revelan en los cuatro rostros del querubín en Apocalipsis 4. Y aquí también representan los temas dominantes en los cuatro evangelios. Mateo les escribió a los judíos proclamando a Jesús como el Mesías de Israel, el León de Judá. Marcos lo mostró como el siervo obediente de Dios. Lucas lo describió como el Hijo del Hombre, y en Juan, Él es el Hijo de Dios.

Entonces, queda claro que el Renuevo es un título Mesiánico. El vástago, o renuevo, del tronco de Isaí es el Mesías, nacido de la Tribu de Judá de la descendencia de David.

Yo Prometo

Pero aquí hay algo todavía más asombroso. Recordemos que Dios le prometió a David que alguien de su familia reinaría en Israel para siempre. David quiso construir la casa de Dios, pero Dios no se lo permitió diciendo que se necesitaba de un hombre de paz y David era un hombre de guerra. Así fue como Dios escogió al hijo de David, Salomón, para que le construyera el Templo, y durante el reinado de Salomón, Israel disfrutó de una paz como nunca antes la había sentido (ni desde entonces). En cuando a David, Dios prometió construirle una “casa”, al hacer que su dinastía fuera perpetua. (1 Crónicas 17:1-14). Desde ese momento en adelante, un descendiente de David, a través de la descendencia de Salomón, se sentaría sobre el trono en Jerusalén, como Rey de Israel.

Pero ya para el tiempo del cautiverio babilónico, estos reyes eran tan malvados y tan rebeldes hacia Dios, que Él finalmente dijo “Suficiente”, y maldijo la descendencia real al pronunciar que ninguno de ellos volvería a reinar sobre Israel (Jeremías 22:28-30). El último rey legítimo de Israel fue Joaquín también conocido como Jeconías, el cual reinó durante tres meses solamente, en el año 598 a.C. ¿Estaba Dios rompiendo Su promesa a David?

Al anunciar el Mesías venidero, el ángel Gabriel le prometió a María que su hijo se sentaría en el trono de David, y que sería el primero en hacerlo desde que la maldición había sido pronunciada, y cuando lo hiciera sería para siempre (Lucas 1:32-33). Pero, entonces ¿cómo veríamos la descendencia maldecida de David? ¿Cómo es que Dios podía prometerle algo así a María?
Aquí Veremos Cómo Es Eso

Si comparamos las dos genealogías de Jesús en Mateo 1:1-17 y Lucas 3:23-28, nos damos cuenta que tanto María como José eran de la tribu de Judá y descendientes de David. José era descendiente de Salomón, que era la descendencia maldecida, mientras que la genealogía de María es a través del hermano de Salomón, Natán. Realmente, José y María eran primos, a pesar de la lejanía.

María no tenía ningún hermano, así que para poder mantener la tierra de su familia dentro de la herencia tribal, según la Ley, ella tenía que casarse con alguien que también era descendiente de David (Números 36:1-13). José llenaba los requisitos y perteneciendo a la descendencia real tenía un reclamo legítimo al trono, pero llevaba encima esa maldición. Entonces, ningún descendiente biológico de José jamás podría calificar legítimamente para llegar a ser rey de Israel, pero José podía asegurar el derecho de María para heredar la tierra del padre de ella.
Cuando María aceptó la oferta de matrimonio de José, ella también validó el reclamo al trono de Israel de su hijo aun no nacido. Su matrimonio colocó a Jesús en la sucesión real como el hijo legal de José, como Lucas lo muestra en su genealogía (Lucas 3:23), pero le permitió estar libre de la maldición ya que Él no era hijo biológico de José. Pero recordemos que Él era un descendiente biológico de David por medio de su madre y, por consiguiente, de “la casa y linaje de David”. Esto lo hizo el único hombre sobre la tierra, desde el año 600 a.C., que tenía un derecho legal al trono de David. Se necesitaba de un nacimiento virginal para hacerlo, pero Dios mantuvo Su promesa tanto a David como a María. El trono de David será ocupado para siempre, por el hijo de María.
Y, finalmente, en el versículo 2 vemos que el séptuplo Espíritu de Dios, que es una construcción del Espíritu Santo del Antiguo Testamento, y que vino a morar en Jesús al momento de Su bautismo (Mateo 3:16) le dio el poder sobre todos Sus milagros. Esto fue necesario porque la misión del Señor requería que viviera Su vida solamente en el poder humano. Para poder redimir a la descendencia perdida de Adán, Él tenía que ser el pariente-redentor de Adán. Por eso es que Lucas mostró a Jesús como el hijo del hombre, y trazó Su genealogía hasta Adán.
Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura (Isaías 11:3-5).

El fuerte contraste entre el Cordero de Dios y el León de Judá es evidente. El Salmo 2:8-9 confirma que Él regirá a las naciones con vara de hierro. Apocalipsis 19:15 concuerda y agrega que Él herirá a las naciones con la espada de Su boca.

Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar (Isaías 11:6-9).

Una vez que la Era Mesiánica comienza, la paz será su característica más descollante. En la Parte 1 de este estudio vimos que en el Reino Milenario las naciones ya no tomarán las armas unas contra las otras. Ahora vemos que la paz milenaria abarcará también a los animales del reino. En una parte futura veremos que la misma creación explotará en un cántico de gozo.

Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa. Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar.

Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra. Y se disipará la envidia de Efraín, y los enemigos de Judá serán destruidos. Efraín no tendrá envidia de Judá, ni Judá afligirá a Efraín (Isaías 11:10-13).

La primera reunión de la nación se llevó a cabo después del cautiverio babilónico. La segunda reunión empezó oficialmente en el año 1948 y continúa en nuestros días, y se completará después de la batalla de Ezequiel 38. Y sabrán que yo soy Jehová su Dios, cuando después de haberlos llevado al cautiverio entre las naciones, los reúna sobre su tierra, sin dejar allí a ninguno de ellos (Ezequiel 39:28). Después de 2000 años, el pueblo de Dios habrá regresado a su tierra de la diáspora y será un solo reino de nuevo, por primera vez desde el año 900 a.C.
Sino que volarán sobre los hombros de los filisteos al occidente, saquearán también a los de oriente; Edom y Moab les servirán, y los hijos de Amón los obedecerán. Y secará Jehová la lengua del mar de Egipto; y levantará su mano con el poder de su espíritu sobre el río, y lo herirá en sus siete brazos, y hará que pasen por él con sandalias. Y habrá camino para el remanente de su pueblo, el que quedó de Asiria, de la manera que lo hubo para Israel el día que subió de la tierra de Egipto (Isaías 11:14-16).

El Capítulo 11 termina con otra promesa de que conforme se acerca el final de la era, la gente que erróneamente llamamos hoy día “palestinos”, dejarán de ser un problema para al pueblo de Dios ya que serán conquistados. Israel los dominará y los subyugará. Estos versículos lo más probable es que se refieran a la batalla del Salmo 83, la cual es quizás el próximo evento en el calendario profético.

El mar de Egipto es el Mar Rojo, y su golfo puede ser o el Golfo de Acaba o el Golfo de Eilat, los dos que forman las “orejas de conejo” en su parte norte. El poderoso Eufrates, frontera tradicional entre el Este y el Oeste, se convertirá en siete brazos. El camino para el remanente desde Asiria completa la idea de que ya no habrá más ninguna frontera natural que le impida al pueblo de Dios llegar a Su Ciudad Santa.






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miércoles, 5 de noviembre de 2008

EL IMPORTANTE TEXTO DE HECHOS 28:20

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

En Hechos 28:20 el apóstol Pablo revela la verdadera razón por la cual él estaba en arresto domiciliario en Roma. ¿Por qué lo arrestaron las autoridades romanas?¿Estaría Pablo predicando un mensaje amenazante para el Imperio romano?¿Qué fue lo que lo llevó realmente a su arresto por un periodo de dos años?

Es bien sabido que los Cristianos se cuidaban de hablar abiertamente del reino de Cristo el cual suplantaría, según las esperanzas mesiánicas, a todos los gobiernos temporales de la tierra. Este mensaje era peligroso para los romanos, ya que podría alterar o socavar el status quo del imperio.

Por ejemplo, veamos el alboroto que se suscitó en Tesalónica. Jasón y otros cristianos fueron conducidos ante las autoridades de la ciudad, gritando: “Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; a los cuales Jasón ha recibido; y todo estos contravienen los decretos de César, DICIENDO QUE HAY OTRO REY, JESUS. Y alborotan al pueblo y a las autoridades de la ciudad, oyendo estas cosas” (Hechos 17:6-8).

¿Qué vemos aquí?¿Cuál fue la razón por tanto alboroto? Sencillamente el cristiano Jasón junto con otros hermanos estaba predicando que había otro rey fuera de César. ¿Y qué podría significar todo esto para las autoridades? ¡Que se estaba predicando una sedición! Es decir, se estaba predicando que un rey (Jesús) y su reino reemplazaría al reino existente e imperante muy pronto. Se estaba predicando un nuevo gobierno con un nuevo rey en la tierra, el cual traería la paz y la justicia para los oprimidos. Lógicamente este mensaje o “buenas nuevas” era una seria amenaza para el imperio que había que silenciarla persiguiendo a sus partidarios con violencia.

Pues bien, a la luz de este antecedente, es fácil vislumbrar porqué Pablo estuvo encarcelado en Roma. Sin duda él estuvo predicando un nuevo reino en la tierra, el cual haría polvo a los gobiernos impíos de la tierra. Su mensaje claramente no era simplemente que Cristo murió y resucitó al tercer día, pues esta proclama jamás sería una amenaza para cualquier emperador y un motivo suficiente para perseguir e incluso matar a alguien que lo predicase. Pero los partidarios de un nuevo reinado que comenzaran a predicar que su rey viene y que tomaría el control del mundo, y que terminaría con la dominación gentílica, motivaría que cualquier nación dominante se animara prestamente a perseguir y a aplastar como una seria amenza.

En Hechos 28 vemos a Pablo que permaneció un par de años en Roma predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo abiertamente y sin impedimento (dentro de su casa!, v.30 y 31)”. Sin embargo, en el verso 20 Pablo dice exactamente porqué estaba encadenado: “Así que por esta causa….¿cuál?...POR LA ESPERANZA DE ISRAEL ESTOY SUJETO EN CADENA”. ¿Y cuál era la ESPERANZA DE ISRAEL?¿Acaso no era el Reino de David?¿Acaso nos olvidaremos cuando se reunió la multitud judía en la puerta de Jerusalén para ver entrar al rey del reino de David que ellos esperaban y creían inminente? Veamos el informe de Marcos al respecto: “Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él. También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino. Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna!¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!¡BENDITO EL REINO DE NUESTRO PADRE DAVID QUE VIENE! ¡Hosanna en las alturas! Y entró Jesús en Jerusalén…” (ver Marcos 11:7-11). Esta esperanza era la esperanza de José de Arimatea que aparece cuatro capítulos más adelante, y “quien también esperaba el reino de Dios (= reino de David según Marcos 11)” (Marcos 15:43). Incluso el resto de discípulos TENÍAN LA ESPERANZA DE ISRAEL de que “Jesús era el que iba a redimir a Israel” (Lucas 24:21), para dar cumplimiento a la profecía de Zacarías, padre del Bautista: “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque nos ha visitado y ha efectuado redención para su pueblo, y nos ha levantado un cuerno de salvación EN LA CASA DE DAVID su siervo” (Lucas 1:68)..

Pues bien, ¿acaso Jesús se detuvo un instante para refutar esa esperanza de Israel a esos judíos que lo esperaban en la puerta de Jerusalén?¿Acaso aprovechó Jesús esa oportunidad para decirles que el reino de David nunca más sería restaurado? De ningún modo. De modo que vemos que Pablo estaba en prisión por predicar el evangelio del reino (Hechos 23:30), aquel evangelio que en el verso 20 él correctamente llama: “LA ESPERANZA DE ISRAEL”.

Sin embargo, hay aún muchos antisemitas que quieren despojar a los Judíos de todas sus esperanzas mesiánicas. Sus enseñanzas de un evangelio del reino EN los cielos a suplantado al verdadero evangelio del Reino de Dios en la tierra. San Agustín fue el gran responsable de este drástico cambio, al haber propagado su error de un reino eclesiástico en el mundo. El Reino de David se llama ahora “la iglesia de Cristo”, y el trono de David ya no más se encontrará en Jerusalén (Jer 3:17), sino en el cielo.

Si mi amigos, Pablo estuvo sufriendo sus cadenas por el mensaje del evangelio del Reino de Dios (Hechos 23:30) el cual él mismo llamó con verdad: La Esperanza de Israel, la esperanza del Reino de David restaurado en Jerusalén (v. 20). ¿No está todo esto muy claro? Creo que sí!

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ENTREVISTA EXCLUSIVA CON EL REY DAVID

ENTREVISTA EXCLUSIVA CON EL REY DAVID
TEMA TRATADO: EL REINO DE DIOS

e-mail: molceses@hotmail.com

Entrevistador:

Muchas gracias rey David por aceptarme esta entrevista exclusiva y privada desde este remoto lugar de la tierra. Sé que tú fuiste el segundo rey que tuvo Israel, después que Saúl, el primer rey, desobedeciera a Dios. Además, tengo entendido que Dios hizo contigo un pacto muy especial que traería bendiciones futuras a toda la humanidad. Por esta razón es que yo he querido hacerte una serie de preguntas para que me expliques, en detalle, sobre ese pacto divino que recayó en tu persona.

Rey David:

Con mucho gusto mi amigo. Yo estoy presto a responder a todas tus inquietudes al respecto, pues creo que los creyentes tienen todo el derecho de saber qué me prometió Dios, y cómo influye e influirá esa promesa en ellos. Muchos han olvidado que Jesucristo descendió de mi, y yo de Abraham. Esto quiere decir que Jesucristo es un descendiente mío y del fiel Abraham (Mateo 1:1). Adelante, pues, con tus preguntas.

Pregunta # 1:

Entrevistador:

Dime, rey David: Sé que Saúl, tu antecesor, fue el primer rey que tuvo el pueblo de Israel después de haber sido gobernado por los llamados “jueces de Israel”. ¿Por qué fueron reemplazados los jueces de Israel por los reyes judíos allá por el año 1095 a.de J.C?

Rey David:

Resulta que mi pueblo vio como las demás naciones eran gobernadas por reyes que ejercían el dominio sobre el pueblo y tenían poder, gloria, súbditos, trono, palacio, etc; y ellos le pidieron a Dios que les diera un rey visible a quien pudieran presentar sus quejas y pedir solución a sus necesidades. También querían que un rey les diera confianza y liderazgo en las guerras con los vecinos(1 Samuel 8:5). No obstante, a Dios no le agradó la petición, pero a insistencia del pueblo, Dios accedió, pero no sin antes advertirles sobre las inconveniencias que acarrea tener un rey sobre ellos (1 Samuel 8:11-17).

Pregunta # 2:

Entrevistador:

Sin duda, rey David, que la monarquía israelita no comenzó sin contratiempos. El primer rey Saúl fue desobediente a Dios y finalmente fue desechado. ¿Cuál fue la razón de su rechazo?

Rey David:

La razón por la cual Dios rechazó a mi antecesor Saúl es porque él desobedeció la orden de matar y destruir a todos los amalecitas, hombres, mujeres, niños, y ancianos, así como a todos los animales. Saúl no mató al rey amalecita Agag, y perdonó la vida de lo mejor de las ovejas, del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros, y de todo lo bueno, y no los quiso destruir (1 Samuel 15:3-11).

Pregunta # 3:

Entrevistador:

Pero rey David, Saúl se habrá defendido justificando de algún modo su mal proceder. ¿Ocurrió eso?¿Se justificó Saúl?

Rey David:

Por cierto que Saúl se quiso justificar hipócritamente ante Dios diciendo que el pueblo (no él) había reservado los mejores animales para ofrecerlos en sacrificio para Jehová (1 Samuel 15:21).

Pregunta # 4:

Entrevistador:

¿Cuál fue la respuesta que dio Dios a Saúl a través de Samuel, su siervo?

Rey David:

Samuel dijo: “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de carneros (sacrificios)” (1 Samuel 15:22). De modo que Dios se arrepintió de haber ungido a Saúl como rey de Israel ( 1 Samuel 15:35).

Pregunta # 5:

Entrevistador:

Dime, rey David, ¿cómo fue que tú llegaste a ser el segundo rey de Israel, no siendo tú un hijo de Saúl?

Rey David:

Quiero decirte que cuando murió Saúl, yo fui ungido rey sobre Judá, y tuve mi centro de operaciones en la ciudad de Hebrón. Pero Isboset, el hijo sobreviviente de Saúl, fue nombrado rey sobre la mayor parte de Israel por Abner hijo de Ner, general del ejército de Saúl. Este hijo de Saúl fue rey sobre Galaad, sobre Gesuri, sobre Jezreel, sobre Efraín, sobre Benjamín, y sobre todo Israel, excepto Judá, cuyo rey era yo. De modo que hubo en Israel dos reyes simultáneamente, aunque yo era el ungido del Señor. Con el paso de los años, Isboset fue perdiendo fuerza y poder, y yo fui creciendo hasta que una vez asesinado Isboset por dos de sus oficiales, yo fui por tercera vez ungido rey sobre todo Israel (2 Samuel 2:8-10; 5:3).

Pregunta # 6:

Entrevistador:

Rey David: ¿Cuántos años reinaste en Hebrón?

Rey David:

Yo reiné en Hebrón siete años y seis meses (2 Samuel 2:11).

Pregunta # 7:

Entrevistador:

Dime, rey David: ¿Qué edad tenías cuando empezaste a ser el rey absoluto de todo el pueblo de Israel? Y además dime: ¿Dónde y cuánto tiempo reinaste sobre tu pueblo?
Rey David:

Yo tenía 30 años cuando empecé a reinar, de los cuales 7 años y 6 meses fue en Hebrón, sobre Judá, y 33 años en Jerusalén, sobre Israel y Judá (2 Samuel 5:4,5).

Pregunta # 8:

Entrevistador:

Dime, rey David, sabemos que Dios te hizo a ti un pacto solemne: ¿Me puedes decir cuál fue esa promesa o pacto?

Rey David:

Dios me dijo claramente así: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mi hijo...y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente” ( 2 Samuel 7:12-16).

Pregunta # 9:

Entrevistador:

Rey David: ¿Qué más te dijo Dios?

Rey David:

Me dijo lo siguiente: “No faltará a David varón que se siente en el trono de la casa de Israel” (Jeremías 33:17).

Pregunta # 10:

Entrevistador:

Dime, rey David: ¿Acaso no cumplió esa profecía tu hijo Salomón, al edificar un templo o casa a Dios en Jerusalén?
Rey David:

Así es. Salomón cumplió con edificar a Dios una “casa-templo”. No obstante, esta profecía se extiende más allá de él, pues Dios habló que su reino sería eterno, o sea, más allá de Salomón. Ahora toma nota de la relación ‘padre-hijo’ del pacto en mención. ¿No nos hace pensar esto en Dios y Su Hijo unigénito, el Mesías Jesús? (Hebreos 1:5-13). Es claro que Jesús continuará mi reino, mi trono, mi casa, en la misma capital de Israel en su segunda venida, pues así lo anunció el ángel Gabriel a María (Lucas 1:31-33).

Pregunta # 11:

Entrevistador:

Dime, rey David: ¿Cómo sabemos que tu reino era el reino de Dios?

Rey David:

No recuerdas cuando dije que Dios escogió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová Dios? (1 Crónicas 28:5). E igualmente dice 1 Crónicas 29:23 que mi hijo Salomón se sentó en el trono de Jehová Dios como rey en lugar de mi, su padre. Entonces mi reino y mi trono eran de Dios (=el reino de Dios).

Pregunta # 12:

Entrevistador:

Dime, rey David: ¿Cómo podemos saber que Dios cumplirá su promesa contigo?

Rey David:

Dios mismo lo dijo: “Si pudiereis invalidar mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de tal manera que no haya día ni noche a su tiempo, podrá también invalidarse mi pacto con mi siervo David, para que deje de tener hijo que reine sobre su trono...” (Jeremías 33:20,21). En otras palabras, si Dios no cumpliera conmigo, tampoco habría día y noche.

También Dios dijo de mi: “Mas no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad. No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David. Su descendencia será para siempre, y su trono como el sol delante de mi. Como la luna será firme para siempre, y como testigo fiel en el cielo” (Salmo 89:33-37).

Pregunta # 13:

Entrevistador:

Dime, rey David: ¿Dónde estarán los tronos de tu casa?

Rey David:

Ya lo dije en mi Salmo 122:3-5: Jerusalén...y allá subieron las tribus de Jah...porque allá están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David.

Pregunta # 14:

Entrevistador:

Rey David, el profeta Jeremías habló de ti ¿Me puedes decir qué dijo él de ti en particular?

Rey David:
El dijo también de mi lo siguiente: “En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un Renuevo de justicia, y hará juicio y justicia en la tierra” (Jeremías 33:15). Es decir, Jeremías profetizó la venida de un descendiente mío que traerá juicio y justicia en la tierra. Obviamente se refiere al Mesías.

Pregunta # 15:

Entrevistador:

Es claro, rey David, que un hijo tuyo tomará tu trono, y será recto y justo. También lo llamarán con títulos extraordinarios. ¿Qué nos puedes decir al respecto?
Rey David:

Así es, pues también el profeta Isaías habló de mi descendiente, cuando dijo por mandato de Dios: “...y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre” (Isaías 9:6,7).

Pregunta # 16:

Entrevistador:

Rey David, algunos creen que el reino tuyo estará en el cielo. ¿Es eso posible?

Rey David:

Muchas personas no creen en las palabras y pactos literales que hizo Dios para conmigo. En principio, mi reino nunca estuvo localizado en el cielo, como ya lo expliqué antes, sino en la tierra prometida. Por otro lado, el profeta Jeremías anunció que “Jerusalén será llamado trono de Jehová”(Jeremías 3:17). Y el mismo Señor Jesucristo afirmó que “Jerusalén es la ciudad del gran rey” (Mateo 5:33-35).

Pregunta # 17:

Entrevistador:

Rey David, es claro que el Mesías y heredero de tu trono reinará entre los hombres. ¿Tienes alguna promesa clara en ese sentido?

Rey David:

Ya me lo dijo Dios cuando me prometió lo siguiente: “Habrá un justo que gobierne entre los hombres, que gobierne en el temor de Jehová” (2 Samuel 23:3). Y yo mismo dije de mi descendiente prometido:”...y pastorearás las naciones en la tierra” (Salmos 67:4). Observa que se profetiza que habrá un justo que gobernará entre los hombres, y no desde el cielo. Sí, Jesús será un gobernante, y tendrá un gobierno mundial.
Pregunta # 18:

Entrevistador:

Dime, rey David: ¿Cómo saber que el reino de tu hijo será mundial?

Rey David:
Ya lo dije en mi Salmo 72:7,8, 11: “Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar. Y desde el río hasta los confines de la tierra. Todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán.” Esto también lo confirmó el profeta Daniel cuando dijo: “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria, y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido” (Daniel 7:13,14).

Pregunta # 19:

Entrevistador:

Rey David, algunos sostienen que el pacto que hizo Dios contigo no se cumplirá puesto que ya no existe una monarquía en Israel. ¿Me puedes explicar cómo podrá cumplirse la promesa de un descendiente tuyo en tu trono inexistente?

Rey David:

Ya has leído en el libro del profeta Ezequiel, el cual profetizó que mi reino quedaría suspendido en el tiempo hasta que viniera aquel descendiente mío que lo restauraría como era antes. Pues bien, desde el año 586A.C se suspendió mi monarquía en Israel, cuando mi descendiente, el impío rey sedequías, fue destituido y desterrado a Babilonia por el rey Nabuconodosor. Desde esa fecha hasta hoy no ha habido un rey de mi sangre en Israel, pero lo habrá en el futuro, pues así lo anunció Dios al profeta Ezequiel (Ezequiel 21:25-27).

Pregunta # 20:

Entrevistador:

Dime, rey David: ¿Es la esperanza de tu pueblo, la futura restauración de tu reino en Israel?

Rey David:

Cuando Jesús el Cristo vino como mortal hace dos milenios, sus discípulos, que eran mis paisanos y descendientes, le preguntaron: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6). Como puedes ver, los discípulos de Jesús esperaban que mi reino se restaurara en Israel.

Pregunta # 21:

Entrevistador:

Rey David, otro grupo de “creyentes” sostiene que los discípulos estaban equivocados pensando en un reino como el tuyo. Afirman esos creyentes que el reino de Cristo es diferente, pues es uno localizado “en el corazón de los creyentes”, o que es “la iglesia que fundó Jesús”.¿Cuál es tu opinión?

Rey David:

Yo creo que los discípulos no estaban errados con su pregunta, pues Jesús había estado con ellos 40 días hablándoles claramente del reino de Dios (Hechos 1:3). Además, en el verso 7 de Hechos 1, el Señor no los reprende o corrige por semejante pregunta, pues era oportuna, sino que sólo se limita a decirles que a ellos no les toca saber los tiempos o las sazones que Dios puso en su sola potestad”.

Pregunta # 22:

Entrevistador:

Dime, rey David: ¿Estarás tú también en ese reino milenario de Jesucristo en Jerusalén?

Rey David:

Bueno, eso ya lo dijo Jesús cuando vino hace dos milenios: “Cuando veáis...a todos los profetas en el reino de Dios...” (Lucas 13:28). Nota que Jesús dijo que todos los profetas también estarán en el reino de Dios. ¿Acaso te olvidas que yo fui también rey y profeta?. Ya lo dijo San Pedro acerca de mi con estas palabras: “Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David... pero siendo profeta...” (Hechos 2:29,30). ¡Esto significa que yo estaré en el reino de Dios!

Pregunta # 23:

Entrevistador:

Entonces rey David: ¿Creías en que algún día resucitarías de la muerte para ver cumplida la promesa o pacto que Dios hizo contigo y tu descendencia?

Rey David:

Ya lo dije yo en mi Salmo 17:15: “En cuanto a mi, veré el rostro de Jehová en justicia; estaré satisfecho cuando despierte (resucite) a tu semejanza”. Sin duda San Juan habló de esto mismo cuando escribió: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando el se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”( 1 Juan 3:2). ¿No se parecen mis palabras del Salmo 17:15 a las del apóstol Juan? Y Juan está hablando del retorno de Cristo, cuando glorifique a vivos y muertos en la fe. Por tanto, mi respuesta es que yo sí creí, y creo, en la resurrección (despertamiento) de los justos difuntos en la parusía (venida) de Cristo.

Pregunta # 24:

Entrevistador:

Hay quienes creen, rey David, que tu subiste al cielo cuando falleciste: ¿Es verdad eso?

Rey David:

Ya lo dijo San Pedro en su sermón apologético en Jerusalén: “Porque David no subió a los cielos...” (Hechos 2:34).

Pregunta # 25:

Entrevistador:

Dime, rey David: ¿Cuál será la característica singular del reino de tu hijo, el Mesías?

Rey David:

Bueno, el Mesías o Cristo regirá a todos los pueblos con vara de hierro, es decir, con fuerza, justicia, y rectitud. En mi Salmo 2 y versos 9 y 11 dije proféticamente: “Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás...honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto su ira”.

Pregunta # 26:

Entrevistador:

Dime, rey David: Si Cristo estará reinando desde Israel a todo el mundo, es lógico que sus apóstoles y demás discípulos participen de ese reino tuyo restaurado. ¿Qué me puedes decir al respecto?

Rey David:

Para contestar esa pregunta debo remontarme al Nuevo Testamento, pues allí encontramos más detalles sobre mi reino. Ya lo dijo Pablo al joven Timoteo: “Si sufrimos, también reinaremos con él” (2 Timoteo 2:12). Y a sus apóstoles Jesús les dijo: “De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (Mateo 19:28). Y como ya dije en mi salmo 122:3-5, los tronos de mi reino estarán en Jerusalén. ¡Lee el texto nuevamente!

Pregunta # 27:

Entrevistador:

Tú, al mencionar las palabras del Señor Jesús, dices que cuando Cristo se siente en su trono de gloria, los apóstoles y creyentes en general se sentarán en sus tronos de gloria. Pero: ¿Cuándo se sentará Cristo en su trono de gloria? Algunos dicen que ahora Cristo ya está sentado en su trono de gloria en el cielo. ¿Qué dices tú?

Rey David:

Yo quiero hacerte recordar lo que Jesús, mi hijo, dijo al respecto en Mateo 25:31,34. Sus palabras son como siguen: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria. Entonces dirá el rey a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. La respuesta es, pues, simple. Cristo aún no reina en mi reino con sus seguidores, pero lo hará cuando regrese a este mundo nuevamente. De modo que los que dicen que Jesucristo ya está reinando en mi reino, están afirmando necesariamente que él ya regresó visiblemente a la tierra. ¿puede alguien creer esto último?

Pregunta # 28:

Entrevistador:

Dime, rey David: ¿Qué tiempo durará el reino de Cristo?

Rey David:

Ya lo dijo muy claramente el apóstol Juan en el libro de Apocalipsis 20:4: “...y vivieron y reinaron con Cristo mil años”. Es decir, el reino de mi descendiente Jesús no será derrocado o destruido por nadie, y es por esto que durará diez siglos. Diez siglos de prosperidad, paz, justicia, amor, fraternidad y concordia. Ah, y para reinar con Cristo mil años, uno tiene que haber recibido la inmortalidad.

Pregunta # 29:

Entrevistador:

Rey David, ¿Qué fue lo que dijeron la multitud cuando Jesús entraba en Jerusalén en un asno joven?

Rey David:

Básicamente dijeron: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene!¡Hosanna en las alturas!” (Marcos 11:9,10). Como puedes ver, mis paisanos esperaban que mi reino viniera a Israel, y lo veían cerca cuando Jesús, mi heredero, entraba en Jerusalén.

Pregunta # 30:

Entrevistador:

Dime David: ¿Estuvieron tus seguidores equivocados con esa expectativa de un reino inminente?

Rey David:

No estaban errados, aunque se equivocaron en lo que respecta al tiempo de su restauración. Por eso Jesús habló la parábola de la Diez Minas, para explicarles que primero él tenía que ir al cielo para recibir ese poder y dominio del Padre(Lucas 19:11).

Pregunta # 31:

Entrevistador:

Dime, rey David, parece que los discípulos de Jesús aún pensaban en que el reino se establecería en su tiempo, lo cual era una idea errada. ¿Es posible saber cuándo vendrá el reino?

Rey David:

La respuesta ya la dio mi propio heredero Jesucristo, cuando dijo muy claramente: “Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre” (Marcos 13:32, Hechos 1:3,6,7).

Entrevistador:

Bueno, rey David, muchísimas gracias por haberme brindado tu precioso tiempo para desarrollar esta importante entrevista desde este bello lugar. Espero el día en que nos volvamos a ver cara a cara en presencia de tu descendiente y heredero de tu trono, el Mesías Jesús.

Rey David:

Yo quiero exhortar a todos y cada uno de los creyentes a que perseveren en la fe, y que no dejen de aguardar la bendita esperanza de la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, evento éste que significará bendición y felicidad para todas las familias de la tierra (Tito 2:13). ¡Nos vemos en mi reino restaurado en la persona de mi hijo, el Mesías de Dios.

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JESUCRISTO: EL HIJO DEL REY DAVID

Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Una Verdad Ignorada por Millones

En Mateo 1:1 se registra que Jesucristo es el hijo de David. Pues bien, ¿Qué importancia tendría que Jesús descienda del célebre rey David? La mayoría de cristianos no tiene ni la menor idea del porqué de esto, y aún los más entendidos yerran. Es hora que los verdaderos cristianos comprendan el verdadero significado de esta casta real, pues por algo lo menciona el evangelista y apóstol San Mateo. Obviamente Jesucristo es de “sangre azul”, un príncipe de Judá, un sucesor y heredero del rey David.

Pues bien, siendo que Jesús es el descendiente del rey David, él sin duda tiene el derecho de heredar su reino cuando éste se restaure en Jerusalén a su regreso en gloria, y acompañado de sus ángeles (Mateo 25:31). Aceptemos que Dios efectivamente restaurará el reino de David en Israel, y que Cristo estuviese en la tierra para ese entonces: ¿a quién pondría Dios sobre el trono de David? A Jesús, ¿no le parece? Además, con los excelentes pergaminos que ostenta Jesucristo, Dios no titubearía en asignarlo o nombrarlo como el nuevo rey judío. Pues sorpréndase: ¡Dios ya lo asignó como tal hace 2 mil años! Tome nota de lo que dijo Pedro al respecto: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2:36).

Ahora vayamos por partes aquí: ¿Qué significa el hecho de que Jesús haya sido hecho por Dios: Señor y Cristo? Aquí nuevamente los más de los cristianos vuelven a fallar. Sus respuestas suelen ser tan variadas y contradictorias. Y cuando se les pregunta específicamente a los creyentes “cristianos” acerca del significado de la palabra CRISTO, ellos generalmente no responden de la misma forma cómo está explicado en la Biblia. Esto es sorprendente e inaudito entre aquellos que dicen ser de “Cristo”.

El Significado de la Palabra CRISTO

En Lucas 23:2 leemos: “Y comenzaron a acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohíbe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey”. Pues bien, aquí está la verdadera explicación de lo que significa Cristo, es decir: UN REY. En el caso de Cristo: “el gran rey” (Mateo 5:33-35). Por tanto, cuando Pedro dice que Dios hizo a Jesús---CRISTO, lo que quiso decir era que lo hizo REY, un rey que aún no reina en el reino de David, pues Jesús mismo afirmó que su reino no era de este mundo o era maligna (Juan 18:36). Como dice The Zondervan Pictorial Enciclopedia of the Bible col. 1, pág.171: “...Porque era costumbre ungir a los reyes, la frase “el ungido del Señor” llegó a ser sinónimo de rey”. También es interesante leer Marcos 15:32, donde dice: “El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz”. También Juan 1:41,49. Cristo, por tanto, se asocia con el término rey.

La palabra Cristo, del hebreo Mesías, significa “el ungido”. El agente ungido de Jehová: Los reyes de Israel fueron ungidos con aceite en el nombre de Dios, que simbolizaba su investidura con el Espíritu de Dios. El término Mesías fue usado más tarde para determinar a un “rey venidero”, a un esperado líder majestuoso de la descendencia de David que restauraría el reino a Israel. Un rey que haría todas las cosas nuevas, consagrado como el vicegerente de Jehová (Yahweh) en Israel. Este hijo de David, quien era esperado con expectativa por la nación judía, era el Mesías (Cristo) por excelencia, un término que ha sido interpretado en griego por Cristos. (Ver The New American Bible Dictionary & The Zondervan Pictorial Enciclopedia pf the Bible vol.2, pág.344).

El Significado de la Palabra SEÑOR

El término Señor en el caso de Cristo es indicativo también de REY. Por ejemplo: En 1 Samuel 24:8 leemos lo siguiente: “También David se levantó después y saliendo de la cueva dio voces detrás de Saúl diciendo: ¡Mi Señor el rey!”.

También el término Señor para Jesús es sinónimo de Rabí (Maestro). Hay un ejemplo excelente en Juan 4:11. Aquí hay una mujer Samaritana que conoce recientemente a Jesús, pero él no se presenta aún como el Mesías. Ella lo ignora totalmente. Sin embargo ella se dirige a Jesús como Kyrios (Señor).

“La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla y el pozo es hondo”.

La palabra en este pasaje es Kyrios. Es aplicada a Jesús, y es usada como señal de respeto, como Señor.

Habiendo hecho estas dos necesarias atingencias, vamos a reseñar cómo las Escrituras nos presentan a Jesús como el Rey que vendrá a la tierra para restaurar el reino suspendido del rey David. Es necesario que los cristianos (o mesiánicos), retomen su expectativa en el Mesías venidero, y prediquen su esperanza mesiánica a todos los hombres de la tierra. Cuando decimos “esperanza mesiánica” nos referimos a la esperanza de la venida de nuestro rey que reinará (o regirá) en el mundo desde la ciudad capital de Jerusalén. Comencemos primero con una promesa que Dios le hizo al rey David hace aproximadamente tres milenios.

El Pacto de Dios con el Rey David

Dios le anunció el evangelio o buenas noticias a David por intermedio del profeta Natán, diciendo: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mi hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente” (2 Samuel 7:12-16).

Esta profecía es dual a todas luces. Nótese que Dios le asegura a David que Él afirmará su reino. También le dice que afirmará el trono de su reino, el cual será estable eternamente. Ahora bien, en esta profecía se hace alusión a Salomón por un lado, quien se encargó de edificar casa a Su nombre (el de Dios). Esto lo hizo Salomón al edificar el templo---“el templo de Salomón”. Este fue magnífico y esplendoroso. A este rey castigaría Dios si no le fuere leal y recto.

El otro lado de la moneda es que el trono de David aún no ha venido a ser estable eternamente. La prueba la tenemos cuando vemos que ya no existe el trono de David en Jerusalén. Salomón mismo cayó en pecado y fue reprochado por Dios. Al morir él, sus hijos disputaron su trono, el cual produjo la división del reino en dos: Las tribus del norte y las del sur. Más adelante el templo sería destruido. Pero nótese el dualismo profético. Aquí aparece un personaje que será Hijo de Dios, y cuyo trono y reino verdaderamente serán estables eternamente. Esto nos lleva a concluir que el reino davídico “resucitará” o será restaurado nuevamente como antaño. No hay otra salida posible.

Una Profecía Bíblica Pasada por Alto

La prueba bíblica que confirma la restauración del reino de David la encontramos en Ezequiel 21:25-27. Esta fue una profecía declarada al último rey davídico impío que tuvo Israel en el año 586 A.C. Dice Así: “Y tú, profano e impío príncipe de Israel, cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad, así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto no será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto. A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré”. Compare con Lucas 1:32,33.

Esta profecía nos lleva a la conclusión de que aparecerá un descendiente de David que retomará el trono, el reino, y la ciudad de David para reinar sobre el pueblo hebreo. Este personaje será el Hijo de Dios y el hijo de David. A este Mesías (Ungido), repito, se le dará el trono, la tiara, y la corona de David para que restaure el reino de aquel célebre rey en Jerusalén. Y recuerde, el reino de David era el reino de Dios. Luego: ¡El Reino de Dios será restaurado a los Israelitas! Compruebe usted cómo la Biblia afirma tajantemente que el reino de David era el mismísimo reino de Jehová Dios en 2 Crónicas 28:5. Por tanto, cuando Cristo predicaba el reino de Dios, él estaba anunciando la restauración del reino de David a los Israelitas o judíos (Hechos 1:6,7). El rey venidero de Israel vino a “confirmar las promesas hechas a los padres”, incluyendo a David (Romanos 15:8). Nótese que Pablo dice que Jesús vino a confirmar (revalidar o corroborar) las promesas de Dios---¡No a cancelarlas o cumplirlas! Su cumplimiento o restauración sería para su segunda venida (Hechos 3:20,21).

Jesucristo es Hijo de Dios e hijo de David

Muy pocas personas se han puesto a reflexionar de que Cristo es el Hijo de Dios y también de David, en la carne. También son pocas las personas que han reflexionado seriamente en el anuncio completo del ángel Gabriel a María, el cual incluía: “Y este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lucas 1:32,33). ¿Se da cuenta usted de la relación que tiene este anuncio angelical, con la promesa que le hizo Dios a David en 2 Samuel 7:12-16? ¡Es claro! Jesús será el rey que restaurará el reino “suspendido” de David en Jerusalén. Jesús mismo afirmó que Jerusalén ES (no fue) la ciudad del gran rey (Mateo 5:33-35). Además, Jesús mismo le había admitió a Pilatos que él había nacido para ser el verdadero Rey judío o Mesías (Juan 18:37).

La Expectativa Mesiánica del Pueblo Hebreo

Debido a las promesas mesiánicas de una futura restauración del reino davídico en Jerusalén, es lógico esperar que cuando los paisanos y discípulos de Jesús le vieron ingresar a Jerusalén (la ciudad de David, la sede de su trono) empezaran a exclamar con razón: “¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene!¡Hosanna en las alturas! Y entró Jesús en Jerusalén...! (Marcos 11:10,11).

Estamos viendo que los seguidores de Jesús creían que Cristo restauraría inmediatamente el reino de David en Jerusalén. En Lucas 19 Jesús se ve precisado a pronunciar la Parábola de la Diez Minas, pues los discípulos creían que el reino se manifestaría inmediatamente. Nótese que el verso 11 de esta parábola NO tenía como fin recalcar que el reino jamás se restablecería en Jerusalén, sino más bien, el de enseñar básicamente que dicha anhelada restauración no sería inminente, sino para su segunda venida en gloria. Jesús enseñó que primero tenía que ir al cielo para recibir la autoridad del Padre, y luego volver (Lucas 19:12). Volver para regir el mundo desde el trono de David en la tierra prometida a Abraham y a su descendencia (Ver Génesis 13:15;15:18; Gálatas 3:16,29; Mateo 25:31,34).

Pero lo más interesante de todo---y que desgraciadamente pocos advierten--- es la pregunta final de los discípulos a Jesús que está registrada en Hechos 1:6. Esta dice así: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”. Aquí vemos la esencia de toda la predicación de Jesús: La restauración del reino davídico a los Israelitas creyentes en general. Aquí está la pregunta que resume todo lo enseñado por Jesús para el futuro. Pero los “cristianos” contemporáneos sostienen que la pregunta de los discípulos estuvo errada, pues pensaban en un reino nacional y no “espiritual”. ¡Pero Jesús nunca los corrigió o amonestó por semejante “inoportuna y torpe” pregunta! Él sólo se limitó a decirles que el tiempo de la tan esperada restauración nacional del reino davídico sólo Dios lo sabía (Hechos 1:7). Pero desgraciadamente este punto muchos cristianos no lo entienden en verdad debido a sus ideas preconcebidas, y prejuicios antisemitas. La iglesia Católica es la responsable de ello. Ella ha transferido el reino nacional judío al ámbito de lo “espiritual”. Para los católicos el reino es la iglesia misma católica, el cuerpo místico de Cristo. Pero para aceptar esto habría que mutilar muchos versículos de la Biblia que hablan de una futura restauración nacional del pueblo hebreo y de su reino davídico, resultando así una Biblia ininteligible y recortada. Pero nosotros creemos que la iglesia es más bien la heredera del reino futuro que se inaugurará en la tierra (Mateo 25:34). He aquí algunas razones por las cuales el reino no es la iglesia: Primero, no se puede ingresar en el reino de Cristo con nuestros cuerpos de “carne y sangre” (1 Corintios 15:50); en cambio, a la iglesia de Cristo los hombres sí pueden entrar con cuerpos de “carne y sangre”. Segundo, a la iglesia ingresan los recién bautizados, los cuales aún son “niños espirituales” y que requieren crecer en la fe a través de las enseñanzas impartidas por los líderes (Pastores y maestros---Hechos 2:41, Efesios 4:11-16). En cambio, para ingresar en el reino milenario de nuestro Señor Jesucristo, es necesario haber crecido en la fe y haber perseverado hasta el final de nuestra carrera cristiana (2 Pedro 1:5-11, Hechos 14:22).

La Expectativa de los Cristianos

La expectativa de los cristianos es la expectativa que tuvieron los fieles hebreos del Antiguo y Nuevo Testamentos. Ya el apóstol Pablo había dicho que sólo hay una sola esperanza de nuestra vocación (Efesios 4:4). También él dice: “que son israelitas, de los cuales son (no eran) la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas” (Romanos 9:4). además Pablo afirma que los injertados (creyentes gentiles) en el buen olivo (el pueblo israelita) se nutren de su rica savia (los pactos y promesas que Dios hizo con los padres---Romanos 11:17,18). Jesús, por su lado, dijo que “la salvación viene de los judíos” (Juan 4:22). Esto significa que los judíos tienen un lugar de preeminencia sobre todos los pueblos, pues dice Pablo: “¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios” (Romanos 3:1,2).

La Biblia enseña que si bien todos los hombres han pecado (judíos y no judíos), no obstante Dios sigue tratando con su pueblo Israel de manera especial. Pablo afirma que “Dios no ha rechazado a su pueblo al cual desde antes conoció” (Romanos 11:1,2). Y si bien es verdad que muchos hebreos resultaron infieles, un remanente permaneció fiel para recibir los pactos que Dios hizo con sus padres de antaño. Pactos que aún están pendientes para cumplirse, entre los cuales están la herencia de la tierra prometida, y la permanencia del trono de David con Cristo reinando desde Jerusalén con su iglesia.

La iglesia Católica siempre mantuvo que Israel, como nación, quedó destituida de todos sus derechos como pueblo elegido de Dios. Enseñaron que la “nueva Israel” es la Iglesia que ellos llaman: “La Santa Madre Iglesia Católica”. Esto no es verdad, pues trastoca las promesas hechas a los padres del Antiguo Testamento resumidas en Génesis 13:15;15:18; 2 Samuel 7:12-16, y que fueron confirmadas por Jesús (Romanos 15:8)

La Iglesia de Cristo

El pueblo de Dios es el pueblo de la fe. Inicialmente los fieles bíblicos hebreos (de raza) fueron el pueblo de Dios y Su nación escogida. En el Nuevo Testamento vemos a hebreos de raza---convertidos a Cristo---como miembros de la iglesia mesiánica. Esta iglesia mesiánica hebrea era Su pueblo. Luego vinieron los no judíos a la fe y se añadieron a la iglesia Mesiánica Hebrea (o el verdadero pueblo escogido Hebreo). Los no judíos se volvieron hebreos por adopción y por fe (Romanos 2:28,29). El pueblo hebreo escogido estaba ahora compuesto por hebreos naturales (de raza) y hebreos por adopción o nacionalización. Los creyentes hebreos siguieron siendo Hebreos, y los no Hebreos convertidos a la fe se tornaron en Hebreos (o judíos) por adopción. Pablo explica que por la fe, los dos pueblos (judíos y gentiles) son uno, de modo que ambos ya pertenecen a la CIUDADANÍA DE ISRAEL (= ciudadanía Judía)(Efesios 2:11-18). La ciudadanía Israelita no desaparece sino que permanece, y los no judíos se hacen parte de la ciudadanía Hebrea por la fe en Cristo (Gálatas 3:7,16,29). La nación de Israel sigue viva como nación, la cual está ahora compuesta por gentes que se constituyen en “hijos de Abraham (=hebreos naturales y adoptivos)” por identificarse con su fe (Gálatas 3:7,9,29). Ya dentro de la iglesia o pueblo escogido de los Hebreos, no existe la clásica distinción de “judíos y gentiles”, pues ambos grupos de creyentes son todos ahora judíos (o Hebreos) e hijos de Abraham por la fe (La verdadera Israel de Dios).

El punto es que la Israel de Dios (el pueblo de Dios) es un pueblo eminentemente judío o Hebreo. Los gentiles son ahora considerados por Dios como judíos por su fe en Cristo y en las promesas que Dios le hizo a Abraham y a su descendencia (Jesucristo). Los no judíos han sido injertados en el tronco del olivo Hebreo para nutrirse de la promesas que Dios le hizo a los padres Abraham, Isaac, y Jacob, y al rey David. Los no judíos son considerados como judíos para Dios, y en consecuencia, tendrán todos parte en el reino mesiánico judío que restaurará el rey judío Jesucristo. La salvación, dijo Jesús, viene de los judíos (Juan 4:22). Rechazar a los judíos es rechazar la salvación. Sin los judíos no habría futuro.

Jesucristo Volverá para Reinar desde Israel

¿Para qué regresa Jesús al mundo? Pues, ¡para sentarse en el trono del rey David, su ancestro! Esto lo reveló Jesús mismo en Mateo 25:31,34. Él dijo que volvería con sus ángeles para sentarse en su trono de gloria. Él había anunciado ese magno momento en varias ocasiones, cuando habló de su parusía o segunda venida. En Juan 14:2,3 Jesús habló que volvería para estar con nosotros en el lugar donde estaba antes de partir al cielo. Nótese la frase “para que donde yo estoy (Jerusalén) vosotros también estéis” (verso 3).

Antes Jesús había afirmado que su reino no era de este mundo o era maligna gobernado por el diablo y sus agentes. Por eso, cuando sus seguidores estaban esperando el reino mesiánico, Jesús enseñó que para participar de él, primero era necesario “nacer de nuevo” (Juan 3:3,5). Este renacimiento tiene que ver con la transformación de nuestros cuerpos mortales. El apóstol Pablo enseñó que “carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios” (1 Corintios 15:50). En buena cuenta, cada creyente tendría que experimentar la misma transformación que tuvo Jesucristo al resucitar. El dejó de ser “carne y sangre” (=mortal) para convertirse en un ser humano inmortal que no requeriría de sangre para vivir sino del Espíritu de Dios en él. Recordemos que el Jesús resucitado no pudo tener sangre pues la había vertido en la cruz del calvario. En realidad Jesús sólo tenía “carne y huesos” pero no sangre (Lucas 24:39). El fue resucitado o vivificado en el espíritu o por el Espíritu de Dios en él (Romanos 8:11).

Los cristianos estamos llamados a participar del reino de Cristo (Lucas 12:32, Apocalipsis 3:21, Lucas 22:29), y para lograr esto, primero seremos transformados a la semejanza de Cristo. Los creyentes esperan con anhelo el retorno de Cristo, pues es la bendita esperanza de todos los mesiánicos (Tito 2:13). Y decimos que es la bendita esperanza porque su retorno significará la salvación de todos los creyentes (Hebreos 9:28; 1 Pedro 1:5). A su vez, la salvación significará nuestra entrada en el reino milenario de Cristo con vida eterna (Estudie este texto con cuidado: Lucas 18:18-26).

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lunes, 3 de noviembre de 2008

JESUCRISTO: REY DEL MILENIO

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

Es de importancia mostrar el conocimiento sistematizado teológico al neófito que se abre por los caminos tempranos del Santo Dios y al maduro espiritual que quiere crecer aún más en los asuntos bíblicos verdaderos para fomentar así la firmeza de su carácter, que es conforme a Cristo. El mundo está lleno de corrupción y maldad, y aquel que no se encuentre bien establecido en la Ley del Santo, arriesgará su vida constantemente ante un sistema diabólico terrenal que no depara en absorberlo y destruirlo inmisericordemente. Bien dijo Cristo que el conocimiento de la verdad traería libertad.


La Palabra de Dios esclarece correctamente que el Mesías de Dios será Rey del Reino Milenario. Hay mucha información bíblica al respecto. Sugiero, que se lean los versículos bíblicos para que se entienda bien a lo que queremos llegar. Muchos debaten contra nosotros inciertamente, sin saber lo que hablan, conjeturando ideas individuales. Aquí, todos es pesado por la Biblia, y la vedad reluce por el método usado. Las Escrituras dan fe que el Milenio será dirigido por Jesucristo (Is.2:2-4; 9:3-7; 11:1-10; 16:5; 24:21-23; 31:4-32; 42:1-7, 13; 49:1-7; 51:4-5; 60:12; Dan.2:44; 7:15-28; Abd.17:21; Mi. 4:1-8; 5:2-5, 15; Sof. 3:9, 10, 18-19; Zac. 9:10-15; 14:16-17). La Biblia dice que el Reinado de Cristo tendrá alcance universal, y la autoridad para su efecto, será por designio Divino: «Pero y he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte» (Sal. 2:6).


La Biblia dice que David será regente en el Milenio. Las referencias bíblicas que hablan de esto (Lea los textos bíblicos hermano y amigo, aliméntese y crezca hasta el cielo por la gloria de Jehová que está en su Palabra Santa) son bastantes: (Is.55:3-4; Jer.30:9; 33:15, 17, 20-21; Ez. 34:23, 24; 37:24, 25; Os. 3:5; Am. 9:11). Jesucristo es el Hijo de David, y su establecimiento como Rey Milenario viene a ser confirmado verbalmente en Nuevo Testamento, cuando el ángel Gabriel aparece a María la Virgen un poco antes de ser concebida por el Espíritu Santo de Dios:


«Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin» (Lc.1:31-33)

LA VERDAD DE LA PANDEMIA